La construcción de pensamiento en relación a los Derechos Humanos y la identidad. La historia avanza por su lado malo. El espíritu de dominación y la pulsión de muerte. La voluntad de poder. El torturado en la cruz.
Esto es Filosofía aquí y ahora, en su quinta temporada. En esta quinta temporada nos estamos dedicando a Filosofía y Derechos Humanos.
Hoy nos vamos a dedicar a teoría de la violencia. Como se comprenderá, el tema de la violencia es absolutamente necesario. Nos tenemos que ocupar de él porque los derechos humanos justamente tratan de proteger a los seres humanos de la violencia que sobre ellos ejerce el aparato estatal desbocado, excesivo, brutal, vejatorio, que viola los derechos humanos, violando los derechos de los individuos que viven en una determinada sociedad.
Los derechos humanos están para proteger a esos seres humanos. Entonces, los derechos humanos, tenemos que pelear más que nunca por ellos, porque la violencia, la violencia es lo que está reinando en la historia. Esta ya no es una historia angélica, una historia de amor. Es una historia violenta, una historia de odio que marcha por su lado malo.
Hegel decía la historia marcha por su lado malo. ¿Qué quería decir con esto? Que la historia marchaba por su lado negativo. Para Hegel esta era una afirmación teórica, no moral. Es decir, para Hegel había un lado positivo de la historia que era la afirmación del primer momento de la historia. Luego venía necesariamente un lado negativo que destruía a ese lado positivo, y luego venía un tercer momento de conciliación en el cual el lado positivo primero, el lado negativo segundo, se armonizaban en un tercer momento que Hegel llamaba el momento posibilitado por el aufheben, el momento de lo que superaba conservando, y ese tercer momento de la conciliación era el que permitía la armonía.
Bueno, esta filosofía hegeliana que lo llevó a constituir todo su edificio teórico y al cual remitimos a nuestras clases sobre Hegel para que ustedes lo repasen mejor, le permite decir a Hegel que la historia avanza sobre su lado malo. Es decir, si no hubiera negatividad no habría historia, y tengamos en cuenta que si no hubiera habido pecado, pecado en el paraíso terrenal, tampoco hubiera habido historia.
A ver, regresemos un momento al Génesis. Tenemos Génesis, momento en que se inicia el Antiguo Testamento. Tenemos paraíso terrenal, un Dios que les dice a dos personajes desnudos: este es un paraíso, este es un lugar hermoso, van a vivir acá, ustedes son inocentes, pásenla bien. Bueno, el hombre es un inocente bobo, digamos, es totalmente bobo, y la mujer es más inquieta, es más inquieta y es más curiosa, como todavía lo es. Como es más inquieta y es más curiosa, quiere comer de un árbol que Dios prohibió. Ese árbol que Dios prohibió comer es el árbol de la ciencia, del conocimiento. El hombre no debe conocer, dice Dios, claro, porque solo Dios quiere conocer. Entonces, cuando el ser humano conoce, peca. Conocimiento es igual a pecado. Pecado es igual a arrogancia ante Dios. Y es Eva, la mujer, la primera que toma para sí el derecho de erguirse ante Dios y decir: sí, yo voy a pecar porque yo quiero conocer, yo quiero saber, aunque eso implique sufrimiento.
Los echa del paraíso terrenal y luego continúa la historia con dolor, y entonces Adán y Eva tienen sus dos hijos que son Caín y Abel, y Caín mata a Abel. Caín significa posesión y Abel tiene un nombre inocente como sol del mediodía, una cosa así. Pero Caín significa posesión, y posesión ya es un nombre que nos está dando, revelando, abriendo el enigma de todas las tragedias que han atravesado el espíritu del hombre a lo largo de la historia.
La posesión es equivalente a la dominación. Cuando uno quiere poseer algo es porque no lo posee, porque no lo tiene, y lo posee otro generalmente. Si lo posee otro, uno se lo quiere sacar porque desea poseer esto.
Esta condición del hombre es la tragedia de toda la vida del hombre, porque si el hombre no deseara las cosas que tiene el otro, bueno, la vida sería un poco más serena. Pero no es así, no es así. Caín es sinónimo de posesión y Caín es un asesino. O sea, la pulsión de poseer lleva a matar.
Bueno, entonces, uno de los motivos de por qué existe la violencia es porque en el hombre existe la pulsión de poseer lo que está en el otro. La posesión implica el deseo de dominar al otro para poseerlo y para arrancarle lo que el otro tiene. El espíritu de posesión está animado por la pulsión de muerte, porque yo, si el otro se resiste, tengo que matarlo. Entonces, la pulsión de muerte también está animada por la voluntad de poder de Nietzsche.
Todo esto es lo que hace y lo que mueve a un imperio que lucha a muerte por lo que quiere. Digamos, el petróleo que hoy existe en Irak y que Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y lo que haga falta, la OTAN, invaden los territorios islámicos, lo hacen porque tienen una voluntad de poder de invadir esos países por el poder energético que tienen. Por el valor, el poder energético ahí en materias primas. Entonces esa voluntad de poder no puede detenerse nunca porque tiene que crecer constantemente para seguir siendo siempre lo que es. Es decir, el imperio norteamericano si se quedara como es hoy, se iría achicando. Para crecer tiene que expandirse constantemente.
Entonces, la voluntad de poder, el espíritu de dominación, el espíritu de posesión, constantemente tienen que ir creciendo, expandiéndose. Esto lo sabía muy, muy bien Adolfo Hitler, que empezó hablando muy tempranamente del espacio vital que Alemania necesitaba para ser sí misma, para ser verdaderamente Alemania. Y vaya, vaya si intentó un espíritu de expansión del espíritu de Occidente que Hitler dijo representar. ¿Qué dijo Hitler que representaba? Nosotros representamos el espíritu de Occidente.
Bien, ¿quién gana esta pelea? Gana el que tiene menos miedo a morir. ¿A morir por qué? A morir por su naturalidad, por su carnalidad. Es decir, si yo tengo un verdadero deseo de conquista, ese verdadero deseo de conquista es mi deseo de dominio. Ese deseo de dominio es espiritual, es espiritual. En cambio, el miedo a perder la vida en la lucha por ese deseo de dominio no es espiritual, es carnal, es el miedo a morir, es el simple miedo a morir que podría tener el más deleznable animal que habita la tierra.
Entonces, el que abandona la lucha porque tiene miedo a morir se une a la animalidad, mientras que el que continúa la lucha porque quiere que su espíritu de dominio triunfe, continúa siendo un hombre, y sigue luchando para ser reconocido por otros. Bueno, esto siempre trae una enorme paradoja, porque los otros, los que lo reconocen, son los que se le han sometido, y los que se le han sometido, se le han sometido por miedo, y si se le han sometido por miedo ya no son hombres, han pasado a ser animales.
Esta es la dialéctica de Hegel en El amo y el esclavo, pero dejemos este juego brillante de Hegel. El mundo es de los amos porque los amos tienen todo el poder bélico y mediático necesario para conquistar este mundo, y en esa tarea están. El proyecto del imperio bélico comunicacional es apropiarse de este mundo o que este mundo no esté en condiciones de sublevársele. Eso no lo va a permitir nunca. O sea, si alguien piensa hacerlo, que lo piense bien, que lo piense pensando en el poder que tiene enfrente, sobre todo en eso.
En esa famosa dialéctica del amo y el esclavo es en la cual se enfrentan dos personas y una de ellas tiene miedo a morir, y la otra tiene menos miedo a morir y más deseos de someter a la otra, entonces se constituye en el amo y somete al otro, pero el otro queda reducido a una cosa porque se ha sometido al deseo, a la coseidad de morir. Bueno, aquí el amo se entrega al goce porque tiene un esclavo. La cosa parece muy fácil para el amo y muy sencilla. Pero el esclavo empieza a trabajar, trabaja, trabaja, trabaja y comienza a hacer la historia. El esclavo hace la historia trabajando la materia.
Ahora bien, esta resolución de la dialéctica en Hegel es un poco optimista, digamos. El amo no trabaja, el esclavo hace la historia, y así va tomando poder hasta que triunfa finalmente sobre el amo. Por eso Marx le toma tanto cariño a esta dialéctica. Ahora, Nietzsche viene a agregar a esto que en el hombre lo que prima es una voluntad de poder que tiene que ver con el mundo de la vida, y no con el trabajo, sino con el pertenecer al mundo de la vida en tanto voluntad de poder y devenir de la voluntad de poder.
La voluntad de poder deviene porque la voluntad de poder existe, porque la voluntad de poder es un devenir de esa voluntad, un constante devenir de esa voluntad que se quiere a sí misma y cada vez quiere tener más.
Ahora, en un análisis de la violencia, deberíamos ver que todos estos elementos, finalmente, de todos estos filósofos, van a confluir y a chocar los unos contra los otros. Que el hombre de la voluntad de poder va a chocar contra el esclavo, que el esclavo se va a sublevar contra el amo, que el amo no va a poder mantener constantemente su situación de comodidad. De hecho Hegel está trabajando sobre los elementos de la Revolución Francesa, que es una gran revolución del pueblo bajo y la burguesía, es una de las grandes revoluciones triunfantes, con todo el desarrollo terrible que tiene, Robespierre, Saint-Just, el terror, y Napoleón emperador que lleva los principios de la Revolución Francesa por toda Europa.
La violencia existe porque existió, porque existe y porque existirá. ¿Por qué existirá? Porque el hombre es violento, porque la violencia está en el hombre, y porque el hombre sabe que para conseguir algo una de las formas fundamentales que tiene es matar al otro, porque el hombre ha desobedecido una y otra vez los preceptos fundamentales de Dios. ¿Cómo no va a desobedecer el no matarás? Se ha burlado del no matarás. Se ha burlado del amarás a tu prójimo como a ti mismo. Freud se ha burlado en El malestar en la cultura de ese principio. Freud, en El malestar en la cultura, dice, ¿por qué voy a amar a mi prójimo como a mí mismo? ¿Qué tiene mi prójimo como yo? ¿Por qué voy a amarlo?
Bueno, si Freud se ríe de ese precepto, ¿cómo los hombres en batalla, lanzados a la bulimia de sus deseos, no van a violar el precepto bíblico que dice no matarás? Viven violándolo, viven violándolo.
Yendo al plano religioso, al plano estrictamente del cristianismo, tenemos que ver cómo se ha utilizado la figura de Cristo por medio de la iglesia católica. Es decir, Cristo, cuando uno entra a la iglesia, salvo que esté absolutamente acostumbrado pero cuando entra las primeras veces, no puede sino impresionarse por la figura de ese hombre que está en el altar en una cruz, y por los horrores de las heridas que tiene y por los clavos que atraviesan sus carnes. Es una figura muy dolorosa, es una figura que está expresando la tortura.
A ese hombre se le ha practicado meticulosamente un dolor técnico, con tranquilidad, de a poco se lo ha hecho sufrir. Ese que sufre ahí es nada menos que el hijo de Dios, el profeta de Nazaret, es Jesucristo. Él ha venido, ha sido enviado por Dios para redimir todos nuestros pecados, y ha tenido que sufrir todo eso para redimir todos nuestros pecados. Es decir, eso que ha sufrido ahí lo ha tenido que sufrir por nosotros.
Entonces, la pregunta inmediata es ¿qué hemos sufrido nosotros por Él? Entonces, La pregunta inmediata también él es ¿qué tendremos que sufrir por él? ¿Qué estamos dispuestos a sufrir por él? Estamos en deuda con él porque él sufrió todo eso por nosotros y nosotros aún no hemos sufrido nada por él. El profeta de Nazaret desde la cruz, sangrante, muerto, torturado, nos está exigiendo ya que nos ha redimido de la culpa, que hagamos algo en la vida para ser dignos y estar a la altura de semejante sacrificio.
Incluso el sacrificio es peor porque llega a los extremos de la duda. Tan extremo es el sacrificio de Jesús de Nazaret que en determinado momento ya llega al límite extremo y exquisitamente fino y estrecho de dudar del Padre, de la figura del Padre, porque Jesús pregunta: Padre, ¿por qué me has abandonado? Es decir, cuando pregunta, Padre, ¿por qué me has abandonado? Todos los dolores le tienen que haber dolido más porque era la fe en la figura del padre que lo sostenía la que le permitía seguramente tolerar ese infinito horror. Pero una vez que la fe se pierde y el padre, él dice que lo abandonó, el dolor tiene que ser el triple. Entonces, ese Cristo en la cruz ha muerto con un dolor infinito y con una duda absoluta. Así comienza la figura de Jesús y la iglesia católica.
Ahora, ya la iglesia instalada, ya la Edad Media puesta a circular, la figura del Papa instaura esa iglesia de Pedro (sobre esta piedra construirás mi iglesia), y la iglesia de Pedro se construye de un modo absolutamente vertical. Entonces, durante toda la Edad Media en que en gran parte de ella funcionó la Inquisición, la figura del Cristo torturado justificó la tortura de Torquemada.
Si nuestro Señor Dios fue torturado hasta tal punto, imagínate tú, pecador, ¿hasta qué punto te torturaremos si Él tuvo que ser torturado así? Entonces, no esperes perdón, no esperes sino castigo. Lo que tendrás será castigo como lo tuvo nuestro Señor en la cruz. No esperes el perdón que Él no tuvo, no lo habrá para ti. Si Él no lo tuvo, tú no lo tendrás.
Entonces, ese Cristo que vino a este mundo a redimir nuestros pecados termina siendo instrumentado por la iglesia inquisitorial para hacer de esos pecados un instrumento de castigo, y para hacer de ese Cristo bondadoso un Cristo que juzga, que castiga, y que doblega al pecador. Y que sus heridas son heridas a infligir al pecador, ínfimo, terrestre, que ha pecado, para torturarlo y para que confiese sus pecados.
En esto se ha transformado, en esto ha transformado la iglesia estatal la bondad de Jesús.