La revolución mexicana, campesina e indígena propuso cambiar las relaciones fundantes de poder y el régimen de propiedad de la tierra. ¿Cuál es la diferencia entre una reforma y una revolución?
Este es el encuentro número 6 de Filosofía aquí y ahora. Es el ciclo número 4 de Filosofía aquí y ahora, y este ciclo número 4 está dedicado a América Latina, filosofía y colonialismo.
Hoy nos vamos a ocupar de un hecho muy complejo, muy sobredeterminado, muy difícil, con muchos personajes, con muchos muertos, con muchos tiros, con muchos cañonazos, etcétera, etcétera: la Revolución Mexicana.
¿Qué es una revolución? Porque si vamos a hablar de la Revolución Mexicana, tenemos que aclarar qué es una revolución. Una revolución, ante todo, no es una reforma. ¿Cuál es la diferencia entre reforma y revolución? ¿Qué es un reformista? Un reformista es un tipo que quiere cambiar de un determinado sistema algunos de sus aspectos. ¿Qué es un revolucionario? Un revolucionario es alguien que quiere cambiar la totalidad del sistema. Esa es la diferencia. Digamos que el cambio de la particularidad corresponde al reformista, el cambio de la totalidad corresponde al revolucionario.
La Revolución Mexicana se propuso cambiar la totalidad de las relaciones de poder en México. Eso se propusieron sus líderes, eso se propuso el pueblo que acompañó a esos líderes. Cambiar el régimen de propiedad de la tierra, que estaba, como siempre y como sigue estando, en manos de los grandes terratenientes.
La Revolución Mexicana, entonces, tiene la característica especialísima (y en algunos casos emocionante) de ser una revolución indígena y campesina. O sea que en México los indígenas, los pueblos originarios, tienen un protagonismo fundamental en la Revolución Mexicana. Estos indígenas, estos restos de los pueblos originarios que habían sobrevivido a la masacre impiadosa de la colonización española, tenían presencia en México. Y como tenían presencia en México, habían pasado de la masacre española y de la esclavización española, a la esclavización de los terratenientes mexicanos. Triste destino el de los pueblos originarios en general en América Latina.
México, al hacer su revolución, se aleja de Estados Unidos. Estados Unidos se sorprende. ¿Qué pasa en México? ¿Qué pasa en México? Los mexicanos están haciendo una revolución, dicen. Bueno, por supuesto, se están alejando de nosotros. ¿Qué quiere decir que están haciendo una revolución? Quiere decir que se están afirmando a sí mismos. Quiere decir que están diciendo: nosotros queremos ser lo que somos, nosotros queremos ser independientes, autónomos, queremos ser propietarios de nuestras tierras, queremos ser mexicanos, y queremos que México sea una república libre que no tenga dueños de ningún tipo, ni internos ni externos.
La Revolución Mexicana empieza en 1910, cien años después del comienzo de las revoluciones latinoamericanas. El proyecto inicial de la Revolución Mexicana es derrocar a un viejo tirano llamado Porfirio Díaz, hombre terrible, que llevaba 34 años gobernando en México, y a su régimen se le decía el porfiriato. La consigna del porfiriato era la de paz y progreso. Es una consigna para los poderosos porque, en realidad, ¿qué se le puede asegurar a los poderosos más que la paz y el progreso? ¿Por qué? ¿Qué necesita el capital? Paz. ¿Qué dice el capital que trae cuando invierte en los países en que invierte? Progreso. Entonces, ¿qué le necesita garantizar un país a los inversores extranjeros? Paz y progreso.
Muy bien. Por el otro lado están los sometidos. Están los pueblos originarios y están los campesinos mexicanos. ¿Qué van a pedir ellos? Piden tierra y libertad. Tierra y libertad. Esta es la consigna de los indios y de los campesinos. Queremos la tierra porque la tierra es nuestra, no es de los terratenientes. Los terratenientes se apropiaron de la tierra. La tierra es la tierra de los pueblos originarios, y debe pertenecer a los campesinos porque ellos son los que la trabajan, los que sufren con ella. En consecuencia, lo que pedimos es tierra y libertad porque la posesión de la tierra va a ser la expresión de nuestra libertad. Eso dicen los indios y los campesinos.
Pero hay que levantarse en armas contra el régimen de Porfirio Díaz, porque Porfirio Díaz tenía mucho poder, tenía muchos soldados y tenía muchas armas. Entonces, es Francisco Madero el que se levanta en armas contra Porfirio Díaz. Ahí está entonces Francisco Madero acosando al porfiriato a través de la lucha armada.
El porfiriato pierde esta batalla, y Francisco Madero derrota a Porfirio Díaz, y al derrotarlo a Porfirio Díaz, ¿qué es lo que hace? Bueno, lo que hacen todos los triunfadores, asumen el poder, asumen la presidencia. O sea que ahora lo tenemos dentro de la Revolución Mexicana a Francisco Madero como presidente. Esto no gusta a los campesinos, porque no les gusta Madero, un hombre aparentemente más unido al poder burgués terrateniente, y a sí mismo (también, guarda, que eso es una tendencia muy grande en los líderes), que a los verdaderos intereses populares.
Entonces, en la localidad de Morelos, se levanta en armas un gran caudillo popular, uno de los más grandes caudillos populares que dio América Latina, Emiliano Zapata. Zapata se levanta contra Francisco Madero y a Zapata lo siguen los campesinos. Pero hay inmediatamente una contrarrevolución, una contrarrevolución inmediatamente armada por el poder para sofocar este peligrosísimo levantamiento popular de Zapata. La contrarrevolución la encabeza un tipo muy sanguinario que se llama Victorino Huerta.
Esta es toda la complejidad de la Revolución Mexicana porque además todos son bravísimos. Huerta da un golpe contra Madero y se adueña del poder, y ahí podríamos decir que empieza la Revolución Mexicana, que va a tener dos líderes fundamentales: el que hemos nombrado Emiliano Zapata y el otro, el mítico líder de la Revolución Mexicana, Pancho Villa. Tanto Pancho Villa como Emiliano Zapata son los dos grandes caudillos de la Revolución Mexicana.
Entonces, aparece también junto a Huerta, Carranza, que es otro personaje que está con él tan brutal, tan sanguinario y tan contrarrevolucionario como Huerta. Entonces Zapata y Pancho Villa llaman a la lucha contra Huerta y Carranza. Y ahí sí, acá sí, estamos en plena revolución.
Volvamos a preguntarnos entonces, ¿qué actitud humana implica una revolución campesina e indígena? ¿Qué es una revolución? Una revolución es una falta de respeto al poder. Una revolución es, por parte de los sometidos, la aparición de una conciencia crítica que le permite a los sometidos decirle no a aquellos que los someten. La libertad del hombre consiste en este no. Cuando el hombre está sometido, encadenado, sometido a ser casi una cosa, toma una conciencia crítica de su situación y dice: no, no señores, esto es injusto, no señores, yo no acepto esto, no señores, yo me levanto contra este orden, no señores, yo hago una revolución.
Bien, hay otras interpretaciones de esto, muy modernas, que parten de Nietzsche, como por ejemplo las que están en Gilles Deleuze. Si ustedes leen a Gilles Deleuze, si tienen ganas de leer a Gilles Deleuze, por ejemplo, Mil mesetas, que es un libro recomendable, Esquizofrenia y capitalismo, etc., etc. Deleuze parte de Nietzsche y niega la negación, porque dice: hay que partir del sí, hay que partir de la afirmación de si mismo ante todo, el que va a negar tiene que afirmarse a si mismo.
Pero lo que yo le critico a Deleuze y a Nietzsche, o lo que Deleuze no quiere ver en Nietzsche, es que para Nietzsche la afirmación de sí es la de los aristócratas. ¿Quiénes son los que parten de la afirmación de sí? Los aristócratas son los que nunca dudan de sí mismos. Nietzsche decía que los aristócratas griegos decían: nosotros los veraces. ¿Por qué decían nosotros los veraces? Porque decían, lo que nosotros decimos es la verdad. En consecuencia, partían del sí, de la afirmación de si mismos.
Lo que no entiende el señor Gilles Deleuze, aunque sea francés y aunque se haya leído reverencialmente en la Argentina, es que el no y el sí se dan juntos. Cuando yo le digo no al opresor, estoy diciendo sí a mi libertad. Y si esto no se entiende, señores, a rajar de la filosofía, a rajar de la filosofía, porque este doble movimiento es fundamental para entender el pensamiento filosófico. El pensamiento filosófico se caracteriza por entender lo complejo, y lo complejo es que un sometido, cuando le dice no al opresor, se está diciendo sí a si mismo. Se está descubriendo a si mismo, se está asumiendo a si mismo. ¿Por qué? Porque le dice no a la opresión, le dice sí a su propia libertad.
El levantamiento zapatista es multitudinario. Al ser multitudinario Zapata logra tener toda una zona de México bajo su dominio revolucionario. Al tenerla bajo su dominio revolucionario lo que comienza a tomar son medidas revolucionarias. Crea entonces juntas revolucionarias y comisiones agrarias encargadas del nuevo reparto de las tierras. Se sancionan entonces las nuevas leyes agrarias y se ocupan las tierras de los terratenientes.
Esto es una revolución. Es decir, la propiedad privada es inalienable, es intocable para el capitalismo, es sagrada. En Hegel, la propiedad privada es la objetivación de la libertad. Entonces, imaginen ustedes el insulto al propietario privado y a la objetivación de su libertad que indios y campesinos le ocupen sus tierras. Pero esas tierras son ocupadas, y hay confiscación de esas tierras, y hay reparto de esas tierras entre los pobres. La tierra para los pobres.
Aquí, aquí hay filosofía, aquí hay pensamiento latinoamericano, todo esto es pensamiento latinoamericano. Quizás el pensamiento latinoamericano tenga la característica de que se ha desarrollado a través de la praxis, a través de la acción, y no tanto a través de una literatura escrita. Estas leyes agrarias del zapatismo son ideas, aquí hay ideas, aquí quizás hay una realización de ideas de cierto marxismo del siglo XIX que se encarnan en las leyes zapatistas. Por ejemplo, la tierra es para el campesino que la trabaja. Esta es una convicción profunda del zapatismo.
Zapata, a su vez, crea un plan, crea el llamado Plan de Ayala. Ustedes observen que también, también se escribe, también se escriben las ideas. El Plan de Ayala no está en el aire, el Plan de Ayala está escrito y constituye un hecho histórico en el pensamiento latinoamericano, el Plan de Ayala. Este Plan de Ayala además está respaldado por la acción militante de campesinos, y de indios, y constituye fundamentalmente el proyecto de restituir las tierras y las aguas a los pobres, a los que la trabajan, a los indios, a los campesinos, a las comunidades originarias que han sido arrasadas desde 1492, aciago día en que Colón puso sus pies en América Latina.
Estas leyes del zapatismo hacen pensar que hay un pensamiento latinoamericano. Es decir, hacen pensar... Evidencian que hay un pensamiento latinoamericano y que este pensamiento en México, en la Revolución Mexicana, se ha dado en la acción, porque está sostenido por ejércitos revolucionarios. Ustedes observen que es un pensamiento sostenido por la praxis, lo cual nos hace acordar mucho a la Comuna de París de 1871, que fue aplastada por Thiers, francés, y por la Prusia de Bismarck, que suspendieron la guerra entre ellos para aplastar a la Comuna de París.
Bueno, volvemos a México. ¿Qué hacen los hacendados? Los hacendados no se quedan cruzados de brazos. Los hacendados inmediatamente arman guardias, guardias armadas, o sea, escuadrones de la muerte. Estos escuadrones de la muerte tienen por misión ir recorriendo los campos e ir matando a todos los campesinos e indios que encuentren. Se desata una terrible guerra civil con matanzas de los dos lados. No hay piedad de ninguno de los dos lados. No hay ni uno solo de los dos lados que no haya cometido atrocidades en la Revolución Mexicana.
Así Zapata cae muerto en 1919. O sea, se quedan sin su líder en 1919. Con todo esto, con todo lo que implica quedarse sin un líder como Zapata, es para las masas como quedarse a la deriva. Y en 1923 es asesinado, en Barral, Pancho Villa. Y estas dos muertes, la de Pancho Villa y la de Zapata, expresan por supuesto la declinación del ímpetu revolucionario de los mexicanos. Esto también debe hacernos entender que en determinado momento las masas ponen su fe en determinados líderes, porque estos líderes saben representarlas, y pelean junto a ellas, y arriesgan su vida junto a ellas, y mueren junto a ellas, como Pancho Villa y Emiliano Zapata. Ejemplos de líderes revolucionarios que dieron su vida y murieron junto a los pueblos que representaban.
Hay un lema que dicen todos los mexicanos, y lo dicen con mucho dolor: Ay pobre México, tan lejos de Dios y tan cerquita de los Estados Unidos.
Por supuesto, en todo este alboroto, los Estados Unidos tomaron intervención, y amenazaron justamente con intervenir en la Revolución Mexicana por supuesto a favor de los poseedores, de los terratenientes. Lo que preocupaba realmente a Estados Unidos es que México con esta revolución consolidaba su identidad nacional, y un país que consolida su identidad nacional ya no es tan fácil de colonizar, sino todo lo contrario: una sólida identidad nacional justamente desarrolla el orgullo nacional y desarrolla la posibilidad de rechazar el avasallamiento de un país extranjero colonizador.
O sea que la Revolución Mexicana marca la identidad de este país casi para siempre, porque también muestra que hay un pueblo que no le teme a la muerte, que los pueblos originarios, que los campesinos salieron a pelear, salieron a dar la vida por la tierra, por la libertad, respaldando a sus caudillos, que los caudillos salieron al frente de las masas arriesgando sus vidas y finalmente las perdieron luchando, y eso son ideas, como dijimos, como el Plan de Ayala del zapatismo. Son ideas y son ideas que se dieron en América Latina encarnadas en caudillos populares como Villa y Zapata.
Todo esto tuvo una gran influencia, como no podía ser de otro modo, en el arte y la literatura mexicanos. Especialmente, hay un corrido, están los corridos de las Adelitas, que las Adelitas unen el amor y el militarismo. ¿Qué eran las Adelitas? Las Adelitas eran las soldaderas, eran las chicas que acompañaban a los soldados y les hacían la vida más alegre mientras la guerra era cada vez más triste.
Yo voy a recordar aquí, para los que no lo recuerden, y la mayoría no lo recordarán, pero fue una marca de época, las versiones del cantante norteamericano Nat King Cole sobre la canción Adelita. La canción Adelita dice: si Adelita se fuera con otro. Nat King Cole decía: si Adelita se fuera con otro. La canción seguía: la seguiría por tierra y por mar. Nat King Cole decía: la seguiría por tierra y por mar. La canción decía: si por mar en un buque de guerra. Nat King Cole decía: si por mar en un buque de guerra. Y la canción decía: si por tierra en un tren militar. Bueno, ya no voy más ahí. Si por tierra en un tren militar. Y si acaso muriera la guerra en mi cuerpo, en la tierra va a quedar, Adelita, por Dios te lo ruego, que por mí no vayas a llorar.
Esto mató. Fue un éxito impresionante en los años 50, porque Nat King Cole lo cantaba con mucha gracia, y cantaba la canción de Adelita, realmente. Entretanto, Mariano Azuela, uno de los escritores más talentosos de ese momento, escribe una novela fundamental que se llama Los de abajo. Los de abajo. Y expone los ideales de los de abajo, expone los ideales de los campesinos y de los pueblos originarios. Se les reprocha a los luchadores de la Revolución Mexicana que no tenían ideología, pero esto es un disparate total, porque un movimiento que se propone expropiar la tierra a los terratenientes, caramba, si eso no es ideología, díganme qué es ideología.
Entonces, los norteamericanos, como el cine de Hollywood nunca está alejado de estas cosas, en 1952 hace una meritoria película dirigida por un notable director, Elia Kazan, que luego fue un buchón del macartismo, protagonizada por Marlon Brando, Jean Peters y Anthony Quinn, que hacía el hermano de Zapata. Brando hacía Zapata y Jean Peters su mujer. Jean Peters era una actriz de esa época que luego se casó con Howard Hughes, un ultramillonario y totalmente piantado norteamericano. Se le reprocha a la película que hace de Zapata un héroe purísimo, sin contradicciones, cuando en realidad Zapata si había que matar a mil tipos los mataba, lo mismo que los del otro lado. Ya dijimos que la Revolución Mexicana fue un hecho cruento, donde hubo atrocidades de ambas partes.
Ahora bien, ¿qué pasa con la Revolución Mexicana? Con la Revolución Mexicana lo que pasa es lo que pasa con muchas revoluciones, se la congela, se la mete en un museo. Si usted va a México, los guías de turismo lo van a llevar al Museo de la Revolución Mexicana. Y usted no va a poder creer que Zapata y Pancho Villa están en un museo. Raymundo Gleyser, un director argentino desaparecido por la dictadura desaparecedora, hizo una película que se llamaba México, la revolución congelada.
Y efectivamente, es la revolución congelada, la revolución vital, llena de vida, llena de ideas, llena de estruendo, que hoy reposa mansamente en un museo, mientras México se entrega a la desgracia de la droga, la criminalidad, y la fiesta de los narcotraficantes. Lamentablemente, esta es la realidad, pero la revolución existió y todo lo que existió, ojo, puede volver.
Chau, hasta luego, nos vemos.