La construcción de pensamiento en relación a los Derechos Humanos y la identidad.

1. Los campos de concentración en América Latina

Este es nuestro encuentro 12. Lleva por título, Ontología del campo de concentración. La palabra ontología es una palabra que usa Heidegger, Martín Heidegger, en Ser y tiempo, en 1927, en la segunda o tercera página, y dice que ontología es el estudio del ser.

O sea que cuando nosotros decimos ontología del campo de concentración, estamos diciendo que vamos a estudiar el ser del campo de concentración. El campo de concentración ante todo no es habitual en América Latina. Argentina tuvo campos de concentración y Chile, en el Estadio Nacional de Chile, fue el primer campo de concentración como antecedente de los que hubo, ya vamos a ver cuántos hubo, en la Argentina. Pero el Estadio Nacional funcionó durante un tiempo y luego dejó de ser un campo de concentración, y la masacre en Chile igual se realizó, pero fue mucho menor que en la Argentina. Y era Pinochet, eh, que tenía colmillos acá.

Ahora bien, Les voy a dar este dato, me baso en un libro formidable que podrían comprar y leerlo. Está editado por Colihue, es de Pilar Calveiro, que reside en México, y es un libro excepcional que se llama Poder y desaparición, los campos de concentración en la Argentina. Pilar Calveiro dice, luego de una rigurosa investigación, que entre 1976 y 1982 hubo 340 campos de concentración en la Argentina. 340 campos de concentración. Que por esos campos de concentración pasaron entre 15 y 20 mil personas, y que el 90% de esas personas fueron asesinadas en esos campos de concentración. Es imposible precisar además el número exacto, y hasta es indecente tratar de hacerlo.

Sabemos cómo estaba organizado este sistema del crimen. Sabemos qué significa un campo de concentración, pero lo voy a explicar con mayor detalle. El campo de concentración es un espacio autónomo, por eso ocupa un espacio aislado del resto de la ciudad o del país, del territorio. Es un territorio delimitado en general por alambres de púa, tiene un panóptico que es lo que Foucault describe muy bien en Vigilar y castigar, que es un lugar desde el cual se ve todo y nadie ve a los que están en ese lugar, y tiene torres de vigilancia. Y bueno, del campo de concentración no se escapa nadie, el que intenta escaparse lo matan porque no se escapa nadie.

El campo de concentración además es un lugar acumulativo, ahí se acumulan personas, ahí se acumulan los que son culpables, sospechosos, o inocentes, porque un régimen de terror tiene que secuestrar inocentes también, de ahí que cuidado con aquellos que piden, con los militares estamos mejor suponiendo que, y debe haber muchos locos todavía, porque nadie puede estar seguro con un régimen militar. He conocido a muchos eminentes señores burgueses, médicos, arquitectos, que perdieron a sus hijos y no sabían por qué, no sabían por qué.

Quizás los perdieron porque era necesario secuestrar a un inocente y matar a un inocente para crear el terror. No hay nada más efectivo para crear el terror que matar a alguien que no tiene nada que ver con nada. Entonces todos los demás se aterrorizan porque dicen: si aquel que no tenía nada que ver con nada, que era un buen vecino, que era el almacenero por ahí, lo secuestraron y lo mataron, ¿qué puedo esperar yo? ¿Qué podemos esperar nosotros? Estamos todos en peligro. Silencio, callarse, enmudecer. Y aquí es donde el terror gana. Donde todo el mundo enmudece el terror ha triunfado.

2. La tortura como tarea de inteligencia

La doctrina de la seguridad nacional, de los franceses, fue la que se impuso acá. Incluso el general Lopez Aufranc dice que los norteamericanos estaban celosos porque no se educaron en la Escuela de las Américas, sino que fueron educados por los franceses, con el manual de Roger Trinquier La guerra moderna.

Entonces, así como los franceses en Argelia usaban la tortura como medida para obtener información, en los campos de concentración de la Argentina ocurrió lo mismo, y se la llamó tarea de inteligencia, que es un modo cruel de llamarlo, pero también muy exacto para que se vea que la inteligencia no es buena siempre. Se puede ser inteligente y se puede ser un gran cretino moral, y no digo palabras que me surgen a la cabeza, pero se puede ser un gran cretino moral, un asesino, y ser inteligente.

También es cierto que por qué hay que llamarle tarea de inteligencia a esa canallada de andar torturando a un tipo, pero le llaman tarea de inteligencia porque a través de la tortura obtienen la información. Entonces, torturan a sindicalistas, a directores de comisiones internas de hospitales, a estudiantes de 16 años, y a veces a algún guerrillero.

Ahora, hay una horrible racionalidad en la tortura. La tortura no es un acto de locos de los seres humanos, no. Los seres humanos calculan cuidadosamente la tortura, por eso la tortura es un acto de inteligencia. Hay médicos, médicos, que van, y el torturado está sobre un colchón, no el colchón, la reja, la base del colchón, de metal, echan agua y lo torturan. Viene el médico, supongamos que el torturado se desmaya, llaman al médico. Viene el médico con su estetoscopio, escucha, y les dice: pueden seguir, va a tolerar, y se va. O si no, viene y dice: esperen un poco, está al borde. O si no, viene y dice: se quedó.

El médico cree estar haciendo una tarea patriótica, el médico cree que hace eso por la patria, como el cura que consuela al piloto o al que sea que baja del vuelo de la muerte y si lo ve angustiado, digamos atravesado por la angustia, por la atrocidad que implica tirar un cuerpo vivo de los aviones, entonces viene el cura y le dice: hijo mío has hecho una tarea divina, no sufras porque Dios está de tu lado y del lado nuestro, y estás haciendo algo que es necesario hacer y Dios te lo va a recompensar. Con estas palabras, mucho más suave, calma la conciencia del asesino. Esa es la tarea del cura en esos casos.

Ahora, vamos al caso argelino, que tiene mucho que ver con el caso argentino, porque fueron los argelinos los que adiestraron a los argentinos. En la película La batalla de Argelia hay una escena memorable que voy a contar. Hay una conferencia de prensa del general Mathieu. Así se llama, el general Mathieu, que en realidad es el general Massu, que era el que comandaba los paracaidistas franceses en Argelia.

Entonces dice: bueno, señores, los escucho. Y se habla un buen tiempo así de cosas, hasta que de pronto se levanta un periodista con mucho coraje, y dice: general Mathieu, acá hemos hablado mucho, y hay una palabra que no se ha pronunciado, y yo creo que hay que decirla. Usted se refiere, dice Mathieu, que es muy inteligente, ¿no? Usted se refiere seguramente a la palabra tortura. Sí, general, a la palabra tortura. Usted me quiere preguntar si nosotros torturamos. Sí, general. Bueno, sí, torturamos. Nosotros torturamos, pero tenemos que hacerlo.

Y el periodista, con un coraje que acá le hubiera costado la vida, dice: no sé, general, la legalidad es incómoda (que es una frase gloriosa para los derechos humanos). Sí, la legalidad es incómoda, sí señores. Este es el fundamento de un Estado civilizado. La legalidad es incómoda. Con los ladrones, con cualquiera, con cualquiera, con todo aquel que presuntamente delinque y que es inocente hasta que no se demuestre su culpabilidad, la legalidad debe regir, y es incómoda.

Entonces Mathieu le dice, no, yo no puedo aplicar la legalidad porque tengo 24 horas solamente para que este hombre confiese. Pero usted tiene que preguntarse otra cosa, le dice ya en el momento del clímax, y le dice: usted no tiene que preguntarse si yo y el ejército francés torturamos o no, usted tiene que preguntarse si quiere que Francia se quede en Argelia. Si se trata de que Francia se quede en Argelia, no me pregunten por los métodos que utilizo para conseguirlo.

Videla habría dicho: no me vengan con cuestiones de derechos humanos. Aquí se trata de si ustedes quieren que el ejército argentino derrote a la subversión. Si quieren eso, no nos pregunten por los métodos que utilizamos para conseguirlo.

3. La desaparición

La enorme diferencia entre el general Videla y el general Mathieu, es que el general Mathieu luchaba contra un pueblo armado. Era el Frente de Liberación Nacional apoyado por el pueblo argelino. Y es el pueblo argelino el que hace la revolución.

Videla luchaba contra pequeños grupos civiles desparramados por el país. Y no luchaba contra otros, secuestraba directamente a comisiones internas, señaladas por los empresarios... Los empresarios civiles le señalaban a los militares, esta comisión interna está haciendo tal, tal, tal y tal cosa y la barrían a la comisión interna, y a muchos empresarios para hacerlos realmente responsables, los llevaban a las sesiones de tortura.

Ahora bien, La técnica del campo de concentración, la técnica fundamental que aplica Videla es... Videla, Videla digo para sintetizar ¿no? Es la desaparición de personas, que es eso que en un célebre fragmento fílmico, Videla dice: un desaparecido es alguien que no está, se evaporó... Entonces claro, no le trae ningún problema a él, no como los tres fusilados de Franco que conllevaron una condena del Papa, no, el desaparecido no trae problemas según Videla.

Pero para los familiares del desaparecido el problema es gravísimo, terrible, porque no tienen el cuerpo, al no tener el cuerpo, lo esperan siempre. ¿Usted imagina una madre que se pasa el resto de su vida esperando el retorno de su hijo, de su hija, o de un bebé que secuestraron? Es terrible. En cambio, los militares siempre, siempre tuvieron los cuerpos. Siempre tuvieron los cuerpos, los pudieron llorar, los pudieron enterrar, la diferencia es enorme, ya lo dijimos, eso es lo que aniquila totalmente la teoría de los dos demonios, no hay dos demonios, los militares tenían los cuerpos, las familias tenían los cuerpos, y los que eran secuestrados por el ejército no tenían los cuerpos. No podían enterrarlos, no podían llorarlos, se pasaban la vida esperándolos.

Y ahora voy a decir algo muy importante. En la ESMA se torturaba más que en Auschwitz, y esto no es nada caprichoso. En Auschwitz no hacía falta torturar, porque en Auschwitz no se buscaba información. Los nazis no necesitaban informaciones de los judíos, con que fueran judíos ya era suficiente. El problema de Auschwitz, el problema de Auschwitz es muy distinto. El problema de Auschwitz era qué hacer con los cuerpos.

Por ejemplo, mataban 10 mil personas por día. Esto se ve en la película Juicio en Núremberg. Entonces, les decían que iban a tomar una ducha, y de las duchas, en lugar de agua, salía gas. Imagínense lo que era eso, morir así. Es la técnica aplicada a la muerte. Y el Zyklon B, el Zyklon B era la empresa que entregaba el gas para los campos de concentración. Es el símbolo de la muerte, el Zyklon B.

Ahora, los nazis no veían en eso el problema. Cuando sacaban los 10 mil cuerpos o tenían 10 mil cuerpos, el problema que tenían era en dónde ponerlos. Donde ponerlos. No sabían dónde ponerlos. Los tenían que enterrar acá, allá. Ese era el problema para ellos. No había un problema moral, nada. Era el de la disposición de los cuerpos. La muerte se torna mecánica, ¿no? Es un acto burocrático la muerte, porque el que mata en el campo de concentración de Auschwitz, al matar a tanta, tanta, tanta gente, ya lo toma como un trabajo. Incluso en la ESMA también se fichaba la entrada, el torturador fichaba como un oficinista. Venía, agarraba su tarjeta, y fichaba su hora de entrada.

Ahora, no debe creerse por esto en la teoría de la banalización del mal de Hannah Arendt. Hannah Arendt tiene un ensayo muy fascinante que se llama Eichmann en Jerusalén, un ensayo sobre la banalidad del mal. Basándose en Eichmann, que dirigió el campo de Auschwitz, Hannah Arendt dice que el mal en Eichmann era banal, banal, es decir que era un hombre que hacía el mal sin pasión. Esta es una frase del Facundo de Sarmiento que Sarmiento le aplica Rosas.

Ahora bien, no es así. Eichmann era un hombre profundamente ideologizado y que odiaba enormemente, abismalmente a los judíos. Y por eso llevó a cabo una tarea tan arrasadora en la aniquilación de los hombres de esa raza. Eichmann no era la banalidad del mal. Eichmann era un nazi que odiaba profundamente y por eso mataba con tanta efectividad.

4. Terrorismo de Estado y sociedad civil

A todo esto, ¿qué pasaba con la sociedad civil? ¿Qué pasaba con el llamado pueblo argentino? Porque hasta ahora tenemos los militares y los grupos civiles que los apoyaban. ¿Qué pasaba con la llamada la gente?

Bueno, la gente... Gente era una revista totalmente comprometida con la ideología militar. Gente incluso tiene una tapa famosa, célebre, que yo di conferencias en Italia y en España sobre esta tapa, porque es la tapa de mayor agresión a los derechos humanos. En la tapa está Norma Arrostito, de la organización Montoneros, y un sello que dice muerta. La foto de Norma Arrostito de la revista Gente dice muerta, porque la revista Gente había arreglado con los militares, con la ESMA, que había que dar la noticia de la muerte de Norma Arrostito un año antes de que la mataran.

Ignoro por qué, pero había que hacer eso. También lo hicieron otros medios, pero ninguno tuvo la macabra imaginación de poner la foto y poner el sello muerta, como si se tratara de un expediente burocrático y no de una vida humana. Esté o no esté alguien de acuerdo con lo que esa persona pensaba, nunca una vida merece un sello burocrático, porque es mucho más que eso.

Sin embargo, la sociedad civil compraba Gente, la sociedad civil compraba La Nación, compraba Clarín, compraba La Razón. La Razón era el diario oficial de los militares. Pero los diarios no sólo daban las noticias que ofrecían los militares, que muchas eran noticias falsas, decían que habían matado a Fulano y Mengano en un enfrentamiento, y no lo habían matado en un enfrentamiento, lo habían matado en un campo de concentración, pero para comunicar la noticia de la muerte de Fulano fingían un enfrentamiento. Entonces, la complicidad de los medios fue total.

La complicidad de la gente fue aniquilada por el terror. Había mucho miedo como para que alguien hiciera algo distinto. En el Mundial del 78 salieron todos a la calle a festejar con gran alegría el triunfo argentino. Nadie pensó, escuchen esto por favor, nadie pensó algo tan sencillo como: ahora, con este triunfo, los militares se van a solidificar en el poder.

Y el hecho de que estén más sólidos en el poder, gracias a este mundial que ganaron, va a implicar que van a torturar a más gente, que van a hacer desaparecer a más gente. Había una teoría del peine fino y el peine grueso. El peine grueso ya lo habían pasado, se habían llevado a todos los que necesitaban, pero faltaba el peine fino, lo que decía Jaime Smart: todos los profesores de los niveles de la enseñanza. Lo que decía Saint-Jean: los tímidos, los indiferentes. Ese era el peine fino.

Ahora, al ganar el mundial, tenían más posibilidades de ampliar la represión. ¿A ningún argentino se le ocurrió eso? Yo padecía cada gol argentino, me daba miedo cada gol argentino, porque sabía que era terreno para la represión. Terreno para la represión. Ahora, algunos van a decir, y nosotros no sabíamos, y nos gustaba mucho el fútbol, y fue una oportunidad de salir a la calle y festejar.

Bueno, ¿pero qué festejaban, muchachos? El Mundial de los Militares. La desgracia de que Holanda no ganara ese mundial porque Holanda no iba a aceptar la copa de las manos de Videla. ¡Qué sorpresa para el pueblo argentino hubiera sido! Ver a los jugadores holandeses rechazar al general Videla y decir: no, de usted no recibimos una copa porque su gobierno es una dictadura sangrienta que agrede a los derechos humanos, y porque sabemos que su gobierno tiene campos de concentración, y Holanda es un país democrático y en Holanda defendemos los derechos humanos. Desgraciadamente el poste de Fillol jugó a favor de Videla, y también los reflejos de Fillol, seamos justos.

Durante ese tiempo, ya las rondas de las Madres de Plaza de Mayo los jueves, eran un gesto de un coraje y de una enorme valentía. Para los que se pregunten por qué no iban los padres, si iban los padres los mataban a todos, entendamos bien, tenían que ir las madres, porque a las madres medianamente las respetaron, medianamente, porque mataron a Azucena Villaflor, etcétera, etcétera.

Entonces, las Madres de Plaza de Mayo, que aparecen en el 77, y mis compañeros acá, me decían, mis compañeros de desgracia, de estar viendo, bueno, ¿qué hacemos? ¿nos vamos? ¿nos quedamos? ¿qué hacemos? Vivíamos en medio del terror. Un día viene uno y me dice: che, ¿sabés una cosa? En la Plaza de Mayo hay un montón de mujeres, compañeros blancos, que se están juntando, son locas, ¿no?

Y de ahí viene la cosa de locas, porque había que estar un poco loca para hacer eso. Pero eran madres que no tenían a sus hijos, y la desesperación de pedir el cuerpo de sus hijos las llevaba a un heroísmo tremendo. Y ese respeto a las Madres de Plaza de Mayo lo tenemos que tener siempre, porque si hay alguna dignidad en la Argentina, la sostuvieron ellas. Así que ojo con las Madres, ojo con las Madres, porque le debemos, quizás, nuestro único gesto de dignidad bajo una dictadura criminal.

Chau.