Un momento relevante dentro del pensamiento latinoamericano fue la reflexión acerca de la historia. El surgimiento del revisionismo histórico que, como tendencia historiográfica, comenzó por diferenciarse de la historiografía liberal.

1. La historia como conflicto

Este es nuestro encuentro número 8 de Filosofía, aquí y ahora, en su cuarta temporada. El tema que tratamos en esta cuarta temporada es América Latina, filosofía y colonialismo. El tema que nos va a ocupar hoy, y nos va a ocupar fuertemente, es el de las tendencias históricas en la Argentina.

Que haya distintas tendencias históricas quiere decir que hay distintos puntos de vista sobre la historia. Que haya distintos puntos de vista sobre la historia quiere decir que hay distintas clases sociales que los sostienen, que hay distintos grupos sociales que tienen distintas miradas, y que esas distintas miradas establecen conflictos, antagonismos, o sea que la historia no es un lecho de rosas, la historia es un lecho de conflictos, y estos conflictos se expresan también en las interpretaciones que cada uno de esos grupos, clases o subclases, hace de la historia.

Uno de los grupos que comienza por diferenciarse de la trasnochada ya historiografía liberal que había escrito el general Mitre, o que después siguió Ricardo Rojas, que José Ingenieros también escribe, y bueno, la cumbre es el Facundo sarmientino, es la de la escuela revisionista que nace a partir del golpe de Uriburu en 1930.

El golpe de Uriburu es un golpe que se identifica con el fascismo europeo. Este Uriburu era un general de pocas luces, lo que quizás es una redundancia, pero bueno, hay algunos con más luces, pero Uriburu muchas no tenía. Entonces, como no tenía muchas, le pide a Leopoldo Lugones que le redacte la proclama revolucionaria. Leopoldo Lugones ya venía hablando de los golpes de Estado en Ayacucho, cuando se festeja el centenario de la batalla de Ayacucho, la batalla en la cual Antonio José de Sucre derrota definitivamente al poder español en América.

Entonces, cien años después, en Lima, Perú, se festeja el centenario de la batalla de Ayacucho. Ahí, Leopoldo Lugones lanza un famoso discurso en el cual dice: ha sonado otra vez para bien del mundo la hora de la espada. Lugones era un gran orador, Lugones era un gran charlataneador, y tenía una enorme facilidad de palabra y de construcción de conceptos que respondían a la época en que se estaba viviendo. Entonces, en el discurso dice: así como la espada hizo lo único enteramente logrado que tenemos hasta ahora, es decir, la independencia, ahora es necesario que la espada vuelva a instaurar la jerarquía (palabra bien de la derecha), la jerarquía indispensable que la democracia ha malogrado hasta hoy.

Y la democracia para Lugones se opone a toda jerarquía. Lógico, la democracia no establece jerarquías, pero para un fascista, para un tipo de la derecha, tiene que haber jerarquías. Y un tipo que pide jerarquías odia a la democracia. Entonces, Lugones habla de lo que él llama paparruchas, que son el pacifismo, el colectivismo, la democracia. Para él, ¿son sinónimos de qué? De la vacante que el jefe predestinado está dejando, y que tiene que ser ocupada.

Hay un jefe predestinado a ocupar el lugar que la democracia no puede ocupar. Ese jefe predestinado que anuncia Leopoldo Lugones es José Félix Uriburu, y dice que el jefe predestinado, basándose en Nietzsche un poco Lugones, a quien habría ojeado un poco, manda no por la ley, manda por ser el mejor, por derecho de ser el mejor. Es decir, se basa en esto, en la concepción que Nietzsche tiene de la aristocracia griega. Son los mejores, los veraces, los que deben gobernar. O sea, la ley se confunde con la voluntad del hombre predestinado. Hay un hombre predestinado a gobernar y ese hombre, la voluntad de ese hombre es la ley. Fíjense qué peligroso que es esto.

Entonces, el Übermensch, el superhombre nietzscheano, es el que da fundamento a estas ideas lugonianas. En síntesis, el pensamiento fascista es un pensamiento que se basa siempre en una casta privilegiada, cuyo privilegio para gobernar consiste ante todo en la aristocraticidad de su espíritu. Son aristócratas espirituales que de su boca sale la verdad, y establecen un jefe, y ese jefe establece la ley, y la ley es la expresión de la voluntad del jefe. No hay parlamento, no hay nada, todas esas son paparruchas.

Hay un solo lugar del que surge la ley, de la voluntad del jefe. Esto es fascismo 100%.

2. El revisionismo histórico y la historiografía liberal

El revisionismo histórico se caracteriza por una gran carencia. Cuando yo reviso algo, dependo de aquello que reviso. El revisionismo histórico se caracterizó todo el tiempo por denostar a la historia oficial e incluso por implantar un panteón alternativo. Es decir, si estaba Sarmiento, pusieron a Rosas, y así, digamos, los caudillos federales se oponían a la burguesía ilustrada de Buenos Aires.

Pero esta visión alternativista no puede crear un suelo originario desde el cual pensar algo absolutamente nuevo. Por eso, desde aquí les decimos a esos pensadores liberales que cada vez que uno dice algo distinto a la trasnochada historia liberal, le dicen a uno que es un trasnochado revisionista, que uno no es un trasnochado revisionista porque se ha plantado en otro lugar. Yo ya no pienso en la historia liberal, pienso en la historia que estoy pensando autónomamente. En cambio, sí, los revisionistas, como hicieron un movimiento inicial de largada, estaban determinados a destruir a los héroes, a los próceres de la historiografía liberal.

Entonces, como lo maldito siempre tiene ese sabor tan especial, cuando se dirigen hacia el pasado encuentran que nuestros torpes liberales han entronizado a un gran maldito en el pasado, como después van a hacer la misma torpeza con Perón. Han entronizado como gran maldito de la historia argentina a don Juan Manuel de Rosas, de quien José Mármol, un mediocre poeta, dijo: ni el polvo de tus huesos la América tendrá. Y lo trajo Menem, lo trajo Menem, y se lo dejaron traer a Menem. ¿Saben por qué? Porque Menem les dijo: señores, a mí me gusta Rosas, le dijo a los oligarcas de la tierra y de las finanzas, me gusta Rosas, lo quiero traer. No, no, Rosas no. Pero yo, en cambio, voy a hacer todo lo que ustedes me digan. Voy a hacer el plan económico que ustedes me digan, el plan social que ustedes me digan, voy a frenar a la CGT, voy a hacer todo lo que ustedes quieran. ¡Ah, tráigalo a Rosas!

Entonces Menem lo trajo a Rosas y hasta lo puso en los billetes de 20 pesos, no pasó nada. Pero hasta ese momento la maldición de Mármol estaba ahí. Ni el polvo de tus huesos la América tendrá. Ahora, los revisionistas sí encuentran en don Juan Manuel de Rosas, y ya lo creo que lo encuentran, al líder fuerte, poderoso y romántico, y romántico, del siglo XIX. ¿Por qué? Porque buscan desde Rosas darle un basamento a Uriburu. Nada tenía que ver el pobre Uriburu con don Juan Manuel, que ese sí, ese sí era una figura histórica poderosa.

Una de las mejores biografías de don Juan Manuel de Rosas, hasta que tengamos la de Slavoj Žižek, porque se dice que el pensador esloveno (que ha venido por la Argentina) estudió algo de historia argentina y quedó deslumbrado por Rosas. Claro, ¿quién no queda deslumbrado por Rosas? Lógico, la batalla la Vuelta de Obligado, todo el color local que Rosas implica, ¿no? Incluso Oswald Spengler en La decadencia de Occidente, en La decadencia de Occidente, uno de los libros fundamentales del siglo XX, el alemán Oswald Spengler menciona a Rosas en uno de los lugares destacados entre los grandes caudillos del siglo XIX. Ibarguren, Carlos Ibarguren, escribe una biografía de don Juan Manuel de Rosas.

A los jóvenes de la izquierda peronista la figura de Rosas los fascina porque también es otro prohibido, y además porque El libro negro de la segunda tiranía unía justamente las figuras de Rosas y la de Perón. Habían sido los mismos liberales los que habían trazado la línea Rosas-Perón. Pensemos esto, atención, bien claro esto tengámoslo: los mismos liberales habían trazado la línea Rosas-Perón al escribir El libro negro de la segunda tiranía. Como habían trazado la línea Mayo-Caseros, es decir: Mayo, la libertad, Caseros, la dictadura, la infamia, el crimen, El matadero de Esteban Echeverría.

La izquierda peronista interpreta a Rosas como un caudillo, como un líder antiimperialista, lo cual es cierto. Rosas fue un líder antiimperialista. Lo que pasa es que Rosas falló a la cita para lo cual todo lo tenía destinado: modernizar la nación sin traicionar su soberanía. ¿Qué hicieron los liberales? Los liberales modernizaron la nación pero traicionaron su soberanía, modernizaron la nación regalándola, vendiéndola, entregándosela al capital británico, dándole las tierras al capital británico. Así modernizaron la nación.

Rosas debió modernizar la nación, debió modernizar la nación, sin entregar su soberanía. Y para eso estaba destinado, pero tenía demasiado odio a los gringos, Rosas, de modo que hizo una política de resistencia. Lo que no se le puede negar a Rosas es que hizo una política nacional de resistencia, lo cual se ve claramente en la gloriosa batalla de la Vuelta de Obligado.

3. FORJA y la década infame

El gobierno de Uriburu dura muy poco porque la oligarquía argentina no quería tener tratos con los gobiernos fascistas europeos porque era liberal a la británica. Siempre los tratos de la oligarquía fueron con Gran Bretaña. En consecuencia, Uriburu dura muy poco y muere a los dos años en París, cómodamente en la cama, mientras Severino Di Giovanni muere fusilado en una penitenciaría gritando "viva la anarquía", y el general Uriburu muere muy cómodamente en su cama y Crítica titula Hoy en París. Con eso alcanzó para que todo el mundo se enterara.

Bien, muere Uriburu, pero ya estaba muerto el uriburismo, el fascismo. Lugones estaba en una depresión tremenda que lo llevaría al suicidio, también por causas de amor, y asume un general... ¿Cómo describirlo? Gordito, siempre simpático, que decía todo el tiempo cheese. Como decía cheese, salía siempre sonriendo en todas las fotografías. Uno tiene que decir cheese o whisky. Osvaldo Bayer dice anarquí-a.

Pero viene la crisis del 29 y la Argentina se va a los caños, señores. Esa Argentina granero del mundo, que tanto festeja la oligarquía agraria argentina, con tanto orgullo a la generación del 80, hicimos un gran país, los ganados y las mieses, se va a los caños, porque la crisis del 29 hace cambiar los términos de intercambio, Entonces, los productos primarios no valen nada y los productos con valor agregado valen mucho. Inglaterra decide no comprar más las carnes argentinas y Argentina se va al diablo. Esa fue la Argentina que construyó la oligarquía. Se fue al diablo en cuatro días.

Bueno, entonces, para solucionar esto, Julito Roca, el hijo del gran conquistador del desierto, viaja a Inglaterra y hace un acuerdo con las carnes, y bueno, está la famosa frase que dice que la Argentina es una de las joyas más valiosas de la corona británica. Con gran orgullo dice esto Julito Roca.

Frente a esto, frente a esta situación a la cual el teórico José Luis Torres llama la década infame, en la cual surgen muchos de los mejores tangos, en la cual surge Discépolo, creo que esto lo hemos visto, aparece el grupo FORJA. El grupo FORJA es un grupo formado por jóvenes radicales, que son radicales antipersonalistas, porque el radicalismo se dividía en radicales personalistas, que eran yrigoyenistas, y antipersonalistas, que eran alvearistas. Los antipersonalistas eran los radicales adictos al régimen, que perduraron. Los radicales personalistas eran los adictos a Yrigoyen.

FORJA establece un eslogan que es: somos una Argentina colonial y queremos ser una Argentina libre. Sus principales integrantes son figuras brillantes como Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, Homero Manzi. Todos ellos se nuclean ahí y, efectivamente, son tipos brillantes. Y los que no tenían formación teórica, como Scalabrini Ortiz, se la hacían, se formaban teóricamente, y Scalabrini Ortiz deja su costado literario, que se había plasmado en El hombre que está solo y espera, y escribe La historia de los ferrocarriles argentinos, que es un acto totalmente patriótico porque él no estaba destinado a eso, y escribe realmente una muy seria y documentada historia de los ferrocarriles argentinos acerca de cómo fueron entregados y negociados con Gran Bretaña.

Jauretche, por su lado, inaugura una ensayística irónica, irónica, despiadada, en la que muestra todo lo que logra el humor, todo lo que el humor es capaz de erosionar una ideología tomándole el pelo, que es lo que logra Jauretche con la oligarquía argentina. El grupo FORJA confluye, finalmente, en el primer peronismo, pero no logra una inserción muy profunda. Y también tenemos como historiador liberal, del constitucionalismo liberal (como le gustaría decirlo a él) a Tulio Alperín Donghi, que es un historiador que ha escrito un libro que se llama Revolución y guerra, muy valorado, y que, después del golpe de Onganía se exilió y se dedicó a escribir libros fundamentalmente antiperonistas, con algún sólido basamento y con algún no sólido basamento. A mí no me interesan mucho los libros de Alperín Donghi.

De este modo, vamos a pasar a otra visión qué la historia da de los procesos políticos y sociales en la Argentina.

4. Los hechos y las interpretaciones de los hechos

Estos ideólogos que se dedican a revisionar la historia, entre los más importantes figura Hernández Arregui.

Hernández Arregui saca en plena militancia de la juventud peronista un libro que lo estaban esperando todos, que se imprimía en las facultades, que salían folletitos, hasta que finalmente salió el libro que era la Formación de la conciencia nacional.

Lo leyeron todos. Y era un libro en el cual Hernández Arregui mezclaba el marxismo con el peronismo. No es un libro que yo consideré felizmente logrado, incluso hay un pasaje sorprendente en el cual Hernández Arregui interpreta la llegada a la Argentina de Milton Eisenhower como la rendición de Milton Eisenhower. Es decir, Milton Eisenhower llega a la Argentina alrededor del 53 para verlo a Perón y Hernández Arregui dice que Milton Eisenhower viene a rendirse.

Bueno, todo no son estos dislates. Tiene otro libro que es muy lindo, El ser nacional, este es mejor, pero mejor que Hernández Arregui y con muy buena pluma, es el que mejor pluma tiene, es Jorge Abelardo Ramos.

Yo he leído siendo niño, Revolución y contrarrevolución en la Argentina, de Jorge Abelardo Ramos, y he disfrutado de ese libro como pocos, porque estaba bien incluido el marxismo, el trotskismo y la historia argentina. Y Ramos... La cosa era así, es como si hubiera, Ramos, recorrido todas las librerías de viejo de Corrientes y se hubiera comprado todos los libros, y con todos esos libros hizo Revolución y contrarrevolución en la Argentina. Lo que hizo después Ramos, nosotros aquí lo vamos a olvidar.

Ahora, Salvador Ferla, ese, chapó. Salvador Ferla es un tipo purísimo. Tenía un kiosco, Salvador Ferla, ¿pero ustedes se dan cuenta? Don Salvador Ferla vivía porque tenía un kiosco, donde vendía chicles, caramelos, chupetines, y escribió nada menos que Mártires y verdugos, la revolución de Valle, el libro que fue decisivo para los montoneros junto con Operación masacre de Rodolfo Walsh. Cuando los montoneros leyeron esos dos libros decidieron empezar el operativo del secuestro y muerte del general Aramburu.

Ahora, la historia... La historia no es, vamos a decirlo así, no es la historia. La historia ocurre, hay hechos, suceden hechos todo el tiempo, pero lo que son, son las interpretaciones de la historia. Pueden ocurrir miles de cosas, hoy seguramente en la Argentina han ocurrido miles de cosas y ya han surgido cien mil, doscientas mil interpretaciones. ¿Qué es lo que pasa? Como dice Nietzsche que tiene una frase formidable: no hay hechos, hay interpretaciones. Y en la interpretación es donde los hechos se juegan. Y en la interpretación es donde los medios de comunicación tienen una importancia fundamental. Por eso el poder se desespera por tener el manejo de los medios, porque a través de los medios impone su interpretación de los hechos.

Entonces, ¿qué es la verdad? La verdad no existe. La verdad es el poder para imponerla. Aquel que impone su visión de la realidad como la visión de la realidad, como la verdad, ese ha creado la verdad. Lo que hay que hacer es crear otra verdad que discuta a ésta. Entonces, la realidad es un choque de verdades diferenciadas, es un conflicto fascinante de interpretaciones diferenciadas en la cual triunfa la que más poder tiene. Por eso tanta importancia se le da a los medios.

Así, cada tendencia historiográfica en la Argentina es el esfuerzo lo más lúcido posible y lo más poderoso posible por imponer la verdad del grupo que impulsa esa tendencia historiográfica. Por eso hay distintas tendencias historiográficas, porque hay distintas interpretaciones de la realidad. La realidad no da la verdad, La verdad no la dan los hechos, la verdad es una lucha, y por eso las distintas versiones historiográficas son versiones que cada grupo diferenciado, en antagonismo con otros grupos, da de la realidad. Por eso hay tantas versiones historiográficas.

Bueno, chau, hasta luego.