Marx sostenía que la historia produce a sus propios sepultureros. ¿Qué es el proletariado? ¿Qué entendía por burguesía? ¿Qué función cumplen en la historia? Un acercamiento a su concepción filosófica, económica y política.
Este es nuestro encuentro número 11, y este encuentro número 11 de Filosofía aquí y ahora 4 es en el que vamos a tratar el marxismo en América Latina, para lo cual vamos a hacer un análisis del pensamiento de Marx acerca del problema colonial.
Voy a decir que Marx, en realidad, en mi concepto, no se ha lucido en cuanto al análisis del problema colonial, pero estaba bastante condicionado por su formación hegeliana para no lucirse en esta cuestión, sino para entenderla, más bien, equivocadamente.
Hay en Hegel una concepción dialéctica de la historia que afirma que la historia tiene un devenir necesario, universal, inmanente, dialéctico. Es decir, que la historia marcha necesariamente en una dirección. A esto se le llama teleología. Telos quiere decir fin y estudio de los fines es lo teleológico. Lo teleológico es el camino necesario que la dialéctica tiene que recorrer para que la historia se cumpla.
Cuando toma Marx esta dialéctica, Marx va a insistir mucho en que la historia crea a los propios sepultureros de aquellos movimientos históricos que la han encarnado en determinado momento. Esto en Hegel estaba. Hegel había afirmado que había determinados momentos históricos que devenían lo que Hegel llamaba positivos, es decir, positivos en el sentido de no tener ya un posible desarrollo. La dialéctica, justamente, funciona a través de la negatividad. La dialéctica siempre niega para pasar a un nuevo momento.
Entonces, en Marx, cuando Marx toma esta idea de la dialéctica hegeliana, la toma del siguiente modo: basándose en la Revolución Francesa. El feudalismo fue negado por la burguesía, fue necesario para que la historia continuara, que la burguesía, en tanto la clase más revolucionaria de la historia humana... Para Marx, lo dice en el Capital y lo dice en el Manifiesto Comunista de 1848, la burguesía es la clase más revolucionaria que ha actuado en la historia. Pero la burguesía, al derrotar al feudalismo, crea a su propio sepulturero, que es el proletariado industrial.
Entonces, este es el movimiento dialéctico necesario, interno, de la historia. La historia tiene necesariamente este movimiento, dice Marx. Así como la burguesía enterró al feudalismo, va a ser el proletariado industrial, que es el fruto del desarrollo de la burguesía, el que entierre a la burguesía por el movimiento dialéctico de la historia que va de negación en negación. O sea, la burguesía niega al feudalismo y el proletariado niega a la burguesía.
¿Y en quién deposita Marx esta exquisita tarea de derrotar a la burguesía y llevar a la humanidad hacia una sociedad igualitaria y sin clases? En el proletariado. Así que el proletariado tiene que universalizarse. Esta es la trampa de Marx. El proletariado tiene que universalizarse. Ahora, ustedes observen que si el proletariado tiene que universalizarse, primero tiene que universalizarse la burguesía. Es decir, toda expansión de la burguesía va a ser bien vista por Marx. No le va a preocupar, porque en tanto la burguesía se expanda, de ella, de sus entrañas, va a salir su sepulturero, que es el proletariado industrial.
Así, Engels, en 1848 habla de la conquista de México por Estados Unidos. Es un texto que a nosotros hoy nos sorprende, pero tenemos que comprender que para Engels la historia debía surgir de la planetarización de la burguesía. Entonces, Engels dice: es extraordinario, es positivo que Estados Unidos conquiste a los perezosos mexicanos, porque Estados Unidos va a llevar a México modernas relaciones de producción capitalista y de estas modernas relaciones de producción capitalista van a surgir los proletarios modernos que van a derrotar a la burguesía y van a instaurar la dictadura del proletariado que va a conducir a la sociedad sin clases.
Esta es la dialéctica tal como la veía Marx. Pero en esta dialéctica de Marx la burguesía juega un papel fundamental. Sin burguesía no hay proletariado revolucionario. Entonces, Marx tiene que apoyar todas las conquistas de la burguesía, porque necesita a la burguesía para que surja de ella el proletariado redentor que Marx necesita. En consecuencia, Marx es un impulsor de la burguesía en India, en China, en México, menos en Irlanda, pero Irlanda, ojo, lo vamos a ver, Irlanda es una colonia blanca, y ahí Marx ve bien el problema.
Es tan fuerte el pensamiento dialéctico de Marx que justifica hasta los errores del progreso. Y ojo, el pensamiento colonial de Marx forma un corpus muy importante en su pensamiento, no son dos o tres artículos sueltos. Pero, cuando termina el artículo La dominación británica en la India, para justificar los estragos que Inglaterra ha hecho en la India, cita a Goethe. Y el texto de Goethe es: ¿Quién lamenta los estragos si los frutos son placeres? ¿No mató a miles de seres Tamerlán en su reinado?
O sea, hay aquí una justificación de la barbarie en tanto progreso, Si la barbarie implica un progreso, justificada está. O sea, a pesar de todos sus crímenes, Inglaterra es un instrumento del progreso. Un instrumento inconsciente, porque la burguesía cree que está triunfando, según Marx, la burguesía cree que está triunfando y dominando el mundo, pero en realidad, para Marx, la burguesía está creando la obra maestra que la va a destruir y que es el proletariado.
Esto no pasó así, lo sabemos. Pero no vamos a dejar de reconocer que hay otros textos de Marx sobre el colonialismo que implican un reconocimiento mayor. Por ejemplo: para ser libre en su casa, John Bull necesita esclavizar a los pueblos que están fuera de las fronteras de su estado. Analicemos esta frase. Para ser libre en su casa, John Bull, o sea, Inglaterra, necesita esclavizar a todos los otros pueblos que están fuera de su casa. Esto es el colonialismo, esto es el imperialismo. Y esto recuerda a una gran frase de Jean-Paul Sartre en el prólogo a Fanon, donde dice: Europa se ha hecho a sí misma fabricando esclavos y monstruos.
Ahora, en el pensamiento de Marx también, quienes intentan defenderlo con toda buena fe, porque hay muchos que tienen, por supuesto, una relación pasional con Marx. Yo la tuve en algún momento, lo que pasa es que ya no tengo relación pasional con ningún filósofo. Pero tratan de defender a Marx diciendo: bueno, pero está la cuestión irlandesa, Marx entendió bien la cuestión irlandesa. Sí, Marx entendió bien la cuestión irlandesa, pero tengamos en cuenta que Irlanda era una colonia blanca, y Marx entonces dice: la liberación de Inglaterra depende de la liberación de Irlanda. Porque se da cuenta que Inglaterra, al explotar a Irlanda, compra a su proletariado interno, pero no ve que en la explotación colonial ocurre lo mismo, es por la explotación colonial que Inglaterra puede comprar a su proletariado interno. Ahora, en la cuestión irlandesa sí lo ve, es decir, y esto no lo aplicó al resto del mundo, esto lo aplicó a la cuestión irlandesa.
En todos los otros esquemas de Marx, e incluso en el texto terrible que escribe sobre Bolívar, Marx aplica el esquema dialéctico. La burguesía tiene que planetarizarse para que surja el proletariado. Entonces, ahí sí la revolución es posible.
Al final de su vida hay una carta de la populista rusa Vera Zasúlich que conmueve un poco a Marx porque Vera Zasúlich le dice: nosotros aquí en la comuna rural rusa ya tenemos el socialismo, ¿qué tenemos que hacer? ¿esperar 50 años de horror de la burguesía para entonces realizar la revolución? Y Marx se siente algo confundido y le dice que no hay que tomar El capital como una teoría necesaria del desarrollo de la historia. No hay una fatalidad histórica, dice Marx. Pero, en realidad, la carta a Vera Zasúlich es una carta, mientras que todos los textos de Marx son un corpus e incluso en El capital Marx cita estos textos avalándolos en su obra mayor, en su obra más trascendente.
En suma, hay cosas que Marx no vio. La expansión colonial resultó retrógrada, resultó infamante para todos los países en los que penetró. No implicó progreso, implicó un atraso catastrófico. Por otro lado, lo que esencialmente no vio fue que la teoría de la dictadura del proletariado a través del Estado iba a generar dictaduras sanguinarias como, por ejemplo, las de Stalin. Y bueno, y terminó eso por no ver afortunadamente él que no lo vio desdichado es nosotros que lo vimos, que después de la Guerra Fría la que se impone es la burguesía neoliberal que es absolutamente despiadada.
Pero la burguesía neoliberal no ha triunfado, porque un movimiento triunfa cuando soluciona los problemas que le había planteado su opositor. Y el neoliberalismo no ha solucionado ni el problema de la desigualdad, ni el problema del hambre, ni el problema de la explotación. Al contrario, los ha agravado enormemente. O sea, Marx todavía tiene vigencia.
Contrariamente a José Carlos Mariátegui, de quien habíamos rescatado el nacionalismo, por supuesto peruano, que late en las páginas de su libro Los siete ensayos, los marxistas argentinos trasladan mecánicamente los esquemas de Marx, sobre todo los del Manifiesto comunista. Y bueno, y algunos otros, no tanto los de El capital, porque bueno, les costaba más leer El capital, pero bueno, sí, algunos han leído El capital.
Pero quien más inteligente ha sido, y que sin duda no le niego que haya leído El capital, en trasladar estos esquemas de Marx, fue Milcíades Peña, en una serie de libros que son muy valiosos, porque por algo uno ha polemizado con ellos. Pero en Peña se da la perfecta traslación del pensamiento de Marx a la realidad argentina del siglo XIX.
Esto se puede ver en un libro como La era de Mitre, un muy buen libro de Milcíades Peña, uno esté o no de acuerdo, donde Milcíades Peña dice que la única opción que tenía la Argentina era atraso con apoyo popular o progreso con oligarquía e imperialismo. Con oligarquía e imperialismo el avance, digamos, el progresismo, era inevitable pero se hacía a expensas de recibir el capital británico. Hay una célebre frase de Mitre que dice: brindo por el capital británico y el esfuerzo argentino.
Ahora, hay un movimiento popular en todo el interior argentino que es el movimiento federal, que en determinado momento llega a tener un gran poder en las figuras de Felipe Varela, Justo José de Urquiza, y el Paraguay. Que Milcíades Peña valora enormemente el Paraguay porque dice que es el único intento autónomo de desarrollo que hubo en América Latina.
Este movimiento de resistencia del interior mediterráneo, Urquiza y el Paraguay, fracasa por varias causas. Urquiza ante todo traiciona en la batalla de Pavón, y los caudillos federales son barridos a sangre y fuego, luego de esa batalla de Pavón, en una guerra de policía que Mitre declara a las provincias, y la oligarquía argentina se entrega así a la vida fácil de entregarle el trigo y las vacas al capital británico.
O sea que esta oligarquía no le entrega al país ningún futuro, porque ya lo hemos dicho otras veces y lo vamos a decir ahora, un país tiene futuro cuando crea un mercado interno y una industria para ese mercado interno.
Ahora, preguntemos. ¿Qué podía hacer Ángel Vicente Peñaloza? ¿Qué podía hacer Felipe Varela? ¿Qué podía hacer Juan Facundo Quiroga? Bueno, podían hacer muchas cosas. El interior... Pocos países de América Latina tuvieron una riqueza en el interior... El interior, el interior, está muy bien dicho el interior, porque este país miró siempre para afuera, porque la gente de las provincias no quiere que le digan al interior, y el interior es mirar para adentro.
Entonces lo que hace la oligarquía de Buenos Aires es arrasar, arrasar, con toda la política que le oponían los caudillos federales. Y este fue un movimiento tremendamente sanguinario con dos mil gauchos asesinados al frente de asesinos como Ambrosio Sandes, Irrazábal, etcétera, etcétera. Y bueno, esto fue así.
Milcíades Peña lo que postula es que la derrota de las montoneras federales era inevitable. Y lo postula porque está siguiendo los esquemas de Marx. Lo que ocurre es que el error de Milcíades Peña es el de creer que la burguesía de Buenos Aires era la burguesía en la que Marx pensaba. Pero Marx pensaba en otro tipo de burguesía, en una burguesía dinámica, creadora, industrial, que iba a generar proletarios. La burguesía argentina no generó nada, vivió de la abundancia fácil.
Entonces, Milcíades Peña va a decir: hay una trágica impotencia de las montoneras, aunque Felipe Varela se hubiera instalado en el Fuerte de Buenos Aires, no hubiera podido hacer otra cosa más que la que hizo Mitre. Su derrota a manos de la oligarquía era inevitable. No hay nada inevitable en la historia, pero digamos que Milcíades, aferrado a la necesariedad dialéctica de Marx, cree, cree, aunque lo odia a Mitre y lo detesta, pero sin embargo cree y lo justifica, y dice que Mitre es la necesariedad histórica porque implica la relación de la burguesía argentina con el imperio británico.
Entonces, este factor capitalista para Peña va a ser progresivo, mucho más progresivo de lo que pudieran imponer las montoneras del interior. Tampoco piensa en una posible conciliación entre el interior y Buenos Aires que hubiera dado otro país. Pero sin embargo Marx, habrá pensado Peña, habría aplaudido el arrasamiento de la barbarie gaucha a manos de la civilización de la élite cultural de Buenos Aires. No olvidemos: ¿Quién lamenta los estragos si los frutos son placeres? ¿No mató a miles de seres Tamerlán en su reinado?
¿No mató a miles de seres el general Mitre en su reinado? Y Domingo Faustino Sarmiento, que en mi defensa dice: ahora verán ustedes al militar, al asesino. Estoy hablando, sin embargo, del gran autor de Facundo. Pero el gran autor de Facundo celebró que hayan puesto la cabeza de Ángel Vicente Peñaloza en una pica. Es decir, la crueldad de Buenos Aires en su campaña punitiva en el interior después de la batalla de Pavón fue escalofriante, y el arrasamiento del Paraguay fue un genocidio: 600 mil muertos.
Nosotros estamos hablando de Argentina, pero ojo, todo esto es para América Latina. Todo esto ocurrió en América Latina.
Las oligarquías nativas eliminaron a todos los elementos de mestizaje y a todos los pueblos originarios para establecer sus relaciones productivas con el Imperio Británico y así ocurrió. Así ocurrió la desunión, la desunión completa de América Latina porque fue un gran triunfo de la diplomacia británica y las oligarquías nativas.
Entonces aquí, en una novela que escribí y que publiqué en 1990, La astucia de la razón, hago un encuentro ficcional entre Karl Marx y Felipe Varela. ¿Cómo es la cosa?
Una hora antes de la batalla de Pozo de Vargas, Marx aparece en el campamento de Varela. Bueno, y Varela le dice, don Marx, qué alegría, qué honor tenerlo por aquí. Pero bueno, no crea, dice Marx, porque vengo a decirle que, por favor, no presente batalla, porque el triunfo de la civilización que representan los Taboada por estar unidos a Buenos Aires es inevitable. Usted, en la batalla que va a dar, don Varela, va a ser derrotado.
Y Varela le dice, ¿y por qué voy a ser derrotado? Porque hay leyes de la historia, le dice Marx. Hay leyes de la historia, y las leyes de la historia dicen que ese ejército que usted tiene enfrente, al representar a Buenos Aires, representa el progreso, porque Buenos Aires representa el progreso en este país.
Y si nos matan a nosotros, a los gauchos, dice Varela, ¿quiénes van a venir a reemplazarnos, a pelear contra Mitre, por ejemplo? Ah, no, no, no, dice Marx. Cuando a ustedes los derroten, la burguesía de Buenos Aires va a instaurar su poder y ahí van a surgir los proletarios revolucionarios que van a liquidar a esa burguesía. Ajá, dice Varela, usted va a ver que a sus proletarios revolucionarios le van a decir lo mismo, le van a decir, no peleen, es inútil, no peleen.
Bueno, y se dan un abrazo, es muy emotivo el encuentro, y Marx se va, y Varela le dice, ¿cómo, no se queda a ver la batalla? No, dice Marx, ya sé el resultado.
Bueno, esto lo que muestra es que había en Marx una concepción determinista en este aspecto. La dialéctica lo traicionó porque la dialéctica le hizo ver el necesario triunfo histórico de la burguesía. La dialéctica le hizo ver que la burguesía tenía que triunfar en todas partes para que surgiera el proletariado revolucionario que iba a liberar a los hombres en todo el mundo. Para Marx, entonces, Felipe Varela representaba un orden arcaico, un orden precapitalista, precapitalista. Mientras que Mitre, al estar aliado a la Europa capitalista, representaba el rostro más progresivo en la República Argentina.
De modo que Marx, igual que Milcíades Peña, aunque con dolor, aunque diciendo: qué pena cómo mataron a todos los caudillos, cómo fue arrasado el interior... Y Peña se conduele más por la situación del Paraguay, pero en el mismo esquema de Marx, cuando dice: bueno, qué pena todo lo que ha hecho Inglaterra en la India, pero igual, qué pena, pero no hay más remedio, porque la historia tiene que avanzar así. Así avanza la dialéctica. Así avanza la dialéctica. Hay una necesariedad. Cuidado, entonces, con las necesariedades en la historia.
Walter Benjamin, en sus Tesis sobre filosofía de la historia, texto excepcional, hermético pero excepcional, dice, nada perjudicó más a la clase obrera alemana que pensar que nadaba a favor de la corriente. No se nada nunca a favor de la corriente. Al contrario, la corriente hay que hacerla. Eso es lo que hay que hacer. La corriente. No hay corriente. No hay corriente. La corriente tiene que ser construida militantemente por los pueblos de América Latina. Y quizás, quizás, estamos viendo algo de eso. Ojalá estemos viendo algo de eso.
Pero no hay corriente en la historia. Nada está determinado. Nada está escrito. Lo único que es real es que los pueblos son los que escriben su propia historia y también los enemigos de los pueblos escriben su historia y por eso muchas veces masacran a los pueblos. O sea que la lucha por la libertad de los pueblos, es la lucha contra los opresores de los pueblos. Esa lucha no está garantizada, no implica un triunfo ya necesario, sino que siempre tiene que hacerse. Y ahí mejor que los mártires son los luchadores. Mejor que los muertos son los vivos.
Y son necesarios entonces los que quieran vivir, vivir para cambiar el mundo, antes que esa idea de yo quiero dar la vida para cambiar el mundo, guarda, mejor digamos yo quiero vivir para cambiar el mundo. Es una óptica nueva pero creo que mucho más positiva, mucho más positiva, porque exalta el valor de la vida y niega la glorificación de la muerte, que tanto daño hizo al menos en este país.
Chau.