América Latina se encuentra en pleno devenir. ¿Qué se hizo en esta región en relación con el pensamiento? ¿Cuál es la filosofía latinoamericana?
Este es el encuentro número 13, en el cual nos vamos a preguntar algo fundamental: ¿existe la filosofía latinoamericana?
La pregunta es esencial porque todo el curso que vinimos haciendo, todos los encuentros que tuvimos, giraron alrededor del pensamiento latinoamericano y sus distintas encarnaciones en distintos procesos y en distintos personajes. Lo tuvimos a Bolívar, lo tuvimos al Che, lo tuvimos a Cooke, lo tuvimos a Salvador Allende, en fin, no quiero eliminar a ninguno, tuvimos la Revolución Mexicana, tuvimos a Mariátegui, o sea, es evidente que a través de todo este desarrollo que hicimos existe un pensamiento sin duda alguna latinoamericano.
¿Qué es lo que diferenciaría a un pensamiento de una filosofía? Bueno, si nosotros habláramos con Heidegger o con Hans-Georg Gadamer, que son personas que consideran que sólo los alemanes pueden pensar, estaríamos, evidentemente, fuera de la filosofía. Heidegger dice que la filosofía habla en alemán y cuando el resto de los pueblos quiere pensar, tiene que pensar en alemán. Bueno, yo confieso que estoy liquidado porque siempre el alemán fue una batalla perdida para mí, como para muchos.
Entonces, la filosofía latinoamericana, no importa que se llame filosofía o qué, si ellos quieren tener una filosofía, los alemanes que la tengan, pero en realidad si la filosofía es amor al saber, la filosofía sería amor al conocimiento, y el conocimiento, como ya sabemos, si no sirve para algo, no sirve para nada. ¿Y para qué tiene que servir el conocimiento? Este fue el gran aporte de la tesis 11 de Marx, de las Tesis sobre Feuerbach: uno tiene que conocer algo para transformarlo. O para dejarlo como está, que también es transformarlo, porque es no transformarlo, pero validarlo como está, o para transformarlo.
Entonces, el conocimiento nunca es ajeno a la praxis. Uno conoce para actuar, lo cual es elemental. Y esto es filosofía, esto es pensamiento. Todas las personas que nosotros tratamos a través de este curso y todos los movimientos sociales, actuaron sobre la realidad porque pudieron pensar la realidad, y la acción entre pensamiento y acción fue paralela. No se puede dar una cosa antes y otra después. En realidad, el pensamiento se desarrolla a través de la acción y la acción no es ciega. No hay acciones ciegas. La acción se piensa a medida que se realiza.
América Latina es un continente que está en constante devenir, lo ha estado, es un continente que ha sido agredido desde tiempos inmemoriales, y su verdadero pensamiento debe ser aquel que se constituyó para oponerse a todo proyecto que sojuzgara a América Latina. Entonces caemos en una teoría (no caemos, desarrollamos una teoría) del pensamiento como conquista de la libertad.
Esto es el pensamiento. El pensamiento es siempre crítico. En realidad, todo aquel ser que llega realmente a pensar, no puede sino pensar críticamente. Es decir, asumirse él frente a una realidad a la que juzga con total libertad, una realidad que no lo somete sino que él la piensa, y la piensa para estar de acuerdo o para no estar de acuerdo.
Generalmente, esa realidad trata de que el sujeto esté de acuerdo para someterlo, pero, con mucha frecuencia, y lo que hemos visto a lo largo de todas estas reuniones que tuvimos, es que los sujetos que han pensado libremente, pensaron libremente porque estaban en profundo desacuerdo con la realidad que vivían y pensaron para transformarla.
Nosotros, los americanos y latinoamericanos de hoy, esta América Latina de hoy, no desea ser lo que es. Desea ser otra cosa. He aquí la libertad. La libertad es exactamente esto. No la libertad del mercado ni la libertad de los liberales. La libertad metafísica del sujeto. El sujeto es libre, cada uno de nosotros es libre, cuando llega a un punto en el que dice: no, yo no quiero ser esto. Esto es lo que quieren que yo sea, pero yo no quiero ser esto, yo quiero ser otra cosa. Y voy a comenzar a hacer otra cosa a partir de este mismo momento, y voy a tratar de unirme a otras personas que también quieran hacer otra cosa, y ahí vamos a ver qué es lo que pasa, qué es lo que podemos hacer, porque solo no voy a poder hacer nada, pero con otros es posible.
Este es el último encuentro de Filosofía 4, que su título ha sido América Latina, filosofía y colonialismo. Entonces, tenemos que tener claro, a esta altura, a qué nos referimos con la idea de filosofía y colonialismo.
El colonialismo siempre tiene razones filosóficas para justificar su acción conquistadora. La filosofía europea es una filosofía del progreso, ha sido una filosofía que justifica la acción del colonialismo europeo como una acción del progreso, de la civilización, de las luces de la razón, es decir, como un avance de la cultura y del espíritu humano.
Ahora, para nosotros, para América Latina, para la India, para China, para Argelia, ¿significó un avance del espíritu humano que Inglaterra o Francia en Argelia entraran a colonizar esos países y a extraerles sus riquezas? ¿A extraerles sus materias primas? Y bueno, todos los horrores que sabemos que el colonialismo ha cometido, ¿no? El general Bugeaud, cuando entra en Argelia en 1830, lo primero que hace para asustar a los argelinos es quemar 500 argelinos vivos. Y le dice a Sarmiento, esto está en los viajes de Sarmiento: a la barbarie (justamente a Sarmiento, le dice) hay que combatirla con la barbarie. Y este mensaje llega hasta Videla.
Ahora bien, hay algunos que niegan la posibilidad de un pensamiento periférico y se ponen muy nerviosos porque dicen eso es populismo, eso es nacionalpopulismo, eso es peronismo, en última instancia, lo cual a mucha gente esto la pone desesperada, gente de la academia, digamos, que ocupan cátedras para decir mediocridades, cosas que ya han sido dichas, banalidades que todo el mundo sabe. Es decir, hay una serie de pensadores que lo único que saben hacer es citar a autores europeos, escriben cuatro líneas y catorce páginas de citas.
Bueno, ante todo, el pensamiento de América Latina tiene que ser un pensamiento situado. Nosotros estamos aquí. Eso no nos quita nuestra vocación universal, nuestra vocación de pertenecer, digamos, al espíritu humano, al espíritu occidental, aunque sabemos que somos víctimas del espíritu occidental, porque el espíritu occidental se consolidó saqueando a las colonias.
Entonces, si algo diferencia a las colonias de los países centrales es que las colonias no tuvieron colonias para explotar, evidentemente. Entonces, el desarrollo nunca puede ser parejo. ¿Dónde están las colonias de las colonias? ¿Alguien conoce las colonias de las colonias? No. Las colonias nunca tuvieron colonias. Los que tuvieron colonias fueron los países centrales, que desde 1492 en que llegaron a América Latina comenzaron a saquear el continente latinoamericano, y luego entraron en la India, y luego entraron en China, y luego entraron donde tuvieron que entrar, y se llevaron lo que se tenían que llevar, y el desarrollo de estos países fue paupérrimo.
Ahora bien, una filosofía latinoamericana no parte del cogito cartesiano. El cogito cartesiano es ese pensamiento de Descartes que pone al hombre en la centralidad de la filosofía en tanto subjetividad. Hay tres momentos en el capitalismo. Uno fáctico, que es llegar a América, conquistar América. Otro subjetivo, que es el hombre cartesiano. Pienso, luego existo, este es el hombre capitalista que se pone en la centralidad como hombre que va a dominar el mundo. Y el otro es el nietzscheano de la voluntad de poder. La voluntad de poder para expresarse siempre tiene que querer tener más poder. Para conservarse hay que conquistar. Fíjense qué bien refleja esto el espíritu de un Bush, por ejemplo, ¿no? Para conservarse me tengo que expandir.
Ahora, en esta primera etapa, el imperio viene hacia nosotros, en la etapa de la colonización monárquica española. O sea que el pensamiento latinoamericano no parte del orgulloso cogito cartesiano, sino que parte de la experiencia del sometimiento y del genocidio de los pueblos originarios. Y esto, que se lo banque el que se lo tenga que bancar, esto fue así. El sometimiento de los pueblos originarios, con la excusa de la evangelización de los pueblos originarios, fue el punto de partida de América en tanto continente sometido y masacrado.
Abramos este bloque haciendo una pregunta incómoda: ¿hay una ontología de la periferia?
¿Qué es ontología? Ontología es, digamos, la disciplina filosófica que se ocupa del ser. O sea, ¿hay un ser americano que sea auténticamente, autónomamente americano, y que para ser autónomamente americano sea distinto de otros seres (el ser europeo, el ser oriental)? Bueno, yo creo que no, que no hay una ontología americana. Lo que hay, sí, y es lo que hemos visto, son proyectos políticos, humillaciones, respuestas, guerras, América Latina que se busca a sí misma, las clases dominantes que siempre buscan la unión con el imperio, y la lucha de todos los desdichados, desastrados que han habitado América Latina.
Lo que sí hay, y hay que marcarle a los europeos, porque los europeos están (en mi opinión) un poco en el aire, están jugando un poco. De hecho, la Academia Norteamericana en la cual triunfa la french theory, es decir, todo el posestructuralismo de Barthes, Derrida, sobre todo. Y en Europa están como deslumbrados por la noción de diferencia. Es decir, este mundo es tan maravilloso que está lleno de cosas diferentes. Es como el cielo estrellado. Y en cada diferencia hay que encontrar esa particularidad que nos enriquece.
Entonces, bueno, fue en un congreso de filosofía donde, como buen salvaje, yo interrumpí y dije: lo siento mucho, yo vengo de América Latina y para nosotros hay diferencias, pero hay principalmente una diferencia que es para nosotros la que marca nuestro destino, la diferencia entre los países pobres y los países ricos. Lo que ocurre es que ustedes son países ricos, y quizás la condición de países ricos los lleve a entretenerse tanto con la maravilla de las diferencias a las que igualan con la belleza del cielo estrellado. No, las diferencias sí existen, son millones, pero cada diferencia expresa un antagonismo, cada diferencia expresa un conflicto. Una cosa es diferente de otra porque está en conflicto con ella. Puede estar en complementación o en la tarea de complementarse, o puede llegar a un cierto consenso, no vamos a negar esto, pero si no, no sería diferencia.
Una cosa es diferente de otra... Porque bueno, todo esto está sacado del manual de lingüística de Ferdinand de Saussure... Es decir, un elemento del sistema de lingüística nunca es nada en sí mismo, porque siempre está relacionado con otro elemento. Es decir, no puede existir en sí porque siempre existe en relación con otro. Eso es la diferencia que se establece en el sistema lingüístico. Pero esa diferencia en el campo social es lucha, agón, es lucha, es conflicto. Y este conflicto es lo que da dinamismo a la historia.
Entonces, nosotros diríamos que una de las categorías fundamentales del pensamiento latinoamericano es asumir que el principal conflicto que nosotros tenemos, padecemos y tenemos que superar, es el de los países ricos y el de los países pobres. No queremos ser más países pobres. No queremos ser más vasallos de los países ricos, para lo cual no queremos seguir más las recetas de los países ricos, porque saben una cosa, hemos entendido que las recetas de los países ricos están hechas para que nosotros continuemos siendo pobres y ellos continúen siendo ricos.
Entonces, cuando viene el FMI y nos dice ustedes tienen que hacer esto, tiene que surgir una natural desconfianza en nosotros y decirles: vean, lo lamentamos muchísimo, señores, pero ustedes representan los intereses de los países ricos, o sea, no pueden representar nuestros intereses porque nosotros somos parte de los países pobres; nosotros estamos en conflicto, o sea, que tenemos que tener una profunda desconfianza hacia los planes que ustedes nos traen, porque sospechamos que los planes que ustedes nos traen son planes que les convienen a ustedes, y lo que a ustedes les conviene es que la situación se mantenga tal como está, ustedes ricos, nosotros pobres. O sea, la vamos a alterar.
Y esto es una parte fundamental del pensamiento latinoamericano. ¿Por qué es una parte fundamental del pensamiento latinoamericano? Porque implica su autonomía. Esta autonomía es una autonomía de pensamiento, es una autonomía de afirmación propia y de negación del otro que viene a negarme para afirmarse él. Por eso la historia es conflicto, lucha, y esto es lo que tiene de apasionante la historia.
Una historia latinoamericana tiene que ser una historia del conflicto y de la lucha de los países latinoamericanos por discutirle a las grandes potencias lo que las grandes potencias quieren hacer de nosotros. No, señores, de nosotros, nosotros vamos a hacer lo que se nos antoje a nosotros.
Nosotros dijimos que no hay una ontología de América Latina, lo cual estamos de acuerdo. En cuanto a una teoría del ser, América Latina no pertenece al ser de un modo distinto al que pertenece Europa o Estados Unidos.
Pero ojo, ojo, ¿qué es el ser? ¿Y si yo digo que el ser es praxis, que el ser es acción, que lo propio del hombre es actuar, que lo propio del hombre es hacer la historia? Y si lo propio del hombre es hacer la historia, entonces el ser sería la interacción entre las luchas que llevan adelante los distintos grupos y que esas luchas hacen lo que el hombre hace, que es la historia.
Entonces, si el ser es praxis, habría entonces una praxis política claramente diferenciada en América Latina. América Latina no puede tener la misma praxis que tiene Europa, simplemente porque, como dijimos con bastante ironía en un bloque anterior, ¿dónde están las colonias de América Latina? Entonces, América Latina tiene que buscar un camino diferenciado, autónomo, propio.
Ese camino está determinado porque América Latina tiene que estar muy atenta a que la historia de sus tradicionales despojos y la historia que representaron sus clases dominantes entregándose siempre a los intereses hegemónicos de las grandes potencias, ya sea entregándoles las materias primas como granero del mundo, o negociando las carnes vergonzosamente, o volviendo a firmar o entrando en el Fondo Monetario Internacional luego de la caída del primer gobierno peronista, o aceptando el consenso de Washington, todos esos gestos de América Latina fueron gestos que hicieron perder la autonomía y la identidad de América Latina, pero que tuvieron sus socios, sus representantes, sus ladrones, sus corruptos aquí.
Entonces, no es que nosotros estemos diciendo qué malos que son los del imperio, qué malo es el imperialismo, si no hubiera habido imperialismo seríamos una potencia... No, no, no. No toda la culpa es del tipo de afuera. La culpa es del tipo de adentro que le vende el país también. Sin Menem no hay sometimiento al consenso de Washington, sin Menem no hay privatización de YPF. O sea que tiene que haber en los países de la periferia una clase formada por un sujeto liberacionista, que esté atento a la hegemonía estratégica de la nación.
La nación no se debe vender, la nación negocia, la nación habla, dialoga. Y esta idea de la nación no es ya quizás la idea de la nación bolivariana, pero por lo menos conserva de la idea de esa nación bolivariana la dignidad de cada una de las naciones de América Latina. Y si cada una de las Naciones de América Latina conserva su dignidad y desde esa dignidad dialoga con las otras, ahí se hace una fortaleza latinoamericana en la cual cada país va entrando en un diálogo con los otros países y se va dando una prioridad a la política. La prioridad a la política es la prioridad al Estado.
Voy a decir una frase que para mí es definitiva. Los países periféricos nunca han tenido economía, la economía los tuvo a ellos. Esto quiere decir que la economía de los países periféricos siempre estuvo determinada en exterioridad, siempre estuvo determinada desde afuera, e incluso manejada directamente desde afuera.
Ahora, la novedad que se presenta en estos momentos, luego de la revolución mediática que ha hecho el capitalismo triunfante, luego de la caída del muro de Berlín, es la revolución comunicacional. Esta revolución comunicacional es el arma más poderosa que tiene la derecha imperial, y es la que, en efecto, usa.
Hay filósofos como Jean Baudrillard que han escrito un libro que se llama El crimen perfecto y el libro empieza: se ha cometido el crimen perfecto, se asesinó a la realidad. ¿Qué significa que se asesinó a la realidad? Que la realidad la construyen los medios y que esa realidad que construyen los medios nos la hacen creer a todos. Entonces, no vemos la realidad. Vemos la realidad que las empresas mediáticas nos hacen ver. Y esa realidad es la realidad de sus intereses. Entonces, la realidad es para nosotros, finalmente, la realidad de los intereses de las grandes empresas mediáticas.
Entonces, frente a esa revolución, ¿qué es lo que tenemos que oponer? Bueno, Lo que tenemos que oponer es lo que siempre el hombre libre ha opuesto a la tiranía, que es su afirmación como sujeto libre, su capacidad de decir: no, a mí no me van a someter, yo no voy a aceptar pasivamente que me digan cómo son las cosas.
En todo caso, aquí podemos recurrir a Descartes cuando dijo: voy a dudar de todo. Bueno, dudemos de todo porque efectivamente nos están mintiendo. Y para saber que nos están mintiendo, tenemos que elaborar nuestra propia verdad, que es nuestra propia visión del mundo, nuestra propia conciencia crítica. Y nuestra propia conciencia crítica es aquello que hace de nosotros un ser humano, alguien que habla y no es hablado, que piensa y no es pensado, que interpreta y no es interpretado.
Esta es la conclusión de este encuentro cuarto que hemos tenido, y que esperamos de todo corazón que haya tenido la utilidad de hacernos sentir que América Latina tiene que ser libre, consciente de sí, y de su destino comunitario.
Agradezco a todos, agradezco al equipo, todos han sido los mejores colaboradores, y yo les quiero decir también a todos, la pasé realmente muy bien.
Gracias.