Los movimientos políticos en Argentina durante el siglo XX. Partidos, ideologías y figuras cuyo compromiso con sus ideas y con aquello que pensaron marcaron el pensamiento nacional contemporáneo. La izquierda argentina y sus máximos referentes, el anarquismo, la Unión Cívica Radical, el peronismo, el 17 de octubre, el Cordobazo y el Viborazo.
Vamos a hablar de la reforma universitaria de 1918, que estalla, porque es realmente un estallido, un estallido de juventud, un estallido estudiantil, un estallido intelectual, estalla en 1918.
Tenemos que tener en cuenta que estos estudiantes no son los estudiantes de los sectores dominantes, sino que son los estudiantes ya universitarios de los inmigrantes que han empezado a ir a la universidad y no se sienten cómodos, se sienten muy discriminados. Para los hombres de la élite gobernante esto es impensado. ¿Cómo? ¿Qué quieren ahora? ¿Los dejamos estudiar y vienen a alterar el orden de las universidades que nosotros hemos construido?
La inmigración, dicen todos esos profesores, que si no se caen para atrás por tener la cabeza tan alta es de pura casualidad, alguno se habrá caído. Para ellos, la inmigración no tenía por qué educarse. ¿Para qué se iba a educar la inmigración? La inmigración tenía que trabajar para las clases dirigentes. A su vez, a los jóvenes de la inmigración, les causaba un profundo rencor que quisieran condenarlos a la ignorancia y apartarlos de las casas del saber. O sea, los hijos de la llamada chusma inmigratoria exigían ahora educarse, y no solo exigían educarse, exigían condiciones para educarse, algo intolerable para la élite dirigente.
Entonces, esta generación del 80 tan, tan, tan exaltada por el liberalismo de izquierda, por el liberalismo de derecha, por teóricos como Oscar Terán, por ejemplo, que era un buen tipo, pero que se ocupa de justificar el positivismo filosófico para defender a la generación del 80. El positivismo era la ideología dominante de la élite dominante. Admiraban al racista Joseph Gobineau y justificaban, por supuesto, el sometimiento de los indios, la expropiación de las tierras de los indios, porque todo eso se hacía en nombre de la civilización y del progreso.
Ahora, ¿por qué el positivismo? ¿Por qué la generación del ochenta toma el positivismo como filosofía? Porque el positivismo se basa en el análisis de las cosas tal como están. El positivismo reniega del movimiento de la historia. Siempre quiere cosificar un momento de la historia para estudiarlo, para someterlo al estudio científico, etcétera, etcétera. Entonces, aquel que en un momento de la historia está en un buen momento de la historia, se torna positivista y dice: bueno, las cosas son como son y es imposible cambiarlas. Y claro, porque las cosas son mías. Entonces, si alguien me las quiere sacar, le digo: no, es imposible cambiar las cosas.
El problema que tiene el Grupo Patrio cuando llegan aquí los inmigrantes es que no tiene identidad el Grupo Patrio. ¿Qué identidad tiene? La identidad que podría haber tenido la exterminó. No van a mostrar la identidad de los pueblos originarios. No, esos indios salvajes, detestables, ya los masacramos. ¿Los gauchos? Y, los gauchos ahí están dudando. Los negros ni hablar.
Entonces, Miguel Cané, en ese texto que mencionamos, dice... Es un texto fundamental, Miguel Cané, hombre del 80, el autor de Juvenilia, dice: los argentinos somos cada vez menos. ¿Por qué dice esto? Porque la inmigración es tan aluvional... Palabra que va a formar parte del antipueblo, digamos, de todos aquellos que odian la presencia de lo popular en la política, con esto quiero decir antipueblo. Están contra el pueblo los que son antipueblo. No quieren que el pueblo entre en las universidades, entre en la política, apenas que entre en las iglesias para que los convenzan, como en la Edad Media, del necesario sometimiento a los poderosos.
Ahora, los inmigrantes vienen con una identidad, vienen con el anarquismo, la mayoría de ellos, y algunos con su religión, muchos con su religión. Entonces, el problema de la clase dominante es qué identidad nacional les vamos a poner en la cara a los inmigrantes. Y ahí aparece, entonces, don Leopoldo Lugones, que escribe un libro que se llama El payador, y que narra la historia de un manso Martín Fierro que termina por ser el gaucho bueno, generoso, abierto, y esa es la identidad del argentino, la generosidad.
Hay que tener en cuenta, y voy a pedir por favor que lo tengan en cuenta, que no estoy dando una visión pesimista del desarrollo del país. Mi crítica se dirige a los sectores dominantes que construyeron este país sobre la derrota y el hambre de los postergados. Porque nos hubiera gustado un país que, de alguna manera, los integrara.
Juan Bautista Alberdi siempre pidió, no el exterminio del gauchaje del interior, sino su integración, y llegó a plantear que el gran problema de la Argentina era la unión de la democracia ilustrada y de la democracia bárbara. El primer gobierno de Perón vino a favorecer a estos sectores postergados. Bueno, es en nombre de estos sectores postergados que nosotros enfocamos la historia.
No es que no creamos que, entre los que pertenecen al círculo de las clases altas, no haya habido muy buena gente que eligió el destino de las víctimas. Eso es absolutamente cierto. Pero la mayoría de los hombres de las clases altas fueron parasitarios en lo económico, racistas, y asesinos en lo militar. Es contra esos argentinos que nosotros tenemos una visión muy pesimista del país que hicieron y desde aquí, por ahora, los vamos a condenar.
La Reforma Universitaria en Córdoba fue uno de esos movimientos que no le gustan a las clases que dominaron y dominan la Argentina. Estalla en Córdoba, la llamada Córdoba la Católica. Sarmiento, en el Facundo, con una prosa magistral (ya ven cuánto lo quiero a Sarmiento, con el cual no coincido en muchas cosas, pero lo admiro porque era un gran escritor nacional), Sarmiento escribe en el Facundo: Córdoba es un claustro encerrado entre barrancas. Un claustro encerrado entre barrancas.
Córdoba, la monacal, Córdoba, la de la tradición eclesiástica más rancia de la Argentina, es, sin embargo, el lugar en el cual estalla esta reforma universitaria que expresa las ambiciones de los inmigrantes. Córdoba tenía una antigua universidad fundada por los jesuitas en la colonia. Bueno, esta antigua universidad que tenía costumbres religiosas que desagradaban a los jóvenes de los nuevos tiempos... Siempre es un poco así, los jóvenes de los nuevos tiempos quieren algo nuevo. No pueden vivir de lo viejo, de lo que sirvió para generaciones anteriores. Tienen que inventar lo que sirve para ellos.
Los inmigrantes, que ahora se estaban culturalizando (gran peligro para la élite dominante), querían una universidad a su medida, que los contuviera, una universidad democrática. La élite no podía decirles la verdad. La verdad de la élite dominante era: ustedes vinieron aquí a trabajar, nosotros somos superiores a ustedes. Trabajen y nada más. Este país es nuestro, ha sido nuestro y será nuestro, así que nada, nada, nada de huelgas ni reformas.
Entonces, frente a esto, frente a esta actitud, se formaron centros de estudiantes desde los comienzos ya del siglo XX. Y hay centros de estudiantes en Tucumán, Córdoba, Buenos Aires, La Plata. Todo esto es peligroso porque la cultura es realmente peligrosa para los sectores dirigentes, porque la cultura da un horizonte de superación del dolor actual hacia el futuro, donde este dolor actual ya no tendrá sentido porque habrá sido eliminado.
Entonces, los alumnos de la Universidad de Córdoba no pueden tolerar que se suprima el Hospital de Clínicas, donde justamente el dolor se atenúa o se cura. Entonces, ahí es donde se activa la militancia estudiantil. Deciden ir a ver a las autoridades para peticionar que se revise esa decisión de suprimir el Hospital de Clínicas, quitárselo a la universidad.
El caso es que el 31 de marzo de 1918 los estudiantes de Córdoba declaran una huelga general. La universidad no la toman ellos, le piden la intervención al gobierno nacional, a cuyo frente estaba Yrigoyen. Luego del arreglo con Luis Sáenz Peña, Yrigoyen consigue el voto para todos (menos para las mujeres, ya sabemos que lo consiguió Evita eso), y en el gobierno estaba Yrigoyen.
Se suponía que Yrigoyen era un hombre abierto a estas causas, porque eran fundamentalmente los radicales, los jóvenes, que se habían integrado a la cultura y que estaban peticionando estos derechos. Yrigoyen, o distraído o equivocado (los buenos quieren creer siempre que era un hombre muy distraído, otros dicen que un hombre equivocado), pone a José Nicolás Matienzo.
José Nicolás Matienzo era de esos tipos de mano dura, porque hay tipos que se enorgullecen de tener mano dura. Yo soy un tipo de mano dura, donde entro no queda nadie, etcétera, etcétera. Bueno, esos señores de mano dura es mejor que no estén en en el horizonte directivo. Porque en el horizonte directivo hay que hacer política. Y la política es el arte del entendimiento, no el arte de la violencia ni de las manos duras. Es el arte de la mano blanda, pero fuerte, que se le da al otro y se empieza a dialogar con él.
La lucha ahí se desarrolla con gran entusiasmo y necesitan las ideas, no andar volando por ahí, sino plasmarse en un texto. Así, el 7 de junio de 1918, publican los jóvenes levantiscos en la Gaceta Universitaria el Manifiesto liminar.
Este manifiesto liminar es redactado por el héroe, el héroe de la reforma universitaria de 1918, cuyo nombre es Deodoro Roca. Es un héroe que no debe ser patrimonio de los radicales, sino que debe ser patrimonio de la Argentina porque fue un tipo brillante que realmente se la jugó y que dejó dichas algunas cosas muy valiosas. Deodoro Roca fue el dirigente del movimiento universitario reformista cordobés, un hombre que salió del verdadero caldo de cultivo de los hechos. Deodoro Roca fue, en efecto, un activista de los derechos humanos. Ese concepto no se barajaba entonces, pero desde ahora podemos decir: sí, fue un activista de los derechos humanos.
El momento de escribir el manifiesto era el momento más álgido de la lucha, y Deodoro Roca tenía apenas 27 años. Hoy, un chico de 27 años... Difícil que escriba el manifiesto de Deodoro Roca porque hay que llevarlo a la posibilidad de escribir ese manifiesto. No se puede seguir retrocediendo en la educación. Pero eso pasa en todas partes del mundo. Hoy un pibe de 27 años, un pibe, digo, observen, un tipo de 27 años, difícil que escriba lo que escribió Deodoro Roca.
Deodoro sigue luchando por las causas en las que se comprometió y en las que compromete a los suyos. Porque cuando uno se compromete, compromete a los que lo rodean. Bueno, si el que está al frente de nosotros hace eso, lo tenemos que hacer o nos tenemos que ir. Los que se quedan acompañan al líder, cuyo liderazgo se basa siempre en su compromiso personal.
Se forma un comité Pro-Presos y Exiliados de América, un comité Pro-Paz y Libertad de América y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. O sea, como vemos, los hombres de la reforma universitaria de 1918 son muy creativos en cuanto a la formación de entes universitarios orgánicos en los cuales se vayan ubicando y conglomerando los distintos militantes.
Deodoro Roca vive en Córdoba, como dijimos, en la calle Rivera Indarte, y en la calle Rivera Indarte se forma una especie de salón literario, al estilo del de Marcos Sastre, pero con un lustre más popular, porque ya no eran Echeverría, Alberdi, Marcos Paz, Juan María Gutiérrez. Son, como dije, los hijos de los inmigrantes que quieren educarse en libertad. Entonces, estos son los centros progresistas más importantes de la cultura argentina.
El fundador de la filial en Córdoba de la Unión Latinoamericana castiga al imperialismo desde distintas actividades políticas. O sea que la reforma estudiantil también se da cuerpo, se da unidad, densidad, con una política antiimperialista. Trasciende no solo su lugar, el de Córdoba. Se extiende al lugar nacional, a la Argentina, y se extiende a América Latina.
Elogia y se suma a la revolución bolchevique de Lenin y León Trotski y luego cuestiona a Joseph Stalin desde sus revistas Flecha y Las Comunas. O sea que ya la reforma universitaria cordobesa ve claramente que con Stalin van a cambiar las cosas en la Unión Soviética y va a haber una, digamos, degeneración del concepto del socialismo que ellos imaginan.
La gente de la Reforma del 18 hace de todo. Encabeza campañas en defensa de la revolución española, contra el fascismo, se solidarizan con Sandino, con Sacco y Vanzetti, y defiende a los presos políticos. Todo esto los lleva a tener una visión universalista de la política, o sea, que no es un mero reclamo universitario. Es una visión, es un concepto ideológico universalista del estado del mundo y de la política.
La figura más transparente de este movimiento es, en efecto, Deodoro Roca, que es también una de las figuras más transparentes de la historia argentina. Deodoro Roca luchó por la reforma universitaria de 1918, que cubrió todos estos aspectos que acabamos de mencionar de la condición humana. Fue muy, muy ambiciosa. Ahora, tenemos que ver si no ocurrió que el que mucho abarca poco aprieta. Pero ellos quisieron abarcar mucho porque eran muy jóvenes, porque a los 27, 28 años se quiere abarcarlo todo.
En el Manifiesto liminar Deodoro Roca piensa que las universidades han sido el refugio tradicional de los mediocres. ¿Por qué de los mediocres? Porque a las universidades iban únicamente los hijos de los sectores dominantes. Los hijos de los sectores, digamos, elegantes, oligárquicos, y los hijos de los poseedores.
Los hijos de los no poseedores tuvieron que ganarse el derecho a ir a la universidad, pero los hijos de los poseedores, los hijos de los sectores dominantes, no estudiaban en la universidad. Si total, ellos ya lo tenían todo. Y algunos, en todo caso, estudiaban en Europa. Pero no tenían el hambre de luchar por el conocimiento, porque los jóvenes que hicieron la reforma universitaria sabían que el conocimiento es poder. Conocer es poder, educarse es poder. Todo eso les iba a dar poder en una sociedad que los detestaba.
Entonces declaran anacrónicos todos los regímenes universitarios porque ellos tienen los propios para poner en las carreras. Y más aún, proponen que los estudiantes sean los que elijan a sus maestros y directores. Y más aún, exigen el reconocimiento del derecho de exteriorizar su pensamiento en los cuerpos universitarios. Digamos que estos jóvenes pedían muchas cosas, no sabían que se enfrentaban a una clase social muy, muy avara en conceder derechos y muy, muy castigadora en exigir deberes.
La reforma, como dijimos, tiene una visión latinoamericana e invita a todos los países del resto de América a sumarse a esta lucha de libertad. Así la conciben. La lucha por el conocimiento es la lucha por la libertad del sujeto. Esta clase inmigratoria exige estudiar en una universidad más justa. Ante todo, no contaminada de catolicismo arcaico. Allí donde se enciende una vela, decía Víctor Hugo, hay un cura que sopla. Estos chicos pensaban eso.
No quieren viejos próceres, no quieren pedantes que gobiernan como patrones sobre el estudiantado. Porque, por supuesto, el tipo que era elegido rector de una universidad concebía al estudiantado como a ganado, porque él era un hombre del campo también. Entonces, había una concepción ligada a la esclavitud de los estudiantes. Entonces, la juventud de Córdoba se declara como la juventud, como los hombres libres de Sudamérica. Y dicen: acabamos de romper la última cadena que en pleno siglo XX nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan.
Esta es una frase excepcional de Deodoro Roca... Los dolores que quedan son los deberes que faltan. Piensen ustedes cuántos dolores hay en la Argentina, cuántos dolores hay en el mundo. Entonces pensemos cuántos deberes faltan. Siguen los jóvenes de Córdoba... Creemos no equivocarnos. Las resonancias del corazón nos lo advierten. Estamos pisando sobre una revolución. Estamos viviendo una hora americana.
Que esta frase del Manifiesto liminar permanezca en todos nosotros. Es decir, es tan fundamental, tan precisa, que justamente nos señala un camino a seguir, un camino a seguir en favor de los extraviados, de los expulsados, de los escupitados del sistema, de los que son carne de cañón de las policías bravas que luchan contra la delincuencia. Este es un camino del que nunca tendremos que desviarnos, al menos los hombres que queremos ser mínimamente decentes, honorables, y tener algo de moral en este país. No hay que olvidar la frase de Deodoro Roca: allí donde hay un dolor, hay un deber que falta.
La conclusión de la reforma universitaria de 1918 en Córdoba es que fue un gran movimiento democrático y de libertad. Después haya venido lo que haya venido, eso no fue destruido nunca. Siempre nos debemos referir a ese acto profundo de libertad que un estudiantado ambicioso, joven, y deseoso de ser reconocido por este país, tan escasamente hecho para reconocer a los otros, esos jóvenes hicieron algo esencial por la libertad de los hombres.
Salud a ellos. Chau.