José Martí representa la figura del intelectual comprometido: a su misión política, se suma su talento literario. Participó en la creación del Partido Revolucionario Cubano y escribió para todos los diarios del continente.

1. Un hombre de acción y de letras

Esto es Filosofía aquí y ahora. Es nuestro quinto encuentro del cuarto ciclo, y este quinto encuentro va a estar dedicado a José Martí.

José Martí es un hombre complejísimo y completísimo. Es poeta, prosista, revolucionario, hombre de acción, y hombre de letras. José Martí es una de las personalidades más grandes de América Latina. Es un hombre que ha escrito muchísimos libros, porque también escribió muchísima prosa periodística, porque viajó mucho y, en Estados Unidos y en Europa, escribió tal como escribe un intelectual comprometido, escribe mucho, porque quiere dar su testimonio, y como quiere dar su testimonio, la compulsión a escribir es muy grande, porque el dar su testimonio a veces lo lleva a la desesperación, a la desesperación de dar su testimonio y de que las cosas no cambien. Escribió muchísimos tomos y siempre con una prosa brillante y ejemplar.

Cuba y Puerto Rico son las dos últimas colonias americanas que salen de la órbita del imperio español. Su situación actual es totalmente diferenciada y lo ha sido sobre todo a partir de enero de 1959, a partir del triunfo de la Revolución Cubana, porque en tanto Cuba hace una revolución que rompe con Estados Unidos, Puerto Rico es un estado libre asociado de Estados Unidos.

Vamos a concentrarnos entonces en Martí. Martí es entonces un cubano que lucha, como luchó Bolívar, como luchó San Martín, como luchó Lavalle, como luchó Dorrego, como luchó Sucre, que lucha contra el dominio español, todavía, en este último refugio que conserva. También la lucha de Martí es la lucha contra el imperio norteamericano, porque ya a esta altura de las cosas, lo que Martí ve es que España no significa nada, su debilidad es muy marcada y muy visible, y cuando la debilidad de algo es muy visible, es que es mucho más que una debilidad.

Entonces Martí decide enfocar sus cañones literarios, digamos, contra el Imperio del Norte. Martí siempre escribió en la prensa de todos los países de América Latina. Escribió mucho en Argentina, escribió mucho en el diario La Nación, escribió mucho en otros diarios, de Chile, de Colombia, y su prosa periodística no es inferior a lo que podríamos llamar su prosa literaria.

Ahora, hay un ejemplo brillante para que nosotros veamos la influencia de José Martí en la historia de Cuba. Ustedes observen hasta qué punto un intelectual puede ser decisivo en la praxis política por la liberación de su país: cuando Fidel Castro produce una gran operación, el asalto al Moncada donde agrede a las tropas del brutal sargento Fulgencio Batista... Cuando lo arrestan, cuando lo interrogan, le preguntan: y díganos quién es el ideólogo de su movimiento. Y Castro dice: ¿cómo quién es el ideólogo de mi movimiento? José Martí, por supuesto, dice. Lo cual llama poderosamente la atención de sus enemigos, pero es realmente un monumento a Martí.

Martí tuvo un maestro, que era Mendive, que era también un hombre comprometido, de garra, que sabía que no estaba de paso por este mundo, que estaba en este mundo para interesarse por causas trascendentes, que hicieran a la libertad del hombre, que hicieran más libre la condición humana, que la hicieran mejor, que siempre se podía hacer mejor.

En 1868 hay una guerra entre Cuba y España. Martí es muy jovencito, tiene 15 años y ya adhiere a esa guerra. 15 años y ya adhiere a esa guerra, porque su maestro Mendive le había dicho o lo había adiestrado en la enseñanza como para que el joven se diera cuenta que ahí donde se juegan los destinos de la patria él tenía obligatoriamente que estar.

2. La tierra y la patria

Como todo intelectual comprometido que se precie, José Martí comienza, a partir de 1869, a editar una revista, a través de la cual va a poder difundir sus ideas, que son las ideas libertarias de un cubano que quiere que su país sea libre del yugo español que lo somete.

Escribe un poema que se llama Abdala, y en ese poema, Abdala, hay una frase muy, muy poderosa, en la cual el joven Abdala le explica a su madre qué es defender a la patria, porque va a defender a la patria. Y para defender a la patria tiene que explicarle a su madre qué es la patria. Entonces, el joven Abdala dice un texto (a través de la pluma de Martí) que es muy conocido, que es virulento, fuerte, y que tenemos que decir.

El amor, madre, a la patria
No es el amor ridículo a la tierra,
Ni a la yerba que pisan nuestras plantas;
Es el odio invencible a quien la oprime,
Es el rencor eterno a quien la ataca;

Bueno, esto es muy interesante, esto es para hacerse una panzada, porque, digamos, durante estos días hay un constante protagonismo de la Sociedad Rural Argentina, como pocas veces lo hubo, y esta gente de la Sociedad Rural, que se considera la propietaria de la tierra, habría que hacer algo muy interesante: que los que no tienen contrato de compra-venta desde 1900 para atrás tienen que devolver la tierra, porque se la robaron. Se la robaron. Era tal el robo que le decían: bueno, mi hijo, súbase a este caballo y cabálguelo hasta que lo reviente; cuando lo reviente, toda esa tierra es suya. Así se distribuyó la tierra en la Argentina. A partir de 1900 se hicieron los contratos. Pero de 1900 para atrás no hay contratos.

Ahora bien, entonces Martí es muy lúcido en no confundir a la tierra con la patria. La patria no es la tierra. La tierra es la que pisan nuestros pies. La patria es algo que está dentro de los sentimientos, que está en el odio al que le ataca, que está en la furia al que quiere ultrajarla. La patria es, para Martí, un compromiso que él asume con Cuba y en el cual está hasta dispuesto a dar su vida por ese compromiso que asume por la liberación de su patria.

Así es como es encarcelado y es exiliado a España, y en España escribe un alegato contra las prisiones en Cuba. Y estudia, estudia mucho en España, estudia filosofía y letras, escribe mucho, en distintos diarios y finalmente se va de España y llega a Estados Unidos. Estados Unidos lo deslumbra inicialmente, como... Casi podríamos decir al que no lo deslumbre, bueno, no es un ser muy sensible o está demasiado lleno de odio ideológico que le impide una visión. Estados Unidos es un país deslumbrante. Ahora, que estemos en contra de sus políticas es otro asunto.

Martí queda deslumbrado por los Estados Unidos, pero descubre los defectos que tiene el capitalismo. Advierte que este capitalismo norteamericano va a ser un capitalismo imperialista, es decir, expansionista. Un capitalismo que va a salir del territorio donde está asentado en busca de otros territorios. A esto se le llama colonialismo. Y esa búsqueda de otros territorios va a ser la apropiación de América Latina. José Martí es el primero que señala que Estados Unidos tiene un enorme interés en apropiarse de América Latina.

No obstante, Estados Unidos no va a hacer una política de ese tipo, y si bien el presidente Monroe va a decir la famosa frase América para los americanos en realidad se está refiriendo América para todos los americanos. Pero bueno, es cierta la traducción que se hace, que el presidente Monroe dice, América para los americanos del norte. Y efectivamente, así ha sido, porque la penetración norteamericana en América Latina se ha dado, no de un modo guerrero, sino de un modo fundamentalmente financiero, cultural, económico, político.

3. Morir de cara al sol

Martí no dura vivo mucho tiempo en esta guerra, en realidad estaba tan poco dotado para las guerras que en ninguna iba a durar demasiado. Además quería luchar como un soldado con tremenda experiencia, pese a que le dicen: mire, mire don José, nosotros necesitamos su cabeza, necesitamos su pluma, necesitamos su pensamiento, no se arriesgue, tenemos mucha gente para ir al frente y luchar con los fusiles, Martí va al frente y muere en el campo de batalla.

Ahora, él siempre había dicho, y esto también es muy de un intelectual, que quería morir de cara al sol. Quería morir de cara al sol. Esto de morir de cara al sol es, en general, una frase de los grandes guerreros de la historia. No quiero morir en una cama, quiero morir embistiendo, quiero morir en una batalla, quiero morir heroicamente... En general, si alguien me lo pregunta a mí, yo, de cara al sol, en una buena cama, en un buen lugar, atendido, etcétera, etcétera.

Pero bueno, Martí era un hombre bravo y quería hacerlo, y pide, exige, morir de cara al sol.

Yo quiero salir del mundo
Por la puerta natural:
En un carro de hojas verdes
A morir me han de llevar.

No me pongan en lo oscuro
A morir como un traidor:
Yo soy bueno, y como bueno
¡Moriré de cara al sol!

Claro, si uno escribe un poema justificando así por qué quiere morir de cara al sol, cómo no darle la razón. Está bien, que muera de cara al sol. El caso es que sí, murió de cara al sol, murió embistiendo contra las tropas del imperio español.

Estados Unidos, entretanto, conquista el oeste. Estados Unidos llega tarde al reparto imperialista del mundo porque pasa largo tiempo tratando de conquistar su propio territorio. Y esta es la conquista del oeste, que es un hecho muy sangriento en el cual los soldados del ejército de la Unión masacran a todos los pueblos originarios, o los confinan en reservas que tienen para ellos. Esta empresa de Estados Unidos es la que posibilita que los colonos ocupen ese territorio, y ese territorio forma parte entonces del mercado interno de la burguesía industrial capitalista del norte.

Lo que se teme es que Estados Unidos se arroje sobre América Latina. Yo estuve en Cuba a fines de 1996, y tuve el gran placer de hablar con Roberto Fernández Retamar, que ha sido la gran figura intelectual de la Revolución Cubana, y llegué a su casa, humilde casa, muy humilde, a la tardecita. Era la hora del crepúsculo y había muy poca capacidad eléctrica en ese momento en la isla, la isla de Cuba. Fernández Retamar entonces, sin decir nada, trajo unas velas y comimos algo ahí a la luz de las velas. En la biblioteca había cerca de 26, 27 tomos de José Martí. Entonces llegamos un momento a hablar de las mujeres de José Martí y yo le pregunté, ¿era mujeriego? Y me dijo, bueno, mira (no lo voy a imitar a Fernández Retamar, porque es inimitable), mira, no era de caminar mucho, tú entiendes, si había escrito todo eso, no le había quedado mucho tiempo para lo demás.

Martí es un ejemplo para América Latina. Es un verdadero ejemplo para América Latina. Sus poemas y sus Versos sencillos son hermosísimos, y son los que dan contenido a esa hermosa canción que todos conocen, que es Guantanamera.

Yo soy un hombre sincero
De donde crece la palma
Y antes de morir yo quiero
Echar mis versos del alma

4. La poesía de José Martí

La poesía de José Martí ha recibido elogios unánimes, elogios universales.

Él tiene unos versos sencillos, y otros, vamos a decirlo, no tan sencillos, son más complejos y que, como buen intelectual, eran los que él admiraba más y seguramente eran aquellos por los cuales él quería que lo recordaran. Sin embargo, se lo recuerda por todo. Por sus brillantes notas periodísticas, por sus versos sencillos, y por los otros con endecasílabos laboriosos.

Los Versos sencillos, recién dije uno de ellos, el de la canción Guantanamera, y hay otro muy célebre que se contradice con la idea de patria que habíamos visto en el poema que le cuenta a la madre. Pero este es el de la rosa blanca, que es un poema muy célebre.

Cultivo una rosa blanca
en junio como en enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca.

Es decir, el juego del poema es que para ambos cultiva una rosa blanca. Es un poema totalmente pacifista. Cultivo una rosa blanca para mi enemigo y para mi amigo. El otro, al plantear la defensa a ultranza de la patria, era más agresivo. La patria es el odio invencible a quien la agrede.

Hay textos circunstanciales de Martí de una enorme riqueza. Si ustedes quieren, pueden consultar el Diccionario de autores latinoamericanos de César Aira, que es una muy buena obra, y en la cual le dedica una entrada muy importante a José Martí, con elogios que Aira no suele regalar a nadie. Ahora, en cuanto a la concepción que tiene Martí de la herencia de los pueblos originarios, es la de un latinoamericano.

Esos pueblos originarios son nuestras raíces. Han sido aniquilados por la codicia, por la ambición, han sido ultrajados. Llamamos pueblos originarios a aquellos pueblos indígenas que el conquistador español arrasó en la conquista.

Martín no era un socialista, no tenía una clara idea del socialismo, pero sí podría ser considerado como un nacionalista popular revolucionario, que en ese momento era todo lo revolucionario que se podía ser. Porque si en política hay que dar dos pasos, lo aconsejable es no dar ni tres ni uno, dar dos. Es tan reaccionario dar tres como dar uno.

Martí pasa a la historia, entonces, como un escritor que lucha por la libertad, un escritor ejemplar que une su prosa con la carnalidad de su tierra, con la carnalidad de sus propios ideales, que muere muy joven, y que sus propios maestros, o quienes debieron ser sus maestros, como Marx, por ejemplo, hubieran apoyado la invasión norteamericana a México y seguramente a Cuba, dentro del esquema dialéctico por el cual, donde la burguesía se instala, se instala el progreso.

Finalmente Cuba hizo su revolución, pero la hizo sin proletariado industrial, con lo cual vemos que esos esquemas de Marx y Engels, de los cuales, es cierto, ellos comenzaron a renegar tibiamente al final de su vida, no eran necesarios para los países de América Latina. Cuba hace su revolución con su campesinado. Y esto es muy importante también para la discusión con la teoría del foco y con las guerrillas de América Latina. Cuba contó con el campesinado cubano. No fue el foco de nada el que venció en la revolución. Venció una vanguardia que supo ser la expresión de un pueblo porque estaba unida a ese pueblo. Y esto es teóricamente fundamental.

Martí queda así en nuestros corazones, como el ejemplo del intelectual que no solamente escribe, sino que también escribe para algo, escribe para una causa social. No es necesario que todos los intelectuales escriban para una causa social, pero sí es deseable que todos sientan la causa de la libertad como la causa primera que permite escribir una literatura libre.

No hay literatura libre sin una tierra libre. Y esto Martí lo entendió mejor que nadie.

Chau, hasta la próxima.