Los movimientos políticos en Argentina durante el siglo XX. Partidos, ideologías y figuras cuyo compromiso con sus ideas y con aquello que pensaron marcaron el pensamiento nacional contemporáneo. La izquierda argentina y sus máximos referentes, el anarquismo, la Unión Cívica Radical, el peronismo, el 17 de octubre, el Cordobazo y el Viborazo.
Nos vamos a ocupar en este encuentro de un hombre bueno. Sí, aunque no lo crea. De un hombre bueno, honesto, sufrido. Nos vamos a ocupar del fundador de la Unión Cívica Radical, nos vamos a ocupar de Leandro Alem.
Leandro Alem tiene un origen federal y popular, porque Leandro Alem tiene raíces en su padre. ¿Quién era su padre? Su padre era Leandro Antonio Alén, con N final, y había sido miembro importante de la Sociedad Popular Restauradora más conocida como la Mazorca.
La Mazorca era una organización parapolicial que respondía a las órdenes de don Juan Manuel de Rosas. La Mazorca está dirigida por Ciriaco Cuitiño. Cuitiño era el bravo, el duro, el impiadoso director de la Mazorca, que logró una oscurísima fama, mucho más oscura de lo que realmente fue, porque también los otros tenían una oscura fama que nunca fue tan resaltada por los libros escolares como la de la Mazorca, porque Rosas no forma parte de la iconografía liberal. Al contrario, es el tirano.
Sin embargo, el padre de Leandro Alem se suma tempranamente a la causa de Manuel Dorrego, que llega a ser gobernador de la provincia de Buenos Aires. Al ser gobernador de la provincia de Buenos Aires, Manuel Dorrego es un gobernador legítimo, ha sido elegido por el pueblo de Buenos Aires. Sin embargo, Lavalle, Lavalle, que regresa de la Guerra del Brasil, con el que es todavía el Ejército Libertador, da un golpe contra Dorrego. Es el primer golpe de Estado de la Argentina, y luego, influido por las cartas de los unitarios, lo mata, lo fusila a Dorrego.
Luego, con Rosas, que asume la gobernación como el vengador de la muerte de Dorrego, Leandro Alén se queda en la Mazorca y es un importante miembro de la Mazorca, como dijimos. Forma parte de las fuerzas de Hilario Lagos, que luego de Caseros atacan al gobierno de Buenos Aires y son derrotados. Al ser derrotados, los unitarios detienen a Leandro Alén, y lo ahorcan en presencia de su hijo. O sea, Leandro Alem, ve morir a su padre en la horca.
Esta muerte del padre de Leandro influyó tanto en su psiquis porque, además, lo dejaron colgado cuatro horas para la visión del pueblo, como diciendo: miren, aquí está ese mazorquero sangriento, mírenlo bien, esto es lo que hacemos con los mazorqueros asesinos. La gente internalizó así la crueldad de que era capaz el nuevo régimen unitario, que a partir de la batalla de Pavón salió a matar gauchos a sangre y sable.
Ahora, el caso es que Leandro Alem crece con la vergüenza por la muerte y por la actividad, por la estirpe, de su progenitor. De todos modos, Alem se lanza a una carrera política en la que va a tener éxitos y fracasos, como todos.
Leandro Alem nace. Como todos nosotros, nace. Nace en 1842.
Como dijimos, surge a la vida con una voluntad política muy fuerte, un poco erosionada por el destino cruel, duro, de su padre, y por la influencia que él cree que eso tiene en él. Pero, sin embargo, para Leandro Alem la vida va a estar identificada con la ética, con la ética política, con la ética individual. O sea, es un hombre que va a amar las causas justas.
Desde muy joven decide dedicar su voluntad política a las causas que él considera honradas, a esas causas por las cuales vale la pena pelear. Porque para esto, considera, estudió y para esto se formó. Tiene una enorme sensibilidad para con los que sufren, con las víctimas, con los agredidos. Es un hombre que vino al mundo para estar del lado de los perdedores. Esto es lo que hace de Leandro Alem un ser excepcional, vino como político para estar al servicio de los perdedores.
Se suma a los ejércitos de Urquiza. Lucha en la batalla de Cepeda, a favor de Urquiza y ya en la batalla de Pavón lucha a favor de Mitre. No hay mucha coherencia en esto, y no la ve Leandro Alem. Entonces, una vez que la batalla de Pavón termina, Alem tiene 27 años y entra entre los diputados del Partido Autonomista de Adolfo Alsina. Así comienza su carrera dentro de la política. A los 20 años es diputado del autonomismo alsinista. Esta iniciación le permite después entrar en la legislatura provincial en el año 1872, cuando José Hernández empieza a escribir el Martín Fierro en un hotel de la ciudad de Buenos Aires. Ahí el joven Alem entra en la legislatura. El joven Alem insiste en la defensa y en la necesidad del sufragio universal, que lo va a lograr el radicalismo a través de Yrigoyen en un pacto con Sáenz Peña.
Leandro Alem se destaca por una oratoria florida, porque es poeta. O sea, es un hombre político, es un hombre profundamente neurótico, es un hombre de un gran ímpetu. Pero también es un poeta, lo que adorna, ornamenta, su oratoria. Ahora, había en él, en Alem, un juego como es muy habitual entre lo maníaco y lo depresivo. Lo maníaco lo llevaba al gran entusiasmo y a los grandes discursos, y lo depresivo lo obligaba a recluirse y a no tener la fuerza necesaria para afrontar la realidad, como no la tiene el depresivo.
La etapa del surgimiento de la Unión Cívica de los radicales es muy compleja. Hay que entender que había en ese momento un ejemplo lamentable en el gobierno de la República. Ese ejemplo era el gobierno de Juárez Celman. Juárez Celman había sido puesto por Roca, y era un gobierno tremendamente corrupto, que contraía deudas con el exterior, y que en el cual, en ese gobierno, estaba, digamos, tolerado el robo, el dinero para los amigos... Es muy parecido, y muchos lo han comparado con el gobierno de Menem, en cuanto a la profunda corrupción y al profundo amiguismo que recorría a esos dos gobiernos.
Juárez Celman concentra todo el poder en su persona, por lo cual a su gobierno le dicen el unicato, el unicato, o sea que todo está unido, centralizado en la presencia del presidente. Ahora, hay una oposición a Juárez Celman. ¿Qué oposición es? La del eterno Bartolomé Mitre, que todavía anda entreverado por ahí, tratando de hacer algo por la patria.
Vamos a tratar de ver qué pasa con Juárez Celman, qué hace Mitre y, sobre todo, porque es nuestro tema, qué hace Leandro Alem.
Alem empieza a sentirse un poco solitario, cosa muy mala para un depresivo. Había roto sus relaciones con Mitre, también se había peleado con Adolfo Alsina. O sea que necesita nuevos apoyos. Estos nuevos apoyos primero los encuentra al formar el Partido Republicano con Aristóbulo del Valle, que es un político de la época que en ese momento pareciera venirle bien a Alem. Pero Alem va a encontrar otra persona en la cual va a poder respaldarse y sentirse más acompañado. Esta persona es Hipólito Yrigoyen, que es su sobrino.
Entretanto, la Unión Cívica Radical, conducida por Leandro Alem, realiza una revolución. Que lo tengan claro nuestros amigos los radicales: llegaron a conseguir el Sufragio Universal e Yrigoyen llegó al gobierno después de tres revoluciones: la del Parque, la de 1897, y la de 1905. La más famosa de todas es la Revolución del Parque, contra estos depredadores que están en el gobierno. Se hace en junio de 1890. Esta revolución es derrotada, pero sin embargo hay una frase que surge de esta gesta que encabeza Leandro Alem: la revolución fue derrotada, pero el gobierno está muerto. Frase contundente.
Alem sale fortalecido, rompe con Mitre, como dijimos, y con Mitre había hecho la Unión Cívica, pero ahora él crea la Unión Cívica Radical. O sea, tenemos aquí al creador de la Unión Cívica Radical que aparece con una acción revolucionaria para derrocar a un gobierno de ladrones. Así aparece en nuestra historia, de muy buena manera, la Unión Cívica Radical. La funda un hombre honesto y limpio como Leandro Alem, hijo de un mazorquero que se había levantado contra el gobierno porteño. Viene Leandro Alem del federalismo por la lucha de su padre, y él crea un movimiento esencialmente popular que esto es lo que ha sido y debe ser la Unión Cívica Radical.
Entonces, vamos a decir una verdad, que nos gusta decirla. La Unión Cívica Radical es un partido revolucionario en 1890, en 1896, y en 1905. ¿Qué quiere la Unión Cívica Radical? Quiere destruir el fraude, la corrupción, toda la basura moral del gobierno de Juárez Celman. Entonces, toda la basura legislativa, toda la basura económica, toda la corrupción, y eso comienza a lograrlo.
Entretanto, en la capital, en las elecciones, su partido tiene una derrota muy grande, y la revolución de 1905 ya es más encabezada por Hipólito Yrigoyen. Cuando le dicen al presidente, en ese momento, que estalló una revolución, se lo dice su valet: señor presidente, ha estallado una revolución, ¿usted qué piensa hacer? Y Quintana dice, por ahora ponerme los pantalones. Bueno, la revolución no triunfa, porque no toma el poder, pero acorrala al régimen, porque Yrigoyen ya comienza a distinguir entre la causa, que son ellos, y el régimen, que son los corruptos, los políticos nefastos a los que la causa se enfrenta.
Como dijimos, Leandro Alem y el radicalismo en general, e Yrigoyen también va a mantener esto, distingue entre dos conceptos muy diferenciados: está la causa y está el régimen.
¿Qué es la causa? La causa es aquello por lo que se vive. La causa es aquello por lo que se lucha. La causa es aquello por lo que se respira, porque la vida tiene un sentido. Porque yo, dicen los radicales, dice Alem, dicen los radicales, tenemos una causa. Nuestra causa es derrotar a este régimen infame que se ha apoderado de nuestro país. Queremos para nuestro país otra causa, una causa sólida, decente, moral. Esta concepción de la moral es constitutiva de Leandro Alem, y va a ser constitutiva también de los mejores hombres del radicalismo.
Entretanto, Alem comienza a tener conflictos internos en la Unión Cívica Radical, algo que quizás él no esperaba porque era un hombre bueno y no podía concebir que se le opusieran, que lo cuestionaran. ¿Y con quién empieza a tener grandes diferencias? Nada menos que con su sobrino Hipólito Yrigoyen, que tiene una concepción distinta en muchas cuestiones que para Leandro Alem son fundamentales.
Alem, además, y esto Yrigoyen lo detecta, Alem se muestra cada vez más cansado, más enfermo y deprimido. Alem es un hombre enfermo a lo largo de su vida. Enfermo y sano, enfermo y sano, pero cuando empieza a sufrir muchos reveses, la enfermedad lo va ganando. Y los procesos depresivos, cuanto más fuertes son, más convencen a la persona que lo sufre que la única salida, que la única cura, es la autosupresión, el suicidio. Como dice Jeane Améry: levantar la mano contra uno mismo. Entonces, Alem elige el suicidio.
Es muy raro que un político se suicide. Tiene que tener una alta concepción moral de la vida, y también tiene que estar erosionado por una enfermedad muy dolorosa. El caso es que el primero de julio de 1896, frente al Club del Progreso, se quita la vida con un balazo. Esa es una forma terminante de quitarse la vida. De ahí no se sale. El balazo es casi inapelable en el suicidio.
Entretanto, Alem deja un testamento notable. Lo deja sobre su escritorio para que sea leído después de su muerte. Y este testamento ha pasado a la historia argentina como el Testamento de Leandro Alem. O sea, después de muerto, su palabra sigue existiendo en la historia argentina porque él la ha dejado escrita en algo que es su testamento. De este testamento, sus principales pasajes, los más profundos, los más dolorosos, son los siguientes... He terminado mi carrera. He concluido mi misión. Para vivir estéril, inútil y deprimido, es preferible morir. Esta es una elección total. Y, finalmente, lanza su frase más célebre: sí, que se rompa, pero que no se doble.
Lo que quiere decir esta frase es que los principios de la vida de un hombre no pueden doblarse nunca, no se negocian, no tienen precio. Los principios de la vida de un hombre son duros como el acero, y el acero no se dobla. Doblarse es ser y actuar como dos personas distintas. Una vez se dobla, una vez se es de acero. No, no, es preferible romperse antes que doblarse. Se actúa en la política, se comienza a actuar en eso que hoy llamamos lo pragmático. Lo pragmático es el canto, el himno, a la política del doblez. Todos son dobles, todos tienen dos, tres, cuatro caras. La ética política no es así. En la ética política entran aquellas actitudes que se toman para no abandonar jamás. Estos son los principios que asumen para sí mismos los hombres honrados.
Este hombre es Leandro Alem, un hombre que en su testamento dice que desde muy niño siempre luchó desde abajo y por los de abajo. Siempre luchó entonces por las causas populares. Se puso al frente de una revolución para terminar con un gobierno fraudulento, el más indecente de los gobiernos que había tenido el país hasta ese momento. Su revolución la prolongarán los radicales de Yrigoyen cerca de fin de siglo y en la revolución de 1905. El sufragio universal y secreto que consigue Hipólito Yrigoyen en 1912 no es la dádiva de Luis Sáenz Peña, es el resultado de la lucha revolucionaria del partido radical que encabezó Leandro Alem.
Aquí queda entonces nuestro recuerdo y, ¿por qué no? Nuestra veneración, nuestra admiración por un político honesto, que fundó un partido que debe volver su mirada hacia ese político y hacia el sobrino que lo siguió, don Hipólito. En ellos van a encontrar la opción por los pobres y la opción por las víctimas, que para eso está la política, para ayudar a los que pierden. La decisión por la ética política. Todo esto expresado en la célebre frase de Leandro Alem: que se rompa pero que no se doble. Tal como él lo hizo, se rompió, pero nunca nadie jamás lo vio doblarse. Nadie nunca tuvo nada de qué avergonzarse en su vida. Nunca tuvo esto Leandro Alem. No tenía nada de qué avergonzarse. Son muy pocos, son muy pocos los que pueden jactarse de algo así.
De modo que, sencillamente decimos: salud, don Leandro.
Chau.