La construcción de pensamiento en relación a los Derechos Humanos y la identidad.
Encuentro número 5, el antisemitismo.
En verdad, para ir al punto en cuestión, lo que ha trastornado al pueblo judío durante los últimos siglos, digamos durante los últimos dos mil años, desde la crucifixión de Cristo, es que son acusados de haber matado a Dios. Esta debiera ser una situación muy original. ¿Cómo puede vivir sobre la tierra el pueblo que mató a Dios? Porque esta es una creencia popular enormemente arraigada a lo largo de los siglos, y muchísimos judíos han sido asesinados por eso.
Ahora, también es cierto que habría que preguntar: si los judíos mataron a Dios, ¿entonces no hay Dios? ¿Está muerto Dios? Nietzsche no tendría que haber dicho su frase: Dios ha muerto. Señor Nietzsche, ¿cómo usted dice Dios ha muerto? ¿No sabe que lo mataron los judíos? Es un poco rara la frase de Nietzsche.
Bueno, vamos a explicar cómo fue que los judíos mataron a Dios. Según esta vulgar, vulgar pero muy efectiva versión, Jesús de Nazaret, hijo de Dios, es Dios. Y los que lo crucificaron, y pidieron su crucifixión en lugar de la de Barrabás el ladrón, fueron los judíos. Curiosamente también, los que lo siguieron, los que lo amaron, sus seguidores, los que luego difundieron su doctrina, y sus primeros súbditos, necesariamente durante muchas décadas, fueron judíos. Y algo más todavía: Jesús era judío, ese Dios era judío. Si usted habla con un judío, el judío les va a decir: caramba, si hasta cuando necesitaron un Dios, nos lo pidieron a nosotros.
Lo que funciona aquí es más que... Por supuesto dentro de todo esto hay una ignorancia terrible. El antisemitismo tiene una esencia de odio al otro. El antisemitismo funciona porque es necesario para muchos odiar, odiar a otro. Sartre, en un libro sensacional llamado Reflexiones sobre la cuestión judía, dice que si el judío no existiera, el antisemita lo inventaría. Lo mismo que aquí, aquí la gente necesita odiar. Ustedes observen... Cuando los franceses, que son muy antisemitas, dicen: bueno, los judíos, hay muchos judíos en Francia, están los judíos y nos roban Francia. Dentro del antisemitismo alemán, Hitler les decía a los alemanes: tengan mucho cuidado, los judíos son muy inteligentes y nos están robando Alemania.
Bueno, y aquí en la Argentina hay un racismo, un odio al diferente de la misma condición, porque cuando el tipo este dice, me están robando Francia, cree que Francia es de él. Y acá también, cualquiera que uno encuentre por ahí dice: ¿Pero usted vio la cantidad de bolivianos, peruanos que están entrando? ¿Y no vio a todos esos paraguayos que ya se hicieron sus casas? ¡Nos están robando el país! Nos están robando el país. Entonces yo a veces a algunos les pregunto: perdón, perdón, cuando usted dice nos está robando el país, está diciendo que el país es suyo, es suyo. ¿Se da cuenta? ¿Usted cree que los uruguayos, los paraguayos, los bolivianos vienen a robarle el país, su país? ¿Usted cree en serio que este país es suyo? ¿En serio cree que este es su país, que es suyo? ¿Porque usted tiene una libreta, un DNI, o algo así? No, no, querido amigo. El país es de uno porque uno lo hace propio, laburando. Así que si esos vienen y ya están laburando y ya se hicieron la casita, es más de ellos que suyo.
Tampoco tenemos que creer que la cuestión esa de que los judíos mataron a Dios era solamente una cuestión de ignorancia popular. En su ensayo sobre el cristianismo, nada menos que Hegel, dice que lo absoluto pasó entre el pueblo judío y el pueblo judío no lo supo reconocer. Díganme si ahí no está la base, la base total del los judíos mataron a Dios. No supieron reconocer a lo absoluto, y decir los judíos mataron a Dios, es más o menos la misma cosa. Esa es la base antisemita y racista de la Alemania que va a confluir en el Tercer Reich.
El Tercer Reich necesitaba, por supuesto, de un gran otro a quien odiar, y encontró inmediatamente al judío como ese otro que pudiera unificar al pueblo alemán. Ustedes observen que un pueblo dividido por miles de causas puede ser unificado por el odio. Alemania estaba en la ruina, Alemania estaba herida por la derrota de la Primera Guerra Mundial, por las humillaciones del Tratado de Versalles, por las luchas intestinas entre la gente del partido nazi, los comunistas y los socialdemócratas, y Hitler les señaló: son los judíos, la culpa la tienen los judíos, los judíos se han robado la plata de Alemania, por eso la inflación nos está comiendo, la plata la tienen los banqueros judíos.
Y el discurso era: los judíos son superiores en inteligencia, los judíos son demasiado inteligentes, ante el alemán que es un pobre campesino, que es un ser puro que trabaja la tierra con sus ojos claros, con la pureza de su corazón, el sucio judío que viene viviendo de la usura desde la Edad Media o desde todos los tiempos, está saqueándonos Alemania, haciendo un uso del dinero del cual es un artista.
Y el judío es muy inteligente, decía Hitler, haciendo por primera vez un racismo de algo valioso. El racista reconoce en aquel al que desprecia algo valioso, desprecia a un inteligente. No, no, no, no, son muy inteligentes. Por eso tenemos que matarlos, tenemos que echarlos, tenemos que expatriarlos. Hacen un manejo del dinero tan extraordinario que se van a quedar con Alemania. Entonces, ahí los comunistas alemanes, los nacionalsocialistas alemanes, y la socialdemocracia alemana, se unen en torno a este líder que los convoca en el odio al otro, el otro, apareció el otro demoníaco que es el enemigo de todos.
Ahí el gran acierto político de Hitler es encontrar al enemigo de todos, o inventarlo, porque no lo era el judío. Hitler inventa al enemigo de todos, de comunistas, de nazis y de socialdemócratas, y él se transforma en el líder del enemigo demoníaco de todos. Esto ya lo había escrito en la cárcel, cuando lo pusieron ahí durante un tiempo, en Mein kampf, Mi lucha, donde está con Rudolf Hess, que escribe varios de los capítulos. Están ahí todas las ideas del Führer y, sobre todo, sus ideas antisemitas. Su antisemitismo es terrible. No creen en Jesús. ¿Cuál es el dios del judío? Es el dinero al contado, el dinero sucio. Por supuesto, el dinero es sucio, el dinero se ensucia. El judío es tan sucio como el dinero. Y el billete arrugado y sucio es su corazón. Eso decía Hitler.
Dentro de los capítulos dedicados a la existencia auténtica y la existencia inauténtica de Ser y tiempo (1927), Herr Heidegger al dedicarse a la existencia inauténtica dedica un parágrafo muy importante a lo que llama la errancia.
Tengamos en cuenta que la existencia inauténtica consiste en no permanecer seriamente en nada, en no detenerse en el misterio de nada de lo que es, en ir de una cosa a la otra. Entonces, lo que caracteriza a la existencia inauténtica es la conducta de lo errante. Lo errante es, justamente, ir de una cosa a la otra. No me detengo en nada, paso de una cosa a la otra sin profundizar en nada. Nada me interesa realmente con profundidad. El ser de nada. No busco la hondura, el abismo profundo de nada, porque tengo miedo de hacerlo. Entonces, la errancia es mi ser, y la errancia es mi ser inauténtico, porque la errancia es mi cobardía.
Entonces, hay muchos que ven en esta descripción de la errancia, que es muy profunda en Heidegger... Los intérpretes dicen que Heidegger está describiendo al judío, al describir al ser errante. Y hay, durante el siglo XIX, una novela del escritor francés Eugène Sue que se llama El judío errante. La característica del judío es la de errar, el judío nunca puede echar raíces en un país porque no tiene país. No tiene país, no tiene una tierra. A lo largo de los siglos no ha tenido una tierra porque es un pueblo sin arraigo propio. Este enorme sufrimiento ha sido muy mal comprendido por los antisemitas, que encima se lo han reprochado. Entonces, Heidegger dice: ese pueblo errante, incapaz de profundizar en nada, es el que va de una cosa a la otra. Y Eugenio Sue es el que dice: el judío es ese ser errante.
Pero peor, peor, más hondo, más duro y más agraviante, es Marx en La cuestión judía. En La cuestión judía Karl Marx identifica a la usura con el capitalismo. Ustedes piensen que este ser errante que ha ido a lo largo de la historia de un país a otro sin poder echar raíces en ninguno, y sin poder considerar que ninguno era el suyo, tuvo necesariamente que dedicarse al dinero porque el dinero era la necesaria errancia en todos los países.
¿Qué es lo común a todos los países? El dinero. El dinero me ancla, me da raíces en cualquier país. Entonces, el judío se dedica al dinero, a la usura, y la usura es lo que con el dinero le da ganancias. Entonces, Marx dice: el capitalismo es la usura. El capitalismo es la usura. Lo que va a solucionar el problema judío es la desaparición del capitalismo. La desaparición de la usura, y con la desaparición de la usura van a desaparecer el capitalismo y el problema judío.
Y hay algo más que hay que comprender para comprender lo que este pueblo significa en la historia, que lo voy a decir en el próximo bloque.
El odio al judío cruza la historia, pero también en la Biblia los judíos están tremendamente favorecidos. Vamos a volver sobre este tema.
No se podrá decir que no hemos tratado bien al pueblo judío, que no lo hemos respetado, que no hemos respetado y reconocido su dolor, la injusticia con que ha sido tratado, la cuestión de la usura, de la errancia, de haber matado a Dios, todos esos horrores.
En la Biblia ha sido tratado muy bien porque el pueblo judío es el Dios de la Biblia. Por ejemplo, Dios aparta las aguas cuando Moisés conduce a su pueblo, esclavo en Egipto, hacia su propio pueblo, hacia el pueblo que los judíos habrán de habitar. Y abre las aguas, y los judíos pasan, y Moisés los conduce, y cuando vienen los egipcios las aguas se cierran. ¿Por qué se cierran las aguas? ¿Por qué mueren todos esos egipcios? Para que se salven los judíos, por supuesto, ¿pero esos egipcios no eran creaturas de Dios? Digo creatura como creatura, justamente, como creación, no criatura, creación.
Hay una película que se llama Juicio a Dios en la cual varios judíos en un campo de concentración se reúnen para juzgar a Dios, y hay varios eruditos en la Biblia y hay varios judíos torturados, doloridos, que hacen un juicio a Dios, y uno de ellos justamente pone este momento del pueblo judío y dice: lo que hicimos a nuestro Señor cuando nos salvaba a nosotros, ¿pero no nos dimos cuenta lo que le hacía a los otros pueblos? ¿No nos dimos cuenta lo que le hacía a los egipcios? ¿Nosotros éramos tan buenos, estamos seguros de que éramos tan buenos? ¿No pensamos que ahogaba a miles y miles de egipcios para salvarnos, no pensamos que ahora estamos del lado malo de la historia? Entonces, ¿no pensamos que ahora nos está yendo mal a nosotros y eso es todo lo que nos pasa?
Entonces los judíos continúan después de la Segunda Guerra Mundial sin conseguir un Estado. Un pueblo sin un Estado es una cosa y un pueblo con un Estado es otra cosa. El cristianismo sin un Estado era una cosa. Era el cristianismo de la fe, de las catacumbas, de la persecución, de la pobreza, y del recuerdo venerado del Dios Cristo de la Cruz. Pero el cristianismo del Estado, el cristianismo del poder, el cristianismo de la riqueza, fue el cristianismo de la persecución, el cristianismo de las cruzadas, el cristianismo del poder papal, el cristianismo de la tortura.
Y entonces los judíos llegaron a tener su Estado. Llegan a tener su estado a partir de 1948 y vayamos a hoy, hoy tienen un poderosísimo estado nuclear respaldado por Estados Unidos. Hoy Israel es un enclave del imperio norteamericano poderoso en Medio Oriente. Está rodeado de enemigos fanáticos, locos, que si no fuera por Estados Unidos lo destrozan al día siguiente. O sea que no es nada fácil la situación, no es nada fácil. Entonces Israel o se respalda en Estados Unidos o desaparece del mapa.
Pero cuando todo el mundo vota por reconocer al Estado de Palestina, todo el mundo, ¿por qué Israel vota con Estados Unidos en no reconocerlo? ¿Por qué no reconocer al Estado de Palestina? Ahí el Estado de Israel se transforma en el Estado de Israel. Entonces la pregunta es: ¿cómo un pueblo que ha sufrido tanto puede puede hacer sufrir tanto a otro? ¿Cómo hombres que sufrieron tanto a lo largo de la historia pueden hacer sufrir a otros y asumir la imagen, la imagen del castigador, del torturador, del malvado? Es casi inexplicable. Pero es explicable porque estamos al azar, porque no hay reglas morales, porque no hay una sola regla moral que pueda ya establecerse sobre este mundo.
Si eso pasa, si Israel, que ha sufrido lo que sufrió, no da el ejemplo de la austeridad en la causa del sufrimiento aplicado a los otros, entonces no hay quien pueda darla en este mundo, porque no hay quien haya sufrido como sufrió el pueblo de Israel. ¿Qué nos puede quedar de esperanza? ¿A qué pueblo podemos pedirle? No, por favor, ustedes no castiguen, ustedes no practiquen el mal en los cuerpos de los otros porque los otros lo han practicado en los cuerpos de ustedes. Ustedes conocen el dolor, no lo practiquen.
Y es inútil, es inútil. Quizás lo practican porque tienen tanto miedo de volverlo a sufrir que ese miedo los lleva a practicarlo doblemente. Entonces ya es muy difícil comprender todo lo que pasa. Esta es nuestra conclusión de hoy de Filosofía y Derechos Humanos.
Chau.