La construcción de pensamiento en relación a los Derechos Humanos y la identidad. ¿Qué son los Derechos Humanos? La declaración universal. La edad media y el poder pastoral. La promesa del reino de los cielos.
Empezamos aquí nuestra quinta entrega de Filosofía aquí y ahora. Esta quinta entrega va a versar alrededor del tema filosofía y derechos humanos. Un tema muy complejo que vamos a tratar en profundidad porque hay muchos, pero muchos, complejos errores y modos equivocados de tratar un tema tan importante. Creemos que debemos trabajarlo para justamente disolver todos los malentendidos que hay alrededor de estos temas. Creo que hoy algunos de ellos vamos a a poder erradicar.
Los derechos humanos son los derechos que protegen a quienes son agredidos por los poderes del Estado. O sea que los derechos humanos son los derechos de la sociedad civil, y no son los derechos de los agentes que forman parte del Estado.
Estamos muy habituados, yo al menos y muchos más, a escuchar de parte de algunos gobernadores que en el entierro de un comisario, por ejemplo, el gobernador le cuenta a uno que ha ido a ese entierro, y se ha parado junto al féretro de ese comisario, y lo han cercado dos policías y le dicen: ¿Y? ¿Qué me dice? ¿Cuáles son los derechos humanos de él? ¿Qué derechos humanos tiene él? Y el gobernador no dice nada porque no quiere tener un conflicto.
Pero en realidad hay una respuesta muy clara. Los derechos humanos del policía, que ahí yace, corresponden al Estado. Es el Estado el que se encarga de los derechos humanos de los que trabajan para el Estado. Los derechos humanos de aquellos que trabajan para el Estado forman parte de la justicia del Estado. Los derechos humanos de la civilidad que son agredidos por la justicia del Estado, por aquellos miembros del Estado que actúan inconvenientemente, exageradamente, desbocadamente, ultrajantemente, que vejan, que torturan, que desaparecen, que atropellan a los ciudadanos, cuando el Estado es el que mata, entonces intervienen las instituciones civiles que son las encargadas de defender los derechos humanos.
Vamos a ver si lo digo más claro. Los derechos humanos son instituciones civiles de la civilidad. El Estado defiende a los suyos desde la juridicidad del Estado. También debe defendernos a todos desde la juridicidad del Estado. Pero como a veces, en lugar de defendernos a todos, el Estado, desde dictaduras, desde exageraciones, desde exageraciones de instituciones a las cuales se les va la mano o se les da una exagerada actuación en lo que hacen, o actúan de un modo que no deben actuar, para eso, para cuando el Estado no actúa como debe actuar, no actúa dentro de la ley, es que están las agrupaciones civiles que se ocupan de actuar, de juzgar los excesos del Estado. Porque el Estado suele matar, y más que eso también.
Hobbes, Thomas Hobbes, el teórico inglés, inventó la figura del Leviatán, la bestia bíblica en la que los hombres depositaban su voluntad para que pudiera armonizarlos y todos ellos pudieran vivir en paz. Pero para poder vivir en paz debían entregar su libertad al Estado. Esto funciona hasta cierto punto, porque todos no pueden entregar su libertad al Estado porque quedan carentes de su libertad.
Entonces hay un delicado equilibrio entre el Estado y la libertad de los sujetos de la sociedad civil. Pero el Estado debe respetar a todos los ciudadanos y debe saber que toda vida es sagrada, toda existencia es sagrada. Cuando el Estado viola esta norma, está violando los derechos humanos, y para eso se constituyen las organizaciones de derechos humanos.
Luego de la Segunda Guerra Mundial era de esperarse que temas como los derechos humanos pasaran a primer plano. Una catástrofe tan impresionante que llevó 50 millones de muertos no podía sino despertar la conciencia de la humanidad.
Esto se expresó desde todos los puntos de vista. Desde el punto de vista de las reflexiones sobre el holocausto, y desde el punto de vista de las reflexiones sobre los derechos humanos. El 10 de diciembre de 1948 se reúne en París y se establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos. De establecer una declaración universal es posible, se hace, se establece, pero también hay que sostenerla, hay que hacer todo lo posible por sostenerla, porque después vamos a ver qué clase de ser es el hombre y si con declaraciones humanistas es posible encausarlo en el sentido del bien.
La Declaración de los Derechos Humanos es una biblia del humanismo. Digo humanismo, en el sentido en que dice cómo debe ser el hombre, cómo quisiéramos que fuera el hombre, lo mejor del hombre. Son las Naciones Unidas las que plantean este deseo de hombre casi perfecto, de hombre que todos quisiéramos que así fuera y que con los años, con los muy pocos años, casi al día siguiente no será así. Pero al menos ahí queda sellado cómo queremos que sean y cómo deberían ser.
En principio, lo que se postula es que todos los hombres nacen iguales y libres. Este es de los primeros y fundamentales postulados de la Declaración. Sin distinción de raza y religión, opinión política, etcétera. Son principios que tienen el valor de los principios bíblicos, que no pueden ser violados sin violar la esencia de la condición humana. Cualquier sociedad que viole estos principios está violando lo esencial del hombre, lo esencial de la condición humana.
Por ejemplo, cualquier sociedad que incurra en la tortura, en la tortura, está violando estos principios que enunciamos. Y la tortura se ha aplicado a lo largo de todos los siglos. Pero en 1948, cuando las Naciones Unidas lanzan la Declaración de los Derechos Humanos, la tortura ya comenzaba a aplicarse muy pronto en Indochina, después en Argelia, después en Vietnam, y hoy en Irak. ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué el hombre tortura? ¿Por qué hoy todo el mundo sabe que se tortura en Guantánamo, se tortura en Irak y todos toleran la tortura? ¿Por qué la hermosa declaración de los derechos humanos que respaldan las Naciones Unidas, es tan basureada como Hitler basureó la de la Sociedad de las Naciones en la década del 30.
Pareciera que las bellas declaraciones de las sociedades que se reúnen y hacen hermosos manifiestos no sirven a la hora de frenar a los matarifes. Ocurre que los matarifes no se guían por los grandes manifiestos de las buenas conciencias. Ocurre que las buenas conciencias no hacen la historia. La historia la hacen las malas conciencias en busca de los elementos metalíferos que den la riqueza a las naciones como para hacerlas subsistir. Y donde esté la riqueza que pueden hacer subsistir a las naciones, ahí van a estar las grandes naciones buscando la energía que necesitan para continuar siendo grandes naciones, y no importan todas las declaraciones que se hayan hecho a lo largo de la historia.
Hitler decía: los tratados son papeles y los papeles se rompen. Y así se rompen todas las declaraciones más hermosas que se han hecho en la humanidad si hay que buscar energía en algún lejano territorio y hay que torturar para conseguirla.
La tortura fue un arma fundamental durante la Edad Media. Es decir, la Inquisición torturaba para castigar a los pecadores, y sobre todo para esto, para castigarlos y para hacerles sentir el rigor de la ira de Dios ante los pecadores.
Ahora, en la Edad Media había un orden muy vertical que era más o menos así... Había un Dios. Ese Dios era el que tenía la verdad y la revelaba a los hombres, pero no a todos los hombres, la revelaba sobre todo a un hombre, al Papa. El Papa la revelaba a los pastores, los pastores la revelaban a los pequeños pastores de los pueblos quienes tenían a sus rebaños, a sus manadas, que eran los sencillos hombres que los seguían. Luego la verdad era conocida por estos pequeños hombres, sencillos hombres, en el ámbito de la confesión.
El poder pastoral es el de la confesión. Este es un tema que analiza muy bien Foucault. ¿Cuál es el poder de la Iglesia en el Medioevo? El poder de la Iglesia en el Medioevo son dos grandes poderes. Todos conocen el de la Inquisición, pero el del poder pastoral es mucho más fascinante, porque el párroco, cuando recibe en el cubículo de la confesión al pecador, y el pecador con esa separación, con los agujeritos, comienza a hablarle al pastor y a confesarle los pecados que lo hacen impuro ante Dios, le está diciendo al pastor las impurezas que lo constituyen.
¡Oh Padre, yo he pecado porque tal, tal, tal y tal cosa! Ahora, quizás él no haya pecado, porque los pecados los ha establecido la Iglesia. Esos son los pecados. Lo que él cree que es pecado son los pecados que ha establecido la Iglesia. Quizás no haya pecado, pero ha pecado lo que la iglesia dice que es pecado. Entonces ha pecado, y le dice al cura que ha pecado, entonces el cura le dice bueno tienes que hacer esto, esto, esto, esto y esto.
Este hombre sale contento del confesionario, y libre y puro. Pero el cura tiene una información sobre este hombre, y el hombre que sale no tiene ninguna información sobre el cura. O sea, en el confesionario se da una relación, digamos, policial, de información policial. El cura sabe todo sobre el que vino, y el que vino se va y no sabe nada sobre el cura. Es un sistema de información policial que la iglesia tiene en cada villa en la Edad Media. Este es el poder pastoral.
Entonces, este es un poder enorme. Los hombres se sienten nada, se sienten manada, se sienten corderos que van detrás de los pastores. Los pastores son los curas y los hombres son una manada que siguen a los pastores porque los pastores son los representantes de Dios. Así la historia estuvo durante trece siglos porque los pastores predecían que este valle de lágrimas iba rumbo al reino de los cielos, y que el reino de los cielos esperaba en el futuro. Así, la historia vivió en la modalidad de lo inmóvil.
Lo que aquí está funcionando en el orden feudal es justamente el poder del orden feudal, que ha logrado imponer una promesa divina junto con la Iglesia. La Iglesia promete que más allá de este desdichado mundo hay un reino. Un reino de plenitud que es el reino de los cielos. Ahí este Dios que nos vigila constantemente y que nos exige tantos sacrificios en su nombre, y que también nos exige tantos sacrificios a quienes lo representan, ese Dios nos va a encontrar y nos va a llenar de todo tipo de felicidades.
No hay factor más poderoso que la esperanza. La esperanza puede colmar toda vida si no hay otra cosa más que lo que hay. Esto es lo que pasaba en la Edad Media. En la Edad Media sólo había lo que había. Había el orden feudal y el cristianismo. Y el cristianismo se sostenía por el poder de la inquisición y por el poder del señor feudal. Entonces, el hombre simple, el hombre de Dios, simplemente esperaba, esperaba, y esperaba. No había ninguna posibilidad de rebelión, porque la rebelión existe cuando otra cosa es posible, pero si ninguna otra cosa ha aparecido en el horizonte de la historia, entonces no puede aparecer la rebelión.
Esto comienza a quebrarse en 1637 cuando Descartes publica en Holanda el Discurso del método. Y tiene que irse a Holanda porque ahí, en Holanda, hay más libertad. Pero antes fue quemado Giordano Bruno, antes abjuró Galileo, y muchísimos fueron quemados vivos por la Inquisición, que era un régimen terrible. Ahí no había derechos humanos para nadie, para nadie. Ahí donde decía reinar la religión del amor de Jesús de Nazaret, sólo reinaba el terror y la violencia y la tortura.
Entonces, cuando aparece el Discurso del método, aparece la historia, porque el hombre es puesto en la centralidad. Cuando Descartes dice dudo de todo, al dudar de todo duda de Dios, y al dudar de Dios el mundo medieval se viene abajo.
Ahora, lo fundamental en estas conclusiones es un tema constante, es Dios y los derechos humanos. ¿Cómo es posible? Dicen muchos teólogos, se preguntan desalentados... ¿Cómo es posible este mundo? ¿Cómo Dios hace que este mundo sea posible? Ya no un ateo, ya no un agnóstico, sino teólogos, hombres de Dios, hombres que han perdido su fe a lo largo de los años y a lo largo de la historia. ¿Cómo es posible que haya tanto mal en el mundo si Dios interviene en él?
¿O es que Dios no se da cuenta de lo que ocurre en el mundo? ¿Dios ignoraba Auschwitz? ¿Dios ignoraba el genocidio armenio? ¿Dios ignoraba la ESMA? ¿Dios ignoraba lo que hizo Pol Pot en Camboya? ¿Dios ignoraba las matanzas en Vietnam, en Argelia? ¿Qué pasa? ¿Cómo es posible? ¿Este es el Dios amante que hemos leído en la biblia y sobre todo en el nuevo testamento? ¿Este es el Dios que nos mandó a su hijo a morir por nuestros pecados?
Nosotros creemos, dirán muchos de ellos, Carl Levitt, Hans Jonas, por citar a dos de los más grandes discípulos de Heidegger... Carl Levitt y Hans Jonas dirán definitivamente que si Dios existe hay en él una gran parte de mal. Y Primo Levi dice: existe Auschwitz, no existe Dios.
Volveremos con estos dificilísimos y muy dolorosos temas. Chau.