Simón Bolívar, el Libertador, luchó codo a codo junto con San Martín y Sucre. Sin una formación militar, su gran proyecto fue convertir a toda América en una república federal. Por eso se lo considera el ideólogo de la unidad latinoamericana.
Esta es la cuarta entrega de Filosofía aquí y ahora. También, esta es la cuarta entrega, el cuarto ciclo de Filosofía aquí y ahora. Todos estamos muy contentos de haber llegado hasta acá y pensamos llegar mucho más lejos. Nadie nos puede negar el optimismo. Esta cuarta entrega, este cuarto capítulo de Filosofía aquí y ahora, que se llama (no el cuarto capítulo, sino Filosofía, aquí ahora cuatro), se llama América Latina, filosofía y colonialismo.
Esta cuarta entrega está dedicada a Simón Bolívar, una figura muy conocida, demasiado conocida, y como todas las figuras demasiado conocidas, demasiado desconocido también. Demasiado desconocido por las tantas interpretaciones que se han hecho sobre él. En realidad, las interpretaciones siempre caen vertiginosamente sobre los personajes famosos hasta que, finalmente, ya no se sabe cuál elegir.
A Bolívar, lo que sí, lo que nadie le niega, es su condición de libertador de América Latina del poder hegemónico monárquico español, junto a José de San Martín, y yo diría también junto al mariscal Antonio José de Sucre.
Simón Bolívar nace en 1783 y muere en 1830. No es una vida muy dilatada, pero es una vida, por supuesto, llena de acontecimientos. Es muy interesante notar que Bolívar muere cuando Juan Manuel de Rosas llega al poder en la Argentina, llega a su primer gobierno. Juan Manuel de Rosas, una figura sobre la que en algún momento nos vamos a detener.
¿Cuál fue el gran proyecto por el que se conoce a Bolívar? A Bolívar se lo conoce por un gran proyecto. Es decir, uno dice Bolívar e inmediatamente resuenan cosas como la unidad latinoamericana, la unidad de América Latina, el continente que forma un solo bloque frente a todos los otros bloques que puedan enfrentarlo. Y también las teorías opuestas, si es que realmente Bolívar estaba detrás de eso y qué viabilidad tenía ese proyecto de la América Latina autónoma y unida.
Que luego es retomado por otros. El que fundamentalmente lo retoma en el siglo XIX es el llamado Quijote de los Andes, que es el caudillo catamarqueño Felipe Varela. Felipe Varela hablaba muchísimo de la unidad latinoamericana junto con el caudillo sanjuanino Juan Saá, y junto también con el mariscal Francisco Solano López y las montoneras del interior mediterráneo.
Ahora bien, algunos sospechan un poco de Bolívar. Bolívar era totalmente bueno, generoso, abierto, deseaba lo mejor para América Latina, o ese altísimo perfil que siempre cultivó, altísimo, el más alto perfil de todos los guerreros de América Latina, mucho más alto que el de San Martín, infinitamente más alto que el de Sucre... ¿Ese perfil tan alto habla de una gran ambición? ¿Esa gran ambición habla de elementos autoritarios en su carácter? Si hay elementos autoritarios en el carácter y en la formación de Bolívar, ¿entonces sus proyectos políticos de una América Latina unida implicaban que esa América Latina se uniera bajo una dictadura bolivariana? Bueno, esto no lo vamos a poder responder porque nada de esto se realizó. Ni la dictadura bolivariana, ni América Latina sobre todo se unió, ni se ha unido todavía, aunque en esa tarea está.
Hay muchos trabajos sobre Bolívar, e incluso Bolívar es una bandera, ¿no? Bolívar es una bandera que puede ser tanto la bandera de la libertad, la bandera de la lucha contra el invasor extranjero, la bandera de la defensa de la tierra nacional que está bajo nuestros pies, la bandera del libertador bravío que conduce a los ejércitos para liberar estos territorios de los conquistadores colonialistas.
Nosotros nos vamos a ocupar de Bolívar a través de un texto de Karl Marx que causa horror a los marxistas, y creo que tiene razón en horrorizarse porque el texto es muy duro, muy duro con Bolívar. En realidad no tienen razón en horrorizarse, porque el texto es totalmente coherente de acuerdo a la visión que Marx tenía de los territorios que estaban fuera, fuera del centro del espíritu del occidente europeo.
Así que vamos ya a ver qué decía Marx de Simón Bolívar.
El texto de Marx, que ahora vamos a ver, fue un texto muy poco conocido porque recién se lo conoce en 1934. Se lo conoce en la Unión Soviética.
Los textos de Marx y Engels sobre el problema colonial no son los más afortunados de su obra. Creo que vale la pena recordar que Engels aplaudió la conquista norteamericana en México, justamente porque la idea era que los norteamericanos iban a llevar relaciones de producción más modernas a México, de las cuales iba a surgir un proletariado vigoroso, industrial y revolucionario. En tanto que de la pereza mexicana, así lo dice Marx y Engels, no iba a surgir nada.
Ahora bien. Esto se extiende también a Bolívar y Marx no le ahorra nada: le dice que es un canalla, que es un cobarde, que no hubo nada peor que él en la historia, que fue brutal, que fue miserable. Pero, aparte de estos adjetivos que pudo haber evitado, Marx se lanza a contar la historia de Bolívar. Muchos marxistas nos van a decir: atención, Marx estaba mal documentado, no hay que tomar en serio ese trabajo porque estaba mal documentado. Si bien se documentó en el British Museum, donde también se documentó para El capital, para El Bolívar estaba mal documentado. Esto es un disparate porque es una estupidez decir que Marx era un hombre capaz de documentarse mal, más bien que conocía su trabajo, y sabía cómo debía documentarse un escritor, un historiador y un filósofo cuando abordaba un tema.
Bien, entonces. Comienza a hacer una historia de Bolívar que lo deja mal parado en todas las circunstancias. Dice: no adhiere a la revolución que estalla en Caracas, viaja a Londres a comprar armas, viaja a Londres también a gestionar distintos negocios. La relación Bolívar-Inglaterra es constantemente puesta de manifiesto por Marx. Y lo peor, lo peor que señala Marx, que además es absolutamente cierto, nadie lo deja de señalar, es que Bolívar tiene conflictos con el general Miranda. Nada menos que Francisco Miranda a quien Bolívar traiciona y entrega. Bueno, es que Bolívar se estaba abriendo paso él, él, para protagonizar él la Revolución Latinoamericana. Y no quería que viniera Miranda a birlarle ese privilegio y ese puesto.
Entonces, se convierte en un jefe militar, uno más, nunca se sabe, pero nunca puede ser Bolívar uno más. Se transforma en un personaje muy importante en Venezuela, de una enorme personalidad, y comienza a llevar adelante campañas muy exitosas contra los españoles. Acompañado siempre por Antonio José de Sucre, que era un estratega militar genial. Así es como Bolívar entra en Caracas en agosto de 1813, tres años después de la Revolución de Mayo en la Argentina, y directamente se proclama libertador de las provincias occidentales de Venezuela.
Y también esto se lo reprocha Marx, que entre en Venezuela y se declare inmediatamente dictador de Venezuela. Marx describe la entrada de Bolívar en Venezuela como una entrada apoteósica, y la imagina como la entrada de un Napoleón. Creo que Marx ve en Bolívar a un Napoleón le petit, que lo fastidia mucho, y que él le va a bajar los humos a ese general al que tanto se intenta engrandecer.
La que da Marx es, sin embargo, por supuesto, una visión eurocéntrica de un general festivo, porque describe a las tropas de Bolívar y al mismo Bolívar como muy entregados, digamos, a los festejos y a la alegría y a lo dionisíaco y a la embriaguez de los éxitos que se van logrando, y esto es cierto, una mirada muy de un europeo sobre el continente americano, que para los europeos siempre fue un continente lleno de vida, lleno de sangre, lleno de alcoholismo, lleno de desbordes.
Hasta que el que hace el gran negocio con esto, y espero que nadie se ofenda, es Gabriel García Márquez, cuando escribe Cien años de soledad e inventa el realismo mágico. ¿Qué es lo que los europeos quieren? ¿Qué quieren los europeos de América Latina? Bueno, que los cerdos vuelen. Por supuesto les encanta eso, entonces el realismo mágico se impone durante años y años y años, y los europeos compran eso. Después empiezan a comprar dictaduras, desaparecidos, y todavía están en eso. ¿Por qué? Porque Europa todavía sigue considerando que ella es la racionalidad y América Latina es el desorden, la pasión, lo turbulento.
En 1815 Bolívar ya intenta darle un marco orgánico a esta idea que tiene de la unidad latinoamericana.
Para eso redacta una Carta de Jamaica, y esta Carta de Jamaica es justamente la que debe dar los lineamientos para la unidad latinoamericana que, y esta es la gran sospecha de todos y la certeza casi unívoca, que esa unidad latinoamericana Bolívar quiere que sea puesta a sus pies, o al menos que sea dirigida por él mismo como caudillo político y militar. Es decir, él asumiría un comando estratégico de la unidad latinoamericana.
Ustedes observen a esta altura cómo las oligarquías criollas de todos los países de América Latina estarían mirando a Bolívar como una especie de loco que intentaba unir lo que no quería unirse de ninguna manera, porque cada una de las oligarquías de los países de América Latina quería hacer sus propios negocios luego de lograda la independencia.
En este sentido, quizás lo que se puede decir del autoritarismo de Bolívar, o que Bolívar era un dictador que quería ponerse al frente de la unidad latinoamericana, sea un mal menor ante las oligarquías que querían balcanizar América Latina, desmigajar América Latina, y negociar cada una con el imperio. Hay que pensar si un dictador tipo Bolívar uniendo América Latina podría haber funcionado. Yo creo que no, porque creo que lo que no le gustaba a Inglaterra en el siglo XIX no caminaba.
Sin embargo, todavía, en medio de estos planes, el poder español sigue vigente en América Latina, y Bolívar, que nunca se llevó mal con Inglaterra, igual que Mariano Moreno... Nunca se llevó mal con Inglaterra Mariano Moreno, al contrario, en el plan de operaciones que se le atribuye, le piensa ceder a Inglaterra nada menos que la isla de Martín García. Y Bolívar incorpora a su ejército a una legión británica que Marx elogia muy malintencionadamente.
Porque ustedes observen, todas las acciones que hace Bolívar a partir de ese momento, Marx se las atribuye a esta legión extranjera británica que Bolívar incorpora a sus tropas. Todo es mérito de ellas. Bolívar, a su vez, en la puerta de su tienda pareciera darle la razón a Marx, porque pone a dos soldados ingleses para custodiarlo. Dime a quién pones para que cuide tu vida y te diré en quién confías, en la eficacia de quién confías. Pareciera que Bolívar nos está diciendo: yo confío mi vida a la eficacia de dos soldados británicos antes que a la eficacia de dos soldados latinoamericanos.
Marx señala que Bolívar se convierte en presidente, libertador de Colombia, y protector y dictador del Perú, y padrino de Bolivia. O sea, son unos cuantos cargos, digamos, como para que los desempeñe una sola persona. Bolívar, sin duda alguna, se creía algo mucho más que una sola persona. Bolívar se creía Bolívar. Podríamos decir de Bolívar lo siguiente: Bolívar, antes de ser Bolívar, ya se creía Bolívar. Entonces, esta ambición y esta seguridad que tiene en sí mismo lo lleva a ponerse al frente de estos proyectos tan tremendamente ambiciosos.
En 1824 finalmente ocurre un hecho glorioso para América Latina y es la batalla de Ayacucho en la que colaboran muchos jefes del ejército libertador argentino, y que la gana Antonio José de Sucre. Vence definitivamente al poder español en América Latina. Yo creo, sinceramente, que Sucre era superior, muy superior, como estratega militar, a Bolívar. Lo que pasa es que era un hombre de muy bajo perfil, de gran humildad y que simplemente quería cumplir con la tarea para la cual estaba capacitado, es decir, derrotar a los españoles, porque sabía más que ellos acerca del arte de la guerra. Entonces, ahí es donde Sucre derrota a los españoles en 1824.
El 26 de julio de 1822 hay un encuentro que es el encuentro de los encuentros del siglo XIX. Hay varios encuentros que han pasado a la historia. No todos los encuentros pasan a la historia, digamos, yo me encontré con mucha gente y la verdad creo que ninguno pasó a la historia.
Pero si se encuentran Bolívar y San Martín en Guayaquil... Bueno, Guayaquil ha pasado a ser como el misterio, el misterio de la historia de América Latina. Se encuentran los dos gigantes y ¿qué es lo que ocurre? Bueno, ocurre lo siguiente. Los dos gigantes eran muy distintos. San Martín tenía una estatura apreciable, Bolívar era más bien tirando a bajo, y la ambición de Bolívar iba mucho más allá que la liberación del monopolio español sobre América Latina. La de San Martín, creo que no. Creo que no porque acá es el momento de conjeturar. Yo no estuve en la reunión de Guayaquil y ninguno estuvo, así que todos los que hablen no hacen más que conjeturar. ¿Pero qué es lo que pasa después de la reunión de Guayaquil?
Lo que pasa después de la reunión de Guayaquil, que arbitrariamente le da el triunfo a Bolívar, es que San Martín se retira. En realidad, San Martín se retira porque da por terminada la batalla contra el conquistador colonialista español. Entonces, su tarea ha terminado y se va. Bolívar seguramente le habrá contado en esa entrevista a San Martín los planes de la América Latina unida, los planes de unificar todo el territorio latinoamericano, seguramente le habrá dicho bajo mi conducción o en todo caso le habrá propuesto compartir la conducción, cosa que a San Martín le habrá importado un pito porque San Martín no tenía ambiciones de gobierno, era un militar estrictamente, un estricto militar que vino a realizar una tarea militar y la realizó brillantemente, y se va.
Bolívar se queda y el encuentro de Guayaquil creo que sería el siguiente... San Martín le habrá dicho a Bolívar que él no creía que sería posible, ni siquiera conveniente, este proyecto de una unidad latinoamericana. Se lo habrá dicho porque veía que el único capaz de llevarlo a cabo era Simón Bolívar. Y si el único capaz de llevarlo a cabo era Simón Bolívar, el único capaz de ponerse al frente de la empresa era Simón Bolívar. En consecuencia, San Martín se va a su retiro europeo, y el ejército libertador retorna, y Bolívar continúa con sus emprendimientos geopolíticos.
San Martín, al contrario de Lavalle, que somete al Ejército Libertador como policía interna dentro de la política nacional argentina, al utilizar nada menos que al Ejército Libertador para derrocar a Dorrego y fusilarlo, Lavalle es el San Martín que San Martín no quiso ser. Lavalle es el San Martín que San Martín se negó a ser. Un militar no es un policía, le habrá dicho San Martín. Mi tarea como militar fue echar de América Latina al imperio español, no tengo nada más que hacer aquí y jamás desenvainaré mi espada en luchas fratricidas.
Sin embargo, ojo, ojo, desenvainó su espada otra vez cuando, insólito hecho, cuando Juan Manuel de Rosas en la batalla de la Vuelta de Obligado sorprende a los ingleses ofreciéndoles una resistencia denodada y ejemplarmente patriótica, San Martín le envía, al restaurador de las leyes, el sable que le acompañó durante toda la Conquista de Los Andes contra los españoles. Entonces, qué actitud excepcional esta de San Martín, ¿no? Qué reconocimiento enorme hacia Rosas. Otra vez la teoría de que San Martín estaba mal informado. No, no, no, San Martín no estaba mal informado. Le mandó el sable a Rosas porque vio en Rosas, en 1840 y pico, avanzados, una nueva figuración, encarnación, de la lucha libertaria que él había llevado en sus años jóvenes.
En cuanto a Bolívar, siguió desarrollando sus buenas relaciones con Inglaterra, sobre todo a través de tratados de comercio. Ahora, la idea de la unidad de América Latina no se llevó a cabo nunca, muy sencillamente por la siguiente razón: cuando hay un imperio tan poderoso como el imperio británico en el siglo XIX, no le conviene tener enfrente a un bloque de poder como hubiera sido una América Latina unida, económica, social y políticamente, y bélicamente. En consecuencia, Inglaterra, apoyada en las oligarquías locales, desmembró a América Latina.
Esa unidad está siendo hoy retomada, pero también con enormes luchas internas, porque el llamado populismo latinoamericano, y tan denostado por todos los civilizados del neoliberalismo, está visto como una nueva restauración de la unidad de América Latina, que será cercenada por el poder de turno, o al menos eso se intentará.