Mientras que el marxismo hacía de la violencia el motor de la historia, Salvador Allende, figura original dentro del marxismo, fue el primero en proponer una vía pacífica y democrática al socialismo.

1. La vía pacífica

Este es el programa número 12, dedicado al marxismo en América Latina y centralizado sobre todo en la figura de don Salvador Allende y el movimiento hacia el socialismo por la vía pacífica y democrática que él y su partido de la Unidad Popular protagonizaron.

La figura de Salvador Allende es una figura trágica en América Latina por el final trágico que tuvo y por la infamia descarada con que se le organizó un golpe manejado desde Estados Unidos y con el apoyo, por supuesto, de la clase política chilena y de las clases altas chilenas, del ejército chileno, para impedir el proyecto de Salvador Allende.

El proyecto de Salvador Allende implicaba un proyecto muy original porque era el proyecto de una vía pacífica. En realidad, el marxismo no se propone (no se va a encontrar esto en los textos originarios de los grandes padres fundadores del marxismo, digamos) la vía pacífica y democrática para llegar al poder.

En realidad, las relaciones entre el marxismo y la democracia son muy conflictivas, porque en los textos de Marx y de Engels, la democracia es una palabra hueca, la democracia es una palabra burguesa, porque la democracia es el sistema parlamentario por el cual el burgués, la burguesía, domina a las clases sometidas a través de toda esa caparazón parlamentaria que no es más que el diálogo de los burgueses, de la clase burguesa entre sí misma.

Ahora, por eso el marxismo, ya en el Manifiesto comunista, en las páginas finales sobre todo del Manifiesto comunista, siempre plantea la toma del poder a través de la violencia. El manifiesto de 1848 de Marx y Engels, sobre todo escrito por Marx, dice claramente al terminar que los comunistas no ocultan sus intenciones, que sus intenciones son tomar el poder a través de la violencia, y que todo movimiento que quiera mantenerse una vez que ha tomado el poder, una vez que ha derrocado el orden establecido, que es el orden de la burguesía, debe sostenerse en el poder a través de la aplicación de la autoridad, de la autoridad entendida como la veía Marx en la Revolución Francesa.

Y en el texto de Engels, titulado De la autoridad, Engels dice: señores, no hay nada más autoritario que una revolución, una revolución implica bastillazos, dice sobre todo, ¿no? Bastillazos. ¿Qué es un bastillazo? Bueno, es la toma de la Bastilla. Hay que tomar la Bastilla para hacer una revolución. Es decir, ese símbolo que implica el derrocamiento de una clase social. Entonces, la Bastilla se toma, en la Revolución Francesa, a través de la violencia. Y la violencia, va a postular Marx, sobre todo en el capítulo 24 de El capital, que se llama La acumulación originaria, el capítulo sobre la acumulación originaria, va a hablar de la violencia como la partera de la historia.

Y aquí vemos nuevamente la cuestión de la dialéctica en Marx. Es decir, cuando una sociedad está lo suficientemente madura como para ser derrocada por otra, dentro de la dialéctica histórica, es la violencia la que resuelve esta situación. O sea, no hay resolución dialéctica sino una acción violenta de la clase que viene a superar a la anterior. Si, la burguesía viene a superar a la monarquía, como en la Revolución Francesa, lo hace a través de la violencia. Y esa violencia es la partera de la historia, la que hace nacer una nueva sociedad, hace nacer la sociedad burguesa. La sociedad burguesa, no bien nace, engendra al proletariado industrial, y este proletariado industrial, en determinado momento, se alza en armas, violentamente, contra la vieja sociedad, y es entonces la violencia la que va a hacer que el proletariado derroque a la burguesía.

En verdad este es un esquema bastante biologista, es como si la historia fuera una especie de gran madre, y necesitara una gran partera, y la gran partera fuera la violencia. Pero todo esto tuvo un enorme auge. Nadie cuestionó los defectos mecanicistas que había en esta concepción dialéctica que Marx había tomado de Hegel, ni nadie cuestionó la cuestión de la dialéctica como partera de la historia, ni la palabra partera. ¿Para qué la palabra partera? ¿Qué es la palabra partera? ¿Qué es la historia, entonces? ¿Una mujer que da a luz constantemente? No, la historia es algo mucho más complejo que eso.

Pero, bueno, esto no se problematizó, y el que sí lo problematiza, el que sí trae algo nuevo es Salvador Allende, la unidad popular y la postulación de la vía pacífica para llegar al socialismo a través de la democracia.

2. El golpe

Desde que Allende asume es impresionante la velocidad vertiginosa con que empieza a prepararse el golpe. Casi podríamos decir el mismo día, porque ya se estaba preparando desde antes. Es decir, ¿qué vamos a hacer si gana este comunista? Y lo que van a hacer, si gana ese comunista, es preparar un golpe de estado para tirarlo, porque no pueden tolerar que haya otro comunista en América Latina. Y esta es una muy buena advertencia para los que creen que la Revolución Cubana era exportable. No era exportable. Estados Unidos no iba a tolerar otro Castro en América Latina.

Entonces, en ese momento gobernaba un señor ampliamente detestable, que era Richard Nixon, junto a otro señor que era peor todavía, que era Henry Kissinger, que en mi opinión (y en la de muchos) es el más grande criminal de guerra que anda suelto. Entonces, lo que se prepara ahí es una reunión inmediata entre Nixon, Kissinger, y el diario El Mercurio, que es llamado el decano de la prensa chilena y que es el diario de los Edwards.

También viajan inmediatamente a Washington la ITT, la Pepsi... La Pepsi, miren qué cosa más linda, tan fresca, ¿no? Bueno, no, no, no, la Pepsi es una compañía muy, muy multinacional como la Coca Cola. No sé por qué no viajó la Coca Cola. Viajan la ITT, la Pepsi y el Chase Manhattan Bank para ver inmediatamente a Nixon. Nixon denomina a Allende constantemente, una y otra vez, ese son of a bitch, ese hijo de puta. Eso es el delicado vocabulario que Nixon le dedica a Allende.

Estamos en medio de la Guerra Fría, no hay que olvidar esto. La Guerra Fría se dio entre dos grandes bloques, Estados Unidos y la Unión Soviética. Pero Estados Unidos y la Unión Soviética se suponía que no se iban a agredir entre ellos por el poder atómico que cada uno tenía. Entonces, al no poderse agredir los dos grandes bloques de la Guerra Fría, las guerras calientes se daban en la periferia. Vietnam, por ejemplo. Vietnam, Argelia, eran todas guerras calientes de la Guerra Fría, eran todas guerras visualizadas por Occidente como guerras contra el marxismo.

En la guerra contra el Frente de Liberación Nacional argelino, los generales franceses lo dicen claramente: nosotros no estamos peleando una guerra colonial aquí, estamos peleando una guerra contra el marxismo. Lo mismo que en Vietnam: hay que frenar el marxismo, que Vietnam del Norte no se apodere de Vietnam del Sur. Frenar al marxismo.

Ahora bien, lo que ocurre también es que Allende para el bloque norteamericano, y para el poder chileno que está aliado a ese bloque representándolo ahí, en el lugar donde se da lo caliente de la Guerra Fría, Allende comienza a tomar una serie de medidas que indican un camino ya muy preocupante para las clases hegemónicas hacia el socialismo.

La nacionalización del cobre es un hecho decisivo. Chile nunca había nacionalizado el cobre. El cobre pertenecía al libre mercado, pero no pertenecía al Estado propietario del cobre. Esa medida de estatización determina, a su vez, un muy metódico plan de desestabilización. Hay que desestabilizar al gobierno de Salvador Allende, hay que tirarlo.

Nixon le niega cualquier crédito, por supuesto que le niega créditos, Y los sectores de la izquierda le van a criticar que Allende pida un crédito a Estados Unidos. Acá, cuando Perón pide un crédito a Estados Unidos en 1973, la revista El Descamisado de los montoneros saca un título muy coherente, y muy, muy trágicamente gracioso, que es el siguiente: ¿Qué pasa? decía el título, ¿Los yanquis nos financian la liberación? Bueno, no estaba mal la pregunta. ¿Ahora los yanquis nos financian la liberación?

Bueno, el desabastecimiento avanza, cada vez hay menos cosas, la gente no puede comprar, le echa la culpa a Allende. Todos le echan la culpa a Allende, y comienzan ¿a qué? Lógico, a movilizarse las clases altas, las conchetas chilenas que son de lo peor, son peores que las de aquí todavía, si es posible, y sí, es posible, son peores que las de aquí.

El gobierno de Allende se ve acosado por todos lados porque el movimiento de la izquierda revolucionaria que es el MIR, se le pone a la izquierda y lo critica desde la izquierda. Posición siempre muy fácil, ¿no? Caramba Allende, ¿qué le pasa? Usted no hace la reforma agraria, usted no está expropiando a los grandes monopolios, usted no está cambiando la estructura social verdadera del país. O sea, la izquierda lo critica Allende y bueno, esto a la derecha le viene en general muy bien.

La izquierda tiene que ser muy lúcida en estos casos y ver dónde tiene que sumar y dónde, si se opone, en realidad está restando a la estabilidad de un régimen democrático de izquierda al cual hay que sostener. Piénsenlo bien esto y que lo piensen los que lo tienen que pensar.

3. La esencia del hombre y la violencia

Allende cae en 1973. Hay que pensar la importancia que ya tenía la prensa, es decir, lo mediático, en la desestabilización de un gobierno. Ahora es mucho mayor. El poder mediático directamente representa la derecha en América Latina y su tarea es impedir que los gobiernos giren hacia medidas populistas, distribucionistas, e impidan la primacía del mercado.

Pero en 1973 ya El Mercurio de Chile, que pertenece a la familia Edwards, está bancado por Estados Unidos. Le dan 2 millones de dólares al diario El Mercurio para que desestabilice al gobierno de Allende. Y los Edwards muy, muy, muy contentos. Incluso hay un reportaje, que lo voy a decir esto muy breve, que le hacen unas chicas a Agustín Edwards y le dicen, ¿a usted le parece bien que Pinochet haya prohibido todos los diarios al día siguiente del golpe? Y este señor Edwards, que realmente parece medio tonto, ¿no? Pero bueno, responde... Con que parece medio tonto, quiero decir que seguramente eran otros los que manejaban las cosas más macabras del diario, este era un tarado que, bueno, ponía el nombre de la familia. Dice: ¿pero cómo no me va a parecer bien? Si me eliminan la competencia, yo me pongo muy contento. Es una respuesta memorable.

Entretanto, Castro, Fidel Castro, visita Chile, recorre Chile, mira Chile junto a Allende y la respuesta que le da es: vuelvo a Cuba más radical que nunca, sólo la acción violenta va a derrocar al capitalismo. O sea, hay una crítica a la vía pacífica de Salvador Allende, porque el pensamiento de Allende era, como dijimos, estrictamente este. Y esta era la originalidad de don Salvador: podemos llegar al socialismo a través de la vía pacífica y a través de la democracia. En los 70 esto era muy problemático y lo sigue siendo.

En mi novela Carter en New York hay un diálogo entre Carter y Alexander Haig. Es un diálogo ficcional, pero los diálogos ficcionales frecuentemente dan más que los diálogos documentales, porque, digamos, si el autor maneja la situación, la puede recrear a veces con mayor profundidad.

La situación es que Haig va a tomar un avión y Allende lo va a despedir. Y Haig en el final de la conversación, que es muy tensa, le dice, mire señor presidente, yo no sé si usted es bueno, como yo creo, o es tonto, porque hay una esencia del hombre que para usted es buena. Y Allende le dice, no, usted está insultando a la esencia del hombre, general Haig. No, no, no, le dice Haig, yo no tengo por qué insultarla, la esencia del hombre para mí no es buena, es egoísta. Por eso nosotros les vamos a ganar todas las guerras a ustedes. Porque ustedes creen que el hombre es bueno y el hombre no es bueno. El hombre es un ser esencialmente destructivo que no ha hecho más que matar a lo largo de toda la historia. Y esa esencia del hombre es la que nosotros, los capitalistas, asumimos.

No le dice Alexander Haig que esto estaba en un libro de Freud, donde Freud dice que la pulsión de muerte se está imponiendo trágicamente sobre el eros, que sería la pulsión del amor. La esencia del hombre sería la esencia de la dominación sobre el otro, y la esencia de la destrucción del otro. Y eso es lo que Haig le dice que ellos lo asumen y que usted pretende que el hombre sea bueno, y que llegue al socialismo a través de la vía pacífica. No va a haber vía pacífica porque el hombre no es pacífico. El hombre nació para la guerra y nació para matar.

Esto es una polémica que se abrió hace unos años por el filósofo cordobés Oscar del Barco, que terminó afirmando el no matarás bíblico. Bueno, Freud se ríe mucho de estas aseveraciones bíblicas. Dice, ¿cómo el hombre no va a matar si existe en él la pulsión de muerte? Dice, ¿por qué voy a querer al prójimo tanto como a mí mismo, si ni sé quién es el prójimo? Por ahí es un personaje detestable el prójimo. ¿Cómo lo voy a querer tanto como a mí mismo? Yo sé que yo soy una buena persona, dice Freud. ¿Cómo voy a amar a mi prójimo tanto como a mí mismo? En todo caso, voy a amar más a mi hijo. Bueno, esto es El malestar en la cultura, un gran libro de Freud de 1930.

Allende, lo original del intento de Allende, es quizás, es cierto, ir contra la esencia de la condición humana que es esencialmente destructiva y no es pacífica. El hombre se ha desarrollado... Hegel dijo, la historia avanza por su lado malo. Y Allende la quiso hacer avanzar por su lado bueno. Y evidentemente pareciera que la historia avanza de negación en negación, de catástrofe en catástrofe, de masacre en masacre, y entonces la vía pacífica al socialismo quedaría edulcorada y don Salvador Allende quedaría como... Bueno, vamos a ver cómo queda, porque la izquierda le reprocha que la vía pacífica del socialismo es la vía pacífica al desastre, al desastre.

Y bueno, vamos a ver después qué es lo que opina Don Salvador Allende, una de las figuras más puras, más formidables del pensamiento de América Latina.

4. La historia es nuestra

Hasta dos días antes del 11 de septiembre de 1973, en que se produce el levantamiento que derroca a Allende, todavía no se sabía qué militar lo encabezaba. Estaban discutiendo entre los militares a ver quién iba a encabezar el golpe y, sorpresivamente, lo encabeza Augusto Pinochet.

Cuando le llega la noticia a Allende, Allende se sorprende, dice: ¿cómo? Pinochet, si Pinochet es mi amigo. Pero en realidad no es que estaba tan mal informado, es que pareciera que Pinochet en dos días tomó esa decisión y la tomó en serio. La barbarie de los militares y los carabineros chilenos se desata de un modo total, Allende se refugia en la moneda, tiene una metralleta y un casco con él, y está el GAP, el Grupo de Amigos del Presidente, que son los que se quedan con él a rodearlo hasta el fin. El presidente no se va a ir del Palacio de la Moneda. Se va a quedar ahí y si lo sacan, lo van a sacar con los pies para adelante. O sea, Allende se queda y se hunde con sus barcos como los capitanes legendarios de tantas historias.

Desde la moneda da su último discurso en el cual se revela su pensamiento esperanzador. Este discurso está alimentado por la fe de un devenir necesario de la historia hacia una situación de justicia social que va a llegar pase lo que pase. Entonces Allende dice: yo no voy a renunciar, y en efecto no renuncia. Voy a mantener mi lealtad al pueblo y si es necesario dar mi vida, por eso la voy a dar. Como tienen la fuerza, seguramente nos van a poder avasallar. Pero la idea de Allende es que la fuerza la tienen ahora, pero no la van a tener siempre. ¿Por qué? Porque, aquí está la cosa, no se detienen los procesos sociales.

Y esta es la gran discusión, sí se detienen los procesos sociales, la fuerza detiene los procesos sociales. Hay una frase de Sartre que menciono siempre y la debo haber mencionado en algún momento, que dice: la descolonización está en marcha, lo único que pueden hacer nuestros mercenarios es demorarla. No, pueden hacer mucho más los mercenarios. En Chile abortaron por completo el proyecto de Allende.

Y Allende insiste, la historia la hacen los pueblos y es nuestra. ¿Qué es lo que piensa Alexander Haig? Que la historia es nuestra, dicen Nixon y Alexander Haig y el bloque occidental. No la hacen los pueblos, la hacemos nosotros, con nuestras armas, con nuestro poder, con nuestros marines, pero la historia es nuestra.

Allende denuncia que su caída se debe al capital multinacional y a la alianza del capital multinacional con los sectores más poderosos del interior de Chile. Esos sectores poderosos son los de siempre, es decir, son los intereses financieros aliados a los intereses multinacionales. Ustedes imaginen que en la ITT, el Chase Manhattan Bank, ahí tenían intereses también chilenos.

Y Allende sigue insistiendo en decir... Claro, es un mensaje final, es un mensaje esperanzador. Sepan, dice, que mucho más temprano que tarde, y acá dice una frase hermosa: sepan que mucho más temprano que tarde se abrirán de nuevo las grandes alamedas por las que pase el hombre libre. Si nosotros pensamos que el que dice esto está por morir, están bombardeando el lugar donde él dice esto, está rodeado de doce, trece tipos que son su grupo de amigos, es admirable el coraje y la convicción moral e ideológica del hombre que está diciendo esto.

Entonces el hombre que está diciendo esto sabe que va a dar su vida por una causa, y sabe entonces que su sacrificio no va a ser en vano. Mi sacrificio no va a ser en vano, dice, porque la causa que yo encarno, que es la del socialismo, que puede llegar al poder por la vía pacífica (y quizás en ese momento piensa que también por otra vía, no sé qué piensa en ese momento), pero lo que yo encarno es la igualdad para todos, encarno lo contrario del capitalismo que es un sistema de expoliación, el sistema de la desigualdad. Yo quiero la igualdad, dice Allende, y esa es la idea que esencialmente encarno. El pueblo va a tener que defenderse, pero tampoco debe sacrificarse, dice Allende, que asume que el que se va a sacrificar es él.

Entonces, ahí es donde él dice su pensamiento. La historia tiene una dirección. Esa dirección es la de la final liberación de los pueblos. Los pueblos van a llegar a ser dueños de su propia historia. Y las grandes alamedas siempre van a continuar abriéndose, aún después de las grandes derrotas, para que por ellas pasen los hombres libres que cada vez van a ser más.

Por esa causa, Salvador Allende da la vida, no se escapa, no se va. Se queda ahí y, en efecto, lo matan. Algunos dicen que se suicida. Bueno, puede ser. Si vienen cinco carabineros y están a diez metros, me pego un tiro.

Y la conclusión, entonces, es que este hombre, con esa cara de manso, con esa cara de tipo honesto, inteligente, moral, es un ejemplo para América Latina porque es un ejemplo de aquel que va hasta el final con sus convicciones. Y el final es dar su vida, dar su vida por la paz. Esto es algo notable que define a don Salvador Allende.

Salud, don Salvador Allende.