El pensamiento de Descartes fue la fundamentación ideológica con la que el hombre se lanzó a la conquista de los entes y a la devastación de la naturaleza. Las elites de América Latina del siglo XIX adoptaron el positivismo como corriente filosófica.
Tenemos que indagar ahora en una relación muy interesante, que es la relación entre la filosofía europea y América Latina. Vamos a partir de la cumbre del pensamiento europeo, que es Jorge Guillermo Federico Hegel.
Hegel, desde la Universidad de Berlín, en 1831, venía ya dando sus clases, sus lecciones sobre la filosofía de la historia universal. Hay un capítulo que Hegel le dedica al Nuevo Mundo. La visión olímpica de Hegel, porque es la visión de un dios olímpico, que en ese momento está en la cumbre del pensamiento, y es el filósofo oficial de Prusia y de Federico Guillermo. O sea, es un lujosísimo filósofo de la monarquía.
Entonces, Hegel dice que América Latina, el nuevo mundo, él no le va a negar el honor de haber salido de las aguas al mismo tiempo que el viejo mundo. Es real, dice, sí, habrán salido de las aguas al mismo tiempo. Sin embargo, dice, yo observo que en el nuevo mundo hay todavía una inmadurez geográfica. Ustedes observen el desdén colonialista que hay en esta frase, que no le concede al nuevo mundo ni siquiera el haber cerrado geográficamente. Entonces, imaginen también la enorme superioridad del viejo mundo que viene del alma griega, del helenismo. Los griegos son la base de la filosofía occidental.
Entonces, Hegel va a decir que el nuevo mundo no tiene muchas posibilidades de desarrollo todavía, que afortunadamente Europa lo ha incorporado, y que se verá en el futuro qué va a ocurrir. Y pronostica una guerra muy interesante que se ha dado, o no se ha dado, eso depende de la interpretación que hagamos, entre el Nuevo Mundo del Sur y el Nuevo Mundo del Norte, entre América del Sur y América del Norte.
La cuestión es que Hegel dice que estos territorios deben ser colonizados por Europa para que entren dentro de la historia universal. Para Hegel, todo aquello que es tomado por Europa es tomado por el espíritu, por la racionalidad, por la historia. Hay pueblos sin historia. Los pueblos sin historia son aquellos pueblos que no han sido tomados por el avance de la modernidad occidental.
Entonces, estamos viendo aquí algo muy claro: es la gran concepción hegeliana justificando al colonialismo. Allí donde entra el colonialismo, va a decir Hegel, o lo está diciendo, entra la historia. Cuando Hegel habla de África más despectivo no puede ser, y cuando habla del maometanismo y del Islam, también. Dice: el oriente se acabó, se ha quedado dormido en la pereza islámica. Fíjense qué interesante esto que dice Hegel, ¿no? La pereza islámica, se ha quedado dormida, y ha expulsado al Islam de la historia. Bueno, todos sabemos que la aparición del Islam en la historia ha sido bastante espectacular.
Hegel habla de la dialéctica. La dialéctica es una herramienta que no es un método que Hegel le pone a la historia desde afuera. Hegel va a decir que la dialéctica es el movimiento interno de la historia, o sea, la historia es dialéctica. Como la historia es dialéctica, avanza de negación en negación y finalmente llega a su gran afirmación final, que es el saber absoluto que se da en la filosofía hegeliana.
El gran discípulo de Hegel, el más lúcido de la izquierda hegeliana, va a ser Marx. Marx también va a tener un pensamiento muy concreto acerca de la situación colonial. En el Manifiesto comunista, Marx desarrolla una admiración por el poder revolucionario de la burguesía que es sorprendente, hasta el punto en que algunos dicen si Marx ha venido a enterrar a la burguesía o a alabarla.
Esta burguesía que Heidegger va a encontrar su surgimiento en el cogito cartesiano, en el sujeto cartesiano, esta burguesía para Marx debe expandirse planetariamente. Allí donde entre la burguesía capitalista, entra el progreso, va a decir Marx. Incluso Engels tiene un texto que dice: en buena hora Estados Unidos ha conquistado a México, porque al conquistarlo va a instaurar ahí las modernas relaciones de producción capitalista. Y solamente así va a surgir un proletariado industrial, que es el que va a hacer finalmente la revolución.
Vamos a desarrollar más estos aspectos, los aspectos colonialistas del método dialéctico.
La crítica a la modernidad capitalista la encara Heidegger en los libros que siguen a su primera gran obra maestra, Ser y tiempo.
Concretamente, la crítica es la siguiente... No es sólo de Heidegger, ya a esta altura uno puede adoptarla, cambiarla, pero bueno, digamos, este punto de vista lo largó el señor Heidegger y dice así: con Descartes el hombre capitalista gana su subjetividad y se pone en la centralidad de la historia.
Yo había dicho que el surgimiento fáctico del capitalismo era la conquista de América. Aquí tenemos el surgimiento subjetivo del hombre capitalista. El hombre capitalista está ahora en el centro, porque lo único indubitable es el sujeto. Con Descartes, ya sabemos que Descartes dice: de lo único que no puedo dudar es de mi duda, y si yo dudo es porque yo pienso. Entonces, lanza esa famosa consigna pienso, luego existo.
Ahora, esta subjetividad capitalista que ya en los hechos está conquistando el planeta, fortalece al hombre capitalista, porque le da la certeza de que la realidad existe porque la piensa el sujeto. Lo fundamental del idealismo filosófico es deducir la existencia de la realidad a partir del sujeto cognoscente. Y esto surge con Descartes, y luego se desarrolla con Kant y con Hegel.
Ahora bien, Heidegger dice que en ese momento el hombre olvida al ser y se consagra a la conquista de los entes. Esto lo vamos a aclarar porque es fácil. Que el hombre olvide al ser a nosotros no nos tiene por qué importar demasiado. Le importa mucho a Heidegger, digamos. Pero vamos a la cuestión de que el hombre se consagra a la conquista de los entes. Los entes son las cosas.
Entonces, Heidegger dice que el hombre capitalista cuya subjetividad surge en Descartes, se consagra, a través de la técnica, al dominio de la naturaleza, a la explotación de la naturaleza, y a la devastación de la tierra. Heidegger no va a hablar de colonialismo, no va a hablar de explotación, no va a hablar de lucha de clases, es un señor campesino al cual le importa mucho que la tierra sea devastada, pero está señalando un punto muy importante de la razón occidental: La razón occidental necesita arrasar la tierra para realizar su poder técnico.
Necesita arrasar los bosques para construir casas y, como hoy, necesita tener petróleo para que un país enorme funcione y eso determina una guerra. Si hubiera arvejas en Irak, Estados Unidos no estaría ahí. O sea, son los proyectos imperiales los que determinan las guerras. Si hubiera arvejas, no estaría ahí.
Si hubiera petróleo en América Latina, tal como hay petróleo en Irak, Estados Unidos estaría aquí. Es decir, el hombre occidental se guía por su razón, y hay una explotación racional de la naturaleza. Pero este pensamiento de Heidegger es incompleto, porque no señala que ese hombre es el hombre del colonialismo. Heidegger, y por favor, yo quisiera que escuchen esto claramente, Heidegger está tan de moda hoy porque es el único pensador de derecha que critica al capitalismo.
Entonces, toda la filosofía que sigue Heidegger, y quiere huir del marxismo, cuando ve el colapso inminente o no tan inminente de la Unión Soviética, dicen lo siguiente: salgamos de Marx porque la guerra fría se soluciona en favor de los Estados Unidos. ¿Qué otro gran filósofo hizo una crítica a la modernidad capitalista? Bueno, Heidegger, dice por ejemplo, Michel Foucault, Deleuze, Derrida, etc., etc., y Althusser el estructuralismo y el posestructuralismo.
A la vez comienzan a imaginar, a postular la importancia del lenguaje. Entonces, esto hace que los filósofos europeos reemplacen la crítica de Marx por la de Heidegger. Ahora, la de Marx señalaba que la modernidad capitalista instauraba una situación injusta, una situación de lucha de clases en la cual una clase dominaba a la otra y la explotaba. Pero Heidegger no señala eso. Heidegger, que va a terminar en un misticismo zen, lo que dice es que el hombre capitalista, a través de la técnica, devasta al planeta para conquistarlo.
¿Pero qué? El horror para Heidegger va a ser que el hombre capitalista olvida al ser. Y todavía añade algo más extraño, que no sólo el hombre capitalista olvida al ser, sino que el ser se retira. Yo, la verdad, estas cosas... Los heideggerianos me podrán odiar, porque hay todo un enorme club universal de heideggerianos, pero yo no sé a dónde se fue el ser. La cuestión es que nunca lo vi, no lo conozco, ni Heidegger lo vio al ser. Se ha retirado tanto que, bueno, nadie sabe dónde está.
Lo que sí sabemos es que el hombre capitalista se muere por conquistar los entes, y que esta es la esencia del capitalismo. Pero Marx a los entes los llamó mercancías. Vamos a ver cómo es eso y qué diferencia hay entre una actitud y la otra.
Heidegger influye muy poderosamente en dos pensadores muy importantes, que son Adorno y Max Horkheimer.
Adorno y Horkheimer escriben en California, a partir de 1940, un libro fundamental, muy difícil, muy extraño, que se llama Dialéctica del iluminismo. La dialéctica del iluminismo va a postular que el iluminismo, es decir, esa razón que surge con la Revolución Francesa, que es la revolución capitalista y burguesa por excelencia, que esa razón endiosada por los pensadores de la Revolución Francesa, es para ellos lo que llaman la razón instrumental. La razón instrumental es lo que Heidegger llama el tecnocapitalismo.
Entonces, la razón instrumental para Adorno y Horkheimer está destinada también a devastar la tierra, a arrasar la tierra, a utilizarla para los beneficios del capitalismo. Lo que hacen con esto Adorno y Horkheimer es cambiar el eje del pensamiento marxista que ya no hace pie en la lucha de clases sino en la relación del hombre con la naturaleza.
Después, en Benjamin, en las Tesis sobre filosofía de la historia, Benjamin va a hacer una crítica más profunda que la de Adorno y Horkheimer, en la cual va a decir que la historia es la historia de la catástrofe humana. Es decir, ahí, ya la crítica a la modernidad es una crítica que ve a la modernidad como la destrucción de la historia humana.
Ahora, evidentemente, según lo estamos viendo, esta razón del tecnocapitalismo, y esta razón instrumental, si está dispuesta a devastar la Tierra está dispuesta a devastar todo el planeta. En consecuencia, esta es la razón colonialista. La razón colonialista es una razón que busca planetarizarse, es decir, conquistar todo el planeta.
Y esto lo va a decir Sarmiento en uno de los libros pro-imperiales más excepcionales que han sido escritos en Occidente, que es el Facundo. Sarmiento está de acuerdo, pero está de acuerdo positivamente con el desarrollo de la razón occidental, porque (¡atención!) para muchos que esta razón occidental penetre en los países de la periferia, eso es lo que desean, desean ser conquistados por esta razón occidental, entrar en el tren de la historia. Saben que quedarse afuera del desarrollo de la razón occidental es quedarse afuera de la historia.
Entonces ideólogos de esta razón, como Sarmiento, ven claramente que aquí en la Argentina La modernidad de Occidente la representan las clases portuarias, las clases ilustradas, que se relacionan con los países que están a la vanguardia del desarrollo imperial, fundamentalmente Gran Bretaña y Francia.
Con esta certeza de Sarmiento y de Mitre de que ellos encarnan la racionalidad de Occidente, conceptualizan al resto del país como aquellos que no la encarnan. Y aquí es donde surge la contradicción que ha instrumentado el desarrollo del colonialismo. La contradicción entre la civilización y la barbarie. El colonialismo se presenta como la civilización. Allí donde entra el colonialismo entra el progreso, entra la cultura, entra la progresividad histórica. Es decir, aquellos países que se relacionan con los países más desarrollados, los van a seguir en un desarrollo que les va a permitir alcanzar a estos países desarrollados.
Entonces, esta es la postulación de Sarmiento, Mitre y el puerto de Buenos Aires, que deja de lado por completo, conceptualizándolos como bárbaros, a todo el resto del país y sobre todo al interior, tanto el interior mesopotámico como el interior mediterráneo, a los que arruina con el librecambio que permite la entrada de las mercancías británicas.
Entonces, todo esto, digamos, entra en una crisis terminal y, entonces, en este país lo que se hace, lo que se construye, es una ciudad y no un país. Porque Buenos Aires se adueña de la historia y luego de la batalla de Pavón que Urquiza le entrega a Mitre, Mitre declara la guerra de policía de las provincias y aniquila al gauchaje federal que pudo haberle dado a la historia argentina un sentido lateral como quería Alberdi, por ejemplo, que quería un liberalismo integracionista. En cambio, el liberalismo fue exterminador y no hubo sentido lateral, hubo un solo sentido que fue el de la burguesía comercial de Buenos Aires, y los sectores ganaderos y agrarios aliados a ella.
¿Qué pasó en América Latina? Porque estuvimos viendo qué ocurrió en nuestro país, en la Argentina. En la Argentina los sectores dominantes aceptaron acríticamente la modernidad capitalista creyendo que los llevaría al progreso.
En todo el resto de América Latina ocurrió algo absolutamente similar. Todas las revoluciones que se hicieron en América Latina... Y por favor, les pido atención a esto, porque es muy importante, porque por muchos lados se dice algo distinto, incluso pensadores de izquierda o nacional populares dicen lo mismo que los pensadores de la derecha tradicional.
En toda América Latina, los movimientos independentistas fueron para liberarse del poder monopólico monárquico español. Para todos los movimientos independentistas España era el atraso, y había que derrotar a los godos para poder entrar en la corriente de la modernidad capitalista. Entonces se realizan esas revoluciones, que en realidad son exactamente eso. La revolución es la lucha para echar al conquistador español, y para tener la libertad de comerciar con quien se quiera, sobre todo con Inglaterra. Por eso la causa de la liberación latinoamericana está tan apoyada por Inglaterra.
Esto está hegemonizado por las oligarquías de cada país, por las burguesías mercantiles hambrientas de mercancías europeas para enriquecerse con su intermediación. De aquí que todo proyecto de unidad de América Latina haya fracasado por completo, porque América Latina no buscó su unidad, buscó lo que se ha llamado su balcanización o su desunión, porque todas esas oligarquías no querían unirse, cada una quería hacer su propio negocio a partir de su propio país.
Hubo quienes señalaron esto mostrando que era la sumisión a otro imperio, salir del imperio español para entrar en el imperio británico. ¿Quiénes fueron? Bueno, podemos hablar desde el mismo Bolívar hasta, digamos, Mariátegui, José Martí, un pensador como Salvador Allende, que en Chile expresa este deseo de independencia, como pensadores como Leopoldo Zea, el mexicano, que escribe un libro que es Filosofía de la historia latinoamericana, o los filósofos de la llamada Teoría de la dependencia en los años 70, que son Gunder Frank en Chile, Theotonio dos Santos, Darcy Ribeiro.
Pero los que más hondamente vieron esta cuestión... Creo que hay en Bolívar un intento temprano de buscar la unidad del continente latinoamericano y mi teoría que vamos a desarrollar más adelante, porque más adelante vamos a desarrollar a todos estos pensadores, es decir, a Mariátegui, a Martí, la Revolución Mexicana, pero creo que en la reunión de Guayaquil Bolívar le debe haber dicho a San Martín algo de sus planes sobre la Gran Colombia.
San Martín lo debe haber interpretado como la ambición desmedida de Bolívar para crear la Gran Colombia, o la Unidad Latinoamericana, y convertirse en el dictador de ese proyecto. Y en todo caso, San Martín le habrá dicho que él no había venido a América para eso, a Latinoamérica para eso, que él había venido para liberarla del yugo monárquico español, que esa tarea estaba realizada, y que él se despedía porque él había venido para eso. Se negó entonces a entrar en las guerras civiles argentinas, tarea que hizo Lavalle, malamente, y San Martín parte, habiendo cumplido la tarea que él había venido a realizar, es decir, expulsar al colonizador español.
O sea, las conclusiones que nosotros tenemos que sacar es que en toda América Latina, con distintos matices, a veces muy importantes, se da un mismo proceso de salir de la dominación española para entrar en relaciones económicas y culturales con el imperio británico, con Francia, es decir, con la modernidad capitalista. América Latina advierte que el tren de la historia va por ese lado y que el atraso iba por España. Por eso hay que salir de España y entremos en este otro tren, que es el del capitalismo progresivo, que nos va a llevar a nuestro desarrollo.
Gran error, porque había dos trenes, un tren por el que iban los países imperiales que metieron a los países que se quisieron integrar en otro tren, que llevó al atraso y a la frustración a los países latinoamericanos. De todos modos, la modernidad capitalista en estos momentos está en crisis en todo el planeta porque no ha podido resolver ninguno de los problemas que el marxismo había planteado. Ante todo, la desigualdad.
O sea, si no resolvió la desigualdad es que no superó realmente al marxismo. Porque alguien supera algo cuando supera lo que el otro le había cuestionado. Entonces, no se lo ha superado porque lo que se le cuestionó al capitalismo, es decir, su desigualdad flagrante, el capitalismo no la ha superado. La desigualdad cada vez crece más y nunca hubo más hambrientos en el mundo.
Vamos a desarrollar todo esto, que es penoso pero es necesario, en las siguientes reuniones en las que nos encontremos. Hasta luego.