Rodolfo Walsh es una de las figuras más perfectas del escritor comprometido en la Argentina. Su vida y su obra: su militancia en Montoneros, sus libros más importantes como Operación masacre, ¿Quién mató a Rosendo? y algunos de sus cuentos. Además, un análisis de la memorable Carta abierta de un escritor a la Junta Militar.
Rodolfo Walsh es una de las figuras más perfectas del escritor comprometido en la Argentina.
El hecho que dinamita, que impulsa el compromiso de Walsh como escritor y como periodista investigador son las matanzas de José León Suárez. Esto es algo que llega a él y despierta una inquietud sorprendente, inesperada, que lo impulsa a la acción.
Los fusilamientos de 1956 en José León Suárez fueron consecuencia del levantamiento del general Valle también en 1956. Walsh decide investigar este hecho porque sabe que algo muy, muy oscuro, muy turbio, muy cruel, se esconde detrás de ese levantamiento de Valle. Algo clandestino que hay que investigar cuidadosamente. Entonces, esta investigación toma el cuerpo, finalmente, del libro famoso hoy, un libro que es ejemplo del periodismo de investigación, que es Operación masacre. Operación masacre inaugura un nuevo género que también, sin conocer a Walsh, habrá de inaugurar en Estados Unidos Truman Capote con su novela A sangre fría, sobre el asesinato de esa familia a manos de de dos jóvenes asesinos.
Walsh narra frente a una cerveza, pensativo, y alguien se le acerca y le dice: hay un fusilado que vive. Es decir, uno de los fusilados de José León Suárez no ha muerto, vive. A partir de ese momento, Rodolfo Walsh no puede pensar en otra cosa, como todo auténtico creador, como todo auténtico investigador, periodista y hasta humanista. ¿Quién es ese fusilado? ¿Dónde está? ¿Cómo encontrarlo?
Este es un nuevo compromiso en Walsh porque Walsh antes escribía ficciones, ficciones policiales clásicas. La ficción policial clásica es la que nace en Inglaterra como la novela policial de enigma, que su clásico más perfecto es el de Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes. Todos ustedes conocen a Sherlock Holmes, se han hecho más películas de Sherlock Holmes que de Drácula.
El primer libro de Walsh, que escribía mucho en las revistas Leoplán y Vea y Lea, se llama Variaciones en rojo. Hay tres cuentos, tres cuentos largos, tres nouvelles, que componen Variaciones en rojo. Ellos son La aventura de las pruebas de imprenta, Variaciones en rojo, y Asesinato a distancia. El protagonista es Daniel Hernández, que es un héroe de Walsh. Y en verdad, Walsh no va a recordar con cariño estos cuentos porque, para él, estos cuentos son como un juego de la imaginación que nada tiene que ver con la realidad.
En cambio, la tarea que se propone hacer ahora, con la novela de non-fiction que va a escribir, Operación masacre, sí tiene que ver con la realidad, y es su pasaje al policial negro. El policial negro es el policial a la norteamericana, cuyos grandes maestros fueron Dashiell Hammett y Raymond Chandler, con sus detectives Sam Spade y Philip Marlowe.
En los 70, Walsh toma un compromiso distinto, y entra en la organización armada Montoneros. Ahí es muy bien recibido y juega el papel del hombre más culto e inteligente de la organización, a quien le dicen el profesor Neurus. Le dicen el profesor Neurus, que es un personaje de historieta, precisamente por su gran inteligencia.
Nos vamos a ocupar de uno de los más importantes cuentos de Rodolfo Walsh, que lleva por título Un oscuro día de justicia.
En 1967 Walsh ya lo tenía terminado. Y no es casual la fecha, porque en 1967, muere en la escuelita de La Higuera, Ernesto Che Guevara, que es uno de los símbolos del héroe que va a venir desde afuera a salvar al pueblo. Y esta es la idea que Walsh quiere refutar en Un oscuro día de justicia, que se publica, entonces, en 1973, cuando está por regresar Perón. O sea, el mensaje de Walsh, el pueblo debe salvar al pueblo, digamos, por tomar una consigna de la época, es justamente ese. No confiar en los líderes providenciales, el pueblo tiene en sí toda la potencia y toda la garra para salvarse a sí mismo.
La historia de Un oscuro día de justicia pasa en un internado irlandés. En ese internado no se vive una vida fácil porque hay un terrible celador que se llama Gielty, y Gielty se pone sádico, malvado, con un chico de apellido Collins. Y a Collins, Gielty, lo hace pelear constantemente a trompadas con un personaje que se llama El Gato, y que es el protagonista de otro cuento de Walsh, que se llama Irlandeses detrás de un gato.
Collins está desesperado porque El Gato le da una paliza atrás de otra, porque es más fuerte, es más grande, y Gielty no parece desear detener esos combates desiguales. Entonces, Collins apela a su tío Malcolm. El tío Malcolm es una figura mítica, lejana, y Collins le escribe y le dice: tío Malcolm, creo que si él me pega otra vez, me voy a morir. De modo que la carta que le envía al tío Malcolm es totalmente dramática, extrema: me voy a morir.
¿Qué le pide, entonces, al tío Malcolm? Que venga, que venga a salvarlo. Aquí vemos la figura, ya aparecer, la figura del líder que va a venir de afuera a salvar al pueblo, en este caso representado por Collins, pero luego por todos los internados. Malcolm le responde en una carta que pareciera más imaginada por Collins que escrita por Malcolm, una carta en la cual dice: el domingo iré, trompearé al celador Gielty hasta la muerte. Que eso es exactamente lo que Collins quiere, que lo trompee hasta la muerte y lo libere del celador Gielty. Todos quieren eso, todo el internado. Todos, entonces, empiezan a esperar al tío Malcolm. Y a este todo, Walsh le llama el pueblo, desde el comienzo del cuento.
Por fin llega Malcolm. Llega Malcolm. Todos aplauden. Llega Malcolm. Aquí está Malcolm. Malcolm, con los brazos abiertos, responde al clamor de la multitud, que son los internados del internado irlandés. En un primer momento, Malcolm vence al celador Gielty y todos lo festejan y lo aclaman. Pero Malcolm se da vuelta y se enfrenta a ellos y festeja su triunfo, saludándolos, saludándolos, a tal punto que le da la espalda al celador Gielty, quien aprovechando esta circunstancia le da un mazazo terrible que da por tierra con el tío Malcolm.
Entonces, cuando el tío Malcolm cae, y cuando Gielty se retira, el pueblo se da cuenta de que está solo y que debe pelear por si mismo. Nadie va a pelear por mí, dice el pueblo. Yo, el pueblo, tengo que pelear por mí mismo. No debo esperar líderes providenciales, porque toda posible liberación está en mis manos.
Dentro del contexto en que aparece el cuento, que es el regreso de Perón, lo que está diciendo claramente Walsh es: bueno, vayan, busquen a Perón, viven a Perón, hagan lo que quieran con Perón, pero recuerden, recuerden, Perón no los va a liberar. Nos vamos a liberar solos. Perón no es un ángel del destino que baja de ese avión negro para liberarnos a todos. No, nos tenemos que liberar solos. La causa de nuestra propia liberación está en nuestras propias manos.
Luego de Operación masacre, Walsh se concentra en otro texto que va a ser fundamental en la misma línea. Este texto comienza a aparecer en el periódico CGT de los Argentinos, la CGT que dirigía Raimundo Ongaro. Tiene un enorme despliegue en los ambientes universitarios, y confieso que, entre tantos otros alumnos, yo repartía el periódico de la CGT entrando a distintas aulas, diciendo muchachos, compañeros, el periódico de la CGT, y algunos lo agarraban y otros me mandaban a otro lado.
Pero la CGT de los Argentinos fue un gran momento para el sindicalismo argentino. Ahí estuvo Walsh y ahí empezó a publicar ¿Quién mató a Rosendo? con el típico título de el quién mató a Rosendo, del quién mató de la policía clásica, que se llama Who done it, quién lo hizo. Es de 1968, y es un texto en el que opone al vandorismo, un texto opuesto al vandorismo. En ese momento Vandor representaba, para los sectores revolucionarios del peronismo, el ala conciliadora, el ala negociadora, el ala pactista, el ala burocrática. En fin, lo peor. O sea, contra él está escrito ¿Quién mató a Rosendo?
En la pizzería La Real de Avellaneda, en 1966, es asesinado Rosendo García. Este es el punto de partida del libro de Walsh, que es realmente una investigación tan delicada como la de Operación masacre. Quizás mejor escrita, quizás no tan documentada, pero ahí está ese texto que queda y es muy importante. Ahora, no solo sobre esto escribe Walsh, porque es un escritor integral, Walsh. Escribe ficciones, escribe ensayos, escribe artículos, hace política. En fin, el escritor total, tan ausente en estos días.
Uno de los cuentos que escribe es Corso. Corso es un cuento divertidísimo que demuestra que Walsh, y me lo han dicho quienes lo conocieron de cerca, era un tipo muy divertido, era un tipo muy jodón, realmente muy divertido. Y el cuento Corso es dos locos muchachos que van a un corso, estas cosas que se hacían antes, que todavía se hacen, y ven venir a un tipo disfrazado de hindú que tiene una cosita que se echa un poquito de kerosene en la boca, sopla, y con una pluma lanza una bocanada de fuego. Entonces, se consiguen una pluma igual a la del hindú, algo así, y cuando el hindú pasa frente al palco del gobernador de la ciudad, y se tira más que nunca kerosene para largar su bocanada de fuego más potente, uno de los dos atorrantes estos, con la pluma le hace cosquillas en los genitales. Y este se quema vivo, porque se traga todo el kerosene y se incendia por dentro, y Walsh dice, ya no hablaba más en el idioma, porque el hindú iba hablando jaba-laba-jala-balababajaba... Y dice, ya no hablaba más en el idioma, ahora decía la puta que te parió. Y bueno, el cuento es muy gracioso y tiene una página y media.
Walsh pudo seguir dando grandes obras maestras a la literatura argentina, que tanto, tanto las necesita. Pero su militancia en Montoneros lo devoró por completo. Perón muere en 1974 y, a partir de ahí, comienza una violencia de aparatos entre Montoneros (que pasa a la clandestinidad) y las bandas clandestinas del gobierno de Isabel Perón. Walsh señala que ante el reflujo popular no puede haber violencia, algo tan elemental que cualquiera lo debió haber entendido. Cualquiera lo debió haber entendido. Pero bueno, no se entendió.
En este sentido, discute con la cúpula de Montoneros. La discusión es muy fácil. Si nosotros entramos al peronismo para contar con las masas del peronismo, o sea, para que la violencia del aparato montonero, del aparato armado, estuviera anclada en las masas peronistas, que tuviera como base las masas peronistas, ahora que no están las masas peronistas, que las masas peronistas se han vuelto sobre sí mismas y han vuelto a sus casas porque nada más ha alejado a las masas que la violencia de las metralletas, ahora, dice Walsh, hay que también recluirse. El reflujo de las masas debe ser nuestro reflujo.
No le hacen caso, continúan, y la represión de la dictadura se hace cada vez más feroz. Walsh rompe con los montoneros. Mientras los montoneros inauguran el Partido Montonero en Italia con cámaras de televisión, con reportajes, el humilde profesor Rodolfo Walsh, profesor de inglés, se va a San Vicente disfrazado de profesor de inglés. Crea, antes de eso, ANCLA, la Agencia Clandestina de Noticias, que es una formidable usina de información de las atrocidades que pasan.
Las atrocidades que pasan eran conocidas por todos, pero no hasta tal extremo. Pocos llegaron a adivinar la inmensidad del horror y de la crueldad. Walsh sí, y en este sentido la agencia de noticias clandestina, ANCLA, cumplió una función. Pero Walsh cumplió esa función desde la Argentina, desde San Vicente, solo, y preparando su obra maestra: la Carta de un escritor a la Junta Militar.
La Carta de un escritor a la Junta Militar es de una admirable precisión ante todo. La Junta Militar, en 1977, cumplía un año de su asalto al poder. La carta de Rodolfo Walsh tiene dos partes. En la primera parte describe las atrocidades humanitarias de la Junta, y en la segunda parte la parte económica.
En la parte en que describe las atrocidades que la Junta comete contra los derechos humanos de las personas, describe con una minuciosidad increíble, terriblemente informado para un hombre en 1977, escribe: 15 mil desaparecidos, 10 mil presos, 4 mil muertos, decenas de miles de desterrados, son las cifras desnudas de ese terror que ustedes han implantado. Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes, en las principales guarniciones del país, virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, u observador internacional. Eran los campos de concentración cerrados, que llegaron según cálculos de Pilar Calveiro, en Poder y desaparición, a 340 campos de concentración en la Argentina.
Sigue Walsh: el secreto de los procedimientos invocados como necesidad de investigación convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio. Si nadie sabe dónde está detenido el detenido, la tortura puede extenderse ilimitadamente.
La segunda parte, que es la parte económica de la carta a la Junta, Walsh dice: estos hechos que sacuden la conciencia del mundo civilizado no son sin embargo los mayores sufrimientos que han traído al pueblo argentino, el mayor sufrimiento es la miseria planificada. O sea que para Walsh los mayores sufrimientos son la matanza estructural debida al plan económico de Martínez de Hoz. Hace un análisis contundente de la política económica de la dictadura, porque tiene todos los elementos para hacerla. Es notable el manejo que tiene tanto en los datos de los derechos humanos como en el análisis de la economía.
Y la carta tiene un final realmente conmovedor. El ejemplo, el ejemplo del escritor comprometido. Dice: estas son las reflexiones en el primer aniversario de su infausto gobierno que he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta. Y aquí es donde dice: sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí desde hace mucho tiempo de dar testimonio en tiempos difíciles. Y firma: Rodolfo Walsh, cédula de identidad tanto, escritor. Es la reasunción de su propia identidad porque la firma como escritor, ¿eh? Carta abierta de un escritor. Esto en las redacciones de Gente, de Atlántida, de Para Ti. Esta carta, en manos de esos miserables periodistas, era motivo de jarana, de risa. Mírenlo al loco este, cree que va a derrocar a los militares con esta cartita. Bueno, la cartita permanece y los militares van presos.
El 25 de marzo de 1977, Walsh va a tirar su carta al buzón. Aparecen los militares, lo que significa que la cita estaba envenenada. Aparece un grupo de militares armados hasta los dientes, pero Walsh no quiere llegar vivo a la ESMA porque sabe lo que le espera en la ESMA, el horror absoluto. Lleva con él una pequeña pistola calibre 22, y con esa pequeña pistola empieza a disparar. Ese enorme grupo de militares que lo había ido a buscar están tan asustados que ante una pistola 22 ya no se animan a agarrarlo vivo y lo acribillan a balazos.
Caramba, no hubo dos o tres que pudieran enfrentar a un escritor con un matagatos, caramba. Walsh firma, entonces, esa carta con su sangre, con su vida. Es el gesto muy poderoso de un escritor. Digo muy poderoso porque no digo el más poderoso, porque no quiero caer en una exaltación de la muerte. Uno firma muchas cosas con la exaltación de su vida, siguiendo vivo y siguiendo la lucha en la que cree, pero Walsh ahí la firma con su muerte.
Esa muerte hace de él, hoy, un mito perfecto, la figura perfecta del escritor comprometido argentino. Se la jugó, se la jugó a fondo, escribió esa carta maravillosa y la firmó Rodolfo Walsh, escritor, que ha decidido dar siempre testimonio en momentos difíciles.
Chau, hasta luego.