La década infame. El hombre que está solo y espera. FORJA y el peronismo. Una conciencia nacional.
Hoy nos vamos a ocupar de uno de los considerados fundamentales pensadores de la corriente nacional. O sea, nos vamos a referir a Raúl Scalabrini Ortiz.
Raúl Scalabrini Ortiz nace en 1898, dos años antes del inicio del nuevo siglo. Fue un prolífico escritor, más de ensayos que de ficción, aunque hizo una ficción casi imperecedera de la que vamos a hablar. Perteneció y fue fundador del grupo FORJA, y en ese grupo coincidió con otros muy importantes pensadores de la época, activistas políticos, hombres ingeniosos, como Arturo Jauretche.
¿Cuál es el contexto de FORJA? El contexto de FORJA es el siguiente: Yrigoyen murió, el radicalismo está en la proscripción, gobierna el general Justo luego del golpe de 1930, con el cual Uriburu derroca a Hipólito Yrigoyen. Luego de derrocar a Hipólito Yrigoyen, Uriburu es desplazado por los viejos y antiguos sectores de la oligarquía argentina, que ponen al general Justo. El general Justo era un general medio gordo que siempre sonreía. La década que va de 1930 a 1940 fue llamada por el ensayista José Luis Torres la década infame. Se ve que José Luis Torres no conoció otras que vendrían después.
¿Quién es Hipólito Yrigoyen? Hipólito Yrigoyen es el que, a través de un pacto con Sáenz Peña, representante de la oligarquía argentina, llega a dar cobertura político-electoral a los sectores inmigrantes. Yrigoyen, sin embargo, y pese a ser el representante de sectores populares, tiene que enfrentarse a varios conflictos con sectores populares, pero no de las clases medias a las cuales él venía a representar (a las clases medias y a los sectores agrarios pequeños, sobre todo del litoral), sino con las clases proletarias que estaban constituidas por las ideologías del anarquismo.
En todos estos casos, Yrigoyen apela a la represión violenta, en la cual él realmente siempre parece permanecer en un segundo plano, porque en la huelga de Vasena está el general Dellepiane y en las huelgas del sur está el coronel Varela, como los ejecutantes de las atrocidades represivas. Cuando Yrigoyen es sucedido en el gobierno por Marcelo T. de Alvear, el país aristocrático oligárquico respira más tranquilo, sin embargo, porque Alvear es todo un gentleman.
Sin embargo, Yrigoyen logra volver al gobierno en 1928, pero ya bastante viejo y enfermo. Es derrocado en 1930. ¿Quién asume? Asume Uriburu, pero Uriburu dura muy poco porque Uriburu era un fascista y la Argentina tiene relaciones fundamentales con Gran Bretaña, que no lo quiere a Uriburu. Entonces asume Agustín P. Justo.
Bien, sobreviene aquí la crisis del 30 que echa por tierra todo el esquema de la generación del 80. Se acabó la Argentina granero del mundo. La crisis del 29 hace entrar en deterioro los términos de intercambio entre los productos industriales con valor agregado y los productos primarios de la tierra de los que había vivido fácilmente nuestra oligarquía, y había recorrido medio mundo con sus vacas. Ahora, entonces, Argentina, desesperada, manda al hijito de Julio Argentino Roca a Inglaterra para negociar las carnes. Señores de Gran Bretaña, por favor compren nuestras carnes porque si no la Argentina se hunde, porque debemos quizás reconocer que el esquema agropecuario que habíamos implementado era equivocado, que el mundo es más complejo que vivir de las vacas y del trigo. Hacen un pacto, el pacto Roca-Runciman, esto es conocido más o menos, que Arturo Jauretche en una frase famosa llama estatuto legal del coloniaje.
Aquí en esto que se llama la década infame aparecen algunos pensadores nacionalistas que denuncian la entrega de la riqueza del país a Inglaterra y el sometimiento servil de las clases dominantes de la Argentina a Inglaterra. Surge, entonces, FORJA en 1935. ¿Qué es FORJA? FORJA es la lucha en la década infame, así se la llama. FORJA, en última instancia, conceptualmente, es la siempre renovada posibilidad de que un grupo pequeño luche en medio de la mayor adversidad, de la mayor entrega del país, de la mayor humillación del país. Hay un grupo pequeño que testimonia por su dignidad. Esto es lo que hacen los hombres de FORJA.
Entre los hombres de FORJA se destaca Raúl Scalabrini Ortiz, que es de él de quien estamos hablando en este programa y es a él a quien le está dedicado.
Raúl Scalabrini Ortiz es uno de los hombres que más se destaca dentro del grupo de FORJA.
En 1931, Scalabrini Ortiz escribe quizás su obra maestra o su obra, digamos, literaria más ambiciosa, porque sus otras obras no son literarias, son obras de investigación. Pero ahí, en 1931, escribe, publica, El hombre que está solo y espera. Gana, tal como lo deseaba ganar (porque lo deseaba ganar fervientemente), el Premio Municipal de Literatura.
El hombre que está solo y espera es el hombre de Corrientes y Esmeralda. Tiene todo el libro una impronta claramente porteña, digamos que podría ser el Facundo porteño o el Martín Fierro porteño, más claramente, digámoslo así. Tiene una visión centralista de la Argentina porque el libro está centrado en Corrientes y Esmeralda, está centrado en Buenos Aires, es el hombre de Corrientes y Esmeralda. En este sentido, no tanto hay un desdén hacia las provincias, sino que hay un desdén hacia el inmigrante. Pero esto está retomado del Martín Fierro, que el Martín Fierro tiene un profundo desdén por el inmigrante. De todos modos, creo que Scalabrini Ortiz intenta hacer como una ontología del hombre porteño, y el título tiene muchas lecturas. ¿Qué es el hombre que está solo y espera? ¿Cómo podemos interpretar ese título un tanto extraño? ¿Qué espera este hombre apoyado en la esquina de Corrientes y Esmeralda?
Este filósofo es muy famoso. Se llama Alain Badiou. Alain Badiou tiene una teoría acerca del acontecimiento. Habla todo el tiempo del acontecimiento. Y en su interpretación de la gran obra de Samuel Beckett, Esperando a Godot, generalmente se sabe, Vladimir y Estragon esperan durante toda la obra a un personaje que se llama Godot y que dice que va a venir. Godot no viene, no viene, no viene, y ese es el sentido de las vidas de Vladimir y Estragon, esperar a Godot.
Ahora, Badiou dice que el mensaje es positivo porque la actitud esencial del hombre es la espera. Está totalmente equivocado, porque Vladimir y Estragon llevan una vida totalmente inauténtica, porque han puesto todos sus anhelos, deseos, posibilidades, pasiones, en un tal Godot que alguna vez va a venir. El hombre no hace la historia esperando que algo acontezca, sino que hace la historia, hace la historia, produciendo hechos, haciendo que las cosas acontezcan a través de su praxis histórica. No está sentado esperando el acontecimiento medio místico de Badiou, que no en vano viene del último Heidegger, sino que los hombres hacen la historia, y hacen que las cosas acontezcan.
Volvemos a Scalabrini Ortiz luego de este breve rodeo. Luego de El hombre que está solo y espera, Scalabrini Ortiz se dedica a investigaciones históricas, a investigaciones puntuales, y económicas. Se ocupa de los ferrocarriles argentinos, del petróleo, de la relación de Argentina con Inglaterra, y de la unidad latinoamericana, nada menos. O sea que abarca temas fundamentales sobre los cuales se explaya con mucho fundamento porque es un hombre realmente estudioso.
Estos trabajos aparecen en los cuadernos de FORJA, que son folletos que eran muy leídos, y en este sentido puede decirse que FORJA era un grupo muy activo, que no solo se dedicaban, digamos, a intercambiar ideas entre ellos, sino que editaban folletos de enorme valor, y de un valor que desmitificaba toda la ideología de la Argentina oficial, que tendía a decir: nuestra alianza con Inglaterra es lo que permite nuestro progreso. FORJA dice que no.
En 1940, Scalabrini Ortiz publica Historia de los ferrocarriles argentinos, que es un libro fundamental y que va a ser muy copiado por todos los que estudien luego los ferrocarriles argentinos, y que va a ser muy estudiado seguramente por el general Perón, aunque Perón no lo diga. Pero la Historia de los ferrocarriles argentinos, lo que fundamentalmente dice, es que los ferrocarriles argentinos fueron diseñados por Gran Bretaña, y fueron diseñados en beneficio de Buenos Aires. Todas las líneas tienden hacia Buenos Aires, no hacia las provincias. Los ferrocarriles argentinos, en suma, están al servicio del poder de Buenos Aires, que es la provincia metrópoli que negocia con Gran Bretaña.
La vida política de la década del 40 se caracteriza fundamentalmente por el ascenso del peronismo al poder. El coronel Perón surge con el Grupo de Oficiales Unidos, el GOU, que es un grupo de oficiales nacionalistas. Perón es el que tiene una clara visión de que con los migrantes internos que han llegado a Buenos Aires él puede crear una fuerza política poderosa y, en efecto, la crea.
Ahora, ¿cuál es el destino de FORJA en esto? FORJA tendría que haber, digamos, confluido en el peronismo de un modo natural. Porque si FORJA surgió como respuesta a la década infame, también Perón es la respuesta a la década infame, es decir, a la Argentina entreguista, a la Argentina británica, a la Argentina antiobrera. Pero FORJA no consigue entrar en el peronismo, a lo sumo Jauretche, que creo que es presidente del Banco de la Provincia, que no es un lugar para un intelectual.
Y aquí, entonces, tenemos que preguntarnos: ¿por qué FORJA no entra en el peronismo? Y tenemos dos conceptos que se oponen. Hay un concepto de horizontalidad, que es el que maneja FORJA, con intelectuales que desde la base pueden aportar al líder (que es en este caso el coronel Perón) y de verticalidad, que es la que ejerce Perón. Perón ejerce, eso sí, acabadamente, completamente, el concepto de la verticalidad.
Cuando se maneja ideológicamente el concepto de la verticalidad, entonces la ideología la baja el líder a las masas, y no la suben los intelectuales al líder. El líder no recibe ideología de nadie porque él se considera capaz de crearla, porque tiene un vínculo directo con las masas, mucho más directo que el de los intelectuales. FORJA, de hecho, no penetra en las masas, mientras que las masas adoran al coronel Perón desde que está en la Secretaría de Trabajo, en el Ministerio de Trabajo, y hasta que llega a la Presidencia de la Nación.
En consecuencia, Juan Domingo Perón no acepta las pretensiones de FORJA, y seguramente les habrá dicho: miren muchachos, ustedes entienden mucho de libros, yo también leí unos cuantos libros, y sé cómo entenderme con las masas, o sea, no los necesito. Scalabrini Ortiz no tienen ningún cargo en el peronismo. Apoya al peronismo, por supuesto, porque dice que Perón, ante todo, es el que va a nacionalizar los ferrocarriles, que es la idea que tenía Scalabrini Ortiz en su historia de los ferrocarriles argentinos.
Ahora, Scalabrini Ortiz siempre apoyó a Perón porque siempre tuvo conciencia de que una cosa era Perón y otra cosa eran los que estaban contra Perón. En este sentido, para tomar una decisión política en una determinada coyuntura histórica, hay que ver siempre quiénes están en contra de aquel a quien uno no sabe si apoyar o no. Scalabrini Ortiz analiza las otras opciones, o sea, la sociedad rural, la oligarquía tradicional, el partido radical unido a la oligarquía, el partido comunista unido a la Unión Soviética y a la oligarquía, y dice que las otras opciones a él no lo atraen, y que si bien quizás no está absolutamente convencido de todo lo que hace Perón, entre Perón y lo que está frente a Perón, se queda con Perón.
Entonces, dice en una frase muy graciosa que no se trata de elegir entre Perón y el arcángel San Miguel, porque el arcángel San Miguel no existe. Lo que existe frente a Perón es algo que a Scalabrini Ortiz le produce bastante rechazo. Lo que hay frente a Perón es un rejunte de políticos de distintos partidos, radicales, conservadores, representantes de la oligarquía, Federico Pinedo por ejemplo, que es un economista de los sectores más concentrados de poder y está totalmente enfrentado a Perón. Entonces, para Scalabrini Ortiz, entre Perón y Federico Pinedo, elige a Perón. Le guste totalmente o no, por más objeciones que tenga, pero sabe que la opción más progresista frente a Pinedo sigue siendo Perón.
La opción de poder, las otras opciones, están por el aire, pero la opción de poder real, de inserción real en el poder, es Perón. La otra es Pinedo. Entonces, Scalabrini Ortiz dice: todo lo que socava a Perón fortifica a Pinedo, cuando Pinedo simboliza un régimen político y económico de oprobio, y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento del país. O sea que la clara distinción que hace Scalabrini Ortiz, que pensaba bien, políticamente, era: si yo lo debilito a Perón, lo fortalezco a Pinedo. La cuestión delicada acá es cómo no debilitarlo a Perón y a la vez, y a la vez, poder llegar a él con las críticas necesarias sobre aquellos errores que comete o sobre aquellas acciones que debería emprender. Ahora bien, esto es un muy delicado equilibrio porque los líderes raramente suelen aceptar este tipo de críticas.
De todos modos, haga lo que haga Scalabrini, haga lo que haga Perón, la tragedia argentina se produce en 1955 con un golpe totalmente reaccionario, conservador, que une el destino de la Argentina al del Fondo Monetario Internacional, y que es el golpe de la llamada Revolución Libertadora. Scalabrini Ortiz, con gran lucidez, que no tuvieron otros, que no tuvieron otros, que no tuvo David Viñas, que no tuvieron muchísimos, se opone a la revolución libertadora. Se da cuenta que entre ese presidente que huye del país, derrotado, y el grupo oligárquico-militar que lo desplaza, él siempre habría optado por el nacionalpopulismo peronista, y no por la poderosa oligarquía eclesiástica y militar que viene a reemplazarlo, y que es claramente nefasta.
Perón marcha al exilio y comienza un muy rico periodo para el peronismo que es el de la resistencia peronista. Scalabrini Ortiz ve en Arturo Frondizi una posibilidad muy interesante como para militar junto a él y se integra, dirigiéndola, a la revista Qué, que fue una revista fundamental del desarrollismo frondifrigerista. Cuando decimos frondifrigerista, queremos decir Frondizi-Frigerio.
Pero dura poco Scalabrini Ortiz en la revista que no tenía mucho de desarrollista y se pelea con Frondizi, porque Frondizi se había presentado ante la sociedad sobre todo durante el gobierno de Perón como un gran defensor de la soberanía petrolera, porque Perón en el año 54 intenta hacer un contrato petrolero con la petrolera Standard Oil California, y ahí Frondizi saca un libro, Petróleo y política, como gran defensor nacional de las fuentes de energía del petróleo.
Pero durante su gobierno, como tantos, tantos, tantos hacen, Frondizi cambia de posición y firma contratos petroleros mucho más onerosos de los que había denunciado durante el gobierno de Perón. Esto para Scalabrini Ortiz es indignante, es inaceptable y, en consecuencia renuncia a la revista Que y renuncia a apoyar al presidente Arturo Frondizi, que había subido en un arreglo con Perón, con el pacto Perón-Frondizi. Entonces, ahí Scalabrini, desilusionado, sombrío, se aleja de la actividad política.
Este alejamiento de la actividad política, que es el alejamiento de lo que fue siempre el centro de su vida, conjeturo que posiblemente lo haya llevado a algún tipo de depresión profunda. El caso es que muere en 1959. Muere como un hombre que transitó por la política, que nunca vio realizados plenamente sus sueños. Sin embargo, queda en el recuerdo de todos como uno de los principales representantes del pensamiento nacional y popular, es decir, del pensamiento que une el desarrollo de la nación junto con el bienestar del pueblo. Y la conciencia nacional es la conciencia de que esas dos cosas deben marchar juntas, que no hay nación si no hay bienestar popular. Esa es la conciencia nacional. Al tener conciencia de este problema, se tiene una conciencia de la nación. Nación y pueblo marchan juntos.
Ahora bien, Scalabrini ha dejado como testamento, como su herencia, libros de investigación muy valiosos que se han seguido leyendo y se siguen leyendo todavía, como Política británica en el Río de la Plata, es un libro formidable, y también un libro sobre Yrigoyen y Perón, en el que marca una línea histórica de continuidad entre el caudillo personalista radical y el caudillo personalista peronista, aunque Perón odiaba el concepto de caudillo, y lo reemplazaba por el de conductor.
Scalabrini Ortiz es un hombre que se opuso siempre a la función interventora y violenta de las fuerzas armadas, como por ejemplo eso que se ve por ahí cuando uno va y pasa frente al Tiro Federal y ve un cartel que dice "aquí se aprende a defender a la patria", no, ahí no se aprende a defender, no se aprende a defender a la patria haciendo tiro al blanco. Se aprende a defender a la patria teniendo una clara conciencia primero de lo que la patria es, después de dónde está la patria. La patria está en un continente que es el continente americano. ¿Y qué debe representar la patria? La patria debe representar esencialmente los intereses del pueblo, del pueblo bajo, del pueblo postergado. Esto es lo que pensaba Raúl Scalabrini Ortiz.
Durante toda su vida, y sobre todo durante la década del 30, que es un momento muy oscuro, Scalabrini Ortiz defiende estas ideas, que ahí estaban totalmente fuera de moda. No hay cosa más valiosa que un pensador, que un intelectual, que se anima a defender sus ideas en un momento en que sus ideas no están de moda, porque hay una tendencia terrible en los intelectuales a amoldarse a las épocas como tratando de no quedar descolocados. A Scalabrini nunca le importó quedar descolocado, siempre le importó ser coherente consigo mismo, ser coherente con sus ideas, y eso es lo que podemos llamar quizá un hombre digno, un hombre patriota, y un hombre que sirvió a su país y que todavía lo sigue sirviendo.
Raúl Scalabrini Ortiz. Chau.