Libertad de prensa y monopolios mediáticos. El golpe del 55 y la resistencia. Sobre los burócratas y la vanguardia. La violencia libertadora de los oprimidos.
Hoy nos vamos a ocupar de una figura relevante, no solo de la política argentina, sino del pensamiento argentino. Nos vamos a ocupar de John William Cooke.
John William Cooke es el ideólogo más importante de la izquierda peronista, y hasta podría decirse en un sentido que inventó a la izquierda peronista, porque fue el dirigente más izquierdista durante el primer gobierno de Perón. Cooke nació en La Plata, era hijo de un dirigente radical de origen irlandés. Cooke dejó varios escritos, notables escritos, y, sobre todo, creo, un libro que se llama Peronismo y revolución, y otro, La lucha por la liberación nacional.
Los comienzos de su vida política se dan dentro del radicalismo porque su padre era radical, y el joven Cooke surge a la vida política apadrinado, está muy bien dicha aquí la palabra, apadrinado por su padre, de quien aprende los primeros tiras y aflojes de algo tan complejo como es la actividad política. Lo sorprende el golpe del 4 de junio de 1943, donde surge el peronismo. Ahí Cooke se empieza a interesar por una figura que se va abriendo paso entre los militares del GOU, Grupo de Oficiales Unidos o Gobierno, Unidad, Orden.
Ahí Cooke ve que uno de esos coroneles que hay en el GOU se destaca de los demás porque tiene una profunda vocación social. Y fija su vista en este coronel, que es el coronel Perón, y que ya sabemos lo que hace. El coronel Perón ve que hay un caudal político al que nadie le da cobertura política, que son los migrantes internos, y él les da esa cobertura política.
Cooke así se une al peronismo y llega a ser diputado en 1946. Con la brillantez que lo caracteriza, da discursos de alta vehemencia en el Congreso Nacional. El discurso más extraordinario que da Cooke y que quizás resuene con cierta actualidad (pero en todo caso la culpa es de Cooke) lo da en la Cámara de Diputados a propósito de una jugada muy arriesgada de Perón y de Evita, que es el cierre del diario La Prensa, el diario de los Gainza Paz, un diario oligárquico que atacaba ferozmente al gobierno peronista.
Entonces, el discurso que da Cooke en la Cámara de Diputados, que se lo pide evita muy especialmente, dice: creemos en la libertad de prensa (pero vamos a ver en qué no cree), no creemos en el derecho de las empresas mercantiles y capitalistas para procurar que los resortes del Estado se pongan al servicio de sus intereses cada vez que hay cuestiones fundamentales en juego. Con lo que está diciendo que el Estado no va a apoyar a las empresas capitalistas monopólicas, sino que, por el contrario, cuando las empresas capitalistas monopólicas se excedan en el poder conglomerado que tienen, porque eso es un monopolio, una conglomeración de poder, el Estado va a intervenir.
Los diarios grandes siempre estuvieron en manos de poca gente. Esa poca gente estaba poderosamente vinculada a los negocios, a las finanzas y a los intereses del imperialismo en el país. Cooke dice claramente que no se puede confundir a la prensa con las empresas periodísticas. Una cosa es la libertad de prensa y otra cosa es la empresa periodística. Este es un concepto muy interesante que Cooke ya marca en esa época: una cosa es la libertad de prensa y otra cosa es lo real, la libertad de las empresas, que esto es lo que señala Cooke.
Se produce el golpe de 1955, el 16 de septiembre. Es un golpe terminante, porque está precedido del bombardeo a una ciudad abierta. Por primera vez, por única vez, se bombardea Buenos Aires. ¿Qué hace Perón? Perón se va. Esto es una cuestión teórica que hay que evaluar.
Ahora, Perón hace algo inteligente: lo deja a John William Cooke como conductor del movimiento peronista. Cooke piensa que la resistencia a la revolución de derecha liberal del 55 es posible, y hay que organizarla. Pero lo que Cooke quiere es algo que Perón nunca habrá de aceptar: Cooke quiere armar a las masas. Y armar a las masas es un problema muy serio, porque nunca se sabe qué van a hacer las masas cuando estén armadas.
Ahora, lo que Cooke rechaza terminantemente es la teoría del foco. Porque cuando se tienen las masas peronistas, dice Cooke, no necesitamos la teoría del foco. La teoría del foco va a venir mucho después con Régis Debray, que le va a decir la teoría a Ernesto Che Guevara. Durante esos tiempos, Cooke va a hablar insistentemente de la lucha por la liberación nacional que se hace con las masas. Y va a decir una de las frases fundamentales de la política. La política revolucionaria, dice Cooke (y lo dice con enorme lucidez, y esta es una de las grandes verdades de toda lucha revolucionaria), la política revolucionaria no parte de una verdad conocida por una minoría, sino del conocimiento que tengan las masas de las grandes líneas estratégicas.
O sea, con eso Cooke señala como imposible una lucha de vanguardia solitaria, soberbia, iluminista, que reemplace a las masas. La revolución se hace con las masas. Por eso, Cooke es el genio, el primero que lleva adelante la teoría del entrismo. Hay que entrar en el peronismo porque ahí está el pueblo. Esta es la concepción de Cooke. Es la concepción que luego va a tomar la izquierda peronista, la del entrismo.
Cooke participa de la resistencia peronista, que es un gran momento del peronismo porque es un momento en el cual la clase obrera ejerce la conducción por sí misma. Es decir, no tiene la conducción de Perón, sino que la clase obrera se da su propia conducción, sobre todo en la huelga gloriosa del frigorífico Lisandro de la Torre.
Cooke va a decir una frase que va a condicionar toda la década del 60, y que va a nuclear a todos los jóvenes que entren en el peronismo. Va a decir: el peronismo es el hecho maldito del país burgués. ¿Por qué dice esta frase? Porque la Revolución Libertadora se propone desde el primer momento desperonizar el país. Para eso dicta el decreto 4161, por el cual prohíbe nombrar a Perón, a Evita, pasar la marcha peronista, llamar partido justicialista al partido justicialista... Prohíbe todo. Entonces, esto demuestra que el peronismo es lo inintegrable al país burgués, que intenta legitimarse aislando al peronismo, dejándolo fuera. Así el peronismo adquiere su condición de maldito, de hecho maldito, y no hay nada más seductor para un joven que lo maldito, que lo prohibido.
La huelga en el frigorífico Lisandro de la Torre es una huelga que yo llamaría de la comuna de Mataderos, es una huelga, como dije, hecha por los obreros, sin conducción de Perón y sin lucha armada. Los burócratas del peronismo, que siempre han sido, digamos, un dolor, una hernia, una renquera para el peronismo, los burócratas del peronismo dicen que la huelga de Lisandro de la Torre está manejada por el comunismo. Dicen lo mismo que dice el gobierno de Frondizi. Por lo tanto, desplazan a Cooke de la conducción porque lo acusan de comunista y de llevar la huelga de Lisandro de la Torre al comunismo. Entonces, Cooke empieza una correspondencia con Perón que va a ser tremendamente abundante, que se va a editar en dos enormes tomos, que luego la militancia de los 70 se va a devorar.
Cooke se va a Cuba. Se va a Cuba. Y desde Cuba le pide a Perón, insistentemente, obsesivamente, que abandone la España de Franco y se vaya a la Cuba de Castro. Vamos a ver que esto, para Perón, era absolutamente imposible.
En 1964, a raíz del regreso de Perón, que es impedido por el gobierno de Arturo Humberto Illia, por su canciller Zavala Ortiz, quien viaja al aeropuerto de Galeão, y con la CIA y la dictadura brasileña impiden el regreso de Perón, Cooke, a raíz de eso, da una conferencia en Córdoba en el año 1964. El tema que trata Cooke, en 1964 en Córdoba, es el de la violencia y la no violencia, nada menos.
La no violencia, va a decir Cooke, es instrumentada siempre por la burocracia reformista. Por supuesto que la burocracia reformista no quiere violencia, porque no quiere presentarse como agresiva para el régimen, quiere presentarse como dialoguista, conciliadora, buena. El burócrata es un personaje que para Cooke acepta la realidad tal cual es. Es una brillante definición, hay una filosofía, que es la filosofía positivista, que también acepta la realidad tal cual es y fue asumida por la generación del 80 en la Argentina.
Cooke piensa que esta burocracia mide las fuerzas a las cuales tendría que enfrentarse y dice no hay nada que hacer, se resigna. Su papel es el de la resignación y de la resignación surge la necesidad de la negociación, de la conciliación, y entonces es ahí donde el burócrata se llena de dinero porque al negociar con el poder, el poder lo compra, y el burócrata deviene un ser millonario, y un traidor a su clase.
Pero, por el contrario, la secta iluminada que cree que la violencia puede crear la realidad a través de la voluntad revolucionaria de aquellos que creen en la violencia, también es denostada por Cooke. El voluntarismo es nefasto, porque lo que cree el voluntarismo es que la voluntad crea la realidad, que la voluntad es más fuerte que la realidad. Es tan fuerte nuestra voluntad revolucionaria que nosotros vamos a poder con un ejército, aunque sea mucho más poderoso que nosotros.
Entonces, Cooke va a decir que la violencia, sin fundamentos teóricos, también es una simplificación de la realidad, que implica sacar del contexto revolucionario a las clases populares. Entonces, ya no se parte de la lucha de clases, sino que se parte de la voluntad revolucionaria de una minoría ilustrada, iluminista, que termina en la soberbia individual, porque toda política revolucionaria que no cuenta, que no se apoya en la legitimidad de las masas, no es legítima para un hombre que viene del peronismo como John William Cooke.
Y el voluntarismo es constitutivo de la vanguardia. La vanguardia siempre cree que: somos pocos, somos pocos, pero valemos más que ellos; somos pocos, pero nuestra voluntad revolucionaria es poderosa. Esto se lo dijo Ernesto Che Guevara a Osvaldo Bayer en La Habana. Cuando Osvaldo Bayer le dijo: comandante, las fuerzas reaccionarias en la Argentina son mucho más poderosas que las de la Cuba de Batista. Y Ernesto Che Guevara le dijo: qué importa, son todos mercenarios. Y Osvaldo Bayer no se animó a decirle: serán todos mercenarios, pero son muchos y son muy poderosos.
Lo que pensaba el Che es que un mercenario no podía nada, nada, contra un joven voluntarista lleno de utopías en él. En este sentido, el error de la vanguardia fue absolutamente trágico, porque la voluntad no pudo vencer a las fuerzas armadas constituidas, poderosas, armadas por el imperialismo, a la que estos jóvenes voluntaristas que dieron lo mejor de sí intentaron enfrentarse trágicamente.
En la conferencia de Córdoba, los conceptos que emite Cooke son fundamentales para toda teoría política. O sea que hay que leerlos, hay que recordarlos, y hay que aplicarlos.
Cooke va a decir que es falsa la oposición entre violencia y no violencia. Tenemos que ver por qué, y verlo cuidadosamente, porque no es un tema así nomás. Cooke dice que lo que se debe resolver es si se ha de oponer a la violencia de los opresores, la violencia liberadora de los oprimidos. Esto se ve como algo muy lógico y suena como algo muy genuino. En realidad cualquiera diría: sí, ante la violencia de los opresores, ¿por qué no los oprimidos van a ejercitar una violencia propia? Porque además, dice Cooke, la violencia de los oprimidos tiene una base ideológica y moral.
Tenemos que detenernos en este concepto de moral, y también en la base ideológica. La violencia que se ejerce contra los opresores, es una violencia contra los enemigos de los seres humanos. Si esta violencia es, en efecto, una violencia contra los enemigos de los seres humanos, entonces esta violencia es legítima. La violencia de los oprimidos es legítima, porque nada menos tiende a defender la dignidad de los seres humanos. En este sentido, es altamente moral.
Sigue Cooke. El amor, es amor a los hombres, la violencia de los oprimidos, que se traduce en odio a quienes causan la desgracia de estos hombres. La palabra odio lo va a usar el Che Guevara en el mensaje a la tricontinental que escribe desde la selva boliviana y dice: solo un pueblo con odio puede derrotar a un enemigo invencible. Ahora, esta dialéctica es peligrosa. ¿Por qué es peligrosa? Porque cualquier grupo puede decidir que es el oprimido. Cualquier grupo puede decidir que es la moral. ¿Cómo se decide cuando un grupo es el grupo oprimido? ¿Cómo se decide cuando un grupo realmente encarna la moral?
Bueno, la violencia siempre se basa en absolutos. Siempre se mata desde un absoluto. La Revolución Francesa mataba desde la diosa razón. Robespierre y Saint-Just mataban desde la diosa razón. La Revolución Rusa mataba desde el sufrimiento del proletariado y del campesinado ruso. La Revolución Nacionalsocialista mataba desde la pureza de la raza. Y, luego, las revoluciones socialistas matan desde el hombre nuevo y, ni hablar aquí, el genocida Videla, mata desde el estilo de vida argentino.
O sea, ¿cuál es la violencia del sometido? La violencia del sometido, ¿cómo decidir que es legítima? Bueno, si nosotros vamos al problema de Argelia, ahí tenemos un pueblo colonizado que lucha por su descolonización. Ahí sería difícil ver que esa violencia no es legítima, pero la que es difícil es la historia humana. En el siglo XX, todas las revoluciones que se hicieron para salvar a la condición humana, todas las revoluciones que se hicieron para salvar a los oprimidos de su opresión, terminaron generando una nueva dictadura, una nueva opresión.
Es decir, hay un desencanto con las revoluciones socialistas del siglo XX, e incluso el filósofo cordobés Oscar del Barco llegó a decir que nada le ha hecho peor al socialismo que las revoluciones socialistas del siglo XX. Pensemos en la Revolución Rusa, que finalmente, finalmente, es copada por Stalin, el partido de vanguardia, la ideología como dogma, y luego vienen las purgas de todos los disidentes. Pero Cooke muere en 1968, Cooke muere creyendo en la revolución. Cooke no asiste a todas las etapas terribles de desencanto que hemos tenido que asistir nosotros. Y, sobre todo, Cooke no vive la dictadura terrible de Videla.
Cooke mantuvo una larga, larga, larguísima correspondencia con Juan Domingo Perón cuando Juan Domingo Perón estaba en Madrid. Lo esencial de esa correspondencia es que Cooke le dice al general Perón: usted no puede no estar en América Latina porque aquí usted va a oler la revolución, porque la revolución que está ocurriendo en América Latina usted no solo tiene que verla, tiene que olerla, tiene que sentirla, tiene que estar aquí, y el peronismo tiene que ser un movimiento revolucionario, sino no es nada el peronismo. Eso es lo que le decía Cooke, que quería, en efecto, un peronismo revolucionario, porque creía que el proletariado debía ser la vanguardia del movimiento revolucionario. Tengamos muy en cuenta esto. Cooke creía que tenían que ser las masas peronistas la vanguardia de la revolución justicialista.
Ahora bien, Perón desarrolla desde Madrid un juego pendular que desconcierta a Cooke, porque Perón trata de armonizar todos los antagonismos. Él se consideraba el padre eterno, y desde Madrid totalizaba todas las diferencias internas del movimiento peronista. Cuando llegó a Ezeiza, se dio cuenta que no podía armonizar nada, y eligió por la derecha. Cooke y Perón tenían un desacuerdo fundamental. Para Cooke, el peronismo debía ser revolucionario basándose en las masas del peronismo. Si para algo tenía las masas el peronismo, era para hacer la revolución. Perón siempre vio a las masas más como factor de presión que como factor de poder. Esta idea profundísima los separó para siempre.
Chau.