La construcción de pensamiento en relación a los Derechos Humanos y la identidad. El pecado en la Edad Media. Las confesiones de San Agustín. La desobediencia y el inicio de la historia humana. El poder y los absolutos.

1. El pecado en la Edad Media

Este es nuestro encuentro 2 que lleva el indudablemente atractivo título de Satanás y los Derechos Humanos.

Para concentrarnos en tal tarea, vamos a hacer un viaje a la Edad Media y vamos a tratar de analizar qué era el pecado en la Edad Media, porque donde esté el pecado para la Iglesia y para Dios, y para el Papa y para cualquier sacerdote, está Satanás. Porque Satanás es el creador del pecado, Satanás es el que incitó a Eva a pecar, y con ello inició la historia humana que se inicia como desobediencia y pecado, y arroja a los seres humanos a la experiencia del dolor y de ganarse el pan con el sudor de su frente, que son al parecer las cosas más terribles a las que Dios parecía condenar a los hombres.

La cuestión es que ahí empieza la historia humana. La historia humana empieza entonces como pecado porque Eva, sobre todo Eva, la mujer, es la que cuestiona el orden del paraíso terrenal. El paraíso terrenal era un lugar en el que nada cambiaba nunca ni cambiaría jamás. Al cometer el pecado, Eva introduce la historia, y la historia sí es lo que cambia.

Vamos entonces a esta idea del pecado en la Edad Media. La Edad Media es una etapa larga de unos trece siglos en los cuales lo que domina es la idea de un Dios que tiene la verdad en sí, que es la fuente de la verdad. La estructura de la Edad Media es una estructura esencial de la espera. El hombre vive en un valle de lágrimas donde sabe que está para sufrir, pero tiene la promesa divina de que luego de habitar por este valle de lágrimas va a llegar al reino de los cielos donde va a tener una existencia plena junto al Señor. Trece siglos pasó así el hombre sometido a la fe. La fe, entonces, fue la que lo hizo enmudecer.

Pero también lo que lo hizo enmudecer fue el miedo, porque el pecado tenía un costo muy alto. El pecado era provocado por Satanás, y la figura de Satanás fue instrumentada por el poder eclesiástico inquisitorial de la Edad Media de un modo muy eficaz. Es decir, si ustedes pecan, van a caer en las garras de Satanás, y Satanás es el infierno. Y la gente creía en el infierno, porque es más posible creer en Satanás que en el infierno, creer en Satanás en la forma del mal.

El problema del mal es un muy serio problema que hay que tratarlo en la Edad Media también. ¿Dónde estaba el mal? Nadie se preguntaba dónde estaba el mal porque todos veían el bien, el bien del Señor, el bien de Dios, el bien de la Iglesia, el bien de los sacerdotes. Sin embargo, la Inquisición logró encontrar el pecado en todas partes, con lo cual logró encontrar a Satanás en todas partes.

Satanás es, según la leyenda bíblica, un ángel caído del reino de Dios. Un ángel inteligentísimo que se entrega al mal y a captar las almas para sacárselas al Señor. Las almas perdidas son las almas que van a caer en las garras de Satanás. El pecado es el camino directo a Satanás. Entonces, aquel que comete pecado tiene que ir urgente a decirle su pecado al pastor en el confesionario. El pastor lo escucha y tiene ya un dominio sobre ese hombre. Sabe que ese hombre ha pecado y tiene un dominio sobre él.

2. Las confesiones de San Agustín

Uno de los personajes más fascinantes, pero más fascinantes de la Edad Media, es San Agustín. San Agustín es autor de Las confesiones, que son sus confesiones, valientes confesiones.

San Agustín es un hombre que tiene dos pasiones, dos terribles pasiones encontradas entre sí. Tiene la pasión por Dios y la pasión por la carne, la pasión del sexo, la pasión por el pecado, porque San Agustín ha sido educado así: el pecado es el pecado de la carne. Pero es tal, digamos, por usar esta palabra, su pulsión hacia el sexo, hacia la carne, que lo lleva a pecar. Entonces, el deseo de pecar es muy grande. ¿Cómo no va a quejarse a Dios? Dios, Señor, si me prohibiste pecar, ¿por qué pusiste tanto deseo en mí?

Lo cual es un genuino reproche de San Agustín. Si Dios le ha prohibido el pecado de la carne, si Dios le ha prohibido el sexo, ¿por qué ha puesto en él semejante pulsión, semejante deseo por el sexo? Entonces, no puede cumplir con lo que Dios le pide porque Dios mismo le impide cumplir con eso al haberlo dotado de un poder sexual tan grande. Entonces, el sufrimiento de Agustín es enorme y pareciera no tener solución. Comete un robo, por ejemplo, simplemente por la banalidad, por la superficialidad de cometer un robo, por gozar del pecado mismo.

Este es un gran tema existencial de la literatura y de los grandes personajes de Dostoyevski. Se peca para gozar del pecado y se sufre por pecar. Pero no importa, se peca igual porque el creyente atormentado quiere sufrir por su Dios. Entonces Agustín en sus confesiones dice: yo apetezco algo en la ignominia; lo que apetezco en la ignominia es la ignominia. A ver si lo aclaro, pero creo que está claro, pero lo voy a decir de nuevo. Agustín dice: lo que yo apetezco o deseo de la ignominia es la ignominia misma. Es la ignominia la que satisface mi deseo, porque mi deseo es verme a mí mismo ignominioso, hundido en la ignominia, y al hundirme en la ignominia ahí es donde mi deseo queda colmado. Es un personaje existencial, es un personaje novelesco, es un personaje enormemente valioso, mucho más valioso que santo Tomás de Aquino, Agustín justamente escribe Las confesiones, Tomás de Aquino se ocupa en demostrar la existencia o la no existencia de Dios, sobre todo la existencia de Dios, por supuesto.

El hombre medieval era un hombre que vivía en una constante infelicidad porque, tal como lo manifiesta Agustín, también los otros hombres sentían el llamado de la carne, digamos así. Pero el llamado de la carne era el llamado del pecado, era en última instancia el llamado de Satanás. Lo que el cura le había dicho en el confesionario al pecador es: cuando sientes, hijo mío, el deseo de la carne o el deseo de ir con prostitutas, es Satanás el que te está llevando, y ahí el pecador sabe que su destino es el infierno.

Entonces, el pecador debe seguir al rebaño, porque si no, también está el Tribunal de la Inquisición, que es la gran institución de la Iglesia medieval, un tribunal inquisitorial a cargo de Torquemada, que se ocupa de quemar brujas, de torturar pecadores, de decidir arbitrariamente quién es un pecador, quién no es un pecador, quién es un santo, quién no lo es. El poder de Torquemada llega a ser absoluto.

Entonces, lo que hay en la Edad Media es terror, terror a ceder al pecado. Y ustedes fíjense que el mismo Agustín, el mismo Agustín le dice a Dios que se cruzó con una mujer que lo tentó y que lo invitó a entrar con ella, y que él apenas si pudo controlarse. Pero entonces aquí está el terror. Si apenas pudo controlarse, ¿y cuando no pueda controlarse? ¿Qué va a pasar cuando no pueda controlarse y caiga y se hunda en el pecado, en el reino de Satanás?

3. La desobediencia y el inicio de la historia humana

Como podemos ver en lo relativo a nuestro tema, los Derechos Humanos y la filosofía, pero veamos aquí los Derechos Humanos.

Los derechos humanos, en la Edad Media, era absurdo plantearlos. No había derechos para los hombres. Los derechos venían de Dios. Es decir, es una sociedad vertical que remite a la figura divina. La figura divina se encarna en una estructura que es la iglesia católica. La iglesia católica también es verticalista, empezando por el papa y terminando por el pastor que confiesa al pecador en el confesionario. Entonces, no hay derechos humanos, digamos, no hay libertad. No hay libertad. Donde no hay libertad, tengamos claro esto, donde no hay libertad no puede haber derechos humanos.

Entonces, en la Edad Media no hay libertad porque los hombres viven sometidos al terror de pecar, caer en pecado y caer en las garras de Satanás. Y la libertad no la tienen nunca, tienen que ir al confesionario y decirle al pastor lo que han hecho: he pecado. Y cuando tienen la absolución del pastor, ahí salen medianamente liberados a, digamos, volver a la manada y tratar de no pecar.

Pero como la mujer es lo prohibido, la mujer es lo prohibido, Es notable porque la mujer es, en la concepción cristiana, la mujer es la esencia del pecado, porque la mujer es la tentación de la carne, porque en la mujer se encarna el sexo, y la mujer es la que hace pecar a Adán en el paraíso terrenal. Eva hace pecar a Adán. Entonces Adán, que era un badulaque que andaba por el paraíso terrenal de un lado a otro sin saber qué hacer con su vida, mucho no tenía que hacer con su vida en el paraíso terrenal realmente, Eva contrae una relación con la serpiente que es Satanás y acá veamos la importancia de Satanás para los derechos humanos.

O sea, Satanás hace pecar a Eva. Y Eva, entonces, con esa desobediencia fundante ante Dios, inicia la historia humana. Porque era necesario que Eva pecara, era necesario que Satanás la tentara para que Adán y Eva fueran expulsados del paraíso, y ahí comienza la historia humana. Si no, todavía Adán y Eva andarían por el paraíso de un lado a otro y no habría habido historia humana.

Ahora bien, el hombre inicia su historia luego de la desobediencia fundante que consistió (es notablemente coherente esto), consistió en comer la manzana del árbol del conocimiento. Es decir, el hombre estaba condenado a no conocer, por eso también la Edad Media es la edad de la brutalización del hombre. Porque el hombre está condenado a no conocer. Cuando quiere conocer, peca, y Dios lo expulsa del paraíso terrenal. Entonces, esta expulsión abre la historia humana.

Entonces, hay una verdad que queda instaurada, digamos. El hombre comienza el devenir de su historia, pero en la Edad Media la verdad la tiene Dios, y el saber (desde sus orígenes), el comer del árbol del conocimiento, condena al dolor: parirás con dolor, te ganarás el pan con el sudor de tu frente. Los expulsa, y ahí comienza una historia de dolor, de tragedia y de alegrías profundas también, pero al menos el hombre es dueño de sus actos hasta que se instaura de nuevo el reino de Dios en la Tierra, que es durante la Edad Media, donde Satanás está presente en el pecado con que constantemente la Iglesia amenaza al posible pecador.

La Iglesia lo que constantemente le dice: no peques. El pecador no quiere pecar, pero las tentaciones son muy grandes. Aquí tenemos todo un drama existencial, un culebrón tenemos. Yo no quiero pecar, quiero ser puro, quiero ir al reino de los cielos y no quiero caer en las garras de Satanás, pero oh Dios mío, ¿por qué pusiste en mí tanto deseo de pecar que mi vida es tan difícil?

Entonces, este hombre que ha comido del árbol del conocimiento, durante la Edad Media lo olvida, olvida que alguna vez comió del árbol del conocimiento para pensar por su cuenta, hecho que recién ocurre con Descartes en 1637. Pero durante la Edad Media el hombre no piensa. Vive sometido al señor feudal, vive sometido a la iglesia, en la Edad Media no hay libertad. El hombre está, digamos, en camino hacia el reino de Dios.

Lo fundamental y donde reside todo eso es en una desvalorización total del valle de lágrimas que es la vida aquí en la Tierra. Tu vida aquí en la Tierra no tiene valor. Si sufres, sufres. Está bien, porque tu vida aquí en la tierra es un valle de lágrimas, pero te espera la promesa divina del reino de los cielos.

4. El poder y los absolutos

La misión de la Inquisición, por supuesto, es perseguir a los pecadores, pero no se sabe qué es ser un pecador. En verdad, la efectividad del terror es que nadie sepa qué es lo que no hay que hacer para no ser castigado, o qué es lo que hay que hacer. Esta fuerza que tiene la idea de que el pecado puede ser cualquier cosa que disguste al poder es terriblemente terrorífica.

De todos modos, está claro que aquellos que desafían el orden establecido, este orden de la Iglesia, de esta Iglesia de Jesús, del pobre de Nazaret, que había venido a predicar el amor entre los hombres, y que terminan los hombres edificando una iglesia basada en el terror... Esta iglesia tiene un orden científico y teológico que es su basamento, pero que es imposible discutirlo, no se puede discutir la concepción que la Iglesia tiene de la ciencia. Cuando Giordano Bruno lo discute, lo queman. Lo queman en la hoguera. De modo que el terror de los sabios, de los investigadores, es muy grande. Galileo Galilei se retracta.

Entonces, como sabemos, todo régimen autoritario reprime desde un absoluto que puede ser el partido, que puede ser la democracia occidental, o que puede ser el dogma eclesiástico tal como lo era en la etapa de la Inquisición. Se necesita un absoluto para reprimir desde ahí. Todo absoluto, por supuesto, está contra los derechos humanos. Porque la esencia de los derechos humanos es la libertad, no puede haber derechos humanos sin la libertad. Y todo régimen autoritario elimina la libertad, entonces no puede haber libertad bajo el autoritarismo. El autoritarismo sólo concibe lo uno, sólo existe lo uno, esta es la concepción de lo autoritario. Lo anti-autoritario es la valoración de lo múltiple, pero de lo múltiple también lo múltiple se concibe con contradicciones, antagonismos y luchas internas, pero es lo múltiple.

En cambio, cuando el terror se impone, se impone lo uno, como cuando se impone la Inquisición en la Edad Media. Entonces, el terror de cada uno de ser el otro del poder es muy enorme. Que el poder te señale como el Otro, el Otro con mayúsculas, que te diga: sos el enemigo del poder, el poder no puede realizarse por la existencia de hombres como vos o mujeres como vos, entonces te vamos a castigar.

Así los derechos humanos deben rehuir la existencia de poderes absolutos, porque si el poder me dice eso, yo tengo que decir: bueno, ante todo voy a buscar a mis abogados para que me defiendan. Pero dentro de un poder absoluto no hay un régimen social, incluso de organizaciones de derechos humanos, que defiendan a los atacados por el poder. No se puede entonces establecer condenas desde los absolutos. Pero toda la Edad Media funcionó desde el absoluto de la idea de Dios.

Contrariamente a esto, contrariamente a este poder eclesiástico terrorífico que encarnó Torquemada, se abre la idea del Estado Democrático. El Estado Democrático es un Estado en el cual el Estado puede juzgar pero debe juzgar de acuerdo a una ley que es la ley del Estado acordada por todos. En el Estado democrático, la libertad que es lo que nosotros tantos estamos diciendo como fundamento de los derechos humanos, es la que tiene que reinar.

Ahora, las organizaciones de derechos humanos están para juzgar al Estado, porque al Estado, si bien se lo puede consagrar democráticamente, el Estado puede desviarse de la vía democrática. Entonces, están las organizaciones del pueblo, de la civilidad, entre las cuales están las de los derechos humanos, que juzgan los desvíos del Estado. Que juzgan, por ejemplo, si en una comisaría fue torturado un chico de siete años. Entonces, ahí van los grupos de derechos humanos.

Torquemada, por ejemplo, habría sido atacado furiosamente por las organizaciones de Derechos Humanos, pero Torquemada se hubiera ocupado antes de que no hubiera organizaciones de Derechos Humanos durante la Edad Media, como no las hubo. Las organizaciones de Derechos Humanos son una conquista de la democracia, por eso nosotros tenemos que ser tan celosos en cuidar nuestra democracia.

La conclusión de todo esto es que Satanás es la figura del pecado, que bajo un régimen de terror que dice que aquel que peca cae en las garras de Satanás y debe ser castigado, no puede haber libertad. El hombre debe tener la libertad de poder vivir en un régimen que esté a su vez vigilado por las organizaciones que el pueblo erige para vigilar el funcionamiento del Estado.

El Estado no es autónomo, la sociedad tampoco es autónoma, forman un todo, ese todo se ha organizado para que todos se comprendan y comprendan las razones de los otros. Y si entran en conflicto, que esos conflictos se resuelvan racionalmente, no apelando sobre todo a la violencia, sino a la posible, posible y cada vez más posible comprensión entre los unos y los otros.

Bueno, chau.