Mitre y Solano López: el encuentro en Yataytí Corá. Un rechazo doloroso. El colonialismo de Buenos Aires. Feudalismo y retroceso.

1. Mitre y Solano López: el encuentro en Yataytí Corá

La Guerra del Paraguay se desarrolla de 1865 a 1870, fecha en la que el Paraguay prácticamente deja de existir. El Tratado de la Triple Alianza era de 1865 y ahí ya estaba establecido que esa guerra iba a ser llevada hasta las últimas consecuencias, es decir, que esa guerra era una guerra de aniquilación de la República del Paraguay.

La gran excusa de Mitre para iniciar la guerra es que Solano López ataca dos barcazas de Mitre, lo cual es considerado por Mitre el motivo como para declarar la guerra (que ya había sido declarada antes, pero en secreto), y declara la guerra públicamente.

Los verdaderos motivos de la guerra al Paraguay es abrir el Paraguay al libre comercio. No podía existir en América Latina un solo país que no estuviera encuadrado dentro de las leyes del libre comercio. En este sentido, el Paraguay era un foco ajeno a la legalidad que se intentaba imponer en América Latina. Liquidar, además, el foco paraguayo era terminar con las montoneras del interior mediterráneo que encabezaba Felipe Varela. Ese interior mediterráneo denunciaba a Buenos Aires como el foco de un colonialismo interno: Buenos Aires había reemplazado a Madrid en el dominio de los territorios internos.

De este modo, entonces, hay un encuentro muy importante entre el general Mitre y el general López, en Yataytí Corá. Se encuentran el 12 de septiembre de 1866. Este encuentro es decisivo y Solano López asiste a este encuentro con la esperanza de establecer una paz que detenga la guerra. Este texto está contado, nada menos que por José Luis Busaniche, un gran historiador argentino que no es ni liberal ni revisionista, que es un honesto historiador y que fundamenta muy bien lo que dice. El libro es Estampas del pasado, un libro delicioso.

Mitre le dice a López que él tiene que respetar lo que ya ha pactado con las otras dos naciones que firmaron el Tratado de la Triple Alianza. Le contesta que él está sujeto a lo que se ha comprometido a hacer con el Brasil y con Uruguay. López le dice que él conoce el Tratado de la Triple Alianza, y que no puede aceptar las condiciones que se establecen en ese tratado, porque en verdad, aunque López algunas cláusulas no las debe haber leído, las cláusulas más secretas, más poderosas, eran las que implicaban el aniquilamiento completo del Paraguay. Ahora bien, López le hace saber a Mitre que si se intenta arrinconarlos y exterminarlos, ellos van a resistir hasta el último hombre.

Dentro de esta guerra, a fines de septiembre, se da la batalla de Curupaytí, que es una batalla trágica para las fuerzas argentinas. Pero de esta batalla, Mitre da vuelta a la historia oficial y la transforma en una batalla que expresa el infinito coraje de los soldados argentinos. En lugar de mostrar el desastre de la batalla, lo que se muestra es qué coraje tenían los soldados argentinos que embestían las trincheras paraguayas, caían como moscas, pero caían heroicamente. Es así como está la anécdota en que Mitre le dice a Sarmiento: usted me entregó un hijo, yo le devuelve un héroe, porque Dominguito, el hijo de Sarmiento, muere en Curupaytí.

Mitre abandona el frente y ahí ya la guerra queda en manos del Brasil, que será el que va a completar el genocidio de un modo realmente atroz. Vamos a hacer una reflexión final después sobre por qué se llega a tal extremo, y vamos a ver si no hay ahí alguna responsabilidad del mariscal Francisco Solano López.

2. Un rechazo doloroso

Vamos a analizar, pensar, la derrota de Mitre en Curupaytí, que decidió la guerra para Mitre, decidió su retiro de la guerra del Paraguay.

En el libro de Busaniche que mencionamos, Estampas del pasado, Busaniche toma el relato que hace de la batalla de Curupaytí el soldado Fotheringham, que estuvo en esa batalla y la narra muy detalladamente, pero, a la vez, transformándola de algún modo en una heroicidad del ejército mitrista.

Dice que los soldados de este ejército, heroicamente, nada pueden... Nada puede el valor heroico contra las zanjas que han hecho los paraguayos, contra el campo inundado, contra los abatís puntiagudos, como son esos gajos de árboles seculares y de dureza de hierro. Se dan el lujo y la temeridad de morir, dice, y es lo que hacen. Es decir, este soldado que está ahí, este británico, cuyo testimonio recoge Busaniche, dice que los soldados de Mitre se dan el lujo de morir porque tal es su temeridad que no se frenan ante nada.

Entonces, también lo pinta a Mitre con un coraje enorme. Que cerca de él estalla una granada y Mitre ni se inquieta, tal es su coraje que puede estallar una bomba ahí y sigue traduciendo la Divina comedia del Dante. Esto les debe hacer recordar, quizás, una escena de Apocalypse Now, donde el personaje del teniente Kilgore, Robert Duvall, está así, estalla una ráfaga de ametralladora ahí, y él sigue hablando tranquilamente.

Este hombre inglés narra la derrota cuidadosamente. Entonces, habla de los errores de los cañones brasileños que tendrían que haber aniquilado la fortaleza de Curupaytí y, sin embargo, la pasan por encima, lejos de dar en el blanco. Entonces, esto determina que, claro, que los hombres de Mitre son aniquilados. La conclusión que saca es que no es un ejército abatido por la derrota, que es un ejército que marcha con la rabia de la impotencia, con una ira, dice, reconcentrada e irrazonable, pues no comprende o no admite que se haya estrellado contra lo imposible. Pero no lo admite porque es tal el valor de este ejército que marcha contra un enemigo más poderoso, pero es tal su patriotismo que no dejan de marchar.

Entonces, concluye, ni ellos son victoriosos ni nosotros hemos sido derrotados. Ha sido sí un rechazo doloroso. Un rechazo doloroso en una batalla donde han muerto miles y miles de soldados se les llama solamente un rechazo doloroso porque ahí se explayó el patriotismo de los ejércitos argentinos.

Ahora bien, ¿por qué sucedió esta derrota a un ejército de hombres tan valerosos? Mitre no lo dice nunca. No lo dice nunca. Se retira del frente, se encarga de la represión de las montoneras gauchas que se han alzado contra su gobierno, e intenta detener a los desertores de su ejército en la Guerra del Paraguay. Debe haber estado muy, muy amargado el general Mitre en esos momentos. No dijo una palabra de la derrota en Curupaytí.

3. El colonialismo de Buenos Aires

No es simplemente, como lo presenta el general Mitre y Buenos Aires, una guerra de la civilización contra la barbarie. Por el contrario, hay muchos intelectuales que se oponen a esta guerra. Son intelectuales que han formado parte de la confederación urquicista, la confederación argentina, que se nucleó alrededor del general Urquiza, del cual Alberdi representó las relaciones exteriores de la Confederación.

Son, entre otros, Carlos Guido y Spano, Alberdi, Andrade, los hermanos Hernández, todos son intelectuales que van a escribir duramente contra la guerra del Paraguay, tal como lo hace Varela en el manifiesto de 1868, que es uno de los textos más importantes de la historia argentina y que debería ser estudiado en los colegios.

La guerra del Paraguay no solo es la guerra de Buenos Aires contra el Paraguay, es también la guerra del conflicto de Buenos Aires con las provincias argentinas. Este monopolio interno, este colonialismo interno que lleva Buenos Aires contra las provincias argentinas es parte de la guerra del Paraguay.

Las provincias, al apoyar a la hermana República del Paraguay, como dice el manifiesto de Varela, se tornan entonces en terribles enemigas de las tropas del general Mitre. Y el manifiesto de Varela dice claramente, claramente: Buenos Aires, a título de capital, es la provincia única que ha gozado del enorme producto del país entero. Estas son las teorías de Alberdi. Buenos Aires se ha adueñado del puerto y de la aduana, y goza así, para sí misma, de las rentas del país entero.

Luego de la Batalla de Cepeda de 1859, las provincias ceden por cinco años las rentas de aduana a Buenos Aires. Solano López hace aquí de mediador entre las provincias y Buenos Aires. Así que desempeña un papel interno de mediador ahí después de la batalla de Cepeda. Buenos Aires es una provincia poderosa y afortunada porque la batalla de Cepeda la había perdido.

Ahora, sigue Varela en su manifiesto diciendo: es por estas incontestables razones que los argentinos de corazón y, sobre todo, los que no somos hijos de la capital, hemos estado siempre del lado del Paraguay en la guerra que, por debilitarnos, por desarmarnos, arruinarnos, le ha llevado Mitre a fuerza de intrigas e infamias a la nación entera, y también al Paraguay. Es decir, la que está triunfando aquí es la egoísta Buenos Aires que hace de esa guerra, y de la guerra a las fuerzas federales del interior, una experiencia de dominio, de colonialismo interno, en la cual va a asumir el papel del colonizador.

Varela, a su vez, durante todo el manifiesto, le pide a Urquiza que monte a caballo. Esta es una muy linda expresión que usa Varela: General Urquiza, monte a caballo por el federalismo. No se pudo armar una fuerza poderosa contra Buenos Aires que hubiera sido el Paraguay, las montoneras mediterráneas, y Urquiza, si Urquiza hubiera montado a caballo, como le pide Varela, pero Urquiza no lo hace y la victoria es de Buenos Aires.

De todos modos, Inglaterra apoya a Mitre porque quiere materias primas, y sabe que Mitre no es proteccionista, y Mitre se las va a dar.

4. Feudalismo y retroceso

La historia nunca se puede explicar por la acción de un solo individuo. Por lo tanto, la guerra de la Triple Alianza y la historia de la Argentina no se puede explicar por la traición de Urquiza a la causa del federalismo. Las cuestiones son más complejas.

De hecho, Inglaterra apoya a Mitre porque ve en Mitre al hombre del librecambio, así como apoyó al sur en Estados Unidos, Inglaterra, porque el sur era también el que apoyaba el librecambio y el que proveía a la metrópoli de las materias primas. Inglaterra necesitaba materias primas baratas de los territorios periféricos porque ese era el taller del mundo. Entonces, va a apoyar a Mitre en esta cuestión de la guerra del Paraguay.

En los póstumos 5, Juan Bautista Alberdi hace una descripción muy precisa del papel de la relación de la guerra civil norteamericana con la guerra de secesión de Buenos Aires, porque Buenos Aires se secesiona de la Confederación Argentina que dirigía Urquiza, en tanto que el sur también se secesiona del norte de Lincoln para poder llevar adelante su economía de monocultivo. Allá gana Lincoln contra Jefferson Davis y Robert E. Lee, que es el que pierde la batalla de Gettysburg. Pero acá, en Inglaterra, que apuesta por Mitre, Mitre, aunque pierde en Curupaytí, gana en el resto del país.

Ahora, cuando Alberdi compara a Mitre con Lincoln, dice que Mitre no es Lincoln, que Mitre es Jefferson Davis, el presidente del sur, y ni siquiera lo es con el coraje y la grandeza histórica con que Jefferson Davis supo llevar al sur a la derrota. Y dice: Lincoln ha muerto por la libertad de los negros en América, mientras que Mitre expone hoy su vida por la esclavitud de los negros como aliado del Brasil.

O sea, esto es muy concreto. Lincoln muere por la libertad de los negros y Mitre es el aliado del imperio esclavócrata del Brasil. Lincoln, dice Alberdi, era el instrumento providencial de la república, de la república industrialista, poderosa, que hace un país con un mercado interno. Mitre es el instrumento de la monarquía esclavizante del Brasil. Esto es tremendo, porque es aplastante, ¿no? Lincoln representa la modernidad capitalista de un país en tanto Mitre se une a un imperio esclavista. Y Alberdi termina diciendo: la Revolución en Norteamérica ha tenido un triunfo de civilización y progreso, en el Plata de feudalismo y retroceso. Este es un texto también definitivo y que revela la inteligencia de Alberdi.

Alberdi dice lo opuesto a Sarmiento. Sarmiento dice que la civilización es la que lleva a Buenos Aires al interior. En este sentido, para Sarmiento, Mitre sería el Lincoln y él, sobre todo, el Lincoln de la Argentina. En cambio, José Hernández, cuando escribe su Biografía del Chacho, que ha sido asesinado en 1861 por el mayor Irrazábal, que le clava una lanza y luego cortan la cabeza del Chacho Peñaloza para exhibirla en una pica en la Plaza de Olta, Hernández escribe un folleto que comienza así:

El partido que invoca la ilustración, la decencia, el progreso, acaba con sus enemigos cosiéndolos a puñaladas.
¡Maldito sea, maldito! Mil veces sea maldito el partido que ha envenenado a la República con sus crímenes.
El partido que hace de la República Argentina el teatro de sus sangrientos horrores.

Fíjense qué texto violento el de José Hernández, que invierte los términos: Buenos Aires es la barbarie. Buenos Aires es la barbarie porque asesina a Peñaloza. Pero Urquiza no monta a caballo, como le pide Varela, y el triunfo final, como todos sabemos, es de Buenos Aires.

¿Qué hubiera ocurrido si hubieran triunfado las provincias? Bueno, Milcíades Peña, que es un historiador muy serio, dice que no hubiera ocurrido nada distinto y que en caso de que Felipe Varela se hubiera sentado en el sillón de Rivadavia, tendría que haber hecho lo que hizo Mitre. No exactamente, creo yo. Creo que Felipe Varela o Urquiza, en caso de haber optado por el federalismo, habrían hecho un país que contemplara un poco más las necesidades del resto de la República y no solamente las de Buenos Aires.

Curupaytí es el momento decisivo de la Guerra del Paraguay. Ahí Argentina se retira, Mitre se retira, y la guerra sigue ahí en manos del Brasil hasta la aniquilación total del Paraguay en Cerro Corá con la muerte de Francisco Solano López. Solano López dice, las palabras finales son: muero con mi patria. En realidad, tenía razón, moría con su patria. Con su epopeya moría el Paraguay.

Hasta luego.