La construcción de pensamiento en relación a los Derechos Humanos y la identidad.

1. El proyecto económico

Este es nuestro encuentro número 11 de Filosofía aquí y ahora, y el tema del encuentro número 11 es terrorismo de Estado en la Argentina.

No cambie el canal. Usted quédese ahí, junte coraje, y mire. Porque aquí pasaron cosas muy terribles en este país, de las cuales muchos no se quieren enterar. De modo que aquellos que no se quieran enterar, tienen que enterarse. Porque si en el momento no pudieron hacer nada, bueno, quizás no pudieron hacer nada, pero no poder hacer nada y no querer enterarse es ya ser un cómplice, ¿me entienden? Un cómplice, es muy feo. O sea, si uno no pudo hacer nada, por lo menos tiene el deber de saber bien lo que pasó. Y acá, honestamente, se lo vamos a contar bien.

Terrorismo de Estado en la Argentina. El 24 de marzo del 76, fecha infausta en la historia argentina, el ejército, los militares (ejército, marina, aeronáutica) dieron un golpe de Estado que no fue sólo un golpe militar. Todos sabían y todos decían que lo que venía nunca había ocurrido. Y nunca había ocurrido porque nunca se había llegado a un grado tan extremo de represión, de crueldad, y a una medida como la instauración de campos de concentración en la Argentina, que nunca habían existido bajo ninguna dictadura.

Ahora bien, estamos acostumbrados y se está acostumbrado a creer que el golpe del 76 fue un golpe estrictamente castrense, militar, porque inmediatamente aparece la Junta: Videla en el medio, Agosti y Massera. Pero no, el golpe del 76 fue sostenido, requerido, exigido, y pedido, por grupos civiles económicos muy importantes, por el liberalismo argentino que quería la destrucción del Estado, la libertad del mercado, la libertad de los capitales, el capitalismo financiero, y los préstamos del exterior que fueron los que formaron la impresionante deuda externa que ese gobierno dejó, aparte de la deuda interna que dejó en vidas humanas.

El golpe militar fue facilitado por los errores de mucha gente, fundamentalmente el gobierno peronista y la guerrilla, que se dedica a acciones tan temerarias y tan absurdas como el asalto a Monte Chingolo, donde mueren asesinados directamente muchísimos guerrilleros, y donde Santucho cree que es la operación más grande después del Moncada (la de Fidel Castro). Pero lo cierto es que es la alfombra roja para el golpe, y ahí Videla dice hay 90 días para que el gobierno se rectifique y si no vamos a dar el golpe.

Ahora, el verdadero golpe tampoco es contra el peronismo, el verdadero golpe es contra el marxismo. Las Fuerzas Armadas Argentinas, formadas en la doctrina nacional, en la doctrina de seguridad nacional francesa, luchan contra el marxismo como parte fundamental de la tercera guerra mundial. Ellos están liberando la tercera guerra mundial. La guerra fría fue la tercera guerra mundial, pero las guerras calientes de la guerra fría se dieron en situaciones como la que se dio en nuestro país. Aquí se dio la guerra caliente de la guerra fría.

Entonces, también el gobierno toma a la guerrilla como excusa. La guerrilla ya estaba derrotada, la guerrilla ya estaba desbandada. Incluso Santucho, poco antes de morir, hace una autocrítica, Montoneros estaban en el desbande. Rodolfo Walsh hace una caracterización de lo que es el comienzo del año 76 y dice: grupos intelectuales y profesionales en desbande, o sea, en terror, como la mayoría de la población, que tenía mucho miedo, mucho miedo. Bueno, el miedo es un elemento fundamental del golpe militar.

2. La teoría de los dos demonios

La subversión estaba derrotada en 1976, de modo que fue una excusa. La lucha contra la guerrilla fue una excusa para imponer el plan económico y para liquidar a todos los sectores políticos del centro a la izquierda.

Entonces, la excusa de la subversión sirve. Constantemente sirve. Luchamos contra la subversión, la subversión es terrible, etcétera, etcétera, pero sirve para instaurar en el país un sistema económico que favorece a las grandes empresas. Las pequeñas y medianas empresas se funden porque todas las fábricas cierran las persianas, porque todas las enormes fábricas, los monopolios para los cuales se ha hecho este golpe, y se han beneficiado con este golpe, se devoran a las pequeñas fábricas o las pequeñas fábricas se funden.

El golpe también se hace para robar, para robar. Porque Guillermo Walter Klein no necesita préstamos pero los bancos norteamericanos le ofrecen préstamos y los toma, los toma, a cualquier tasa, y así se va formando la deuda externa. Ahora, con ese dinero se equipan los militares, se lo quedan los economistas, se compran conciencias. Es un dinero corrupto. Ese dinero corrupto forma la deuda externa argentina, que es ilegal, y que es el señor Domingo Cavallo el que la estatiza, el que la hace formar parte del Estado. Domingo Cavallo, economista de Menem y de De la Rúa. Y ahora debe estar dando conferencias por el mundo a unos 30 mil dólares la conferencia. Hay hombres que nacen así con estrella.

El golpe es terriblemente sanguinario y esto aterroriza a toda la población. Hay una teoría con la que empieza el Nunca más: una misma violencia agitó a la Argentina durante los años 70. Bueno, eso es un gran error que quizás el alfonsinismo concedió por ser demasiado temprano como para decir la verdad. No hubo dos violencias del mismo signo. La violencia estatal es privativa del Estado y no puede ser comparada con ninguna otra violencia. La otra violencia puede ser la violencia de grupos civiles. Pero no, los grupos civiles no pertenecen al Estado. El Estado además tiene la obligación de hacer un uso legal de la violencia, ligada a la justicia, pero esto no se hizo así, se hizo una violencia clandestina basada en la desaparición de los cuerpos.

Dos palabras sobre la desaparición de los cuerpos. No hay dos demonios, por favor, escúchenme bien, se los pido por favor. No hay dos demonios, sobre todo, porque cada militar que moría, los familiares tenían el cuerpo. Lo podían velar, lo podían enterrar, la madre, el padre, el hijo, lo que fueran, podían ir al cementerio, podían llorar, podían rezar, sabían que había muerto, que no iba a volver más. En cambio, la madre, el padre de un desaparecido, vive una angustia terrible porque no tiene el cuerpo, no tiene cómo velarlo, no tiene cómo enterrarlo, no tiene dónde tenerlo, no tiene dónde llorarlo, no puede abrazarlo en el cajón. Y sobre todo, siempre está esperando que vuelva, cada paso que oye a la noche cree que es su hijo que regresa.

Esto aniquila por completo la teoría de los dos demonios, pero la aniquila por completo. Hay que pensarlo desde ahí. Unos tuvieron los cuerpos, otros no tuvieron los cuerpos. Se acabó. No hay dos demonios.

Quédese, tenga coraje, mire esto, usted tiene que verlo, seguimos...

3. Los indiferentes y los tímidos

La represión no estaba al servicio de liquidar a la guerrilla. Por supuesto, los grupos guerrilleros que insistían en pequeñas acciones sin trascendencia eran detenidos, llevados a la ESMA, aniquilados, torturados para obtener confesiones.

Pero la represión se hizo, y el golpe se dio, para imponer el plan neoliberal de José Alfredo Martínez de Hoz, que era presidente de Acindar, una empresa poderosa. Renuncia a Acindar y se adueña del Ministerio de Economía. Martínez de Hoz, de largo linaje, de los Martínez de Hoz desde los poseedores de la tierra hasta Joe con sus enormes orejas y su complicidad perversa con el régimen.

Entonces, volvemos. Hay militares desbocados que dicen cualquier cosa porque el grado de impunidad era absoluto, de aquí el terror. Saint-Jean un día, una vez en un discurso para acentuar bien el miedo en todos, dijo: nosotros, los militares, primero vamos a matar a los subversivos, después a los cómplices, después a los familiares, después a los amigos, después a los indiferentes, y por último a los tímidos, a los tímidos.

Usted imagínese que está viviendo en una sociedad donde el gobernador de la provincia de Buenos Aires, un militar duro, duro, que no le importa matar a quien sea, dice que se propone matar hasta los tímidos. Y usted no solo es tímido, quiere ser indiferente, quiere pasar inadvertido. No, pero el general Saint-Jean dice que a los que quieren pasar inadvertidos también los van a matar.

Y eso lo dice otro personaje tan siniestro como el general Saint-Jean que ahora está preso, que fue el primer civil que fue preso por convivencia, por apoyar, por ideologizar al golpe del 24 de marzo. Es el doctor Jaime Smart, que en el diario La Nación, del 12 de diciembre de 1976, muy anunciado con grandes letras en la tapa, el título del artículo decía: desenmascarar, desenmascarar, a quienes armaron la subversión.

A ver, pensemos. ¿Quiénes creen ustedes que habrán armado a la subversión? Quizás las armas que venían de la Unión Soviética, quizás las que venían de China, de Cuba. No, no, no. ¿Saben quiénes armaron a la subversión? Los profesores de todos los niveles de la enseñanza. ¿Por qué? Se equivocan cuando limitan la subversión solamente a aquellos que caen abatidos por las fuerzas armadas. No puede decir otra cosa, la muerte la tiene tan en la cabeza, que en lugar de decir aquellos que son detenidos por subversivos, no, no, dice aquellos que son abatidos por las fuerzas armadas, aquellos que son muertos por supuesto.

Entonces dice, el gobierno de la provincia de Buenos Aires sabe que el origen de la subversión es ideológico. Y aquí es donde empiezan a pagar la cuestión los profesionales, los maestros, los profesores, los académicos. Entonces, con cinismo total, el Doctor Smart dice: ahora esos que armaron la subversión quieren pasar desapercibidos. Como diciendo: los vamos a agarrar, no van a pasar desapercibidos, señores profesores. Y en efecto, en Bahía Blanca se hace una caza de brujas impresionante, comandada por el general Acdel Vilas y el diario La Nueva Provincia, que colabora con la Armada en una caza de brujas que costó la vida de muchos profesores que no habían hecho otra cosa que poner en sus bibliografías un libro de Paulo Freire o de Marx.

Solo eso. Por eso los fusilaron.

4. Estado y justicia, los delitos de lesa humanidad

Todo esto se pudo haber hecho de otra forma. Sin campos de concentración, sin torturas, sin hacer desaparecer a la gente, sin tirar a seres humanos vivos desde los aviones al Río de la Plata. Se pudo haber hecho con la justicia, como se hizo en Italia con las Brigadas Rojas.

Pero en el film de Marie-Monique Robin, Escuadrones de la muerte, aparece el general Díaz Bessone, un convencido de la tortura y de la muerte, y dice: pero imagínese, le dice, cómo nosotros íbamos a fusilar públicamente a 8 mil personas, porque fueron 8 mil nada más... De todos modos ustedes saben que las cifras no importan. Las madres dicen 30 mil, yo le creo a las madres. Pero digamos 20 mil, 10 mil, 15 mil, ¿qué quieren? ¿Que negociemos las cifras? Pongamos un muerto acá, y es más fuerte que cualquier estadística. Un muerto acá, usted lo mira, yo lo miro, y es más fuerte que le digan usted 30 mil, 20 mil, 6 millones, 4800000. Porque, como dice Todorov: un muerto es una desgracia, 20 mil muertos es una estadística, lo cual es muy, muy, muy distinto.

Entonces, no se aplicaron los derechos humanos. El Estado tiene el derecho, la necesidad, el imperativo de aplicar la justicia. Para eso es el Estado. El Estado no puede ser una banda. Si no, no es un Estado, es una banda. Entonces tiene que aplicar la justicia. Pero dejaron de lado la justicia para convertirse en una banda, en una banda clandestina y actuar por medio de los grupos de tareas.

Bien, todo esto se hizo para lograr otro país, para terminar en última instancia definitivamente con el populismo estatal peronista. Para terminar con el populismo estatal peronista, e inaugurar una economía neoliberal de mercado aliada a los Estados Unidos, y una economía que fuera alimentada por los créditos del exterior, y que el Estado fuera cómplice de esta tarea económica.

Rogelio García Lupo, que es un brillante periodista argentino, publicó en el diario Clarín en el año 2001 El complot del doctor Perriaux, la conspiración civil. Jaime Perriaux, recuerdo este nombre, Jaime Perriaux fue un aventurero pero además fue un hombre de mucho, mucho dinero y asesoró a los militares en cuestiones económicas. Perriaux fue el puente entre militares y civiles. Era un civil, rodeado de civiles, y que tenía claramente una ideología de colaboración con el plan de las Fuerzas Armadas, y muchos otros civiles colaboraron con el golpe. ¿Dónde están hoy?

Holanda, cuando la chica esta Zorreguieta se quiere casar y ser princesa, investigan, investigan profundamente al padre, y no le permiten asistir al casamiento de su hija porque fue Ministro de Agricultura de la dictadura asesina argentina. Entonces Holanda, que no iba a recibir la copa en el mundial del 78 si lo ganaba, impide, dice: no, el señor Zorreguieta no, la chica que se case, pero el señor Zorreguieta a Holanda no entra porque fue cómplice de un gobierno de asesinos.

Ahora bien, son juzgados por delitos de lesa humanidad. Y vamos a aclarar bien qué es un delito de lesa humanidad. El Estado no puede cometer crímenes arbitrarios. El Estado tiene que hacer justicia, y cuando apresa a alguien, tiene que suponer ante todo que esa persona es inocente. Y después de mostrar su culpabilidad, este es un principio fundamental de la juridicidad de las naciones, desde Hobbes en adelante (o antes, pero desde Hobbes, por lo menos desde Leviatán en adelante) hay que demostrar primero la culpabilidad, y después se verá, pero todo detenido es inocente.

Por eso, usted no se asombre si yo le digo que los 30 mil o los 20 mil o lo que sea, eran todos inocentes, porque ninguno fue juzgado, ¿está claro? Ninguno fue juzgado. Y en cuanto a los que se dice que murieron en enfrentamientos, hay muchas dudas acerca de esos enfrentamientos, porque muchísimos enfrentamientos fueron fraguados deliberadamente para pasar listas de muertos que ya habían sido fusilados en los campos de concentración.

Entonces, los derechos humanos, ¿dónde están? Son las organizaciones de derechos humanos que defienden el primer punto de la Declaración de Derechos Humanos: toda vida es valiosa e irreemplazable. Esta debe ser la primera verdad que debe anidar en el corazón de todos los hombres, y que desgraciadamente no es así. Pero si fuera así, viviríamos en otra clase de mundo.

El terrorismo de Estado, por el contrario, barre con los derechos humanos, y jamás va a considerar que una vida es sagrada, sino que va a considerar que una vida no vale nada. Porque el general Ramón Camps dijo: nosotros no matamos personas, matamos subversivos. ¿Hace falta que le diga algo más?

Chau, hasta luego.