La construcción de pensamiento en relación a los Derechos Humanos y la identidad.

1. El cine y la propaganda

En este encuentro vamos a hablar sobre el senador Joseph McCarthy. En realidad el título de este encuentro es McCarthy contra Hollywood.

El senador Joseph McCarthy dio origen a una palabra muy difundida en política que es el macartismo. Macartismo se entiende como un vocablo que designa a aquellos grupos de derecha paranoicos con el crecimiento de la izquierda, que desatan una caza de brujas en persecución de, precisamente, los sectores de izquierda. En los años 50 y fines de los 40, cuando el senador Joseph McCarthy comienza su actuación, lo primero que decide, lo fundamental que decide, es atacar a Hollywood y no le faltan razones ideológicas para hacerlo, ni grandes maestros que lo hayan precedido en esta actitud de atacar la industria del cine, o de dinamizar la industria del cine como arte de la propaganda política.

Estamos entonces en plena Guerra Fría. La Guerra Fría se caracterizó por ser la lucha no militar entre dos grandes bloques, Oriente y Occidente, Estados Unidos y la Unión Soviética. La cortina de hierro es una frase que dijo Winston Churchill, en una universidad norteamericana, donde aclaró que una cortina de hierro, dijo, ha descendido sobre el continente dividiendo a Europa en Europa y la Europa oriental; la Europa más allá de la cortina de hierro sería la región soviética de Europa.

Ahora bien, Estados Unidos le tenía mucho miedo a los rusos, a los soviéticos, porque estaba la leyenda, y no la leyenda, la realidad, de la entrada del ejército rojo en Berlín. Y bueno, efectivamente, el ejército rojo fue devastador cuando entró en Berlín y no dejó títere (o alemán) con cabeza. Digo bien títere, porque los alemanes fueron bastante títeres de Hitler, pero bueno, este es otro tema: la falta, digamos, de reacción del pueblo alemán contra Hitler y en todo caso hay que leer un libro de Karl Jaspers que se llama La culpa alemana. Ahora, bien, el horror que desataron los rusos en Alemania era debido a que los alemanes, al entrar en la Unión Soviética, mataron 17 millones de rusos, no mataron 17 millones de norteamericanos. Esto entonces habla de que fue de una venganza tremenda por parte de los rusos.

Como Goebbels, como Joseph Goebbels, el ministro de propaganda de Hitler... Actualmente se venden sus memorias en las librerías de Buenos Aires y son de útil lectura, pero de ardua adhesión, digamos. Como Joseph Goebbels, McCarthy conocía muy bien la importancia del cine en la penetración ideológica. Goebbels, ministro de propaganda, lo llamó al gran director Fritz Lang, el director de Metrópolis, y le ofreció, digamos, el Instituto de Cine. Esa misma noche, Fritz Lang huyó de Alemania.

Bien, entonces, sigamos con McCarthy. En mayo de 1947, el Comité de Actividades Antinorteamericanas, que es el lugar desde el que McCarthy va a atacar, decide investigar el comunismo en Hollywood. Tarea fundamental para desenmascarar a esa ideología perversa que está tratando de adueñarse de la libertad y la democracia de los norteamericanos.

Comienza realizando audiencias privadas. A esas audiencias privadas asisten distintas figuras de Hollywood, a los cuales se llama testigos amistosos. Los principales testigos amistosos fueron Robert Taylor, que a mí no me hace sufrir nada porque era un imbécil y un mal actor, y otros que a uno le duelen mucho, como Elia Kazan, como Sterling Hayden, bueno, varios, preferimos olvidarlos en este momento.

Ahora, ¿qué les preguntaban? ¿Qué les preguntaban a un Elia Kazan o a un actor como Sterling Hayden? Digamos, a los delatores. Les preguntaban: ¿qué amigos suyos son comunistas? Y sabían que si decían varios nombres se salvaban. Todo delator sabe que si tiene un nombre para dar puede salvarse. Generalmente no se salva, porque el delator genera un desprecio en el represor.

Se comienzan a elaborar las llamadas listas negras. De ahí que aparece la figura del blacklisted, es decir, el que forma parte de las listas negras y tiene que irse de Hollywood. Perdían sus trabajos en Hollywood. Uno de los más grandes directores, Jules Dassin, tiene que huir a Londres, y Darryl Zanuck, el jefe de la Fox, le dice: andate a Londres, andá a rodar la película que tenés entre manos, pero en Londres. Y Dassin rueda en Londres su obra maestra, Night and the City, la gran película de Richard Widmark.

Esto viola el derecho a trabajar, viola un derecho humano fundamental, ante todo. La persecución les quita el derecho a trabajar. Dassin ya nunca más filmó en Hollywood, y algunos guionistas como Abraham Polonsky, por ejemplo, o el gran guionista de A la hora señalada, Carl Foreman, no trabajaron durante años y años.

2. La caza de brujas

La paradoja un poco cruel es que Hollywood venía de una época liberal. Es decir, fijada en los auténticos contenidos de los padres fundadores de Estados Unidos que decidieron ser liberales, respetar los derechos humanos, respetar al individuo, respetar las ideas ajenas, etc., etc. Al menos en su territorio, afuera era otra cosa.

Entonces, esta época liberal produjo grandes películas, como El odio es ciego, una película en la que el protagonista se mete en un grupo antisemita, Encrucijada de odios de Edward Dmytryk, con un trabajo espectacular de Robert Ryan como un antisemita feroz, y bueno, algunas otras... Las películas de boxeo, las películas contra el boxeo. Toda película de boxeo que sea buena es una película contra el boxeo, no se olviden de esto. Pero muchos actores son los que comienzan... Salvo Rocky I, bueh, a otra cosa.

Muchos actores empiezan a delatar a sus propios compañeros y acá se produce la típica situación de una sociedad agredida por la persecución en la cual cada uno sabe que si delata al otro se salva a él. Uno de los más famosos delatores de la década de la persecución de la caza de brujas del macartismo fue un mediocre actor llamado Adolphe Menjou, que pasó a declarar ante el tribunal y dijo: yo puedo oler a un comunista, porque los comunistas despiden un olor extraño que no cualquiera reconoce, un olor muy particular, pero yo sí, yo lo reconozco, créanme, yo puedo oler a un comunista. McCarthy, en la gloria con Adolphe Menjou. Y Stanley Kubrick en la película La patrulla infernal para vengarse, le da el papel de un general detestable, abominable, a este señor Adolphe Menjou, que no salió muy bien parado precisamente de la época de McCarthy.

Ahora bien, para 1954 McCarthy comienza a decaer. En realidad McCarthy era un tipo con muchas complicaciones. Era alcohólico, era adicto al sexo, era un paranoico realmente patológico, y hoy, justamente hoy, en estos tiempos, cuando si no, estos tiempos en los cuales la historia se ha enamorado de la derecha, aparecen defensores de McCarthy, como el español Fernando Alonso Barahona. Lo que dice Barahona es que el cine es la principal tarea ideológica de una nación, y que justamente ahí era donde se infiltraban los comunistas, y ahí era donde McCarthy los fue a buscar. Y comienza a enumerar una serie de espías soviéticos que había en ese momento en Estados Unidos, como habría indudablemente hombres de la CIA en la Unión Soviética, y dice que McCarthy actuó por esos espías soviéticos, pero en realidad McCarthy persiguió sobre todo al mundo de Hollywood.

Y en la teoría que hace Barahona sobre la importancia de las ideas vehiculizadas por las películas, dice que esto McCarthy lo vio como lo vio Gramsci, con influencias de Lenin, dice él. Y pareciera que Gramsci dice esta teoría, ¿no? Que en el cine el comunismo puede penetrar en los países capitalistas, lo cual es un disparate macartista. El caso es que el señor Barahona pareciera no darse cuenta que está reivindicando a un moderno Torquemada. Torquemada fue el que estuvo al frente de la Inquisición Española. Entonces McCarthy desata la Inquisición del senado norteamericano sobre Hollywood.

Se persigue aquí por las ideas, se persigue por las ideas, porque incluso hubo gente que durante la guerra hizo películas justamente a favor de la Unión Soviética, porque la Unión Soviética era un aliado, un aliado, ¿no? La Unión Soviética, Estados Unidos estaban contra el eje, ¿no? Alemania, Japón, Italia. Y hubo una película, sobre todo, que se llamó Sombras en la nieve, en la cual aparecía Stalin anunciando la invasión alemana a Rusia. Y está Stalin en la pantalla de una película norteamericana. Y después, claro, esos tipos que hicieron una película patriótica en 1941, en 1950 son arrestados por comunistas. Imagínense la sorpresa: pero nosotros hicimos una película patriótica. Ah no, ustedes son comunistas.

Bueno, estas son las paradojas de la historia, hay gente que paga por un pasado que le fue encargado y lo hizo por ahí en buena ley, pero cuando viene la caza de brujas nadie sabe si es una bruja o no es una bruja.

3. Artistas y delatores

La Academia de Hollywood demostró que estaba de acuerdo con algunas cosas del macartismo, o que las había olvidado, cuando premió a Elia Kazan hace apenas unos años con un Oscar honorario, y fue Martin Scorsese el que se lo dio personalmente al gran director Elia Kazan.

Según Richard Widmark, que trabajó con Paul Douglas, en Pánico en las calles, Panic in the Streets, dirigida por Elia Kazan, declaró en una intervención antes de esto o después, no sé, que Kazan era el mejor director de actores que había en Hollywood. Y además Elia Kazan fue el primero que puso en escena una obra de Arthur Miller, La muerte de un viajante, y era además un gran puestista y un gran director de actores.

Entonces, ¿qué se hace con un gran artista que delata? ¿El artista por un lado y el delator por otro? Esta es una grave cuestión que es muy difícil de resolver, júzguela usted, decida usted. Nosotros pensamos que un artista que es a la vez un delator es un artista delator, y que ese peso moral no lo elimina la calidad estética. El peso moral es más fuerte, más denso que la calidad estética de una persona, porque una persona ante todo tiene que ser moral, si no, no puede hacer arte tampoco.

Bueno, el macartismo responde a este temor, que se disemina por todo Estados Unidos, con distintas películas de invasiones marcianas. En realidad la metáfora está muy bien hecha: vienen los marcianos a invadirnos como nos están invadiendo los comunistas. Atención, buenos americanos, dice McCarthy, los marcianos vienen de afuera, los comunistas también, Y hacen varias grandes películas.

La más perfecta de todas está dirigida por Don Siegel y es La invasión de los usurpadores de cuerpos. Curiosamente, es una película clase B y el protagonista es un actor clase B que se llama Kevin McCarthy. O sea, como dice Borges, a la realidad le gustan las simetrías. Y la simetría es que la gran película macartista de los años 50 la protagoniza un actor que se llama McCarthy.

En el final de la película, como los marcianos han usurpado tantos cuerpos, el personaje de McCarthy todo transpirado y desesperado sale a una autopista y corre el riesgo de que lo aplasten los autos, pero no le importa porque le grita a cada automovilista: ¡cuidado, el próximo es usted, el próximo es usted, el próximo es usted! Y este es el mensaje: el próximo es usted, cuidado con los comunistas.

La más importante (estéticamente) película de marcianos de los años 50 es una película de 1953, La guerra de los mundos, dirigida por Byron Haskin con los efectos especiales de George Pal, que era un especialista en efectos especiales. Las naves marcianas, seguramente ustedes las recuerdan porque se hicieron series, son de una belleza increíble porque son una raya marítima y un cuello de cobra con una cabeza enorme (o grande) que remata arriba, y desde esa cabeza lanzan los rayos con los que matan a todos.

¿Cómo son derrotados los marcianos? No por los humanos, porque los marcianos devastan la Tierra (nunca digan desvastan, Dios mío), devastan la Tierra, y ya ni Dios pareciera ayudarlos porque todos se refugian en las iglesias. Pero sí, Dios los ayuda porque los marcianos son derrotados por las bacterias de la Tierra. Las bacterias de la Tierra a las cuales nosotros los seres humanos estábamos acostumbrados, los marcianos no, entonces esas pequeñas bacterias derrotan a los marcianos, a quienes antes le habían tirado una bomba atómica, pero la bomba atómica no les hizo nada. En cambio las pequeñas bacterias, la de la gripe, por ejemplo, la del resfrío, que nosotros no les damos importancia, mataron a los marcianos y nos salvamos de los marcianos.

Entonces, el mensaje es que si los comunistas entraban en Estados Unidos les iba a pasar lo mismo, pero ¿qué bacterias los iban a matar? Las del american way of life, la libertad, la democracia, los derechos individuales, es decir, el espíritu de la tierra de los libres, the land of the free, y el hogar de los bravos, the home of the braves. ¡Qué bárbaro! El hogar de los bravos y la tierra de los libres. Está en el himno norteamericano. Así derrotaron a estos marcianos apestosos comunistas.

4. Las células dormidas

El que hará la remake de La guerra de los mundos será Steven Spielberg, con un all-american boy como Tom Cruise.

Bien, aquí el comunismo ya cayó. Eso que llaman la toma de la pastilla de nuestro tiempo, que es el derrumbe del muro de Berlín, ha abierto una época de libertad y de bonanza para todo el mundo. Como todos sabemos, el mundo está en un momento esplendoroso desde la caída de Berlín hasta acá. Esto no cabe ninguna duda.

Ahora, ¿qué pasa con esta remake de La guerra de los mundos? La remake de La guerra de los mundos ya no se refiere a los marcianos, sino que se refiere a un enemigo oculto en Estados Unidos, en la casa de los bravos y en la tierra de los libres. ¿Qué es este enemigo oculto?

A partir del nine eleven, el 11 de septiembre de 2001, los norteamericanos comienzan a pensar que el enemigo está adentro, que el fundamentalismo islámico no es el total responsable del atentado a las torres gemelas, sino que ha tenido importantes cómplices dentro del territorio de Estados Unidos. ¿Dónde estaban esos cómplices? Y aquí surge la teoría de Rumsfeld, y seguramente que compartía Bush, de las células dormidas.

¿Dónde estaban las células dormidas? En el corazón de Estados Unidos. ¿Por qué entonces los marcianos ya no vienen del exterior? Porque están adentro, y en la película de Spielberg usted va a notar que los marcianos no vienen de afuera, surgen de adentro de la tierra, y esta es la gran sorpresa de la película. ¿Cómo? ¿Surgen de adentro de la tierra? En la guerra de los mundos los marcianos venían de afuera. Pero no, surgen de adentro de la tierra y son poderosos artefactos que devastan la tierra de los libres, digamos.

O sea, lo que quieren decir los norteamericanos, y esto es terrible, es la teoría del enemigo interno. La teoría del enemigo interno es fatal para cualquier país porque la teoría del enemigo interno nos caracteriza a todos como posibles enemigos internos. Entonces, hay un enemigo externo que es el fundamentalismo islámico terrorista al cual la administración Bush, y Obama también, le declara la guerra contra el terror. Pero hay un enemigo interno que colabora con ese enemigo externo.

De esta manera, Estados Unidos se convierte en un país vigilado. Y recordemos entonces la gran novela de George Orwell, 1984, donde Orwell habla justamente del Big Brother como aquel que vigila a todos. Todos son vigilados para que el Estado tenga la seguridad de saber dónde está cada uno de ellos en cada minuto. No sé si recuerdan, había un eslogan que la dictadura argentina lanzaba a cada rato por la televisión: ¿usted sabe dónde está su hijo ahora? Eso es una sociedad vigilada. En Nueva York, en este momento, que está considerada como una ciudad muy segura, hay camaritas de televisión en todas partes. Es decir, donde uno entra ve una camarita que lo está filmando.

Bien, entonces ahí estos regímenes que buscan la caza del enemigo interior fomentan la delación. La delación del diferente. El diferente no sólo es aquel que piensa distinto, es aquel que vive distinto y que actúa, se supone, para algunos poderes que son mortales para la esencia de la nación. Ese es el diferente y a ese hay que delatarlo. Esta es la doctrina McCarthy que es una de las doctrinas más agresivas, y que más ha negado a lo largo de la historia del siglo XX los esenciales derechos humanos de los ciudadanos de cada país.

En cada país hay muchos ciudadanos diferentes, pero el terror de la persecución tiene la característica de no especificar las causas de la culpabilidad. El terror es realmente que nadie sabe por qué es culpable. Y esto viene, esto viene genialmente de Kafka. Si ustedes leen El proceso, comienza diciendo, Josef K. fue arrestado una mañana sin saber por qué, sin saber las causas de ese arresto. Este es el clima kafkiano del Estado totalitario. El Estado totalitario no tipifica la culpa. Al no tipificar la culpa somos todos culpables. Entonces la delación se torna totalmente efectiva, y cualquiera puede ser víctima de ese terror del Estado.

Entonces, el macartismo es una forma de esa persecución, de esa caza de brujas, es una de sus formas más canallescas que ha tomado en el siglo XX, y por eso lo hemos desarrollado aquí en la medida de nuestras posibilidades, que quizás no sean pocas, aunque no son muchas.

Bueno, chau.