Por cuatro días locos. Un testigo de su tiempo. Miedo y estilo. El pesimismo de un escritor.
Vamos a hablar de David Viñas. Posiblemente sea la primera vez que se le dedica en la televisión argentina un programa a David Viñas, un programa entero para él.
David Viñas nació en 1927 y murió en 2011. Fue exactamente la figura del escritor comprometido, el escritor marxista sartreano que decide que su obra no va a ser una obra, digamos, dedicada a sí mismo o encerrada en lo que se llamaba la torre de marfil, sino una obra lanzada hacia el mundo, comprometida con la realidad social y política en la que él estaba inserto.
David Viñas figura en la historia argentina en 1951 porque es el fiscal de la Unión Cívica Radical que lleva la urna para que Evita, enferma, en su cuarto de enferma, vote en las elecciones de 1951. Cuando sale y ve a todas las mujeres rezando por la salud de Evita, comenta: una imagen digna de Tolstói.
En 1953, Viñas, junto con otros intelectuales, funda la revista Contorno, que es un hito, realmente, en la cultura argentina. Son intelectuales antiperonistas, de formación de izquierda (en general), y es una revista que creo que ha sido reeditada, estoy seguro, por la Biblioteca Nacional, y es una revista muy consultada, muy respetada, y merecidamente respetada. En 1956, David Viñas publica un cuento que va a hacer historia, que es El jefe. El jefe lo publica en un libro que se llama Paso a los héroes y otros cuentos de la década absurda. La década absurda es la década del peronismo, para David Viñas.
David Viñas se definió a sí mismo... No aceptó nunca ser definido como un gorila. Dijo: no soy un gorila, soy un contrera. Bueno, este contrera, en 1958, plasma, junto a Fernando Ayala, la película El jefe, que es una película alegórica, muy importante, la película más importante del periodo de la Libertadora. En la película no se nombra a Perón, por supuesto. Es una película sutil en este sentido, porque otras películas, como Después del silencio o Los torturados, incurrían en desbordes ya bastante alevosos, ¿no? Desbordes.
Viñas, y esto lo conozco porque me lo contó Héctor Olivera, que era el socio en Aries Cinematográfica de Fernando Ayala, Viñas le había señalado a Ayala que para él la canción que definía la década peronista, la década absurda era una canción que cantaba Alberto Castillo, el cantor de los cien barrios porteños. Y que es: por cuatro días locos que vamos a vivir, por cuatro días locos te tenés que divertir.
Esta cosa efímera del peronismo (del peronismo según la visión de Viñas), era la que estaba reflejada en esta canción de Alberto Castillo, que también para Viñas reflejaba el reparto irresponsable de riquezas hecho por Perón. Porque Perón, que había dicho que se tropezaba con las barras de oro en el Banco Central, según Viñas y mucha gente de la izquierda, debió aprovechar esas barras para plantar la industria pesada. En cambio, la repartió a la clase obrera para manipularla. Entonces, en lugar de plantar la industria pesada para la eternidad, decidió dilapidar esos dineros a los obreros porque, total, por cuatro días locos que vamos a vivir, por cuatro días locos te tenés que divertir. Los obreros estaban contentos con vivir y divertirse, por fin, en la historia argentina.
El caudillo manipulador se llama Berger, que se escribe Berger (ahora vamos a ver por qué en la película se pronuncia "berguer"). En una de las escenas, Alberto de Mendoza, que hace a Berger, le explica a Leonardo Favio, que hace un joven de familia aristocrática, le explica que Berger se puede pronunciar "beryé", pero que es francés; en cambio, "berguer" da duro, da alemán, le dice. Con lo cual, Viñas está señalando que Perón era nazi, así de clarito. Por algo quiere que lo llamen "berguer", bien de macho, bien duro, bien germánico. Ahora bien, el tema de la película es el del líder cobarde que traiciona a sus seguidores, nada menos. Nada menos que eso. Fíjense.
Berger traiciona a los suyos porque, dentro de los avatares de esta banda que Berger encabeza, se produce una muerte, y de esa muerte debió haberse hecho responsable Berger. Pero Berger se presenta en la comisaría y delata a Favio y cuando se descubre la verdad de que él fue quien mató a esa mujer, se quiebra en sollozos y lo llevan preso, con lo cual lo que está diciendo Viñas es que este líder era un líder de cartón, un líder que se quebraba y que no siguió a su pueblo hasta el momento más difícil y más duro de su travesía, sino que trató de venderlo primero, y después se quebró cobardemente.
Indudablemente, David Viñas fue siempre, hasta último momento, un testigo de su tiempo. Eso quiso ser y eso fue. Uno de sus cuentos más extraordinarios, y que revela su sensibilidad popular, a pesar de ser un contrera al peronismo revela su comprensión profunda del peronismo, es el cuento de 1963 La señora muerta que está en Las malas costumbres. Hay que leer esto.
El cuento de La señora muerta narra las peripecias de un tipo que se llama Moure. En los largos días del velatorio de Eva Perón, había colas y colas y colas, y este Moure va con un propósito bastardo a la concentración de gente que está esperando para darle un beso al féretro de Evita. Va para levantarse una mina, algo que crea indignación en muchos lectores peronistas de Viñas. Pero la idea es poderosa y es formidable.
Moure llega, es de noche, ve una larga fila de gente adolorida por la muerte de Evita, y se acerca a una mujer que le gusta. La mujer está cansada, la mujer tiene hambre, la mujer está mojada porque llueve, y Moure le comienza a hacer el clásico chamuyo argentino y consigue llevársela en un taxi con la promesa de que van a comer algo. No comen porque es tarde, porque llueve, y el taxi va recorriendo hoteles, lo que en esa época se llamaba amuebladas, porque Moure quiere ir ahí con la mujer que se llevó de la cola, que esperaba darle un beso a Eva Perón.
Y esta es una mujer simple, tiene frío, quiere ir a un lugar a descansar, y Moure le dice, bueno, vamos. No, este hotel está cerrado, le dice el taxi. Vamos a otro. También está cerrado. Vamos a otro. También está cerrado. Hasta que el taxista le dice: mire, únicamente que vayamos a la provincia, pero no hay ninguna garantía. ¿Qué le va a hacer? Hay que aguantarse. Esto es por la señora.
Y cuando le dice esto es por la señora, Moure se da cuenta que todo está cerrado por la muerte de la señora. Entonces exclama: ¡es demasiado esto por esa yegua! Y ahí ocurre algo que Viñas capta muy bien. La mujer, que había estado callada, lo mira y le dice: ah, no, eso no se lo permito. Y Moure no entiende bien lo que le está diciendo. Y ella le repite: eso sí que no se lo permito. Abre la puerta del auto, y se va. O sea, creo que aquí Viñas atrapa el sentimiento genuino popular de amor por Eva Perón, porque cuando Moure la insulta, esta mujer que parecía fácil, que parecía manipulable, algo tonta, le pone un límite. No, yegua no, eso no se lo permito, eso sí que no.
Viñas luego publica una novela excepcional en 1958, que se llama Los dueños de la tierra, que es la primera novela, hasta donde yo sé, que se escribe sobre la tragedia de los hechos que ocurrieron en la Patagonia a comienzos de la década del 20. Es una novela comprometida, es una novela valiente, es una novela cuidadosamente escrita. Quizás, en mi concepto, es la novela más cuidadosamente escrita de las que escribió Viñas.
Es una novela atrapante en la cual aparece un juez que es un pariente de Viñas, porque el juez Viñas, que va a interceder al sur, a mediar, era pariente de Viñas. O sea, que Viñas tiene como el deber hereditario de escribir una novela sobre los hechos de la Patagonia Trágica. Y luego imagina un diálogo que mantiene el juez con Hipólito Yrigoyen cuando este juez regresa, y este juez sabe, sabe, que Yrigoyen autorizó la represión, lo cual es una carga muy, muy pesada para don Hipólito. El juez imagina que cuando se entreviste con Yrigoyen, Yrigoyen le va a decir que los miembros del ejército no eran sino parte de una entidad indivisible, y que era imposible juzgarlos. O sea, Yrigoyen le dice al Ejército: no los vamos a juzgar, lo que ocurrió, ocurrió, y este caso está cerrado. El juez se va, por supuesto, triste y apenado por la injusticia de hacer justicia a esa gigantesca matanza.
Al terminar de leer Los dueños de la tierra, sabemos que hemos leído una gran novela comprometida, una gran novela que Sartre hubiera aprobado con gran entusiasmo. Es una novela en la cual se juega el aspecto social, el aspecto económico, el aspecto literario y estilístico. Bravo, Viñas, por esta novela.
El ensayo principal de David Viñas es Literatura argentina y realidad política. Es un ensayo importantísimo, insoslayable. Su estructura es la siguiente: el tomo uno lleva, por subtítulo, De los jacobinos porteños a la bohemia anarquista, y el tomo dos lleva, por subtítulo, nada menos que dos nombres muy, muy fuertes, que son Lugones y Walsh.
Bien, Viñas, en este ensayo, toma los grandes temas de la literatura argentina. Yo no sé, pero yo diría que es el mejor ensayo que hay sobre la literatura argentina, porque además de estar escrito por un hombre que sabe mucho de literatura argentina, tiene todo un contexto sociopolítico que le da espesor a cada una de las frases de Viñas.
Viñas, además, tiene un punto de vista que a mí me agrada mucho, y analiza a la generación del 80 como la generación del apogeo de la oligarquía. La generación del 80 es la generación en la cual la oligarquía pone a sus intelectuales en el poder porque ella tiene el poder. Y estos intelectuales forman parte del poder porque también son parte de la oligarquía. Otros han visto ahí la consolidación de la República. No lo ve así Viñas. Al estilo, digamos, de Natalio Botana, de Tulio Alperín Donghi, y de otros historiadores liberales, Viñas lo que ve en el 80 es el apogeo, la consolidación, del orden oligárquico.
Tiene un capítulo dedicado a Miguel Cané, y ese capítulo se llama, acertadamente, Miedo y estilo. Viñas es el que tiene el gran mérito de haber recuperado, de haber sacado a luz para la intelección de nuestra historia, un texto notable de Miguel Cané que expresa el miedo de la generación del 80 a las clases subalternas, a las clases llegadas por la inmigración. Cané, en ese texto, termina pidiendo a la chusma inmigratoria que se infiltra en los salones oligárquicos, sobre todo respeto a las mujeres de su clase. Y dice: hay que evitar que el primer guarango democrático enriquecido en el comercio de suelas se crea, a su vez, con derecho a echar su mano de tenorio en un salón al que entra tropezando con los muebles.
Es notable la precisión del texto. Este guarango democrático entra al salón oligárquico tropezando con los muebles, porque es un bruto que no sabe manejarse en los salones de la oligarquía, que son los salones de la gente bien. Entonces, sigue diciendo Miguel Cané, cada vez los argentinos somos menos. Cada vez los argentinos somos menos. Salvemos nuestro predominio legítimo, no sólo desenvolviendo y nutriendo nuestro espíritu, cuanto es posible, sino colocando a nuestras mujeres, por la veneración, a una altura a la que no lleguen las bajas aspiraciones de la turba, de la chusma inmigratoria. Porque a la inmigración le dicen así, la chusma ultramarina. Entonces, Cané termina diciendo: cerremos el círculo y velemos sobre él. Este hombre, Miguel Cané, del cual todos hemos leído en el colegio secundario ese lindo texto que se llama Juvenilia, era un paranoico lleno de odio.
El tomo dos de David Viñas es, como dijimos, De Lugones a Walsh. También dijimos que esta es su obra más importante. En la parte dedicada a Lugones y a Walsh aniquila, por supuesto, el fascismo lugoniano del discurso de la hora de la espada, y exalta muchas cosas de Walsh, personaje y escritor con el cual comparte la estética del escritor comprometido. Viñas quiere a Walsh como muchos lo queremos.
Antes de marchar al exilio por la dictadura militar, Viñas escribe y publica en La Opinión un artículo que se llama, creo, Los dos viejos, en el cual dice que, una vez muerto el viejo Perón, lo va a reemplazar el viejo Borges.
Se va a México, y ahí se entera de la terrible noticia del asesinato y desaparición de un hijo y una hija, algo que cambia totalmente su carácter (o en gran parte), y que blanquea sus cabellos de amargura. En el exilio, Viñas escribe un texto muy notable que se llama Indios, ejército y frontera. Este es un texto muy importante porque tiene una fórmula notable en la cual define a la llamada conquista del desierto como la etapa superior de la conquista de América. La conquista del desierto de Roca, dice Viñas, es la etapa superior de la conquista de América.
Bien, entonces, también dice que los indios son los desaparecidos de 1879, porque evidentemente, claramente, la campaña de Roca fue genocida. Roca, analiza Viñas, tiene una ideología castrense que es opuesta a la del caudillo. Es la del militar conquistador, la del mariscal Bugeaud en Argelia, es Roca en la Patagonia aniquilando a los indios.
Hay una Santísima Trinidad de los militares para realizar esta tarea, dice Viñas. ¿Cuáles son? Los telégrafos, el Remington, y los ferrocarriles. Esta es la Santísima Trinidad con que aniquilan los pueblos originarios. El Remington fue la posibilidad del genocidio. Y he aquí que tenemos una frase que cita Viña, y que vamos a citar muy cuidadosamente, de Estanislao Zeballos, hombre de la generación del 80, acerca del Remington. Estanislao Zeballos dice: el Remington les ha enseñado a los indios que un batallón de la República puede pasear la pampa entera dejando el campo sembrado de cadáveres, sólo el Remington. ¿Se fabricaban Remingtons en la Argentina? No. El Remington viene de afuera. O sea, es la Europa culta civilizada del progreso la que le da a Roca a los Remingtons con los que va a aniquilar a los indios que solo luchaban con flechas. Esto lo lleva y lo pone en primer plano David Viñas.
En el año 2000, es muy conocido un encuentro que tiene con Cristina Fernández de Kirchner, en un programa de televisión, en el cual Viñas le dice: señora, yo soy pesimista porque soy un escritor. Y Cristina Fernández de Kirchner le dice: disculpe, David, pero yo soy optimista porque soy un político. Bueno, eso es lo que pensaba Viñas, de un escritor. No creo que necesariamente un escritor tenga que ser pesimista, hay etapas y etapas. Tampoco un político, quizás, debe ser eternamente optimista.
Pero David Viñas era así, era un hombre gruñón, difícil, y un marxista consecuente que mantuvo sus cátedras, que fue muy buen profesor, que siguió siendo contrera frente al peronismo, pero esto de ninguna manera le impidió juzgar siempre severamente a la cultura oligárquico-liberal que devastó este país.
Salud, David Viñas. Chau.