La verdad y el triunfo. Una interpretación de la historia. Aquí ganó el sur. El último bastión rebelde.

1. La verdad y el triunfo

Llegó el momento. Llegó el momento de contar la más triste historia de América Latina, la más oculta. Llegó el momento de contar la guerra del Paraguay, la guerra contra el Paraguay.

En realidad, deberíamos decir ya directamente el genocidio contra los paraguayos. Esta expresión de contra los paraguayos, la hemos tomado del modo en que los armenios quieren que sea nombrada su tragedia. Ellos no quieren que se diga el genocidio armenio porque sienten que así pareciera que son ellos los que cometieron el genocidio. Quieren y prefieren que se diga el genocidio contra los armenios, de modo que nosotros vamos a decir el genocidio contra los paraguayos. Este es el momento de hablar de la gran culpa argentina, silenciada, ignorada, pero nosotros aquí vamos a hablar de ella.

El genocidio contra el Paraguay fue llevado adelante por el Imperio del Brasil, con Pedro II, su monarca, por la Argentina, con su presidente Bartolomé Mitre, y por el Uruguay. Obedeció a un tratado llamado De La Triple Alianza y luego de la triple infamia que firmaron estos tres países. También tuvo una muy, muy importante colaboración en todo esto, y no quiero decir que esto lo organizó Gran Bretaña, pero sí que Gran Bretaña estuvo detrás de esta guerra, sobre todo a través de la monarquía de Pedro II del Brasil, que era el brazo derecho de Inglaterra en América Latina.

Vamos a hablar de un episodio ignorado, tapado, ensombrecido de la historia argentina. ¿Por qué? Porque, como se sabe, la historia la escriben los ganadores, y los ganadores de la guerra del Paraguay se avergonzaron de la terrible matanza que se había hecho en ese país hasta el punto de no haber dejado un solo hombre vivo. Los muertos se calculan entre 600 mil y un millón.

Entonces, la historia liberal va a decir que esa fue una guerra de civilización, de progreso, para derrocar a un tirano feroz. En esto van a coincidir mucho las tendencias de izquierda, que van a decir que en el Paraguay había también un tirano feroz al que había que derrocar. No todos, no todos. Milcíades Peña va a decir que el Paraguay fue el único territorio que intentó un desarrollo autónomo en América Latina y que por eso había que aniquilarlo.

Lo que querían las potencias de la Triple Alianza era abrir el Paraguay al libre comercio. El Paraguay ejercía una economía proteccionista que le había permitido desarrollar astilleros, altos hornos, una industria incipiente única en América Latina. Un país industrial, industrial, protegido de las mercancías que venían del centro del mundo.

Por supuesto, los libros dan la versión del ganador. La versión del ganador es: han llevado el librecambio, la civilización y el progreso a la China de América, como lo llamaba Sarmiento, al Paraguay. Pero, como ustedes saben, o empezamos a saber, no hay una sola interpretación de los hechos. Nietzsche decía: no hay hechos, hay interpretaciones. Es decir, las verdades colisionan entre sí y la verdad definitiva, o al menos provisoria, mientras dure ese poder, es la que el poder, el que ha ganado la batalla, impone. Por eso, en la guerra del Paraguay, la verdad es la del liberalismo de Buenos Aires, la de la monarquía del Brasil y, en última instancia, también la de Inglaterra.

Pero nosotros vamos a dar nuestra verdad. Nosotros creemos que se trató de un genocidio innecesario, de una crueldad innecesaria, injustificable, y de una vergüenza para nuestra patria.

2. Una interpretación de la historia

Hay algo que queremos dejar bien en claro. Nosotros no hacemos revisionismo histórico. A ver si aclaramos esto. El revisionismo histórico nace en 1930 con el Instituto Nacional de Investigaciones Juan Manuel de Rosas. Nace para justificar la figura de José Félix Uriburu en el golpe del 30. Entonces los revisionistas querían, con la figura de Uriburu, fortalecerla con la de Rosas.

Ahí nace el revisionismo, hay grandes autores revisionistas, Font Ezcurra, Manuel Gálvez, Carlos Ibarguren. Después hay un revisionismo en los 70 con Jauretche, Scalabrini, Abelardo Ramos, etcétera, etcétera. Pero eso quedó atrás. Ustedes observen: la debilidad del revisionismo es que el revisionismo revisa a la historia oficial, depende de ella. Nosotros no dependemos de la historia oficial porque nos paramos en otro terreno. Queremos hacer una nueva historia, no revisar la historia oficial. Vamos a volver sobre esto porque es muy importante que quede claro: el revisionismo es la contracara de la historia oficial. Nosotros no queremos ser eso, queremos hacer una nueva interpretación de la historia, y no depender de la negación de la historia oficial como lo ha hecho el revisionismo.

La historia que estamos narrando, es decir, esta historia del Paraguay, es parte de la historia de la modernidad occidental capitalista. No se puede entender esa guerra sin entender qué es la modernidad capitalista. El capitalismo es un sistema global que, en efecto, nace en 1492, cuando Colón invade América, y a partir de ahí surge un sistema mundo que es la globalización capitalista que la impone desde sus orígenes.

No es algo nuevo de ahora. El capitalismo intenta globalizar el mundo desde sus orígenes. En este sentido, hay una enorme, enorme creatividad histórica de la burguesía capitalista, cantada con enorme entusiasmo por Karl Marx en El manifiesto comunista. Como dice Marshall Berman, pareciera que Marx, en lugar de enterrar al capitalismo, ha venido a cantar su gloria. Porque en efecto pocos han quedado tan enamorados del factor destructor de la burguesía sobre las formas feudales y atrasadas que Karl Marx, porque confiaba que luego vendría el proletariado a destruir a la burguesía.

El imperio británico en el siglo XIX desarrolla su política imperialista con una agresividad inédita en la historia. Es una gran potencia imperialista. ¿Qué relación tiene esto con la guerra del Paraguay? Bueno, Inglaterra necesitaba algodón porque el sur de los Estados Unidos había sido derrotado. El sur de los Estados Unidos era el proveedor natural de algodón de Inglaterra. Derrotado por el norte, Inglaterra necesita otro proveedor de materias primas baratas en cuanto al algodón, y ahí está el Paraguay.

Entonces, Inglaterra hace con su colonialismo, integra la modernidad capitalista nuevas naciones: China, India, Irlanda, que es una colonia blanca ahí lateral a Inglaterra que la invade, y otras naciones. Pero sobre todo China y la India son integradas por el colonialismo británico a la modernidad capitalista bajo las consignas de la civilización, el progreso y la cultura. En realidad, lo que va a resultar de eso es la ruina de las colonias colonizadas por el imperio.

Incluso, la Revolución de Mayo de la Argentina se hizo para salir de la vieja dominación monárquica española, vieja, devenida, odiada por la élite ilustrada de Buenos Aires, y entrar en la modernidad capitalista británica y francesa. Eso fue nuestra Revolución de Mayo, muy inteligentemente hecha por Moreno, que se dio cuenta: miren, señores, si seguimos dependiendo de España, seguimos dependiendo del atraso. Vamos a establecer modernas relaciones de producción capitalista con Gran Bretaña y vamos a entrar en la senda del progreso.

La guerra del Paraguay es parte del arrasamiento que Inglaterra hace con los territorios colonizados. Donde entra Inglaterra, entra el poder. Los soldados ingleses conquistan los territorios colonizados, y se quedan ahí. Esto es el colonialismo.

Por otra parte, Buenos Aires, que tiene muy buenas relaciones con Inglaterra, a partir de la batalla de Pavón de 1861, decide eliminar al gauchaje federal, tal como Inglaterra elimina a los hindúes rebeldes en la India, o en Arabia, o en Argelia, como lo dice Sarmiento en el Facundo. Sarmiento dice: las hordas que importunan a los países civilizadores en Oriente son las mismas que molestan el progreso, que estorban el progreso argentino en las provincias.

3. Aquí ganó el sur

Vamos a añadir otro elemento fundamental para entender la guerra del Paraguay. Para entender la guerra del Paraguay hay que concentrarse detenidamente en la guerra de secesión de Estados Unidos que transcurre de 1861 a 1865. Esta guerra fue terriblemente cruenta pero fue decisiva para el destino de Estados Unidos.

La guerra del Paraguay, y nada curiosamente, porque la historia es la historia y todo tiene que ver con todo, la Argentina no es una isla apartada como han querido muchos historiadores. Tiene que ver con todo lo que ocurre en el mundo. Cuando termina la guerra de secesión y es derrotado el sur algodonero, es cuando Inglaterra, Inglaterra, que no es el factótum de la historia argentina, pero que ha tenido mucho que ver con la historia argentina, necesita algodón porque el sur de los Estados Unidos ya no se lo puede dar porque ha sido derrotado.

¿Por quién ha sido derrotado? Lógicamente ha sido derrotado por el norte industrialista de Abraham Lincoln, que era un tipo que llevaba adelante un proyecto industrialista de un país moderno, que iba a crear un mercado interno que consumiera las mercancías de la industria del norte. Ahora, aquí, desgraciadamente, gana el sur. Lo que en Estados Unidos fue el sur del monocultivo, de la aristocracia, del goce, de la facilidad, de la no-industriosidad, Aquí gana ese sur, que vive de la abundancia fácil, el sur. Mitre es aquí Jefferson Davis o Robert E. Lee, los ídolos, los héroes del sur. Eso representa Mitre sin la grandeza de Jefferson Davis.

Entonces, Inglaterra con el triunfo del industrialista Lincoln y con la derrota y el arrasamiento del sur, se queda sin algodón. Entonces acá tenemos que imaginar a los grandes ministros y políticos ingleses mirando un gran mapa del mundo, y preguntándose ¿dónde hay algodón? Obviamente ven que hay algodón en el Paraguay, pero el Paraguay está cerrado. No comercia porque es un país proteccionista. ¿Quién gobierna el Paraguay? Un tirano, un tirano terrible, el mariscal Francisco Solano López. ¿Qué tenemos que hacer? Abrir ese país. Le dicen la China de América. Y bueno, si abrimos la China a cañonazos, hay que abrir el Paraguay a cañonazos.

No directamente nosotros, dicen los ingleses, pero sí nuestros asociados de América Latina. La guerra no la hace directamente Inglaterra, pero juega un papel muy importante. El principal papel lo juega la monarquía de Pedro II, que es un gran socio de Inglaterra en América Latina. Es la mano derecha de Inglaterra. Pero también, un papel importantísimo, lo juega el presidente Mitre, que manda a sus soldados al frente, a toda la juventud dorada de Buenos Aires, a la cual le dice alegremente, como un gran porteño bravío: en tres días en los cuarteles, en tres semanas en el frente, en tres meses en la Asunción. La guerra duró cinco años.

Argentina, ¿por qué hace esta guerra? Brasil, ¿por qué hace esta guerra? Brasil, porque quiere seguir teniendo detrás de sí el respaldo de la potencia más importante del mundo, que es Inglaterra. Y Argentina, porque quiere tener muy buenas relaciones con Inglaterra. Y esto Mitre lo sabe. Incluso hay un discurso muy famoso, que si quiero no lo cito, pero es bueno citarlo. Un discurso en el que Mitre dice: brindo por el esfuerzo argentino en el capital británico.

Esto quiere decir que necesitaban el capital británico para hacer los ferrocarriles, para arruinar el interior tal como lo arruinaron trayendo las mercancías británicas. Las mercancías británicas entraron en el país traídas por la burguesía mercantil del puerto y arruinaron todo el interior. Y así quedó el país, ustedes lo saben. No se hizo un país, se hizo una gran ciudad, y un, digamos, y un desierto, que fue el interior derrotado.

4. El último bastión rebelde

Mitre tiene muchísimos problemas en la guerra contra el Paraguay. Entre los más importantes es que hay batallones enteros que desertan del frente paraguayo y se van a unir a las montoneras mediterráneas que en ese momento aparece para liderarlas un caudillo excepcional, el coronel Felipe Varela.

Felipe Varela monta a caballo, ¿y contra quién va a pelear? Hay un libro muy hermoso de Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde. Ustedes disculpen, pero ese libro existe, no se borra, y aquí lo vamos a recordar. Escribió un libro que se llama Felipe Varela contra el Imperio Británico. Es un título poético porque ¿quién imagina a ese caudillo flaco, quijotesco, contra el Imperio Británico? Pero igual peleaba contra el Imperio Británico porque peleaba contra Mitre y contra Buenos Aires, que representaban al Imperio Británico.

Felipe Varela escribe una proclama en 1866 y un manifiesto en 1868. Y defiende al Paraguay, a la que llama provincia hermana de la Argentina. O sea que aquí hay un núcleo entre el Paraguay, las montoneras mediterráneas, las montoneras puntanas con Juan Saá, y están esperando que se levante Urquiza para marchar sobre Buenos Aires. Solano López, Urquiza, Felipe Varela, Juan Saá. Una fuerza poderosa. Qué historia interesante la nuestra, ¿no? Nunca hubo en ningún país colonial una fuerza tan poderosa contra el colonialismo.

Ahora, el Paraguay es lo que podríamos considerar el último bastión contra la llamada civilización de Buenos Aires. Y este último bastión está unido a las montoneras del interior mediterráneo. Entonces, para Mitre, destruir al Paraguay, como dice Juan Bautista Alberdi, era una cuestión totalmente interna de la Argentina. Destruir al Paraguay era destruir por completo las rebeliones del interior mediterráneo y del gauchaje federal.

La excusa que tienen los civilizadores es que el Paraguay está dominado por un terrible tirano. Esto nos suena, porque en realidad hoy en día territorio que invade Estados Unidos es para liberarlo del terrible tirano que lo está dominando, ¿no? Sadam Huseín, por ejemplo. Vamos a liberar Bagdad, vamos a liberar Irak. Bueno, las cosas no han cambiado mucho. Lo que está diciendo Mitre es: vamos a liberar al Paraguay de ese tirano terrible, Francisco Solano López, que lo está asfixiando. Vamos, llevemos ahí la libertad, la civilización, el progreso. Destruyámoslo todo y ahí entremos nosotros, que somos eso, el progreso.

Ahora, sin embargo, el Paraguay, claro, y este es el gran agravio del Paraguay, el Paraguay tenía una economía proteccionista, no liberal como era la economía que animaba a Mitre y a Inglaterra. La economía proteccionista le había permitido cerrarse sobre sí y desarrollar sus industrias, para lo cual el Paraguay había llamado a ingenieros europeos.

Y esta es la gran diferencia entre Francisco Solano López y Juan Manuel de Rosas. Juan Manuel de Rosas siempre le tuvo un odio enorme al gringaje y no hubiera traído nunca ingenieros europeos. Francisco Solano López no. Manda a su hijo a educarse a Europa, y trae ingenieros europeos para hacer del Paraguay el país industrialista que quiere hacer. Y un país industrialista tiene que ser proteccionista. Como dice Marx en algún texto, el proteccionismo es una de las maneras de crear la industria. Se refiere a Bismarck y Alemania.

Ahora, como el Paraguay se resiste, la consigna es arrollarlo a cañonazos, como Inglaterra hizo con la China cerrada y barbárica. Argentina y Brasil hacen esta guerra por sus propios intereses, por supuesto, por los intereses internos que tienen que vencer (ya ha sido desarrollado), pero también porque tienen detrás al poderoso imperio dentro de cuya modernidad capitalista quieren integrarse. Entonces, es Inglaterra la gran potencia que está detrás del Tratado de la Triple Alianza.

La guerra, terriblemente, dura cinco años. Es un genocidio. Como dije, mueren entre 600 mil y un millón de paraguayos. En verdad, el genocidio es completado por el Imperio del Brasil, que es el que, con una saña brutal se arroja sobre los restos de las tropas de Solano López. Ahí se produce la gran masacre que está a cargo de las tropas de Pedro II, porque Mitre, derrotado, en Curupaytí prácticamente abandona la guerra, que queda en manos del Brasil y su crueldad.

En conclusión: esto fue un genocidio. No hay otra manera de calificarlo. Fue el genocidio contra el pueblo del Paraguay llevado adelante por tres países que lucharon contra un pequeño país y lo aniquilaron. Esa es nuestra conclusión evidente.