Los movimientos políticos en Argentina durante el siglo XX. Partidos, ideologías y figuras cuyo compromiso con sus ideas y con aquello que pensaron marcaron el pensamiento nacional contemporáneo. La izquierda argentina y sus máximos referentes, el anarquismo, la Unión Cívica Radical, el peronismo, el 17 de octubre, el Cordobazo y el Viborazo.
Estamos en el encuentro 7, temporada 7 de Filosofía aquí y ahora. Lo que estamos haciendo ahora es introducción a los movimientos políticos en la Argentina, o sea, que estamos tratando de develar cómo fueron los movimientos políticos que dieron forma a este país que hoy tenemos.
Entonces, de ese modo estamos hablando de distintos personajes que encarnaron las tendencias de esos partidos, que encarnaron ideologías, que lucharon por ideologías, que se comprometieron por sus ideas, bien o mal, pero todos pasaron a la historia de alguna manera porque se comprometieron fervorosamente con aquello que pensaron.
Hoy nos vamos a ocupar de una célebre avenida, es decir, perdón, de un célebre personaje de nuestra historia que, como todo célebre personaje de nuestra historia, tiene una avenida.
Entonces, Juan B. Justo es un tipo culto, viene de una familia bien, es un intelectual, y ya en 1909 se atreve a escribir una Teoría y práctica de la historia. Su formación es marxista. Esta formación marxista... Y quiero adelantar que Juan B. Justo es el primero que traduce El capital, Das Kapital, de Karl Marx al castellano, y se edita en España.
Como buen hombre de izquierda, Juan B. Justo tiene un concepto de una humanidad que nunca se detiene. La izquierda tiene que postular que la humanidad nunca se detiene porque, en realidad, la izquierda lucha por el futuro. Los conservadores luchan por el presente. Al luchar por el presente, luchan por mantener las cosas que consiguieron en el pasado. Es decir, este presente es mío. Porque lo conseguí luchando en el pasado. Soy un conservador, quiero conservar esto.
La izquierda piensa todo lo contrario. Este presente no es mío. Es de la derecha. En consecuencia, quiero que este presente sea de los pobres, de los humildes, de los proletarios. Hay que cambiarlo. Entonces, tenemos que luchar por un futuro mejor (frase muy conocida). Y entonces, para confirmar este concepto, Juan B. Justo dice: ay de los ilusos que ven un mundo quieto.
Y en esto tiene razón, el mundo no está quieto. Ahora, lo que Juan B. Justo no tiene incorporado es que, si bien el mundo está quieto, no sabemos a dónde va. Pónganse ustedes en el día de hoy y contesten a esta pregunta, ¿a dónde va este mundo de hoy? Pero Juan B. Justo vivía en una época en la cual la ilusión en el progreso histórico era la bandera fundamental de la izquierda política. Tiene que haber un progreso histórico porque en ese progreso histórico se van a realizar nuestras esperanzas. Esto es lo que dio fe, fuerza, lucha, a la izquierda.
El futuro es nuestro camarada es una frase del stalinismo, es una frase del comunismo. Incluso Marx, y aquí nos vamos a detener un poco, Marx elabora una teoría del progreso histórico, que es la dialéctica. La dialéctica que Marx hereda de Hegel quiere decir que la historia nunca se detiene. Por ejemplo, lo que decía Hegel es que la burguesía había destruido al feudalismo y que la burguesía iba a engendrar desde sí misma a su verdugo, que era el proletariado industrial. Que el proletariado industrial iba a destruir a la burguesía e iba a engendrar una sociedad justa, sin clases, sin expoliación, sin explotación. Entonces, como vemos, forma parte profunda, de la teoría de la izquierda, esta versión que se llama lucha de clases.
Hay un cuadro de Berni que es muy claro, y que en primer plano están las caras de varios proletarios explotados, hombres, mujeres, y que miran hacia el futuro. Y todos ellos están iluminados. ¿Por qué están iluminados? Por la luz que viene del futuro. ¿Qué es la luz que viene del futuro? Es la luz de la esperanza. Es la luz que les dice: camaradas, luchen. La lucha tiene un sentido porque el futuro es nuestro, y no en vano esta luz nos está iluminando. Vayamos en el camino de esta luz y vamos a ganar esta batalla por la dignidad humana.
Lo que plantea Marx en el Manifiesto comunista y en El capital, con mucha mayor cientificidad, es que la sociedad se divide básicamente en dos clases, los proletarios y los burgueses. ¿Los burgueses qué tienen? Los burgueses tienen el dinero, tienen el dinero. ¿Los proletarios qué tienen? Solamente su fuerza de trabajo, sus manos, mi capacidad de vender lo que yo soy capaz de hacer con mis manos. Entonces hay una asimetría fundamental. El capitalista tiene el dinero, y compra la fuerza de trabajo del proletario. Los dos después van a la fábrica. Pero, como dice Marx, ¿por qué uno va tan contento y el otro va tan triste? Bueno, lo vamos a ver.
Como era inevitable, y él lo tenía que hacer porque era un hombre riguroso en su formación, Juan B. Justo lee prolija y obsesivamente a Marx. Lo hace sobre todo a lo largo del año 1892. Juan B. Justo se va acercando al positivismo.
A ver, ¿qué es el positivismo? El positivismo es una filosofía que cree en los hechos. En consecuencia, el positivismo es una filosofía del establishment. ¿El establishment qué es? El establishment es algo que dice: señores, las cosas son como son, hay un orden natural de las cosas que es el que nosotros representamos. Ese es el positivismo, una filosofía cositivista, una filosofía de las cosas. Entonces, siempre le conviene a la derecha dejar las cosas tal como están.
Pero Justo, como tenía alma de médico, de científico, de investigador, la ley, la filosofía de esta clase de gente era el positivismo, que ellos creían que era de izquierda, porque se atenía a la materialidad. Pero Marx nunca fue positivista.
En el devenir de su vida, Juan B. Justo llega al diario La Vanguardia, que es un símbolo del periodismo socialista, y ahí Justo comienza a trabajar. ¿Qué es La Vanguardia? La Vanguardia va expresando las ideas del socialismo en América Latina. Pero el socialismo no sabe muy bien qué hacer en América Latina, porque América Latina no tiene lo que tenía la Gran Bretaña de Marx, no tiene proletarios industriales inteligentes capaces de entender la teoría marxista y arrojarse en brazos de la revolución. Tiene inmigrantes pobres, tiene inmigrantes pobres, hombres de ultramar, o gauchos derrotados. Eso es lo que encuentra Juan B. Justo en la Argentina. Se siente desconcertado ante eso. ¿Con qué va a hacer la revolución proletaria si no hay proletarios? Lo que hay es una oligarquía que explota despiadadamente a los que han llegado de ultramar.
Bueno, de todos modos, Juan B. Justo era un hombre de insistir, y esto es muy bueno, es muy bueno porque era un hombre de ideas y que llevaba las ideas a la acción. En este sentido es un hombre admirable y crea, es el creador del Partido Socialista Argentino. No lo crea con mucho éxito porque el socialismo requiere masas, y requiere masas con la suficiente conciencia como para entender qué es el socialismo. Y las ideas socialistas rechazan el terrorismo, y quieren apropiarse del Estado para facilitar la terminación de la lucha de clases, y lograr que se disuelva la lucha de clases, y llegue el momento de la sociedad de la plenitud en la cual la explotación sea erradicada.
Entonces, habíamos dicho que Juan B. Justo traduce El capital en un esfuerzo enorme, enorme, y que El capital traducido por Juan B. Justo es la primera traducción de El capital que se produce en América Latina. De algún modo aquí tenemos otro orgullo argentino, como el dulce de leche, el colectivo, Messi, etcétera, etcétera. Ahora, al traducir El capital, Juan B. Justo ve que es un texto tan difícil que lo aleja necesariamente de las masas. Y Juan B. Justo piensa, se da cuenta, que este libro que Marx escribió en Gran Bretaña, en el British Museum, solo es un libro para Gran Bretaña, que lo pueden entender los proletarios industriales de Manchester y Liverpool, aunque no pueden entender El capital, entienden más los panfletos, el Manifiesto comunista. El capital es un libro para fundar, fundamentar el socialismo en los niveles académicos. Con lo cual, efectivamente, ha logrado un éxito considerable, es un libro respetadísimo.
Pero la Argentina tiene otro desarrollo respecto de la burguesía inglesa. Es muy simple. La Argentina no solo es un país nuevo. La Argentina es un país periférico, subalterno, que se ha estructurado de acuerdo al pacto neocolonial. Si alguien cree que en 1810 este país se independizó, hizo una revolución: no. Lo que hizo este país es salir de la órbita hispánica y entrar en la órbita británica. Eso lo llamamos pacto neocolonial.
En realidad, la izquierda argentina tarda muchísimo en entender que un país en atraso no puede ser la vanguardia de la historia, que si la revolución socialista no se hace en Gran Bretaña, menos se va a hacer en un país subalterno, explotado, neocolonial.
Vamos a hablar ahora de otro hombre de la izquierda. Vamos a hablar de Alfredo Palacios. Juan B. Justo y Alfredo Palacios quizás sean antiguos representantes de la izquierda. De todos modos, la izquierda sigue enfrentando el problema que enfrentaron Juan B. Justo y Palacios, es decir, una lectura muy lineal de Marx que intentan aplicar a la compleja realidad argentina, que es tan compleja como el peronismo.
Palacios, entonces, Palacios era un disfrazado sin carnaval, como diría Discépolo, ¿no? Un disfrazado sin carnaval. ¿Porque estaba disfrazado de qué? Estaba disfrazado de mosquetero, de paladín romántico con un sombrero de ala ancha, unos bigotes así, se vestía de negro, y usaba una capa de tanto en tanto. Y bueno, eso le dio una fama fácil, claro.
Luchó por muchas cosas y consiguió muchas leyes, Palacios. Fue un brillante parlamentario, y por supuesto formó parte de la Unión Democrática junto a todos los sectores oligárquicos y al embajador de los Estados Unidos, Spruille Braden, que encabezó esa manifestación de la civilización contra la barbarie que avanzaba inexorablemente.
Palacios, pese a ser un hombre de izquierda, acompaña a la oligarquía con enormes carteles de Rivadavia, Sarmiento, y Mitre. No sé qué carteles hubiera puesto Palacios. En realidad, estaba de acuerdo con esos carteles, Palacios estaba de acuerdo con que esos hombres habían sido la burguesía de la Argentina, mientras que los gauchos federales habían sido la barbarie. Tenían que imponerse esos hombres de Buenos Aires porque ahí se imponía el progreso burgués que se iba a atar al progreso europeo, y ahí la Argentina iba a surgir. Este es el esquema de Marx.
Marx decía que los países bárbaros debían ser tomados por los países centrales, y los países centrales los iban a desarrollar, y a crear en ellos condiciones revolucionarias porque iba a surgir de la burguesía el proletariado revolucionario. En cambio, de los indios o de los chinos no iba a surgir nada. Hacen una traslación mecánica de eso y dicen: bueno, de los gauchos federales no va a surgir nada, en cambio de la culta Buenos Aires con sus relaciones con Europa, va a surgir alguna vez el proletariado que nosotros necesitamos. Y entonces todo va a cambiar. Apostemos mientras tanto, tácticamente quizás, por la burguesía argentina.
Entonces, este error fundamental de la izquierda argentina, que se sigue produciendo, se sigue produciendo, es que la izquierda argentina nunca ve el progresismo que hay en el peronismo. Además el peronismo no muestra siempre su progresismo. En el 46, Perón gana, y gana muy bien con el apoyo de los negritos, de las migraciones internas, de los morochos sudamericanos. A esos negritos y morochos sudamericanos, Perón es el que les da cobertura política. No importa por qué, si era bueno, si era un demagogo, si era un manipulador, era un modo de construir política.
Perón vio al sujeto político de ese momento. Todos los demás no lo vieron o lo detestaron. Entonces, Perón, con eso, construyó su poder.
En febrero de 1946 Perón gana claramente las elecciones, asume, y asume como quien asume para siempre. Esto hunde en la depresión a muchos políticos, y un poco bastante también a Alfredo Palacios.
Alfredo Palacios y muchos otros políticos al estar deprimidos acuden a una vieja solución argentina, que ya había dado muy buen resultado. Lo desagradable es que sea Palacios el que acuda a esto, y Balbín y otros, en fin, es lo que se llama golpear la puerta de los cuarteles, que es lo que se hace cuando no se tienen votos para ganar las elecciones.
El caso es que lo mete preso a Palacios. Y aquí hay una anécdota linda de Palacios. Palacios estaba preso y no sé qué quería, quería comida, quería agua, y les grita a los carceleros: vengan a atender a un hombre libre. Bueno, para esas frases era fantástico, porque él estaba preso y los otros no. El hombre libre era él, porque él había luchado por la libertad de este país.
En cuanto a Perón, meterlo preso a Palacios fue un acto tonto. Palacios estaba seguro de que luchaba contra el nazifascista Perón, con una visión realmente muy acotada de la realidad. Era incapaz de abrirse a algo más, incapaz de ver que los sectores marginados, hambreados de la sociedad por los cuales un socialista debe luchar, estaban amparados por ese general Perón. Debió acercársele, dialogar con él, y decirle algunas cosas que él pensaba. Perón creo que lo hubiera recibido.
Se produce el golpe de 1955 y asume Lonardi. Lonardi el católico, Lonardi el que dice ni vencedores ni vencidos, y al decir eso lo echan violentamente para ponerlo a Aramburu, para quien había sí vencidos. Lonardi lo nombra a Palacios embajador en Uruguay, república esta, la del Uruguay, que había colaborado apasionadamente con el golpe de la libertad en la Argentina.
Palacios, sin embargo, es un hombre que se diferencia de otro, Américo Ghioldi, socialista también y conocido como director del diario La Vanguardia, y conocido también como Norteamericano Ghioldi. Porque cuando se producen las ejecuciones de 1956 con el golpe de Valle, y cuando fusilan a Valle y a Tanco, y cuando matan en las zanjas de José León Suárez a 28, 29 militantes peronistas, iniciando esa estética de las zanjas de la muerte, Palacios se opone. Se opone terriblemente desde Uruguay y dice: esto no puede ser, esto es terrible.
Ernesto Sabato, no sé que tira que lo ligaba a la Libertadora, y también se opone, y bueno, muchísima gente se opone. En cambio, Américo Ghioldi, socialista, dice: está muy bien. Y lanza una frase de la historia de la maldad, de la crueldad de la Argentina: se acabó la leche de la clemencia, dice. Bueno, con esta frase que es realmente horrorosa y que, si la vuelven a oír, váyanse a cualquier lado, porque si se acaba la leche de la clemencia, viene la hiel de la locura homicida.
Vamos a concluir un poco algo, a redondear algo de Justo y Palacios. Justo muere en 1928 cuando Hipólito Yrigoyen asume su segundo gobierno, y en realidad muere bastante a tiempo como para no hacer, yo qué sé, demasiados dislates. Justo deja una imagen de un hombre estudioso que traduce El capital, que introduce muchas leyes, que está a favor de los pobres y que, sin embargo, algunos creían detectar en él una suerte de racismo, pero bueno, esto está medio en una nebulosa. En realidad, sería medio absurdo porque Justo era un hombre justo.
En cuanto a Palacios, Palacios estuvo en la marcha de la Unión Democrática, después se rebeló contra los fusilamientos de la Libertadora, después viajó a Cuba, volvió más socialista y convencido que nunca, y después como todos nosotros, se murió. Nosotros todavía no, por eso hablamos de él, y él no habla de nosotros. Pero él se murió.
Y bueno, así cerramos entonces Justo y Palacios.
Chau. Hasta luego.