¿Qué ideas sustentaron los últimos años de gobierno dictatorial en Argentina? ¿De qué manera fue posible pensar el retorno de la democracia? Este momento de nuestra historia. La figura de Raúl Alfonsín, su triunfo en las elecciones presidenciales y los conceptos que nutrieron su Gobierno. El acierto del eslogan de su campaña: "Somos la vida, somos la paz", las decisiones tomadas con relación al juzgamiento de las juntas militares, el proyecto de Ley de Divorcio, la relación con la CGT, el efecto del proceso inflacionario, el "golpe de mercado" que define la salida de Alfonsín del gobierno y el rol de Carlos Saúl Menem, futuro presidente.

1. El gobierno del pueblo

Hola, estamos aquí porque se cumplen 30 años de democracia.

Para los que tienen 30 años en este momento, quizás no signifique lo que significó para los que ya teníamos una edad, digamos, lamentable, porque veníamos de sobrevivir a algo terrible. Esta es la sensación que quizá los que tienen 30 años, 20 años, 15 años, no van a poder sentir, y que vamos a tratar de transmitirles: lo que fue la llegada de la democracia. Porque uno dice 30 años de democracia, y bueno, sí, 30 años de democracia, pero ¿por qué? Por qué el momento, el pasaje de la dictadura militar a la democracia fue para muchísimos, muchísimos de todos nosotros un alivio, un regreso a la vida, a los sueños, a la creatividad, a la reflexión, a los problemas más densos, a los problemas sobre el sexo, sobre la muerte... Sobre la muerte estábamos hartos, sabíamos más de la muerte que de la vida... Si sabíamos más de la muerte que de la vida durante la dictadura, quizás lo primero que podemos decir de la democracia es que es el sistema de la vida.

Ahora, si queremos decir qué entendemos por democracia, uno tiene que siempre remitirse a las genealogías, al lenguaje, y decir cómo está formada la palabra. Esto no quiere decir que nos vaya a decir exactamente, nos vaya a expresar exactamente lo que es la democracia, pero digamos que los griegos en el siglo V a.C. establecieron esta palabra, la palabra que estaba compuesta por la palabra demos, que es pueblo, y cratos, que es poder o gobierno. Entonces, demos y cratos daban gobierno del pueblo. Ya aquí podemos plantearnos, a 30 años de la democracia, si el pueblo ha gobernado a lo largo de estos 30 años.

Abraham Lincoln decía en Estados Unidos, y fue un gran demócrata y un gran peleador y un hombre que llevó a Estados Unidos un desarrollo industrial poderoso, que llevó a Estados Unidos a la grandeza en lo económico al derrotar al sur del monocultivo. Abraham Lincoln decía que la democracia era el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo. Tenemos del, por y para, nada menos. Todo esto era para Lincoln la democracia.

La democracia, sin embargo, pese a residir en el pueblo, no puede ejercerse de un modo directo. El pueblo no puede ejercer una democracia directa. Esto se planteó en las revueltas muy creativas del 2001 y del 2002, donde se habló de una democracia directa ante el fracaso de una clase política por la cual no se sentían representada la gente del pueblo. Entonces, si los representantes del pueblo van a representarlo, ¿cuál es entonces el fundamento de la representación? Bueno, uno de los fundamentos de la representación es, como dijimos, que el pueblo no puede representarse a sí mismo, sino que tiene que elegir sus representantes.

Ahora, aquí ya empiezan algunos de los aspectos oscuros de la democracia, porque los representantes del pueblo una vez que llegan al poder frecuentemente no tienen la saludable tendencia de representar al pueblo, sino de dejarse captar, seducir, comprar por intereses económicos muy importantes, que muchísimas veces son los mismos que financiaron sus campañas. Si yo financio tu campaña, cuando llegues al gobierno, al parlamento, vas a jugar a favor de mis intereses.

Entonces, lo que se plantea aquí es la legitimidad de los representantes del pueblo. No la legitimidad del pueblo, porque el pueblo los ha votado. Ahora, la pregunta es, ¿los representantes van realmente a cumplir con lo que el pueblo espera de ellos? Planteado. A 30 años de la democracia lo planteamos, pero ya tenemos muchas respuestas.

Volvamos entonces a 1983. Este es el año en que se vota, se vota. Los militares habían pronosticado que no se iba a votar en muchos, muchos años. Incluso largaron una frase que decía: las urnas están bien guardadas.

¿Cómo se llega a la democracia? Para nosotros era impensable la llegada de la democracia porque sencillamente no se podía derrotar en el campo de las armas al gobierno militar, y la salida política estaba clausurada por ese gobierno que sabía que no le convenía una salida política, ni la iba a conceder. Entonces la dictadura para permanecer en el poder decide hacer un acto espectacular e invadir las Islas Malvinas, una vieja deuda pendiente del país, una vieja causa de la Argentina, que ellos toman para sí.

Si invadimos las Malvinas, y en ese momento, en ese año, se jugaba también un Mundial, en el que jugaba el jovencito Maradona, dirigidos por Menotti, que había ganado el Mundial de 78, entonces el esquema era: si invadimos las Malvinas y ganamos este Mundial con el pibe Maradona y Menotti, nos quedamos 30 años más. Y nosotros nos preocupábamos, nos preocupábamos mucho por eso. No los queríamos 30 años más.

2. Somos la vida

La derrota en Malvinas fue definitiva para el poder militar, porque fue verdaderamente una derrota humillante, y la gente se enteró de muchas cosas. Por ejemplo, que Alfredo Astiz, en las Georgias, con un grupo al que llamaba Los Lagartos, se había entregado sin disparar un solo tiro. Y la gente, entonces, se decía, furiosa: pero este Astiz sirve para pegarle a gente que está atada a una silla, pero no para pelear realmente una guerra.

En Puerto Argentino el ejército de la junta se rinde y Galtieri da un último discurso que es realmente trágico, en el cual dice morirán 400, morirán 4 mil, e iba a decir morirán 40 mil y se frenó, se frenó, si no decía morirán 40 mil pero seguiremos luchando blah blah por las Islas Malvinas. Ahora bien, la derrota es una humillación para la Junta y es un castigo y una tortura para los jóvenes, para los chicos, los chicos de la guerra, que fueron a pelear, a pelear esa gesta que los militares no pelearon, y que, lejos de pelearla, torturaron a sus propios soldados.

Ante el triste papel jugado por los militares, y ante la retirada también en el campo político, porque los militares se retiran en el campo político, ante los políticos de los partidos políticos argentinos, muchos empiezan a decir que la democracia argentina se la debe a los gurkas que componían el ejército británico y que habían violado a soldaditos argentinos y que eran unos guerreros profesionales mercenarios.

Bueno, esto es muy discutible. La CGT había hecho una huelga con mucha masividad en la que había sido reprimida tremendamente. Al día siguiente, pero ojo, al día siguiente, el 2 de abril, poco después, invaden Malvinas y la plaza se llena, se llena la plaza para vivar a Galtieri, la Plaza de Mayo llena para vivar a Leopoldo Fortunato Galtieri, es realmente una mancha en la condición humana de los argentinos.

La derrota de Malvinas es entonces la derrota del régimen militar que delega en el general Bignone, que tenía un aspecto inicial de abuelito bueno, el negociar la retirada de la junta. Y la retirada de Bignone es conceder la campaña electoral. En la campaña electoral, que ya inaugura un clima de festejo, ya se respiraba otro clima, aparece un conocido político, pero aparece con toda la fuerza de un caudillo. No es fácil ser un caudillo, hay que tener muchas convicciones, hay que hablar con mucha firmeza, hay que tener ideas claras.

El que aparece en ese momento, y que muchos decían el peronista parece él, es Raúl Alfonsín. Raúl Alfonsín es la figura de la campaña electoral con un vigor que realmente le dio lo que buscaba, ganar las elecciones. Pero hay una inteligencia muy grande en la campaña de los radicales. Por ejemplo, largan un spot publicitario en el cual se ve un túnel y al fondo una luz. Ustedes conocen esa frase, la luz al final del túnel. La cámara va avanzando, la luz se va agrandando y cuando la luz se agranda surge la consigna somos la vida.

Conceptualmente era la consigna más brillante que se podía largar en una campaña electoral. Somos la vida, somos la paz. Eso es interpretar lo que la gente, el pueblo, como ustedes lo quieran llamar, realmente quería. Después de tanta muerte quería la vida. Por el contrario, la consigna del peronismo que la larga la juventud peronista, una juventud peronista ya ya ya muy muy distinta de la izquierda peronista de los 70, pero que recupera de la izquierda peronista de los 70 lo peor, es una combatividad furibunda a la que para colmo llaman rabia, y lanzan la consigna somos la rabia. Esta consigna espanta a la gente. Si son la rabia, estamos hartos de rabia, estamos hartos de violencia, de muertos, de desaparecidos.

Hay una consigna muy linda, quizá nadie recuerde esto, pero hay una consigna muy linda que la dicen los militantes de un inesperado personaje que es Herminio Iglesias, un sindicalista, que decía así: somos la patota del doctor Herminio Iglesias, vamos todos, marchemos unidos, ya estamos podridos de tanto dolor. Esa fue la mejor consigna que largó el peronismo, y la largó Herminio Iglesias, que se comía las eses, y que una vez dijo, bueno, yo me comeré las eses, pero otros se comieron el país.

3. La primavera alfonsinista

El día de las elecciones que consagran al partido radical, en verdad también se nota que en la Argentina sigue la lucha de clases, sigue el enfrentamiento de las distintas clases, que va a continuar, que va a continuar porque es así, eso es la historia entendida como antagonismo (agon), y conflicto.

El conflicto se nota en la diversidad del festejo que hay. Las clases medias y las clases altas, y las clases medias altas, agreden a lo que llaman, y llamarán siempre, la negrada peronista, los gronchos peronistas, y bueno, los gritos son o que se mueran, o que mordieron el polvo, o que perdieron, en fin, humillarlos, desde coches muy lindos, ¿no? Recuerdo eso, y lo recuerdan muchos.

No todo el radicalismo era así, había un radicalismo que quería hacer un tercer movimiento histórico, que era más cercano a las clases populares. Pero estaba lleno de garcas el día del triunfo de Alfonsín, que agredieron sin necesidad alguna a los sectores más pobres de la sociedad, haciéndoles saber (como si no lo supieran) que habían mordido el polvo, que habían sido derrotados por ellos. Además, era la primera derrota electoral histórica del peronismo, y en este sentido tenía un peso formidable.

Apenas asume Alfonsín, comienza lo que se llama la primavera alfonsinista, dentro de la cual está la primavera cultural alfonsinista. Se levantan prohibiciones, el cine argentino tiene más libertades temáticas, más libertades temáticas y libertades, digamos, visuales, ¿no? Eso se debe a la primavera alfonsinista, que también incluye una militancia juvenil nueva, inédita en el alfonsinismo, que es Franja Morada.

Franja Morada tiene un grupo de intelectuales que se han acercado al gobierno de Alfonsín con ambiciones de participar en el poder. La relación entre poder e intelectuales es muy compleja, porque el intelectual se acerca al líder político tratando de darle ideología, que es lo que el intelectual cree que el líder político no tiene. Y el líder político recibe al intelectual para darse algo de lustre, pero no está ni por asomo dispuesto a compartir la gobernabilidad con el intelectual, a quien desdeña como un simple hombre de ideas.

No obstante, Alfonsín tiene una permeabilidad a estos grupos intelectuales que comienzan a pensar la transición democrática. ¿Qué sería esto de la transición democrática? Bueno, es cómo se transita por la democracia sin caer en los peligros más obvios de ese momento. Lo que más se temía era un golpe de Estado, era un retorno de los militares. Incluso hubo frases que surgieron de los cuarteles, muy molestas, muy atemorizantes, pero se va notando paso a paso que la democracia se fortalece. Las frases duras que surgían de los cuarteles trataban de evitar el juicio a las juntas.

Los intelectuales destacados del alfonsinismo en esa época son fundamentalmente Juan Carlos Portantiero, que es un intelectual que escribió varios libros destacados, sobre todo Estudios sobre los orígenes del peronismo, con Murmis, y que fue parte del exilio mexicano, Emilio de Ípola, y Aricó, siempre un intelectual muy importante, que llegaron a sacar la Ciudad Futura.

Por otro lado, la revista Punto de Vista, que había venido saliendo durante la dictadura, con cautela, pero no con cobardía, con cautela, pues ya sacar una revista que no elogiara a los militares, ya era un gran mérito, ¿no? No puedo dejar de señalar lo que fue la revista Humor, la revista Feriado Nacional, la revista Medios y Comunicación, etcétera, etcétera. Punto de Vista, dirigida por Beatriz Sarlo, empieza a salir con análisis ya muy sesudos sobre la democracia.

Y finalmente se da la conjunción de lo que se llamó El Grupo Esmeralda, que le escribió a Alfonsín un discurso memorable, que fue el discurso de Parque Norte, que fue un discurso muy difícil, que creo que no lo entendió ni el mismo Alfonsín, que fue el que lo leyó, pero lo escribieron Pablo Giussani, Juan Carlos Torre, y Juan Carlos Portantiero. Alfonsín lo leyó y quedó como un discurso brillante e incomprensible, como son generalmente los discursos escritos por los brillantes intelectuales para los políticos que quieren brillar. Brillaron los intelectuales, brilló el político, y el pueblo no entendió un pito.

4. Nunca más

Cuando estaban a punto de entregar el gobierno, o de que se produjeran las elecciones, los militares dijeron que iban a dictar una ley de amnistía, de amnistía sobre todo lo que había pasado. Se iban a autoamnistiar.

La respuesta de los dos candidatos fue totalmente distinta, el doctor Luder empezó a hablar de cosas leguleyas: bueno, habrá que analizarla... Alfonsín dijo: que no la dicten porque la vamos a derogar, y ahí se ganó 3 millones de votos. O sea que desde el comienzo quedó claro que el gobierno radical iba a juzgar a los militares, porque por algo rechazaba la ley de autoamnistía. El gobierno de Luder raramente, raramente los hubiera juzgado.

Estamos en una etapa de abiertos elogios a la gestión de Raúl Ricardo Alfonsín, porque esta es su etapa más brillante. Tuvo dos años, tres años brillantes, el de la campaña, el primer año y el segundo año. Lo llaman a un escritor que siempre estaba atento a este tipo de coyunturas, don Ernesto Sabato, y lo ponen al frente de la CONADEP, que era la investigación sobre la desaparición de personas. Esa CONADEP, redacta, presenta, un texto al que llaman Nunca más.

Nunca más no lo inventan ellos, por supuesto, no lo inventan ellos. Nunca más significa mucho. Nunca más significa un compromiso de todos los argentinos y estar muy atentos a quienes están más cerca del Nunca más o más lejos del Nunca más. O sea, que Nunca más tiene que ser una definición clavada en la conciencia moral de todos los argentinos. Un imperativo categórico kantiano, hagamos: actúa de tal modo que cualquiera de tus actos impida el regreso de los militares al poder. Esta es la formulación kantiana del Nunca más, cada uno de nuestros actos tiene que ir encaminado en la dirección del Nunca más.

Ahora bien, Alfonsín está cada vez más condicionado. Luego del juicio a las juntas, comienza a entrar en una zona oscura para los sectores más poderosos. O sea, los puntos, las fuerzas que están en contra de Alfonsín son los militares, la iglesia (que no le perdona, entre otras cosas, la promulgación de la Ley de Divorcio), y los sindicatos peronistas, y el poder mediático. Los medios fuerzan realmente a la hiperinflación y crean un clima de pánico.

Alfonsín tiene que irse anticipadamente del gobierno. El protagonista de este golpe económico es Carlos Saúl Menem y, por supuesto los que dominan el poder económico ante los que va a hablar el ministro de Economía de Alfonsín, Pugliese, que dice una frase de memorable candor, digamos: fui a hablarles con el corazón y me contestaron con la billetera. El poder económico no solo contesta con la billetera, habla, piensa, hace el amor con la billetera, todo.

Entonces, estamos hablando, todos lo saben, de los 30 años de democracia, y la conclusión de esto es que el primer gobernante de la democracia argentina tiene que irse por la puerta trasera, mal, expulsado por un golpe de mercado propiciado justamente por el poder económico que ya había arreglado con Carlos Saúl Menem, y por supuesto con la embajada de Estados Unidos, que a Alfonsín había que echarlo.

El que colabora mucho en la salida de Alfonsín, como dije, es Menem, quien va a hablar con él, etcétera, etcétera. Queda una imagen de un Alfonsín que se va mal, se vuelve a Chascomús, y en última instancia cometió errores porque derogó y propulsó las Leyes del Punto Final, Obediencia Debida, y después cometería más errores como el Pacto de Olivos con Menem.

Estamos hablando de nuestros 30 años de democracia y vamos a seguir hablando de esto, porque es un tema como para pensarlo, porque lo tenemos que pensar para conservar la democracia. Porque si no lo pensamos, muchos van a estar muy muy facilitados para desvirtuarla y para decirnos: seguimos en democracia, cuando en realidad nos están haciendo perder nuestra libertad en nombre seguramente de la seguridad. No hay nada peor para la libertad suya, y para la libertad mía, y para la libertad de todos, que la paranoia que pide seguridad, seguridad, seguridad.

La seguridad va siempre en desmedro de la libertad de los ciudadanos. Acordémonos de esto. Hasta luego.