Analizar aquello que sustenta las políticas neoliberales nos permite comprender su relación problemática con la democracia. Un recorrido por las ideas del menemismo y sus tres pilares: la convertibilidad, la privatización y la desregulación. El papel de la sociedad civil durante el gobierno de Menem.
Estamos en medio de una tarea que nos parece muy importante y es pensar estos 30 años de democracia.
La democracia argentina, para su desgracia, se vio acometida por el neoliberalismo capitalista. Esto ocurre ya cuando se anuncia la candidatura de Carlos Saúl Menem, y se ve que Carlos Saúl Menem arregló con los grandes poderes del norte y aceptó el paquete, aceptó el paquete neoliberal. Lo que querían hacer aquí era una especie de prueba piloto del neoliberalismo.
¿Qué es el neoliberalismo? El neoliberalismo se basa en lo que llamamos el consenso de Washington, que son 10 puntos que diagramó el economista John Williamson. De esos 10 puntos vamos a basarnos en dos: Estado mínimo, y desregulación del mercado. Estos dos puntos vienen de Friedrich von Hayek, que es la figura tutelar del pensamiento neoliberal. Podríamos decir, su creador.
Von Hayek es un tipo bastante siniestro en algunas afirmaciones y demasiado franco. Von Hayek fue el asesor de la economía de Pinochet, y dice que está muy orgulloso de haberlo sido, porque él prefiere una dictadura a una democracia estatal. Porque cree que la democracia basada en el Estado lleva al comunismo. Esto cree von Hayek. Entonces, aquí tenemos uno de los principios fundamentales del neoliberalismo. Hasta tal punto von Hayek odia la intervención del Estado en la economía, que prefiere una dictadura sanguinaria que la evite, a una democracia que la instrumente. Entonces, von Hayek prefiere a Pinochet que a un gobierno populista que utilice al Estado para regular el mercado.
Ahora bien, tenemos que diferenciar entonces entre el liberalismo y el neoliberalismo. Para el liberalismo el mercado tiene que ser libre. El neoliberalismo dice que también quiere lo mismo, pero vamos a ver cuál es la cosa. Para un liberal como Adam Smith, el autor de La riqueza de las naciones, el padre del pensamiento capitalista, del liberalismo, el mercado debe regularse automáticamente, porque Adam Smith acude a una figura que es la mano invisible, que dice que es la que va a regular el mercado y establecer una democracia en el mercado.
En última instancia, lo que todos queremos, ya que estamos hablando de la democracia, es que el mercado sea democrático. ¿Cuándo el mercado no es democrático? Cuando sigue las leyes del señor von Hayek. ¿Cuáles son estas leyes? Bueno, estas leyes son Estado mínimo y desregulación del mercado. Entonces, cuando el Estado no interviene en el mercado, el mercado es libre, según la teoría neoliberal. Pero el mercado no es libre cuando el Estado no interviene, porque cuando el Estado no interviene, al mercado se lo comen los monopolios.
La desregulación quiere decir que el mercado queda librado a su propia dinámica sin que el Estado intervenga. Ahí los monopolios van consumiendo el mercado, concentrando el mercado, porque compran a las pequeñas y medianas empresas, las incorporan, o las funden. Finalmente, quedan tres monopolios en el mercado, y ese no es un mercado democrático, ese es un mercado profundamente antidemocrático, como el que tenemos hoy, por ejemplo, en los medios de comunicación.
Los medios de comunicación están manejados por dos grupos poderosísimos y alrededor de ellos sólo hay pequeños grupos que vegetan sin tener incidencia fundamental en la población. Porque un grupo monopólico comunicacional lo que quiere es crear el sentido común en una sociedad, y lo que quiere es capturar hasta tal punto la subjetividad de los receptores que crean en lo que el monopolio quiere que ellos crean. Entonces, la desregulación del mercado lleva a que nada lo regule, y cuando nada lo regule, los más poderosos se comen a los más chiquitos.
Y esto es lo que pasa con la política del menemismo. El menemismo impulsa realmente la política de la escuela de Chicago, de Milton Friedman, que siguen todos estos a von Hayek, y le dice a la población que siguiendo esa política vamos a acceder al primer mundo. Bueno, como una de las primeras cosas que hace la economía de Menem, muy monitoreada por Álvaro Alsogaray, que siempre ha sido un gran cuadro del imperio en este país, lo fue con Frondizi, lo es con Menem. Nada más que Menem le hace caso. Frondizi, al no hacerle caso, lo echan los militares y se va Martín García.
Ahora bien, Alsogaray dice: nunca creí vivir para ver la caída de la Unión Soviética y la desregulación del mercado en la Argentina. Cuando escuché esa frase de Alsogaray, pensé ¿por qué tengo que vivir para ver la felicidad de Álvaro Alsogaray, que es mi desdicha y la de la mayoría, la mayoría de los argentinos? Y así fue.
El menemismo implica la necesidad de pensar la complejidad que existe dentro del peronismo. Que el peronismo es complejo lo sabemos todos. Ahora, en el momento del menemismo todavía se complejiza más. ¿Por qué?
¿Por qué? Porque Evita decía: le tengo más miedo a la burocracia traidora del peronismo, a los burócratas peronistas que se quieran enriquecer, que a la oligarquía que derrotamos el 17 de octubre. Eso lo dijo Evita en las clases que daba en la Escuela Superior Peronista en 1951. Y efectivamente, así es, con el menemismo aparece esa burocracia angurrienta, bulímica, que se quiere devorar el país para llenarse los bolsillos.
Al frente de esa burocracia está su jefe, Carlos Saúl Menem. Se privatizan las empresas, se privatiza la soberanía nacional, se privatizan las empresas que el primer peronismo había nacionalizado. Entonces, en el artículo 40 de la Constitución de 1949, que es la que escribe el gran constitucionalista Arturo Sampay. Ese artículo 40, Scalabrini Ortiz, lo llama bastión de nuestra soberanía. Bueno, vamos a ver por qué es bastión de nuestra soberanía.
El artículo 40 dice: la organización de la riqueza y su explotación tienen por fin el bienestar del pueblo dentro de un orden económico conforme a los principios de la justicia social. Eso dice el artículo 40, negado totalmente por la política menemista de olvidar la justicia social y recaudar las ganancias de los bienes enajenados al capital extranjero entre los propios y entre los grandes consorcios financieros nacionales e internacionales que lo respaldan, y a los que aquí representa Álvaro Alsogaray.
El artículo 40 también dice: el Estado, y esto es muy importante, el Estado, mediante una ley podrá intervenir en la economía. O sea, esto es puro keynesianismo, ya vamos a hablar de Keynes, pero nosotros habíamos dicho que von Hayek decía desregulación del mercado y estado mínimo, y recuerden lo que decía la dictadura, la dictadura decía: achicar el estado es agrandar la nación. Esa era la consigna de Martínez de Hoz, bueno Menem comienza achicando el estado, anulándolo, pero el artículo 40 dice todo lo contrario, porque el gobierno de Perón fue un gobierno nacionalista, popular, que justamente nacionalizó todos los servicios, las fuentes de energía, y lo dijo así en el artículo 40: el Estado, mediante una ley, podrá intervenir en la economía y monopolizar determinada actividad en salvaguardia de los intereses generales y dentro de los límites fijados por los derechos fundamentales asegurados en esta Constitución.
Esta frase es fundamental para todo país que quiera ser autónomo, que no quiera rendirse como esclavo a los dictados de los organismos económicos internacionales (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, fondos buitres, etcétera, etcétera). La intervención del Estado se pone aquí en el centro del debate. Si el Estado interviene, el mercado puede ordenarse en favor de los pequeños, de los menesterosos del mercado, pero si el Estado no interviene, al mercado se lo comen los tiburones que se comen a los pequeños peces.
El Estado tiene que intervenir para crediticiamente hacer crecer a la pequeña y mediana industria. Los minerales, las caídas de agua, los yacimientos de petróleo, de carbón y de gas, y las fuentes naturales de energía, son propiedades imprescriptibles e inalienables de la nación. Esta es la Constitución del primer peronismo, que todo el antiperonismo dijo que se había dictado para posibilitar la reelección de Perón. Bueno, no, no es así. Se dictó para, justamente, para explicitar estas leyes, que son la trama profunda de todo país que quiera luchar por su autonomía estratégica.
Entonces, no es casual que el artículo 40 de la Constitución del 49 haya sido retomado por la Constitución de la unidad popular de Salvador Allende. Cuando se privatiza, al privatizar, las empresas no necesitan un mercado interno consumidor, entonces pueden mandar a la miseria y a la exclusión social a todos a quienes se les antoje, mientras que la creación de una industria nacional necesita un mercado consumidor. Entonces, ahí hay trabajo, hay sueldos, hay cobertura para el mercado consumidor, para que consuma lo que producen las industrias.
Hay, digamos, una dialéctica entre industrias productoras y mercado consumidor.
El estado de bienestar no solo es un concepto económico. Los conceptos económicos nunca son solamente conceptos económicos. Pero el estado de bienestar es un concepto humanista. Detrás del estado de bienestar está el deseo del Estado de estar al servicio de la población, de cuidar a la población del país.
Y el Estado de bienestar siente que su responsabilidad es garantizar el trabajo de la población. Ustedes denle a la población un trabajo digno, con un salario digno, y van a ver que se reduce la delincuencia automáticamente en un 80% sin tirar un tiro. Pero hay que hacerlo eso. Para eso hay que proteger a la industria nacional. Si la industria nacional crece y puede dar empleo pagándolo bien, no va a haber delincuentes. O va a haber muchos menos, muchísimos menos.
Ahora, el asistencialismo no es lo mismo que el trabajo, porque el trabajo es una obligación que el Estado y las empresas nacionales tienen con los ciudadanos. Entonces, el Estado tiene que garantizar que el ciudadano pueda trabajar, y no como esclavos, sino en un trabajo digno. El estado de bienestar entonces tiene que garantizar esa existencia, la de un mercado que pueda incorporar trabajadores con un salario que reconozca verdaderamente eso.
Esto es un gesto humanitario, y el economista que inventó esta teoría es John Maynard Keynes, que después del crack del 29, escribió un gran trabajo (en 1926, antes, o sea que ya lo tenía en la cabeza) que era el fin del laissez faire. ¿Qué es el laissez faire? El laissez faire es dejar hacer. En realidad se completa con otra, laissez faire, laissez passer, dejen hacer, dejen pasar.
Esto lo implementa el liberalismo británico, para justamente poder conquistar los mercados ultramarinos y traer de allí materias primas baratas. Entonces, Keynes, en el fin del laissez faire, ofrece esta teoría para solucionar el crack del 29. En el 29, el capitalismo entra en una crisis pareciera terminal, se derrumba todo. Entonces Keynes le dice a Roosevelt, que era muy inteligente, que el estado de bienestar lo primero que tiene que hacer es aumentar los sueldos.
Ustedes observen, no es que Keynes fuera más bueno, era más inteligente. Esta política la hizo Perón también. Primero le dijo a Roosevelt, aumentemos los sueldos. Si aumentamos los sueldos, aquellos que reciben el aumento de sueldos van a poder comprar mercancías. Los que fabrican mercancías son nuestros industriales, así vamos a rehabilitar la industria. Por el contrario, al menemismo nada de esto se le pasó por la cabeza. El menemismo siguió utilizando como materias primas a los bienes de capital nacional, como los trenes, los aviones, el petróleo, y los vendió, los mal vendió a todos, y se los repartió en una fiesta infernal de la corrupción.
Así, la Argentina contrae una deuda externa que duplica a la que ya habían contraído Martínez de Hoz y la dictadura militar. El menemismo desmantela el Estado de bienestar y realmente achica el Estado, cosa que los represores de la dictadura no habían podido hacer porque los militares dominaban las industrias militares, dominaban la aviación, y además los militares necesitaban al Estado para la represión. O sea que Martínez de Hoz no pudo llevar adelante su plan de achicar el Estado.
Bueno, con Menem... Menem tiene una gran oposición, pero también tiene un gran apoyo porque Menem larga una medida que para la clase media argentina, alta o baja o lo que sea, es como maná del cielo, que es la convertibilidad. ¿Y qué es la convertibilidad? Es el sueño imposible de pertenecer al primer mundo y decir que un peso vale lo mismo que un dólar. Albricias, la clase media empieza a viajar por todo el mundo, y bueno, las clases altas ya viajaban, y las clases bajas no viajan nunca, como siempre. Pero esta fiesta de un dólar un peso, reproduce la plata dulce de Martínez de Hoz, que dijo: mi mayor conquista es haberle permitido viajar al pueblo argentino.
El estado neoliberal que implanta el menemismo destruye al estado de bienestar.
Todos aquellos que esperaban de ese político con aires de caudillo riojano, con las patillas largas, que andaba a caballo, que quería ser la reencarnación de don Juan Facundo Quiroga, fue esfumándose. Las patillas se le fueron cortando, cada vez se vistió mejor, con trajes que brillaban, y pronto pronto todos se fueron dando cuenta de que la cosa no iba para el lado del pueblo.
Esto se veía venir, y vino. Como vino, lo que se impuso fue el Estado neoliberal. Con el Estado neoliberal, en consecuencia, el Estado fue prescindente en muchísimas cosas que hizo el mercado. Y también, también actuaron decididamente a favor del remate del país las cámaras (la Cámara de Diputados, la Cámara de Senadores), y el sindicalismo milagrosamente desapareció de la política. Por ejemplo, la figura de Saúl Ubaldini que todos los días salía a decir algo contra Alfonsín, con Menem se evaporó.
O sea que el partido justicialista en totalidad respaldó esta política de Menem, pero también la respaldó la ciudadanía argentina, porque todos empezaron a sentirse miembros del primer mundo, un peso un dólar, viajemos, todos se sentían maravillosamente. Mientras tanto lo que esta política generaba era una exclusión realmente aterradora. Decenas de miles, y decenas de miles de personas, se quedaban sin trabajo y eran arrojadas a la marginalidad, eran arrojadas a la nada, eran arrojadas fuera de la sociedad civil.
Entonces, lo que se elimina es lo político-institucional. Digamos, lo político-institucional se pone al servicio del Estado. En este sentido, no es que sea un Estado fuerte, es un Estado obediente. Es un Estado obediente que consigue el respaldo de las cámaras. Las cámaras entonces le dicen al Estado: vamos a votar y a aprobar lo que usted, doctor Menem, promulgue. Hay una subordinación de lo estamental parlamentario al Estado que negocia con los grupos económicos.
Entretanto, lo que llamamos la política, es decir, la territorialidad de la militancia, desaparece. Y esto pertenece al espíritu de los tiempos, a las filosofías posmodernas que traen un aura de desencanto. Por ejemplo, hay un francés, Gilles Lipovetsky, que no vale mucho pero ahí estuvo en los 90, escribiendo libros como La era del vacío. O sea, Carlos Menem representó en la Argentina, a su modo, la posmodernidad y la caída de las certezas, y la caída de lo que se llamaba las utopías y los grandes relatos, y representó también esa era del vacío.
¿Qué vacío? Un vacío moral. Ya la moral no tenía por qué angustiar a nadie. Hay otro libro de Lipovetsky que se llama El orden posmoral, algo así, donde inventa lo posmoral. Ustedes saben que cualquiera que pone pos adelante de otra palabra está inventando una teoría. Entonces Lipovetsky puso posmoral. ¿Qué quería decir posmoral? Una degradación de la moral, una moral sin sanción ni castigo, dice Lipovetsky.
Entonces aquí estamos, en pleno menemismo. La era del vacío, la era del vacío. No hay moral dura, no hay moral dura. Nadie, por ejemplo, un Che Guevara diría liberación o muerte. Vengan conmigo a morir en Bolivia y a liberarnos del imperialismo. Perón o muerte era una consigna de la izquierda peronista. Bueno, nada de eso. Lo que propone Lipovetsky es el vacío, los dogmas morales livianos, una moralidad liviana, digamos, Perón o conversaciones atinadas, sería la consigna de Lipovetsky, ¿no? Y todo esto lo toma Menem y así se hace el menemismo, con una liviandad total, ausencia de moral, y ausencia de militancia territorial. Y, entonces, se sigue el orden natural de las cosas, que en el mundo era el orden del neoliberalismo. De todos modos, Argentina fue una especie de conejito de indias del orden neoliberal.
El Estado popular nacional y democrático, por el contrario, se opone al orden natural de las cosas, porque ese llamado orden natural de las cosas es siempre el orden de los poderosos. Los poderosos imponen su propio orden en los hechos históricos, y a ese orden que ellos han impuesto a los hechos históricos lo llaman orden natural de las cosas. Igual que los grupos mediáticos que crean el sentido común. Crean el sentido común, lo que la gente habla todos los días. Esas verdades o semiverdades, convicciones que dice la gente están fijadas por el poder mediático.
Entonces, el país carece con Menem de una política propia que frene la avaricia descomedida de los agentes económicos. Y, por otra parte, se dan altísimas tasas de interés a lo que hoy llamamos capitales buitres, que son cómplices. Porque usted, dígame, si usted tiene que invertir en algo y le dan el 40% por su dinero, usted tiene que sospechar que no le van a poder devolver el dinero. Entonces, su angurria, su avaricia, lo hace poner el dinero ahí. Y bueno, embrómese, mi amigo, se tendría que haber dado cuenta que estaba participando de una estafa. Porque el gobierno de Menem en gran medida fue una estafa para todos.
La conclusión a la que debemos llegar es que el neoliberalismo está reñido por completo con la democracia, porque el neoliberalismo es una política económica (política económica porque no hay economía que no sea política) para que los grandes sean cada vez más ricos y los chicos sean cada vez más pobres. Los grandes a su vez cada vez son menos, y los pobres cada vez son más.
Y esto no es democracia la democracia es algo para todos, y por eso hoy estamos hablando de ella y de lo difícil que fue y es mantenerla en la Argentina. Porque hoy ese problema se está dando también en la Argentina. Están los que piden Estado mínimo y desregulación del mercado, y el gobierno que pide Estado de bienestar y regulación del mercado. Veremos.
Chau, hasta luego.